En 2018, Gabriel Ariza Rossy publicó un interesante libro con el título «Manuel Guerra Gómez. La Guerra de don Manuel», fruto de una larga conversación con don Manuel. El libro no tiene desperdicio de principio a fin, pero les recomiendo leer íntegro el último capítulo, dedicado íntegramente a Garabandal. Basta con leer las primeras líneas para llegar a la certera conclusión de que don Manuel cree en la sobrenaturalidad de los hechos de Garabandal, opinión que queda confirmada a medida que se suceden preguntas y respuestas. Don Manuel habla con toda naturalidad y convencimiento de unos fenómenos que considera probadamente sobrenaturales, aunque «la declaración oficial de su naturaleza sobrenatural compete a la Santa Sede, que todavía no se ha pronunciado de modo definitivo». Eso sí, de lo que don Manuel está seguro es de que el demonio no anda por medio: «Aseguro que queda descartado el origen demoniaco de lo de Garabandal».

Comienza el capítulo con un gesto insólito que no ha tenido antes frente a ninguna pregunta de las que le han hecho: ofrece las referencias de toda la bibliografía que él ha manejado sobre Garabandal, que es mucha. De entre los libros leídos, don Manuel destaca uno nacido de la tesis doctoral del P. José Luis Saavedra, «Garabandal, mensaje de esperanza», del que afirma: «Exposición objetiva, completa, excelente».

A don Manuel le impresionan muchas cosas de las manifestaciones de Garabandal, en primer lugar, la forma en que la Virgen se presenta allí: «La Virgen se ha definido (…) en Garabandal como “Madre de Dios y Madre nuestra”». Buen conocedor de la teología mística, a don Manuel le llama la atención también la innumerable cantidad de fenómenos extraordinarios que acontecieron en Garabandal. Por eso, afirma: «Hay constancia de la presencia prácticamente de todos los llamados “fenómenos físicos y psíquicos de la mística”». Y, para demostrarlo, hace un elenco detallado de tales fenómenos. En este sentido, reconoce que le impresionó la acertada respuesta de Conchita a la pregunta: «¿Tú cuál prefieres: visión o locución?». Conchita respondió sin titubeos: «Locución». Comentándolo, don Manuel confiesa que él hubiera dado la respuesta contraria, pero cuando lo fue a consultar a tratados de mística y espiritualidad, se encontró con que Conchita había dado en el clavo: «Comprobé que Conchita tenía razón, aunque no se lo había dicho nadie ni lo había leído en libro alguno».

Seguramente una de las afirmaciones más valientes de esta entrevista es la rotundidad con que don Manuel reprocha a la Comisión diocesana su forma de proceder: «Ha sido lamentable el comportamiento chapucero de la Comisión nombrada por el obispado santanderino. Es la responsable de que se carezca de un informe oficial, objetivo, detallado y completo de los acontecimientos de Garabandal. Ya no podrá hacerse jamás». No es un cualquiera el que así expresa un juicio tan negativo, es un teólogo de gran prestigio y autoridad. A este respecto, recuerda don Manuel la pública retractación del médico principal de dicha Comisión, el psiquiatra Luis Morales, Jefe de Higiene Mental de la provincia de Santander, que tuvo lugar el 30 de mayo de 1983, en la que, como explica don Manuel: «Declaró que no hubo investigación propiamente dicha, que se había comportado sin objetividad, sin presenciar los sucesos, y que “los acontecimientos de Garabandal fueron exactamente de la misma naturaleza que los de Lourdes y Fátima, incluso protagonizados por niñas de igual edad y en similares circunstancias de aislamiento” (palabras de su retractación)».

En un momento dado, Gabriel Ariza se atreve a preguntar por uno de los temas que más polémica ha suscitado en torno a Garabandal, esa advertencia del segundo mensaje que dice: «Muchos sacerdotes, obispos y cardenales van por el camino de la perdición y con ellos arrastran muchas almas». Don Manuel tampoco se amedrenta ante semejante pregunta y reconoce que los hechos han confirmado lo que en 1965 parecía inadmisible y hasta ofensivo. Don Manuel se pregunta con dolor: «Si hubiera habido transparencia o fidelidad en la transmisión del mensaje y la adecuada divulgación del mismo. ¿se habría llegado a donde se ha llegado con tanto daño para muchas personas?».

A don Manuel le emociona contemplar el empeño de Nuestra Madre por enseñar a las videntes «a ser fieles y felices en las actividades de la cotidianidad».Por eso pasa tanto tiempo con ellas, para poder educarlas como lo hacen las madres, simplemente con su presencia, que no es tiempo perdido, porque les permite modelar el corazón de los hijos a través de las conversaciones y el ejemplo, a través de los momentos de juego, como de los de reflexión profunda. Tiene razón don Manuel cuando dice que «la Virgen convivía con las videntes y vivía en Garabandal» casi como una «vecina» más. A través de una experiencia tan extraordinaria, la Virgen las preparaba —y a nosotros con ellas— para llegar a la santidad por el camino de «las actividades y circunstancias de la vida ordinaria». Para don Manuel, el mensaje-clave de Garabandal es la llamada que Nuestra Madre nos hace a todos para ser «contemplativos en la actividad de cada momento».

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