Me contaba el P. Loring como él asistía todos los años, en verano, a cursos en la Universidad de Comillas, de Santander, muy próxima a San Sebastián de Garabandal. Allí fue donde por primera vez oyó hablar de estas apariciones.

Cuando joven, se desplazaba desde Cádiz a Comillas en moto, en una Vespa que, además, cargaba de libros hasta el tope. En sus conferencias ponía una mesa con sus libros por si alguien los quería comprar. En una ocasión, subiendo el Puerto del Escudo, entre Burgos y Cantabria, la Vespa no tenía fuerzas para superar las pendientes de la carretera. En aquellos años, ni existían los móviles, ni grúas que acudieran a su auxilio. Así que fue un camionero, que viéndolo tirado en la carretera, eso sí, con su sotana, le recomendó una ruta alternativa, por Reinosa. Más larga, pero con menos pendientes.
Él no fue testigo directo de las apariciones, pero fue muchas veces con posterioridad a Garabandal. Habló y conoció a muchos testigos directos. En una ocasión, cuando desde el obispado de Santander se prohibió subir a los sacerdotes con sotana a Garabandal, un sacerdote que se encontraban en Comillas quiso subir. Para no contravenir las disposiciones, lo hicieron vestidos de paisano. EL P. Loring le hizo de taxista. Pero claro, con su voz inconfundible, nada más llegar al pueblo fue reconocido.

Llegó a oídos del P. Loring que el obispo Cirarda había enviado a unos jóvenes estudiantes de periodismo para que realizaran un estudio sobre lo ocurrido en San Sebastián de Garabandal. No le pareció nada profesional esta comisión. Así que allá se fue con una cámara de video, comenzaba ya a utilizarse este medio. Maruchi Herrero le prestó su casa para las grabaciones. Se difundió por todo el pueblo que quien quisiera dar testimonio podía hacerlo, previa identificación con su documento nacional de identidad. Por allí pasó casi todo el pueblo, incluida Jacinta que se encontraba pasando unos días en Garabandal. Grabó el P. Loring once horas de video. Se fue al Obispado y le entregó el video en mano al obispo Vilaplana.

En una ocasión, organizó el P. Loring una peregrinación al Santuario de Fátima. Allí, al terminar una misa, el monitor de Fátima para sacerdotes de habla española le dijo: «Padre, ¿sabe a quién ha dado de comulgar hoy?» «¿Yo? A muchas personas». Insiste el monitor: «Ha dado usted la comunión a Conchita de Garabandal». «¿Cómo? Me gustaría hablar con ella». El monitor habló con Conchita y esta recibió al P. Loring en su casa de Fátima. Con ella habló largo y tendido.

A Comillas solían ir dos jesuitas que eran dos eminencias: el P. Nieto y el P. Lucio Rodrigo. Ambos con una experiencia apostólica enorme. Estos jesuitas ilustres habían confesado a las niñas y a algunos familiares. Conocían todos los hechos y defendían sin la menor duda la sobrenaturalidad de las Apariciones de Garabandal. Se preguntaba el P. Loring: «¿Cómo unas niñas de tan corta edad podían haber engañado a estos dos experimentados sacerdotes?».

Loring y GarabandalEn julio de 2013, el obispo Munilla de San Sebastián organizó un retiro de varios días para sacerdotes en el Santuario de Loyola. Dirigía las meditaciones la Hna. Briege McKenna. El P. Loring, a sus 92 años, muestra interés en ir. Yo me entero que mi hermana Aurora y mi sobrino Alfonso van a llevar a un religioso a ese retiro. Le propongo al P. Loring unirse con ellos, cosa que acepta.
A la terminación del retiro, mi hermana le sugiere pasar por Lourdes. Es ya verano y habrá muchos peregrinos en el Santuario francés. P. Loring le dice: «Vamos a Garabandal». Mi hermana le insiste, pero él tiene claro su deseo. Luego explicó el motivo. Durante el retiro comentó con otro sacerdote sus experiencias de Garabandal y lo ocurrido con la grabación de once horas. Este sacerdote le recomendó que fuera nuevamente a Garabandal, dejara un testimonio suyo, y que dicho testimonio se lo entregara al párroco para que se lo hiciera llegar al Sr. Obispo. Y así fue. Hoy podemos ver, por ejemplo en YouTube, el testimonio sincero y valiente que el P. Loring nos quiso dejar a todos, seis meses antes de morir.

No solo eso. Subió a Los Pinos. Allí rezando se le acercó una joven: «¿Padre, me puede confesar?» La respuesta fue: «Para eso estoy yo». Enorme satisfacción el ser portador de la Misericordia de Dios sobre aquella muchacha. Fue su despedida de Garabandal.

23 de noviembre de 2019
Román Martínez del Cerro

 

 

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