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  • Espiritualidad

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fatima mayo

El 13 de mayo se celebra el centenario de la primera aparición de la Virgen Santísima en Fátima. Se apareció a tres pastorcitos: Lucía (10 años), Francisco (9 años) y Jacinta (7 años).

¿Cómo fue la conversación que tuvieron aquel día?

Primera aparición de la Virgen:

«– ¡No tengáis miedo! ¡Yo no os voy a hacer daño!
– ¿De dónde es usted? – le pregunté.
– Soy del Cielo.
– ¿Y qué es lo que usted quiere de mí?
– Vine a pediros que vengáis aquí, seis meses seguidos, el día 13, a esta misma hora. Después diré quién soy y lo que quiero. Después volveré aquí una séptima vez.
[– ¿Usted me sabe decir si la guerra aún durará mucho tiempo o se acabará en breve?
– No te lo puedo decir aún, mientras no te diga también lo que quiero.]
– ¿Y yo también voy a ir al Cielo?
– Sí, irás.
– ¿Y Jacinta?
– También.
– ¿Y Francisco?
– También, pero tiene que rezar muchos rosarios.
[...]
– ¿Y María das Neves ya está en el Cielo?
– Sí, está.
– ¿Y Amelia?
– Estará en el purgatorio hasta el fin del mundo.
[...]
– ¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él os quiera enviar, en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?
– ¡Sí, queremos!
– Vais, pues, a tener que sufrir mucho, pero la gracia de Dios será vuestro consuelo.
Fue al pronunciar estas últimas palabras ("la gracia de Dios...") cuando abrió por primera vez las manos, comunicándonos una luz tan intensa, que expedía de ellas como un gran reflejo, que penetrándonos en el pecho y en lo más íntimo del alma, nos hacía vernos a nosotros mismos en Dios, que era esa luz, más claramente de lo que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces, por un impulso íntimo también comunicado, caímos de rodillas y repetíamos íntimamente:
– ¡Oh, Santísima Trinidad, yo te adoro. Dios mío, Dios mío, yo te amo en el Santísimo Sacramento!
Pasados los primeros momentos, Nuestra Señora agregó:
– Rezad el rosario todos los días, para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra».

 

Esta cercanía de la Virgen, que mantiene una conversación con los niños, nos recuerda al trato maternal que tuvo también en Garabandal. También aquí vemos que lo que pedía en Garabandal no era algo nuevo, era, y es, más bien, un recuerdo. Nos recuerda de que tenemos que rezar y hacer sacrificios. Ya en el Evangelio, Jesús dijo: "Esta clase de demonios no puede salir si no con oración y ayuno". Como oración, la Virgen nos pide el rezo del rosario. El rosario diario trae muchos bienes. Es meditar en todo lo que hizo el Señor por nosotros y, a la vez, pedir a la Madre de Dios y Madre Nuestra que nos ayude y que interceda por nosotros. No debe pasar un día sin que elevemos esta preciosa oración. Ella misma nos la ha regalado, debemos aprovecharlo.

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