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  • Espiritualidad

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no te vaigas

Solo un minutín…

En su informe, el P. José María Andreu, S.J. (testigo ocular durante las apariciones en Garabandal) relata que era muy frecuente oír a las niñas decir cuando estaban en estado de trance esta frase: "No te vaigas", y que así expresaban su deseos de continuar en su estado de trance o, dicho en otras palabras, de continuar viendo a la Virgen. Hasta en una ocasión, una de las niñas dijo, en estado de trance, a otra: "Cuéntale chistes, tú que sabes, para que no se vaiga". Como "expresión práctica del deseo" de que no se fuera, le contaban "incidencias del día o de los días anteriores". El P. Andreu anotó en su informe la impresión que tenían las niñas durante el estado de visión de que el tiempo no corría y que después de una hora o más de estar en visión, decían ellas: "No te vaigas, ¿eh? ¿Por qué te vas tan luego? No has estado más que un poquitín… ¡Ay!… ¿Tanto tiempo?… Yo creía que solo un minutín".

Soy feliz cuando os veo

Estas cosas mueven nuestro corazón, porque entrevemos la relación que tenían las niñas con la Virgen; era una relación de confianza, como una hija con su madre. Si lo pensamos un poco, no nos debe extrañar que dijeran tales cosas y que no quisieran dejar de ver a aquella que causaba tanta felicidad en sus almas. Conchita misma expresó en la última aparición "¡Ay, qué feliz soy cuando os veo!". Es la felicidad que uno experimenta al estar con la Virgen, que es como estar con el Señor, porque "donde está la Madre, ahí está el Hijo".

¿Estás feliz?

¿Y tú? Piénsalo un poquito. ¿Cuándo estás feliz de verdad? Cuando estamos con el Señor, cuando vivimos con Él y según Él, cuando vivimos con Nuestra Madre y como Ella quiere, entonces somos felices de verdad. Podremos sufrir, llorar…, pero tenemos una felicidad que nadie nos puede quitar. Es la felicidad verdadera de que nos habla el evangelio: "Alegraos de que vuestros nombres estén escritos en el Cielo" (Lucas 10, 20). Es decir, no busquemos felicidad en las cosas pasajeras, sino vivamos para ser realmente felices y libres en el Señor. Vivamos mirando al Cielo. Cuando estamos con ella, somos felices. Conchita decía en el diario: "Con ella estamos todos, siempre que queramos". Es cuestión de querer.

Entonces, ¿qué?

Pasemos tiempo con ella y con el Señor. Vayamos a hacer oración, a leer la Palabra de Dios, recemos el rosario, acudamos a los sacramentos… Todos estos son medios para estar con ella ahora y después. Son importantes, sobre todo, los sacramentos de la confesión y la Eucaristía. La Virgen ha insistido en la importancia que tiene la Eucaristía y cómo la estamos dejando a un lado. Hemos de darle más importancia, y también al estado del alma en el que debemos acercarnos a recibir tan gran regalo. Debemos recibirlo con el alma limpia y en gracia para que produzca muchos frutos en nosotros y en toda la Iglesia.

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