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pemanJosé María Pemán y Garabandal

UNA EXPERIENCIA VIVIDA EN GARABANDAL

 

 


Román Martínez del Cerro fue testigo de las apariciones de San Sebastián de Garabandal a lo largo de once días del mes de julio de 1962. Su padre, Miguel Martínez del Cerro, era un buen amigo del prestigioso escritor español José María Pemán, cultivador de todos los géneros literarios. Ambos profesores colaboraban en los cursos de verano de la Universidad de Sevilla en Cádiz. Román nos refiere en este artículo el momento en que su padre transmitió a José María Pemán la experiencia vivida en Garabandal. José María Pemán no llegó a pronunciarse en público sobre el tema, pero es de suponer que la amistad y el aprecio que sentía hacía Miguel Martínez del Cerro le inclinaron hacía una posición de apertura a la posibilidad de la sobrenaturalidad de los sucesos, en espera del pronunciamiento final de la Iglesia.

Si tuviese que resumir en una frase las sensaciones que percibí en San Sebastián de Garabandal durante los once días del mes de julio de 1962 que permanecí allí, podría ser: «La alegre y encantadora visita de Nuestra Madre».

Una visita que llena y marca toda una vida.

Se me viene a la mente esa frase de San Pedro, en el Monte Tabor: «Que bien se está aquí».

¿Qué otra cosa se puede decir ante la manifestación Divina?
Nada más llegar a Cosío, primer pueblo con telégrafo, mi padre le escribió un telegrama al entonces Obispo de Cádiz y Ceuta, nuestro Obispo, Don Antonio Añoveros. Le transmitía la asombrosa y alegre vivencia de once días en Garabandal. Y la promesa de visitarle para darle cumplidos detalles de tan prodigiosos hechos. Si existe archivo de correspondencia en el Obispado de Cádiz, allí debe estar archivado, con fecha 23 de julio de 1962, el telegrama al que hago referencia.

Pero esta necesidad de contar y transmitir la asombrosa vivencia no terminaba ahí. Múltiples charlas e incluso una publicación en multicopista se repitieron en los días siguientes. Hasta en los lugares menos apropósitos, eran actos para difundir lo vivido. Os cuento una anécdota:
A finales de julio y primeros de agosto se celebraban en Cádiz los llamados Cursos de Verano de la Universidad de Sevilla en Cádiz. Su Rector era José María Pemán y su Jefe de Estudios, mi padre, Miguel Martínez del Cerro. Asistían fundamentalmente estudiantes universitarios extranjeros. Las clases por la mañana. Por las tardes, conciertos, representaciones teatrales, danzas, conferencias, etc. Pues al terminar el horario de mañana y en autobuses se llevaban a los alumnos a la Playa Victoria de Cádiz, para que pudiesen disfrutar de ella.

Al poco tiempo de volver de Garabandal, José María Pemán y mi padre, acompañan a los alumnos a la playa. Eso sí, ellos dos con chaqueta y corbata, por su condición de profesores. Como mi padre venía con la tremenda necesidad de contar los impresionantes y alegres días vividos en Garabandal, aprovechó el momento de contárselo a su amigo José María Pemán. Pero claro, Pemán no pasaba desapercibido en la playa. Mi padre, algo menos, pero tampoco. Pero la asombrosa historia que estaba contando, muchísimo menos. Cuando se dieron cuenta, los dos, estaban rodeados de un gran círculo de bañistas, alumnos y curiosos, que asombrados escuchaban esos relatos.


Esa alegría fue la que le llevó a escribir en esos días, concretamente el 22 de agosto de 1962, estos sencillos versos:

De la Reina de los Cielos
los ojos he visto un día.
Los he visto reflejados
en los ojos de unas niñas.

Que no me hablen más de pena.
¡Ya sé lo que es alegría!
De la Reina de los Cielos
los ojos he visto un día.

Cádiz 29 de julio de 2019
Román Martínez del Cerro

 

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