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Documentación

DETALLES DE LA ACTUACIÓN DE LA COMISIÓN

Don Valentín Marichalar, el párroco, desde los primeros días estaba con el propósito de ir lo antes posible a la capital de la diócesis, para informar en el obispado sobre todo lo que estaba ocurriendo. Según explica él mismo en el informe, que escribió seis días después del primer éxtasis, fue al Obispado a pedir “que le enviasen médicos y sacerdotes competentes porque se sentía sobrepasado por los acontecimientos que se desarrollaban en su parroquia”. Hay datos y pruebas de que  por la segunda quincena de dicho mes de julio un grupito de personas de la capital montañesa estaba ya actuando como si fuera comisión nombrada por el prelado para examinar el «asunto Garabandal».

El grupo constaba de tres sacerdotes, como peritos en disciplinas eclesiásticas, y de dos seglares, expertos en ciencia médica. Los sacerdotes eran don Juan Antonio del Val, don Francisco Odriozola y don José María Saiz, «el mejor teólogo de todos ellos», según opinión de bastantes sacerdotes montañeses. El canónigo de Tarragona, don Julio Porro, da también a don Agapito Amieva, Provisor del Obispado de Santander, como miembro de la Comisión. Los médicos eran el doctor Morales y el doctor Piñal, muy conocido psiquiatra el primero, y anestesista el segundo; ambos, con residencia y consulta en Santander capital.

El 8 de mayo de 1968, al año exacto de la trágica muerte de monseñor Puchol Montís, dos beneméritos sacerdotes firmaban un «Dossier Confidentiel» destinado «a los cardenales, arzobispos y obispos de lengua francesa». Esos dos sacerdotes eran el párroco Alfredo Combe, francés, del departamento del Ródano, y el P. José Laffineur, belga, asentado en Francia, que murió el 28 de noviembre de 1970. La cuarta parte de tal dossier habla sobre «Garabandal y el derecho canónico», con afirmaciones como éstas: «La comisión no ha sido jamás “un tribunal”, ni jamás ha actuado ni sentenciado como “tribunal eclesiástico” según los cánones. Nunca, por ejemplo, se exigió el juramento de rigor a quienes eran requeridos o interrogados, aunque se coleccionaran sus cartas o informes.

Tal comisión estaba compuesta de dos laicos y tres sacerdotes. Los laicos eran un neurólogo (Morales) y un médico anestesista (Piñal). En cuanto a los sacerdotes comisionados, pronto uno de ellos (Odriozola) fue dejando a los demás en la sombra, moviéndose como si todas las atribuciones se acumularan en él: no sólo las de secretario, sino también las de procurador, notario y hasta juez... Además, exigía tener él mismo la evidencia de la realidad de las apariciones, cuando en esta materia la evidencia no puede darse más que en los videntes, debiéndose contentar los demás con un buen conjunto de motivos de credibilidad.

Él –como los dos médicos ya citados– sólo en contadas ocasiones subió a ver los hechos sobre el terreno...

Como si buscaran sólo coleccionar argumentos desfavorables a la causa de Garabandal, han evitado interrogar a las mismas videntes, a sus familias, a los testigos, irrecusables, que sabían que eran favorables a las apariciones…»

A este respecto son numerosos los testimonios.

Así por ejemplo D Juan Álvarez Seco afirma en su informe:

“Hago constar que, durante el año 1961, a los médicos nombrados por la Comisión del Obispado, sólo les he visto por Garabandal tres días.

Uno fue cuando me dijo el Sr. Rocha de la Nansa que este día el Dr. Morales había dicho que no subirían al Cuadro las videntes, porque las iba a hipnotizar y las pararía en la Calleja, lo que resultó un gran fracaso para el Dr. Morales.

El otro fue el 18 de octubre de 1961, cuando se dio el primer mensaje, que se encontraron custodiados por la fuerza, para que no se les molestara, al parecer por su conducta y el mal acierto de su actuación.

Y el tercero, creo que estuvieron por la noche en Garabandal, cuando todo el vecindario dormía, y trataron de llevarse a las videntes para Santander, sin permiso de los padres y del pueblo”.

Respecto a su primera actuación según afirma la misma Conchita en su diario querían llevarla a Santander por medio de un sacerdote llamado D. Luis. Se trata de don Luis González López, sacerdote que había estado de cura, años antes, en Garabandal. El motivo era  «porque decían que yo era la que obsesionaba a las otras...» La madre de Conchita no puso grandes reparos, pues para todos don Luis era un sacerdote de absoluta confianza.  Parecía muy aconsejable hacer una prueba, sacándola de allí.

«Me querían llevar a Santander, porque decían que yo era la que obsesionaba a las otras... Me llevaban para hacer pruebas».

 «El primer día que fui (a Santander), tuve aparición junto a una iglesia que llaman de la Consolación; y estaba allí mucha gente: tuvieron que intervenir los de la Policía Armada de tanta gente que había... Ese día hicieron varias pruebas conmigo; y cuando se terminó la aparición, me metieron en una oficina con un sacerdote y un médico, a preguntarme cosas... El sacerdote se llama don Francisco Odriozola y el médico, el doctor Piñal». Pasaron inmediatamente aviso a los señores Odriozola y Piñal y tan pronto como finalizó el trance, Conchita se encontró ante ellos en una oficina o despacho de la casa parroquial.

«Me decían: que cómo había hecho esas cosas.... que estaba loca.... que estaba engañando al mundo de esa manera…» «Y me decían: “Ponte tiesa, mírame a la nariz..., que te voy a hipnotizar”. Y cuando me dijo: “Mírame a la nariz”, yo me reía... Y él me decía: “No te rías, que no es cosa de risa”». Y ese día ya no me hicieron más cosas».

Mientras tanto, la  gente de Garabandal se enteraba de lo que acababa de ocurrir porque a la misma hora del trance de Conchita, las tres niñas que habían quedado en el pueblo tenían una aparición en los Pinos; y durante ella la Virgen les dijo que también Conchita la estaba viendo entonces... Las niñas lo dijeron luego a la gente, y el brigada de la Guardia Civil pudo comprobar bien pronto desde Puente Nansa, por teléfono, toda la exactitud de sus informes: por la Virgen habían sabido ellas en los Pinos de Garabandal lo que estaba pasando en los mismos instantes a noventa kilómetros de distancia.

«Al día siguiente me llevaron donde médicos, a ver si estaba enferma; me llevaron donde uno que se llama Morales, y varios más... Y todos me decían que estaba bien, y que esto de las apariciones era un sueño. Y decían que me dejarían allí en Santander, para que me distrajera, para que se me olvidara todo y no volviera a tener más apariciones».

Por ello, la comisión comenzó a decir que tales cosas eran irreales: fantasías, sueños, alucinaciones; e hicieron un plan de tratamiento: que se quedara en Santander y entrara de lleno en un buen ambiente de «distracción», para que se le fueran pronto de la cabeza todas aquellas cosas raras.

El «tratamiento» para «curar» a Conchita era el siguiente:

«Unas sobrinas y una hermana del P. Odriozola me iban a buscar todos los días a casa, para ir a la playa, y a las ferias, lo que yo hasta el presente nunca había visto». ¿Cómo la niña de Garabandal no iba a sentirse fortísimamente impresionada, y como zambullida de golpe en una placentera disipación? Sacudida así por tantas y tan insólitas experiencias, hubiera sido un milagro que mantuviese el espíritu sereno y limpio, en forma, para las influencias nada fáciles de arriba.

Parece que después de esto no hubo apariciones por lo que los comisionados sacaron la  conclusión de que lo que la niña había tenido anteriormente no ofrecía garantía alguna de proceder de Dios. Conchita afirmó al P. Andreu: «Me ha declarado la Virgen, que no me vino a ver más veces, porque yo iba a la playa. Pero ahora ya me he confesado».

El P. Andreu afirma en su informe: “Cuando la mayor de las cuatro videntes, Conchita, fue trasladada a Santander al Obispado, acompañada de su madre, tuvo un éxtasis viendo a la Virgen y otro día tuvo una locución. No volvió, a lo que parece, a tener más visiones en Santander, hasta que llegó de nuevo a Garabandal. Entre las cosas que hizo la niña en Santander una fue que la llevaron varios días a la playa. Dice la niña que le enseñaban fotografías y hacían con ella otras experiencias, sin duda a modo de test (por mandato del Obispado sin duda alguna, que fue quien la mandó a buscar). La finalidad fue la de sacarla del ambiente en que la niña vivía, y pensaban influía en las visiones (¿Entonces por qué tuvo visión y locución en Santander?).
    
De vuelta a Garabandal y sin yo preguntarle especialmente a la niña sobre el período de vida en Santander, ella, delante de algunas otras personas, me dijo: «Me ha dicho la Virgen que en Santander no me vino a ver más porque iba a la playa, Pero ahora ya me he confesado».    

Le preguntaron si queria ser  pastora o señorita y ella respondió que señorita. Al decirle yo si le gustaría a la Virgen que ella fuese señorita me respondió: “Y por qué no le va a gustar que aprenda”. Le dije: ¿y  cómo vas a aprender? Y respondió: “como las demás”. Al no entender el sentido de sus palabras le pregunté: ¿Y qué es ser señorita? Y me dijo: “Ir a un colegio”.

Respecto a otros incidentes durante su estancia en Santander, son varias las versiones que me llegan; prefiero silenciarlas aquí, aun dando por supuesto que la niña, ante ciertas preguntas o documentos de determinadas personas llegase a no decir la verdad, por miedo a ser castigada o recluida”.

Cuando fueron a buscar a Conchita para llevarla de nuevo a Garabandal don Luis llamó al doctor Piñal, para decirle lo que ocurría; y el doctor respondió que fueran inmediatamente a su casa. Ya en ella, el doctor intentó por todos los medios ganar la partida en el último momento:

«–No sé cómo eres tan tonta, queriendo volver al pueblo... Aquí podrías ser una niña bien..., te llevaríamos a un buen colegio... serías una señorita... Basta con que digas que todo aquello del pueblo no es verdad, que ha salido de vosotras, que os están engañando. Como te empeñes en hablar de apariciones, serás una desgraciada. Porque te declararemos loca y te encerraremos en un manicomio. Y tus padres irán a la cárce...»

Esto hizo su efecto y Conchita, temblorosa, con los ojos muy abiertos, y lágrimas en ellos, acabó diciendo: «¿Sabes lo que te digo? Que, a lo mejor..., lo mío no es cierto. Pero lo de las otras, a lo mejor, sí…»

El doctor Piñal aprovechó inmediatamente el momento: –«¿Quieres firmar lo que acabas de decir?» – «Bueno», dijo Conchita; y escribió su nombre en el papel que le presentaron.

De esta posición y proceder de la Comisión santanderina se han derivado incalculables consecuencias.  

Parece pues que la capacidad o las ganas de estudio de la "comisión" fueron muy limitadas como corroboran otros autores como el P. Eusebio García de Pesquera, que en su libro "Se fue con prisas a la montaña" en su página 124, duda de la oficialidad de la "comisión" así como califica de "muy especial o bastante extraño" el modo de proceder de "la comisión" y ratifica la escasez de visitas que dicha "comisión" realizo a Garabandal "sin dar la cara, sin ponerse en una primera línea de observación y estudio, sin llegar jamás a interrogatorios en regla con las videntes y los testigos más cualificados", dudando incluso del "proceder de buena fe, en santo y autentico afán de esclarecer a la luz de Dios las cosas" de alguno de los comisionados.

Otro punto que ratifica estas razones, son las declaraciones del P. Lucio Rodrigo (catedrático de teología moral de la universidad pontificia de Comillas) recogidas en el citado libro del P. Pesquera (páginas 190-191) en la que manifiesta que en una reunión mantenida con miembros de la comisión (de los cuales tres sacerdotes habían sido alumnos suyos): "No me fue difícil entender que no buscaban precisamente mi opinión como elemento que les sirviese en orden a formar juicio. Ellos venían ya con el juicio vencido, en posición contra el posible signo sobrenatural de los sucesos" y añade que: "Creí descubrir en los miembros de la comisión algo que se haría casi evidente, que ellos andaban muy especialmente a la caza de datos o pruebas en contra".

El párroco D. Valentín Marichalar afirma que “la Comisión investigadora de los sucesos encargada por el Obispo de Santander, no se preocupó en absoluto de él; según su propia expresión, para ella: «Pintaba yo, menos que un cero a la izquierda».

Afirma además en una entrevista que nunca fue interrogado por el Obispo. “El deseaba que firmase una declaración, pero le dije que entonces todavía no podía firmar nada en un sentido o en otro hasta ver cómo evolucionaba todo. En una ocasión la comisión intentó darme unas vacaciones. Me insinuaron “que para que la gente no piense que le estamos presionando, que haga una petición por carta y nosotros le daremos unas vacaciones”. Contesté, “Mira, si me enviáis fuera me iré, pero yo no lo pediré”. Parecía como que deseaban engañarme”.

Además, según el párroco hubo muchas deficiencias en el modo de actuar de la comisión llegando a afirmar que “nada se hizo bien”.

Respecto al modo de interrogar recuerda que nunca se le tomó juramento ni a él ni a Conchita. “Intentaron durante horas – afirma - que dijese lo que ella no quería decir y aunque la niña era muy inteligente, el Obispo y los que la rodeaban fueron más inteligentes que ella. Hubo ocasiones en que lograron que negara. Lograron que dijese cosas que no pensaba decir”. Por ello llegó a la conclusión “la comisión estaba haciendo todo lo posible para terminar con esto por medios lícitos o ilícitos. Por todos los medios deseaban terminar con las apariciones porque ellos no creían en ellas.”

En cualquier caso, no se ha dado hasta hoy una explicación natural satisfactoria a fenómenos que tuvieron lugar entre 1961 y 1965 y que fueron presenciados por millares de gentes venidas de diferentes partes del globo a Garabandal, fotografiados y filmados.

 


DETRACTACIÓN DEL DR. MORALES

El 30 de Mayo de 1983 el Doctor Luis Morales Noriega, señalado por el Obispo Administrador Apostólico D. Doroteo Fernandez como médico principal en la Comisión investigadora de las Apariciones, se retractó de su anterior opinión negativa y reconoció la autenticidad de las Apariciones de la Virgen María en Garabandal durante una conferencia que dió en el Ateneo de Santander con una gran afluencia de público y con permiso del Obispo de Santander.

Al doctor Luis Morales, de 86 años, nada le importa que le hables de su larga trayectoria profesional, que le ha hecho toda una institución en la salud mental de Cantabria: ha perdido la fe en la psiquiatría. Por el contrario, dice que ha ganado la fe en Dios y, lo que es aún más comprometido para un científico, en la Virgen.

Entre sus cambios y rectificaciones personales se incluye el arrepentimiento de lo que en su día declaró en la comisión de investigación del Obispado sobre San Sebastián de Garabandal, negando la autenticidad de los hechos, y en su declaración llegó aún más lejos: ni hubo comisión ni investigación formal; fue un simulacro.

"Afirmo a la vez, sin ningún temor a equivocarme, que los acontecimientos de San Sebastián de Garabandal fueron exactamente de la misma naturaleza que Lourdes y Fátima, incluso protagonizados por niños de la misma edad y en similares circunstancias de semiaislamiento",  explica el Dr. Morales.

Para este doctor los hechos superan toda explicación natural.

 


UNA NUEVA COMISIÓN (1986-1991)

El obispo de Santander, Mons. Antonio del Val Gallo reconvino una nueva comisión de investigación. La anterior comisión, bajo el anterior obispo de Santander, había basado su conclusión en el comunicado del único miembro con experiencia científica. Este miembro había calificado los acontecimientos de "orden no sobrenatural". Desde entonces, éste mismo había invertido su postura y declaró totalmente lo contrario.

En una entrevista al P. Franςois Turner, O.P., gran estudioso sobre las apariciones, declaraba que sus únicos conocimientos sobre esta segunda comisión eran que estaba compuesta primero por un grupo de cuatro jóvenes sociólogos, dos mujeres y dos hombres y un quinto que se sumó más tarde. Los cuatro primeros eran gente laica, y el quinto creía que era un sociólogo Dominico. La segunda parte de la investigación fue el aspecto psicológico. No sabe quienes fueron los investigadores en esta etapa, ni cuántos. Y luego quedaba el lado teológico y el espiritual, tampoco conocía quienes ni cuantos lo hicieron. Afirma que D. Juan Antonio del Val quiso mantenerlo en secreto. No aparece información sobre esta comisión y su actuación, los testigos directos no conocen nada de este estudio y declaran no haber sido interrogados sobre las apariciones.

 


ACTUALIDAD

De este modo, oficialmente, a nivel de diócesis así como a nivel de Vaticano, "el caso permanece abierto" reuniendo nueva información.

Actualmente no hay prohibición para subir a Garabandal y se puede celebrar la misa en la parroquia.

Técnicamente, el caso de las apariciones de Garabandal no puede ser cerrado hasta que dos grandes profecías se cumplan: (1) El Aviso; y (2) El Milagro.

Como ha ocurrido en otras apariciones, en un principio la Iglesia no aprueba nada, más bien por prudencia lo desaprueba. Si el Señor y la Virgen así lo desean darán pruebas de que aquello es verdad. Y serán los frutos espirituales y apostólicos los que demuestren que allí hay algo que sobrepasa lo puramente natural, que allí realmente está presente lo sobrenatural.

El Obispo de Mostar en Bosnia se opuso muy radicalmente al carácter sobrenatural de los fenómenos de Medjugorje. Se creó una situación bastante tensa que ha durado hasta hace muy poco. En vistas del volumen que han tomado los frutos espirituales y apostólicos en aquel lugar, y desde aquel lugar, y la seriedad y ortodoxia con que se vive allí la fe y la liturgia, la Santa Sede ha asumido la jurisdicción y la iniciativa para juzgar sobre la veracidad de los hechos.

 Las revelaciones de Jesucristo a Santa Faustina sobre la Divina Misericordia fueron negadas y prohibidas por la Santa Sede, hasta que Juan Pablo II asumió el tema como algo propio, que él había conocido de primera mano, y pronto se dieron todas las aprobaciones y bendiciones a los mensajes del Señor.

En Fátima también pasaron años para superar la incertidumbre que había sobre las apariciones de la Virgen. Fueron igualmente los frutos los que demostraron que allí había algo serio.  “Por sus frutos los conoceréis” dijo el Señor.

El que no hayan sido aprobadas oficialmente las apariciones de la Virgen en Garabandal no quiere decir que la Virgen no pueda hacer sus manifestaciones allí donde lo considere oportuno. La Congregación afirma: hay que decir que es inexacto atribuir a la Sagrada Congregación la parte del texto que habla de la carencia de carácter sobrenatural de los acontecimientos de Garabandal, ya que la Sagrada Congregación ha insistido siempre en abstenerse de toda declaración directa sobre este punto, debido precisamente a que no considera necesario hacerlo después de las claras y expresas decisiones del Obispo de Santander.

Sea como sea, los mensajes que se le atribuyen a la Virgen están en consonancia con los de otras apariciones aprobadas por la Jerarquía: oración, desagravio, amor a la Eucaristía, pedir perdón por los pecados, fidelidad de los sacerdotes y almas consagradas, rezar el Santo Rosario, etc.

LA POSTURA DE LA IGLESIA ANTE LAS APARICIONES MARIANAS



En "Lumen Gentium", Vaticano II, párrafo 12, leemos:

"Estos carismas, tanto los extraordinarios como los más sencillos y comunes, por el hecho de que son muy conformes y útiles a las necesidades de la Iglesia, hay que recibirlos con agradecimiento y consuelo. [...] el juicio sobre su autenticidad y sobre su aplicación pertenece a los que presiden la Iglesia, a quienes compete sobre todo no apagar el Espíritu, sino probarlo todo y quedarse con lo bueno”. (cf. 1 Tes 5, 19-21) ["No apaguéis el Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo y quedaos con lo bueno". (1 Tes 5, 19-21)]


La Sagrada Congregación para la doctrina de la fe estableció unas normas sobre el modo de proceder en el discernimiento de presuntas apariciones y revelaciones marianas que fueron aprobadas por el Sumo Pontífice PP. Paulo VI, el día 24 de febrero de 1978.


La problemática sobre las experiencias ligadas a los fenómenos sobrenaturales en la vida y misión de la Iglesia también fue notada por la solicitud pastoral de los Obispos reunidos en la XII Asamblea Ordinaria del Sínodo de Obispos sobre la Palabra de Dios, en octubre de 2008. Tal preocupación fue recogida por el Santo Padre Benedicto XVI en un importante pasaje de la Exhortación Apostólica Post-sinodal Verbum Domini, insertándola en el horizonte global de la economía de la salvación.

La Congregación consideró oportuno publicar las mencionadas normas, proveyéndolas de una traducción a las principales lenguas.

Normas sobre el modo de proceder en el discernimiento de presuntas apariciones y revelaciones - Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe



Aprobación eclesiástica
Básicamente, el procedimiento para llegar a la aprobación de una aparición es muy simple y generalmente sigue estos pasos...

1. Se informa de una aparición/revelación privada al párroco.

2. El párroco hace una investigación preliminar y decide si debería llamarse la atención del ordinario local, el obispo, con pruebas suficientes para garantizar la atención del obispo.

3. El obispo decide, basado en las pruebas aducidas, si el acontecimiento merece que se lleve más allá la investigación.

4. El obispo forma una comisión de investigación.

5. Si éste considera válidos los resultados de dicha comisión, entonces:
a. Si la aparición/revelación ya no sigue produciéndose, entonces el obispo la aprobará, la declarará "digna de fe" y presentará la documentación al Vaticano.
b. El Vaticano designará una comisión propia para revisar el informe de la comisión del obispo antes de que el acontecimiento sea etiquetado como "digno de creer".

6. Si la aparición/revelación está inacabada o el acontecimiento es de gran magnitud (en Garabandal, por ejemplo, cerca de 1800 apariciones), el obispo dejará el caso "abierto" para recibir nueva información, lo cual es de hecho una aprobación temporal pendiente de acabar su estudio.

7. Si los resultados de la comisión indican un acontecimiento no sobrenatural o sobrenatural pero de origen demoniaco, entonces el obispo emitirá un documento para oficialmente rechazar el acontecimiento y animar a los fieles y al clero a evitarlo.

De lo anterior, por ejemplo, se sigue que es técnicamente imposible para la Iglesia dar una aprobación final a los acontecimientos de Garabandal (como por ejemplo en Medjugorje ) ya que todavía hay profecías no cumplidas pero que podrían confirmarse. (Se encontraría pues en el paso 6)

Los criterios de aprobación de una aparición mariana son:

1) APROBACIÓN DE LA EXPRESIÓN DE LA FE: el obispo local fomenta, o al menos tolera, las diversas manifestaciones de fe (misa, oración, devoción, confesiones, conversiones) que se producen en relación con la supuesta aparición.

1.1 Cuando es ´´explícitamente´´ aprobado con un CONSTAT DE SUPERNATURALITATE, la aparición y sus mensajes aprobados tienen la seguridad de no ir contra criterios teológicos, doctrinales y bíblicos, los fieles no están obligados personalmente a aprobarlas pero sí están obligados a no declararlas públicamente como inválidas si la autoridad las ha declarado oficialmente válidas (Fátima, Lourdes)

2) DECISIÓN NEGATIVA: las decisiones de este carácter comprenden tanto:

2.1. NO CONSTAT DE SUPERNATURALITATE: puede ser una decisión negativa de carácter provisional, a la espera de nuevos resultados o de la reapertura del caso. Es un ´´no´´ abierto a un posible futuro ´´sí´´.

2.2. CONSTAT DE NO SUPERNATURALITATE: esta decisión es un ´´no´´ que tiene carácter final y definitivo. Es un ´´no´´ de ´´nunca jamás´´.

Por tanto, el primer representante de la Iglesia al que toca examinar el asunto es al obispo local, en este caso, de Santander. A él incumbe estudiar el caso y dictar sentencia sobre las apariciones. Habitualmente, el juicio del obispo, es decir su confirmación o rechazo, resuelve la cuestión. Así fue en Lourdes y en Fátima. Pero no siempre ocurre así. Con ocasión de la clausura del Jubileo de Fátima, en octubre de 1942, el Patriarca de Lisboa, Cardenal Cerejeira, refiriéndose a la ratificación de las apariciones de Fátima dada por el obispo de Leiria-Fátima en octubre de 1930, observó: “Esta ratificación no es irrefutable; la Santa Sede puede confirmarla o anularla.”
El obispo local actúa como juez de primera instancia. Pero está por encima de él otra autoridad eclesiástica que actúa como Cámara de Apelaciones, la Congregación para la Doctrina de la Fe, antes llamada el Santo Oficio. Es éste un organismo administrativo que representa al Papa en materias de fe y moral. Tampoco él tiene la última palabra: ésta está reservada al Papa, el juez supremo.

En el caso de las apariciones de Garabandal la Congregación estaba facultada para intervenir y tomar a su cargo la investigación de las apariciones, que quedaría entonces fuera de las manos del obispo de Santander. Pero se negó persistentemente a perturbar de tal modo el proceso, arguyendo que no había sucedido ningún hecho significativo en tiempos recientes, por lo que la Congregación no tenía motivo para intervenir. Y concluyó dejando la gestión en manos del obispo, incluso la emisión de directivas, y loándole por el celo que había mostrado en esta materia. Se puede inferir que de producirse el Aviso o el Milagro anunciado, la Congregación para la Doctrina de la Fe podría cambiar de actitud.
Así, al menos por el momento, la Congregación se contentará con lo que tan a menudo ha hecho en el pasado: aceptar el status quo y esperar los resultados. Una larga experiencia en hechos de esta naturaleza le ha enseñado que cuando algo viene de Dios, al fin supera cualquier oposición. Es decir, la Congregación toma el único camino práctico que le queda, dejar los juicios preliminares en manos de los obispos locales hasta estar segura de disponer de representantes eficaces y suficientes para poder encargarse personalmente.

DECLARACIONES DE LOS OBISPOS DE SANTANDER



Aunque dos comisiones convocadas por los obispos de Santander declararon que no había aquí fenómenos capaces de autenticar los hechos como indudablemente sobrenaturales, no condenaron el mensaje. A este respecto, la primera comisión declaró: “No hallamos nada merecedor de censura eclesiástica ni condenación ni en la doctrina ni en las recomendaciones espirituales supuestamente dirigidas a los fieles”. El obispo D. Juan Antonio del Val, que convocó la segunda comisión, al jubilarse de su cargo declaró que “el mensaje de Garabandal era importante y teológicamente correcto”.

Cuatro Obispos consecutivos de Santander se han pronunciado en contra de la sobrenaturalidad de las apariciones de Garabandal, lo cual ha pesado mucho entre los fieles. Resumimos brevemente las declaraciones de los diversos Obispos que se han sucedido desde el inicio de las apariciones hasta nuestros días.

 

- Mons. Doroteo Fernández, mayo de 1961 a enero de 1962 (Administrador Apostólico)

El Administrador Apostólico de la diócesis, -don Doroteo Fernández- basándose en una comisión técnica que nombró para el examen de las apariciones de Garabandal, publicó en el boletín eclesiástico el 26 de agosto de 1961, a solo dos meses y pico del comienzo de las apariciones y al mes escaso de las primeras negaciones de Conchita, una nota afirmando que no constaba la sobrenaturalidad de dichas apariciones. La comisión solo realizó dos o tres visitas al lugar de las apariciones y concluyó que los sucesos eran “un juego de niños”.

El mismo Administrador Apostólico, el 2 de noviembre de 1961, al medio mes del primer mensaje de Garabandal, que tanta decepción causó, redactó una nueva nota- esta vez sin nombrar a la comisión técnica pero basándose sin duda, en su informe, pues varios miembros de la comisión estuvieron presentes en la promulgación del mensaje – en la que se ratificaba en su juicio precedente acerca de que no constaba la sobrenaturalidad de las apariciones. Obviamente tampoco constaba lo contrario, es decir que no lo fueran. Recordemos que una cosa es la ortodoxia del contenido –sobre la cual no había dictamen contrario– y otra muy distinta el origen de los fenómenos.

Primera nota oficial de Mons. Doroteo Fernández.

Segunda nota oficial de Mons. Doroteo Fernández


 

- Mons. Eugenio Beitia Aldazabal, enero de 1962 a enero de 1965.


El nuevo obispo de Santander Mons. Eugenio Beitia, firmó su primera nota el 7 de octubre de 1962 a los pocos meses de haberse hecho cargo del obispado, y cuando ya estaba para salir hacia Roma para participar en el Concilio Vaticano II. Esta nota parece ser la respuesta al milagro de la comunión visible de Conchita del 18 de julio del mismo año, y en ella el Obispo que, por lo visto, no estaba todavía muy puesto en el asunto de Garabandal, no hace sino ratificar el informe de la comisión técnica en el cual se dice que “tales fenómenos carecen de todo origen de sobrenaturalidad y tienen una explicación de carácter natural”. Este juicio era, sin duda, prematuro, pues la comisión episcopal nombrada al efecto de indagar lo que estaba ocurriendo en Garabandal no realizó ningún examen serio de carácter científico. El mismo Obispo publicó el 8 de julio de 1965 a los 20 días del segundo mensaje de Garabandal, una nueva nota. En ella hace mención de la comisión técnica diciendo que la misma sigue opinando que no consta la sobrenaturalidad de los fenómenos. Además es ya en esta cuarta nota cuando se prohíbe “de manera explícita y formal” la asistencia de los sacerdotes a Garabandal, sin expresa licencia. En la primera nota sólo se expresaba el deseo de que no asistieran los sacerdotes; en la segunda se recomendaba que evitaran “la organización de visitas y peregrinaciones a los referidos lugares”; en la tercera se prohibía no el asistir, sino “el concurrir” habiendo declarado Mons. Beitia a cierto sacerdote que no se trataba de una prohibición formal.

Mons. Beitia impuso pues restricciones a los sacerdotes que subían al pueblo sin permiso diocesano pero no condenó los acontecimientos pues hace constar que “no hemos encontrado materia de censura eclesiástica condenatoria, ni en la doctrina ni en las recomendaciones espirituales, que se han divulgado en esta ocasión, como dirigidas a los fieles cristianos, ya que contienen una exhortación a la oración y al sacrificio, a la devoción eucarística, al culto de Nuestra Señora en formas tradicionalmente laudableso y al santo temor de Dios, ofendido por nuestros pecados”. Autorizó una investigación privada llevada por tres doctores, cuya conclusión no coincidió con la de la comisión oficial.

Primera nota oficial de Mons. Eugenio Beitia

Segunda nota oficial de Mons. Eugenio Beitia


 

- Mons. Vicente Puchol Montis, julio de 1965 a mayo de 1967.


Después de las declaraciones de las niñas negándolo todo (cumpliendo la profecía de Nuestra Señora en 1961 de que así sucedería) intentó poner fin a Garabandal. Publicó la quinta nota el 17 de marzo de 1967. Esta nota ya no se basa, como las precedentes, en el informe de la comisión técnica sino en la declaración de las videntes, de la que resulta según nos dice Mons. Puchol, que no ha habido apariciones ni mensajes y que “todos los hechos acaecidos en dicha localidad tienen una explicación natural”. Es claro que un prelado que dijo públicamente: “Esto lo acabo yo cueste lo que cueste” no puede ser tenido por juez imparcial, máxime sabiendo que su veredicto no se hallaba respaldado por ningún estudio profesional por parte de los peritos científicos que exigía asunto tan delicado. De todos modos, ni una palabra sobre lo que era la real competencia del obispo en cuanto obispo, esto es: el dogma, la moral, la liturgia o el derecho canónico.

Nota oficial de Mons. Puchol


- Mons. José María Cirarda Lachiondo, julio 1968 a diciembre de 1971


Se oponía firmemente a Garabandal y logró, a través del Cardenal Jean Villot (Secretario Vaticano), dar a la prensa nacional y extranjera el 9 de octubre de 1968 una nueva nota sobre los hechos de Garabandal. En la misma se ratifica lo que han dictaminado los tres prelados precedentes asegurándose en especial que no consta la sobrenaturalidad de las apariciones de Garabandal, según los dos primeros y que todo tiene una explicación natural, según el tercero, a quien se supone que ha dado su dictamen de acuerdo con la Santa Sede.

Nota sobre los sucesos de San Sebastián de Garabandal


- Obispo Juan Antonio del Val Gallo, diciembre de 1971 a agosto de 1991


Aunque no creía en Garabandal cuando tomó posesión como Obispo, mostró un espíritu abierto en contraste con sus dos predecesores. Como canónigo de la catedral de Sandander en 1961, fue miembro de la comisión original pero renunció por la manera en que llevaban los asuntos. Es el único Obispo de Santander que ha visto a las videntes en éxtasis. Tras una visita pastoral en 1977, levantó las prohibiciones de sus predecesores acerca de la difusión de las apariciones y de celebrar Misa los sacerdotes en el lugar en el que presuntamente tuvieron lugar. También permitió que se rodase una película sobre las mismas e instituyó la primera comisión episcopal interdisciplinar que se ocupó del caso.
Alrededor de 1981, empezó a creer en los acontecimientos. En 1983, dio permiso al Dr. Luis Morales de la comisión original, que también había pasado a creer en la apariciones, para dar unas conferencias en el salón de actos más grande de Santander en defensa de los acontecimientos de Garabandal. En 1987, instituyó una nueva investigación de las apariciones y levantó la prohibición de ir al lugar a los sacerdotes, permitiéndoles celebrar Misa en la iglesia del pueblo con el permiso del párroco.

 


- Mons. José Vilaplana Blasco, agosto de 1991 a julio 2006


Dejó ver que no creía en Garabandal en una carta de 1993 a Ramón Pérez, mientras que al mismo tiempo mantenía sin cambios la política del Obispo del Val. Consta una carta a D. Richard Paul Salbato de Fátima en donde reitera la postura de sus predecesores.

Carta de Mons. Vilaplana a Richard Paul


- Mons. Carlos Osoro Sierra Arzobispo de Oviedo, julio de 2006 a septiembre de 2007 (Administrador Apostólico)

Inauguró una nueva actitud de la Jerarquía hacia Garabandal al asentarse sobre los positivos pasos dados por el Obispo del Val.


- Excmo. Mons. Vicente Zamora, septiembre 2007 - diciembre 2014

No emitió ningún comunicado oficial sobre Garabandal. El 6 de mayo de 2012 bendijo e inauguró la iglesia parroquial de San Sebastián de Garabandal después de haber sido restaurada.


- Excmo. Mons. Manuel Sánchez Monge, desde el 30 de mayo de 2015.



En estas notas si bien, de momento, no juzgan los obispos que haya nada sobrenatural en las presuntas apariciones (materia siempre revisable a la luz de nuevos datos o de un mejor estudio científico de los ya existentes), nada han dicho en contra del contenido de las mismas (“no hemos encontrado materia de censura eclesiástica condenatoria, ni en la doctrina ni en las recomendaciones espirituales que se han divulgado”) y ése era y es precisamente su cometido como Iglesia docente.

 


Valoración de las notas de los Obispos de Santander

Para valorar debidamente el juicio desfavorable de los cuatro Obispos de Santander, hay que tener en cuenta el fundamento en que se basan sus afirmaciones. Éste es en los dos primeros el informe de la comisión técnica y en los otros dos, además del juicio de los obispos precedentes, las negaciones de las videntes.

Respecto al valor de los informes de la comisión técnica.

Esta comisión constaba, según parece, de tres canónigos y profesores de Santander: Don Juan Antonio del Val, que después sería Obispo de Santander, D. Francisco Odriozola y D. Jose María Saiz que murió repentinamente en 1964. Había también dos médicos: el doctor Morales, psiquiatra de Santander y el doctor Piñal anestesista. Sin embargo, D Francisco Odriozola, secretario de dicha comisión, fue, según declaró el mismo en 1962, el “verdadero motor de la misma”, por lo que se le ha calificado como “el alma y motor” de la comisión.
Ahora bien, hay datos más que suficientes para sospechar con fundamento serio que dichos miembros de la comisión adoptaron una actitud negativa apriorística o preconcebida acerca de las apariciones de Garabandal; actitud que podemos resumir en que para ellos era inadmisible que la Santísima Virgen se apareciera de una manera tan frecuente, inusitada y extraña a cuatro niñas de un pequeño pueblo perdido en las montañas de Santander y que, por lo tanto, todo había que atribuirlo a la fantasía de cuatro niñas, fomentada por los peregrinos que afluían continuamente a Garabandal.

En primer lugar a los 40 días de dar comienzo las apariciones Conchita, a la que se juzgaba la principal protagonista de las mismas, fue trasladada a Santander a instancias de algunos miembros de la comisión con el fin de acabar así con las supuestas apariciones. Al día siguiente de su llegada según manifiesta Conchita en su diario, la examinaron el doctor Morales, miembro de la comisión y otros médicos, los cuales concluyeron que la niña estaba normal, pero “que esto de las apariciones era un sueño”, poniéndole como tratamiento para deshacer sus fantasías o alucinaciones, un buen ambiente de distracción en Santander. Como a los 8 días volviera su madre y su tía para llevársela a Garabandal, el doctor Piñal miembro de la comisión, extremó, no sólo los halagos, presentándole un porvenir risueño, si se quedaba en Santander, sino también las amenazas, diciéndole incluso que la encerrarían en un manicomio, si persistía en hablar de sus apariciones, hasta que al fin consiguió que firmara un papel en blanco negando sus apariciones. Así mismo, el administrador apostólico de la diócesis y D. Francisco Odriozola la halagaron también con una promesa en este sentido.

En segundo lugar, en una de las pocas veces que los miembros de la comisión estuvieron en Garabandal – según referencias de testigos fidedignos, apenas, el que más acudió, lo hizo no más de seis veces – mostraron bien a las claras esta actitud preconcebida. Era el 22 de agosto de 1961, a los dos meses y algunos días de haber comenzado las apariciones. Según cuenta el párroco de Barro-Llanes (Oviedo) don José Ramón García de la Riva, las niñas cayeron en éxtasis después del Rosario. Y en una de las ocasiones en que en ese estado entraban en la Iglesia pudo oír al doctor Piñal que decía en alta voz: “¿Qué? ¿Todavía continua esta farsa?” Así mismo, el sacerdote presidente de la comisión, comentó también en alta voz: “Yo en esto no creo.... pase lo que pase”. Después deliberaron los comisionados lo que debían de hacer y decían entre sí: “Vamos a cerrar la iglesia al culto. Enviaremos a D. Valentín un mes de vacaciones; lo admitirá fácilmente, pues parece que está nervioso... Al Padre jesuita (Ramón M. Andreu) lo haremos marchar. Impediremos subir aquí a los sacerdotes y... si esto es de Dios ya se abrirá paso”. Pocos días después, el 26 de agosto, salió la primera nota desfavorable del obispado sobre las apariciones.

En tercer lugar apenas corrió la noticia de que el P. Lucio Rodrigo profesor de moral en Comillas, durante muchos años, dio muestras de admitir la sobrenaturalidad de los fenómenos de Garabandal, acudieron a Comillas en septiembre de 1961 a entrevistarse con él los tres sacerdotes miembros de la comisión, que habían sido discípulos suyos y el doctor Piñal. Acerca de esta entrevista, el padre Lucio Rodrigo declaró a una persona digna de toda confianza: “No me fue difícil entender que no buscaban precisamente mi opinión, como elemento que les sirviera para formar juicio: Ellos venían ya con el juicio vencido en posición contra el posible signo sobrenatural de los sucesos”. También dijo a la persona susodicha que ya desde entonces creyó descubrir en los miembros de la comisión algo que luego se haría casi evidente: que ellos “andaban especialmente a la caza de datos o pruebas en contra”.

Constan además frases e incidentes de miembros de la comisión que demuestran esta posición preconcebida. En particular es curioso lo que sucedió con el doctor Morales psiquiatra, el 11 de julio de 1961, cuando fingiéndose carmelita, intentó sugestionar a las cuatro niñas de que sus apariciones eran falsas, asegurando a los visitantes que desde ese día las niñas ya no tendrían más apariciones. Al poco rato de haberse marchado el citado doctor, las niñas cayeron en un éxtasis que duró unos siete minutos.

De lo dicho se desprende que las notas que dieron a la publicidad los obispos de Santander, basándose en los informes de la comisión técnica, adolecen de falta de una información seria e imparcial por parte de la citada comisión.

DECLARACIONES DE LA SANTA SEDE SOBRE GARABANDAL

La Congregación no emitió ninguna declaración.



La Congregación para la Doctrina de la Fe no emitió ni publicó ninguna declaración en su nombre, dirigida a todo el mundo católico, sobre los hechos de Garabandal. Nunca ha expresado pública ni oficialmente su opinión sobre estas apariciones contemporáneas en España. Eso sí, el Secretario de la Congregación ha enviado dos cartas a obispos de Santander y una más reciente al arzobispo Hannan de New Orleans. Pero, no son ni tienen la autoridad de declaraciones formales dirigidas al mundo católico en nombre y bajo caución de la Congregación.

Otro punto aún más importante es que en las cartas enviadas a las personas mencionadas, la Congregación nunca incluyó una declaración positiva expresando acuerdo con el juicio de los obispos de Santander. Estas cartas han alabado a los varios obispos de Santander por la prudencia y el celo pastoral que desplegaron en la gestión de las apariciones de Garabandal, pero no dieron explícito acuerdo al veredicto de los obispos de Santander, los cuales se negaron a admitir el origen divino de los hechos de Garabandal.

De hecho, en las cartas publicadas, por el Prefecto de la Congregación por la Doctrina de la Fe, hay declaraciones incontrovertibles de que Roma y la Congregación se han abstenido siempre de emitir juicio sobre la cuestión medular de Garabandal, a saber, el carácter sobrenatural u origen de las apariciones.

La primera carta está fechada el 7 de marzo de 1967 y dirigida al Obispo de Santander S. Exc. Mons. Vicente Puchol. La carta está firmada por el entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe el Card. Ottaviani. En ella se afirma que la Congregación después de haber estudiado con detalle la información recibida al respecto “ha llegado a la conclusión de que esta cuestión había sido ya examinada minuciosamente y decidida por V. E. y que por tanto no hay razón para que esta Sagrada Congregación intervenga en ella”. En estas palabras de la carta del Card. Ottaviani se echa de ver que no se trata de una aprobación oficial, esto es, en la que la Sagrada Congregación comprometa directamente su autoridad sino de una simple aprobación o beneplácito de lo que el prelado santanderino ha resuelto.

Primera carta de la congregación de la fe al Obispo de Santander

Original en Latin



La segunda carta está fechada el 10 de marzo de 1969 y dirigida al obispo de Santander, S.E. el Muy Reverendo José M. Cirarda Lachiondo. El original está en latín, acompañado de una traducción en español. El párrafo pertinente reza:
“Como sabe S.E., hasta el presente esta Sagrada Congregación no ha querido tomar el lugar de esa autoridad (el Obispado de Santander) que tiene jurisdicción inicial para la investigación y el juicio sobre esta clase de asunto, y no ha querido tomar la gestión a su cargo. Por las cartas enviadas hasta ahora, solamente ha expresado su aprecio por la prudencia y el celo pastoral evidenciados por esa Curia (el Obispado de Santander) pero no ha emitido ningún juicio bajo la autoridad de la Santa Sede”.

Segunda carta de la Congregación de la fe al Obispo de Santander

Original en Latin



La tercera carta está fechada el 21 de abril de 1970 y dirigida al arzobispo de New Orleans, S.E. el Muy Reverendo Phillip M. Hannan. El original está en inglés con una traducción en español.
El párrafo pertinente de esta carta menciona “la nota del 10 de mayo de 1969” que fue un boletín sobre Garabandal publicado por un periodista norteamericano, fechado en el Vaticano, y que tuvo amplia difusión. Parte de ese boletín contenía una declaración, presentada como proveniente de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. A esa declaración se refería el cardenal Seper, y a propósito de ella escribe al arzobispo Hannan: “Aunque esta Sagrada Congregación ciertamente coincide con el contenido de la nota del 10 de mayo de 1969 (como fue publicada en varios países, especialmente en Francia en ‘La Documentation Catholique’, 21 Sept. 1969, n.1547, p.821), debe aclarar que es inexacta la atribución de la parte de ese texto que trata de la falta de carácter sobrenatural de los hechos de Garabandal a la Sagrada Congregación, ya que ésta siempre cuidó de abstenerse de toda declaración en esta materia”.

Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe al Arzobispo de Nueva Orleans

Original en Inglés



Las primera y segunda cartas dicen que la Sagrada Congregación no ha emitido sobre Garabandal ningún juicio bajo la autoridad de la santa Sede. La tercera dice que la Sagrada Congregación siempre cuidó de abstenerse de toda declaración en la materia del carácter sobrenatural de los hechos en Garabandal.
Por tanto, La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe ha guardado celosamente el silencio sobre su opinión acerca de los hechos de Garabandal. Aún el fuerte respaldo que ha otorgado a los obispos de Santander dista mucho de ser un dictamen sobre el carácter de esos hechos. Mientras no tome a su cargo la investigación, la Congregación no puede sino apoyar la labor del obispado – lo cual no presupone coincidencia con el Obispado en materia doctrinal.
Es interesante notar que la constante presión ejercida en esos años por el obispado de Santander sobre la Congregación a fin de obtener una declaración que permitiera cerrar el caso de Garabandal, presión documentada en la correspondencia – publicada – entre ambos organismos, nunca obtuvo ni del cardenal ni del Papa la declaración deseada.

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POSICIÓN DE LA IGLESIA RESPECTO A GARABANDAL

Respecto a Garabandal reina la confusión sobre la posición de la Iglesia. Las mismas niñas predijeron que el mensaje de Garabandal presentaría dificultades para ser aceptado.

En el caso de las apariciones de Garabandal la Congregación para la Doctrina de la Fe estaba facultada para intervenir y tomar a su cargo la investigación de las apariciones, que hubiera quedado entonces fuera de las manos del obispo de Santander. Pero se negó persistentemente a perturbar de tal modo el proceso, arguyendo que no había sucedido ningún hecho significativo en tiempos recientes, por lo que la Congregación no tenía motivo para intervenir. Concluyó dejando la gestión en manos del obispo, incluso la emisión de directivas, y loándole por el celo que había mostrado en esta materia. Se puede inferir que de producirse el Aviso o el Milagro anunciado, la Congregación para la Doctrina de la Fe podría cambiar de actitud. Así, al menos por el momento, la Congregación mantiene la postura que tan a menudo ha seguido en el pasado: aceptar el status quo y esperar los resultados.

DECLARACIONES DE LOS OBISPOS DE SANTANDER

Aunque dos comisiones convocadas por los obispos de Santander  declararon que no había aquí fenómenos capaces de autenticar los hechos como indudablemente sobrenaturales, no condenaron el mensaje. A este respecto, la primera comisión declaró: “No hallamos nada merecedor de censura eclesiástica ni condenación ni en la doctrina ni en las recomendaciones espirituales supuestamente dirigidas a los fieles”. El obispo D. Juan Antonio del Val, que convocó la segunda comisión, al jubilarse de su cargo declaró que “el mensaje de Garabandal era importante y teológicamente correcto”.

Cuatro Obispos consecutivos de Santander se han pronunciado en contra de la sobrenaturalidad de las apariciones de Garabandal, lo cual ha pesado mucho entre los fieles. Resumimos brevemente las declaraciones de los diversos Obispos que se han sucedido desde el inicio de las apariciones hasta nuestros días.
Mons. Doroteo Fernández  (Administrador Apostólico desde mayo de 1961 a enero de 1962) publicó dos notas. La primera a solo dos meses y pico del comienzo de las apariciones y al mes escaso de las primeras negaciones de Conchita, en la que afirmaba que no constaba la sobrenaturalidad de dichas apariciones. La comisión sólo realizó dos o tres visitas al lugar de las apariciones.
Mons. Eugenio Beitia Aldazabal (enero de 1962 a enero de 1965) publicó también dos notas. En la primera se dice que “tales fenómenos carecen de todo origen de sobrenaturalidad  y tienen una explicación de carácter natural”.  Este juicio era, sin duda, prematuro, pues la comisión episcopal nombrada al efecto de indagar lo que estaba ocurriendo en Garabandal no realizó ningún examen serio de carácter científico. Impuso además restricciones a los sacerdotes que subían al pueblo sin permiso diocesano pero no condenó los acontecimientos pues hace constar que “no hemos encontrado materia de censura eclesiástica condenatoria, ni en la doctrina ni en las recomendaciones espirituales, que se han divulgado en esta ocasión, como dirigidas a los fieles cristianos, ya que contienen una exhortación a la oración y al sacrificio, a la devoción eucarística, al culto de Nuestra Señora en formas tradicionalmente laudables y al santo temor de Dios, ofendido por nuestros pecados”.
Mons. Vicente Puchol Montis, (julio de 1965 a mayo de 1967) que intentó poner fin a Garabandal. Publicó una nota que ya no se basa, como las precedentes, en el informe de la comisión técnica sino en la declaración de las videntes, de la que resulta según  nos dice Mons. Puchol, que no ha habido apariciones ni mensajes y que “todos los hechos acaecidos en dicha localidad tienen una explicación natural”.
Mons. José Cirarda Lachiondo (julio 1968 a diciembre de 1971) Se opuso firmemente a Garabandal y logró, a través del Cardenal Jean Villot (Secretario Vaticano), dar a la prensa nacional y extranjera el 9 de octubre de 1968 una nueva nota sobre los hechos de Garabandal.
Mons. Juan Antonio del Val Gallo (diciembre de 1971 a agosto de 1991) fue el único Obispo de Santander que ha visto a las videntes en éxtasis. Con él hubo un cambio en la posición oficial respecto a Garabandal. En 1987, instituyó una nueva investigación de las apariciones y levantó la prohibición a los sacerdotes de ir al lugar, permitiéndoles celebrar Misa en la iglesia del pueblo con el permiso del párroco.

En estas notas si bien, de momento, no juzgan los obispos que haya nada sobrenatural en las presuntas apariciones (materia siempre revisable a la luz de nuevos datos o de un mejor estudio científico de los ya existentes), nada han dicho en contra del contenido de las mismas (“no hemos encontrado materia de censura eclesiástica condenatoria, ni en la doctrina ni en las recomendaciones espirituales que se han divulgado”) y ése era y es precisamente su cometido como Iglesia docente.

VALORACIÓN DE LAS NOTAS DE LOS OBISPOS DE SANTANDER

Para valorar debidamente el juicio desfavorable de los cuatro Obispos de Santander, hay que tener en cuenta el fundamento en que se basan sus afirmaciones. Este es en los dos primeros el informe de la comisión  técnica y  en los otros dos, además del juicio de los obispos precedentes, las negaciones de las videntes.

Esta comisión constaba, según parece, de tres canónigos y profesores de Santander.  Ahora bien, hay datos más que suficientes para sospechar con fundamento serio que dichos miembros de la comisión adoptaron una actitud negativa apriorística o preconcebida acerca de las apariciones de Garabandal; actitud que podemos resumir en que para ellos era inadmisible que la Santísima Virgen se apareciera de una manera tan frecuente, inusitada y extraña a cuatro niñas de un pequeño pueblo perdido en las montañas de Santander y que, por lo tanto, todo había que atribuirlo a la fantasía de cuatro niñas, fomentada por los peregrinos que afluían continuamente a Garabandal.
A los 40 días de dar comienzo las apariciones Conchita, a la que se juzgaba la principal protagonista de las mismas, fue trasladada a Santander a instancias de algunos miembros de la comisión con el fin de acabar así con las supuestas apariciones, poniéndole como tratamiento para deshacer sus fantasías o alucinaciones, un buen ambiente de distracción en Santander.
Además los miembros de la comisión acudieron muy pocas veces al lugar de los hechos, según afirman numeroso testigos de los hechos, por lo que presenciaron pocos éxtasis y fenómenos  extraordinarios.  Según referencias de testigos fidedignos, el que más estuvo presente, apenas llegó a seis veces mostrando siempre, bien a las claras, una actitud contraria preconcebida. Constan numeras frases e incidentes de miembros de la comisión que demuestran esta posición preconcebida
De lo dicho se desprende que las notas que dieron a la publicidad  los obispos de Santander, basándose en los informes  de la comisión técnica, adolecen de falta de una información seria e imparcial por parte de la citada comisión.

El 30 de Mayo de 1983 el Doctor Luis Morales Noriega, señalado por el Obispo Administrador Apostólico D. Doroteo Fernandez como médico principal en la Comisión investigadora de las Apariciones, se retractó de su anterior opinión negativa y reconoció la autenticidad de las Apariciones de la Virgen Maria en Garabandal durante una conferencia que dió en el Ateneo de Santander con una gran afluencia de público y con permiso del Obispo de Santander. Llegó incluso a afirmar que ni hubo comisión ni investigación formal; fue un simulacro.


DECLARACIONES DE LA SANTA SEDE

Respecto a la Santa Sede, la Congregación para la Doctrina de la Fe no emitió ni publicó ninguna declaración en su nombre, dirigida a todo el mundo católico, sobre los hechos de Garabandal. Nunca ha expresado pública ni oficialmente su opinión sobre estas apariciones contemporáneas en España. Eso sí, el Secretario de la Congregación ha enviado dos cartas a obispos de Santander y una más reciente al arzobispo Hannan de New Orleans. Pero, no son ni tienen la autoridad de declaraciones formales dirigidas al mundo católico en nombre y bajo caución de la Congregación.
En estas cartas enviadas a las personas mencionadas, la Congregación nunca incluyó una declaración positiva expresando acuerdo con el juicio de los obispos de Santander. Estas cartas han alabado a los varios obispos de Santander por la prudencia y el celo pastoral que desplegaron en la gestión de las apariciones de Garabandal, pero no dieron explícito acuerdo al veredicto de los obispos de Santander, los cuales se negaron a admitir el origen divino de los hechos de Garabandal.
Por tanto, La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe ha guardado celosamente el silencio sobre su opinión acerca de los hechos de Garabandal. Aún el fuerte respaldo que ha otorgado a los obispos de Santander dista mucho de ser un dictamen sobre el carácter de esos hechos. Mientras no tome a su cargo la investigación, la Congregación no puede sino apoyar la labor del obispado – lo cual no presupone coincidencia con el obispado en materia doctrinal.
Es interesante notar que la constante presión ejercida en esos años por el obispado de Santander sobre la Congregación a fin de obtener una declaración que permitiera cerrar el caso de Garabandal, presión documentada en la correspondencia – publicada – entre ambos organismos, nunca obtuvo ni del cardenal ni del Papa la declaración deseada.
Por tanto, oficialmente, a nivel de diócesis así como a nivel de Vaticano, "el caso permanece abierto" reuniendo nueva información.
El clero visitante puede ofrecer misa en la iglesia local.
Técnicamente, el caso de las apariciones de Garabandal no puede ser cerrado hasta que dos grandes profecías se cumplan: (1) El Aviso; y (2) El Milagro.

don valentinDon Valentín Marichalar

Párroco de Cosío y S. Sebastián

Recopilación de "DATOS" y "DIARIO" sobre las apariciones de San Sebastián de Garabandal

Comprende del 18 de Junio de 1961 al 17 de Diciembre de 1962
Gijón, 30 de Octubre de 1971
 
(A mano: Del R. Octavio, Capellán de Gijón de los Hermanos de Sn. Juan de Dios )

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CUADERNO PRIMERO

Día 18 de Junio del 61:

(Lo que sigue está escrito por Conchita)
 
"Después del rosario a las 9 íbamos a coger manzanas a “pelar” “y estuvimos sentadas en el camino y después se quitaron las ganas de  cogerlas y estuvimos jugando a las canicas y después decíamos que a la  “mano derecha estaba el Angelín y a la izquierda el Demonín y después le tiramos con piedras al Demonín y al Angelín le decíamos que se estuviera con nosotras y después se nos apareció, y yo que levanté la cabeza y dí un gritu y después las otras que me vieron a mí en éxtasis miraron para  arriba y dijeron que ¡hay el Angel! Y después bajamos al pueblo y nos fuimos a la Iglesia y tropezamos a una niña y nos dijo que de donde veníamos que muy asustadas estábamos muy pálidas y cuando entremos en la Iglesia fueron unas y se lo dijeron a nuestra señorita y la señorita nos dijo que fuéramos allá tres días y después hasta el viernes no le volvimos a ver y no vimos nada más que un cuadro. el Angel era como un niño pequeño y el vestido azul y las alas color rosa el pelo acastañado y la cara muy sonriente y el color garbanzo y la raya al medio y el lunes nos preguntó Don Valentín que qué había pasado y nos preguntó por separado y le dijimos todo lo que habíamos visto, el lunes no hemos visto nada fuimos toda la semana allí el 26 lunes vimos al Angelín el 27 subió Don Valentín y nos preguntó que qué había pasado y le dijimos que le habíamos visto como el día 18 le vimos. El 28, 29, 30, 1 de Julio y 2 domingo nos dijo el secreto que no se lo podemos decir, ni a Lucía ni al Papa ni al Obispo ni a los sacerdotes. No volvimos a verle hasta el sábado dia 8 de Julio que nos besó en las mejillas y en la frente y nos dijo que hasta mañana y el domingo dia 9 le volvimos a ver y nos dijo que a ver como teníamos los dientes y él nos los enseñó a nosotras y nos besó según estábamos en fila.”
 
LO FIRMAN:
Conchita González González.
Jacintuca González González.
Mari Cruz González Madrazo.
Loli Mazón González.

(Sigue relatando Don Valentín) :
Dice la Virgen que no puede ir nadie allí. Anoche os dijo (les) que fuerais (fueran) en ayunas cuando estaban en éxtasis a comulgar de los ángeles, fueron Conchita, Mari Cruz, a las 8 a comulgar las dos y dicen que hizo igual que yo cuando doy la comunión.

 “Las otras dos Loli y Jacinta, fueron como a las 12 y comulgaron en la Campuca más arriba de otras veces y después el Angel les señaló donde estaba la Virgen y las llamó con la mano.

La Virgen tenía 18 años y el Angel 9 años.

(Corpus Cristi Domini Nostri)

“Maria Cruz, San Miguel Arcángel, gran batallador (y la Virgen llevaba el compás). Era la Virgen del Rosario, mayor que Conchita traía el rosario entre las manos, con corona. Dicen que iban como si fuesen en el aire.”
 
JULIO de 1961.

Según las niñas se les apareció los días 8, 9, 10, 11, 12 y siempre que han dicho el día con tiempo siempre se ha cumplido. El martes 11 vinieron el Doctor Morales y el Doctor Piñal. No sé la opinión científica de los doctores, lo que sí sé es que el Doctor Morales dijo que el martes no sucedería nada, pues si las niñas estaban sugestionadas él las desugestionaría; cuándo subían las niñas él estaba en el camino, pasaron las niñas sin hacerle caso y estuvieron en el mismo estado unos 7 minutos. Al otro día se dijeron: “no decía el carmelita que hoy no veríamos más al Angel? (el Doctor Morales les había dicho que él era carmelita).
 
Día 9.

 Cuando llegué a San Sebastián acompañado de Don Gilberto y Don Liborio y un estudiante de Comilla, nos encontramos con las niñas acompañadas de otras cerca del pueblo, ví a las niñas muy contentas; había mucha gente; los sacerdotes les hicieron muchas preguntas, y el pueblo, a las 8 y media llegaron las niñas al sitio de costumbre y después de hacer la señal de la Cruz las ví en el estado de siempre, pero esta vez muy contentas, las ví sonreír a todas, decir con la mano adiós varias veces, se les veía mover los labios como si estuvieran hablando y para besar, duró 10 minutos, después las llevamos a la Iglesia, yo les pregunté una por una, me dijeron que el Angel les decía: “a ver qué dientes más guapos tenéis? y que él también les enseñaba los suyos. Después mandé a los sacerdotes y a los padres que pasasen a la sacristía y coincidían en lo mismo con ellos. Supongo que habría cerca de 1000 personas, me dijeron les había besado en la frente, en las mejillas y ellas le habían besado a El.
 
Día 10.

En la Iglesia a las 4 me dijeron que tenían que decir el secreto ellas en la Iglesia, después que las llamé.
Los días 11, 12 y 13 dijeron que comulgaron
 
 (Se intercalaron unas hojas del 14,15,16 y 17 de Julio del 61)
 
Día 14.

Estaban los tres sacerdotes en la casa de Conchita Don Pedro, el Cura de Guarnizo y yo entreteniéndolas con idea de que no se pusieran de acuerdo, pero, cuando llegó la hora de las 9 se nos escaparon y los sacerdotes salieron corriendo detrás llegando al sitio de costumbre y quedando como siempre. Les pregunté si habían comulgado, y me dijeron que sí las cuatro. Les pregunté si habían hablado con el Angel me dijeron que sí; era secreto, me dijeron que no, pero que dijo el Angel que no lo dijeran. Les pregunté si volvería y me dijeron que sí. Sacerdotes eran Salvador Anguio , Pedro Llanes, José Luis Gómez, Lizaso, José Gabriel Peña, José Antonio Cabada, Cosuso, Oceja y Don Pedro.
 
Este día hice una prueba, conté con dos sacerdotes las formas del Sagrario antes de la aparición y después de la aparición, les pregunté si habían comulgado me dijeron que sí y mandé bajar a los dos sacerdotes volvimos a contar las formas estaban completas, les exigí secreto de confesión .¿Fui prudente? No lo sé. Pero bien sabe Dios que lo hice de buena fe.

Me dijeron (las niñas) que les dijo el Angel que subieran más despacio pues otros días subían corriendo, llevan de apariciones seguidas el sábado 8, domingo 9, lunes 10, martes 11, miércoles 12, jueves 13, viernes 14.
 
Dia 15.

Fueron como a las 9 menos cuarto, estuvieron unos 7 minutos en el estado de siempre; comenzaron luego a hablar bajo, yo me acerqué y les entendí lo siguiente; -“Haznos un milagro; que la noche se convierta en día” (lo dijo Mari Cruz). Conchita decía: “haznos un milagro aunque sea chiquitín”.-Después decían. “el cura del secreto no ha vuelto, bien sabe que la hizo. Vino tambien un cura que tenía una visera y otro que tenía un cordón enroscado (este era Logo) y el otro (Ozejo), también hablaba del carmelita (Morales). “Después contaron las cosas que habían hecho estos días, que les dice su madre que coman más, estuvieron así hasta las 9 y media. Después rezaron el rosario, me dijeron habían comulgado y visto a la Virgen del Carmen, que volvería mañana”.
 
Dia 14.

 “Vimos al Angel como sonriente, cuando le preguntamos que nos dé una señal se pone serio, pero enseguida se le pasa” y nos dice que iban a ver al Angel y a la Virgen del Carmen el dia 17 y 18. Cuando subían ya notaban algo más fuerte que otras veces; le dijeron al Angel que tenían un pecadín”, dijo que “juro como hay Dios” (efectivamente lo habían dicho por el día) y le dijimos que “estaba enfadado con nosotras porque estaba muy serio y se echó a reir”. Me dicen que también comulgaron y el copón era amarillo, más pequeño y dice “toma y trae”, se lo dice a Conchita y cuando Conchita dice “trae” se ríe y las otras no dicen “trae”. También me dice que comulga él, hasta ahora no me lo habían dicho (hasta aquí lo que me han dicho ellas).

 Cuando yo subí a las 5 me las encontré con 4 ó 5 cadenas y medallas, 2 ó 3 rosarios, un reloj de pulsera, me enfadé un poco con Conchita y Loli, les quité todo y les dejé nada más un rosario y una cadena de escapulario, les dije que tenían que obedecer al cura y los padres y después me dijeron que les había dicho el Angel que podían llevar las medallas pero que tenían que obedecer, al cura y a los padres y hacer vida de niñas como siempre. Hoy comenzó un examen de las niñas por el Doctor Piñal y Don Francisco. Me parece que bien. No así me pareció el dia que vino el Sr. Morales.

También cuando subí y les quité las medallas les dije algo enfadado que no sabía si iba a ser cosa del demonio, y la madre de Conchita decía; “estoy con usted, es cosa del espíritu maligno”. Después se lo preguntaron al Angel. Y él se reía.
 
Dia 17.

Vieron al Angel y a la Virgen del Carmen. Las separaron como siempre, Jacinta y Loli en casa de Ceferino; Mari Cruz y Conchita en casa de Conchita. “Les preguntamos si el cura nos sacó el secreto, dijo el Angel que no”; y me dijeron que constaba de 6 palabras y 33 letras. Me dijeron que habían visto alrededor de la Virgen el secreto con letras muy grandes y mayúsculas todas; preguntaron por qué les dejó escribir los palotes: contestó el Angel que para probarlas; asistieron unos 8 sacerdotes, dos doctores y 600 personas fuera, todos los días no han bajado, pero ha habido días que había cerca de 3000 personas en domingo, muchos vienen por curiosidad, después que ven a las niñas cambian; he visto a hombres llorar.
 
Dia 23.

Loli dice que sintió la llamada hacia las 9. Estaba en casa, que fueran hacía los pinos y la viste a la Virgen del Carmen? Le preguntamos si estaban las otras dos viendo al Angel o a la Virgen del Carmen y dijeron que sí. Y dicen que vieron unas estrellas grandes con un rabo grande. Dice Jacinta que les dijo Ceferino que cuando sintiesen la llamada se fuesen por el Fontanón y fueran a los pinos; vieron a la Virgen del Carmen y al Angel y dicen que vieron dos estrellas grandes con una cola y le preguntaron si las veían las otras y dijo que sí, duró como unos 8 minutos.

Conchita vió al Angel y a la Virgen del Carmen, el vestido es blanco con flores blancas y el manto azul muy claro, nariz como la de la Virgen de la Iglesia, los ojos negros y las manos como las de aquí; estuvieron como 30 minutos y dice que la Virgen tenía el pelo largo hacia atrás, suelto, no comulgaron; Mari Cruz dice lo mismo.

Dicen lo de las estrellas abajo. Dicen que los martes a los pinos y que vaya Lucía y que vayan todos. Me dicen que el segundo secreto son 18 palabras y el primero 6. Desde ayer se aparece en sitios distintos y separados; hoy fué en los pinos, Loli y Jacinta; Conchita y Mari Cruz en Prado de la Fuente.
 
Dia 24.

Me dice Jacintuca que la preguntaron si venía el otro día por la mañana, al mediodía y a la tarde, y dijo él que a la tarde y estaban el Angel y la Virgen y dijo que a la tarde, nada más, y le dijo otras cosas que me dice no puede decir, no comulgó, comulgó en la Misa.

Dice Conchita que le preguntó al Angel y a la Virgen si venía por la mañana al mediodía o a la tarde,.Y dijo la Virgen que a la tarde a los pinos y que “llevaseis a Lucía”. Dice que a su parecer la Virgen tiene como más mano más fuerza; dicen que la Virgen les dice cosas más importantes y me aseguran que el Mensaje o secreto del Angel ya no lo dicen, que les dio otro la Virgen que es más importante, la mitad más, el 18 de Octubre, no saben donde ni quien, le preguntaban si vendrá toda la semana. Dicen que les decían que iban a venir un día sí y otro no, pero ellas decían que vinieran todos los días y dijeron que sí. Estando un día les dijo la Virgen y el Angel que iban a venir cada diez días y ellas les dijeron que viniesen todos los días, que solo uno era poco. Comulgaron en la Iglesia y el Angel no les dió la comunión.
 
Dia 25.

Les apareció en la Fuente, estuvieron como 15 minutos. Ayer vieron al Angel y a la Virgen del Carmen con el Niño y cantaron el himno de San Miguel y el Ave María; dicen que llevaban el compás con la cabeza y con la mano, Este día hubo bastante confusión, pues unos iban a los pinos, otros a la calleja y otros a la Fuente y por fin sucedió en la Fuente.
 
Dia 26.

Loli y Jacinta a las 12 estaban en la Calleja y sintieron una llamada, como siempre, y fueron al estucado y comulgaron y vieron a la Virgen del Carmen y al Niño y al Angel; dicen que otras veces no traerá al Niño, que les dejó el Niño, primero a Jacintuca y después a Loli;, el Niño tiene corona y el Niño es como de carne y tiene corona, envuelto en un manto, estuvieron como 18 minutos, rezaron una estación, cuando comenzaron a rezar le vieron otra vez. Dicen que el manto es azul y el vestido blanco con flores blancas. Les dijo que esta tarde fueran allí mismo a la Campuca, cantaron el himno a San Miguel y el Ave Maria. Primero fueron Loli y Jacinta, estuvieron en la Calleja, me dijeron que habían visto a la Virgen del Carmen y al Angel, al principio estuvieron serias, se les vió algunas lágrimas, después comenzaron a hablar, hacían que se ponían la corona de la Virgen y del Niño, también parecía que tenían a veces al Niño y hacían ademán de “nearle”, esa es la palabra que ellas dijeron. Duró como una hora y estuvieron alto mucho tiempo; la conversación parecia de niñas, sin cosas trascendentales. Me dicen las niñas que a la Virgen parecía que no le gustaba alguna cosa. Comulgaron Conchita y Mari Cruz en los pinos, por la tarde no comulgaron las otras dos. Conchita y Mari Cruz subieron a los pinos, estuvieron como unos 30 minutos muy serias, a veces se les vió lágrimas y después cuando bajaron se volvieron a poner en el mismo estado abajo en la Calleja y cuando las otras dos estaban hablando las otras dos, aunque no las oíamos, dicen que estaban hablando entre sí.
 
Dia 27.

Después de la Misa me dijeron que al mediodía les llamaba y al mediodía fueron a la Calleja y estuvieron como una hora, le preguntaron a la Virgen cómo traía el vestido color marrón (esta pregunta la oí yo) y dicen que la Virgen contestó que podía traer los vestidos de cualquier color. Aun ahora Conchita estaba como rígida y con los brazos hacia delante y le decía Loli, “pon los brazos para abajo” y Conchita dijo, “pónmelos tú”, y Loli le bajó un brazo, entonces yo hice ademán de bajarle el otro y estaba totalmente rígida y al momento la bajó Loli el otro. Pusieronse la corona de la Virgen, hoy no trajo al Niño y le preguntaban por El; comulgaron en la Misa y en la Calleja no. Hoy al mediodía duró una hora. Por la tarde a las 8 y media fueron al sitio de costumbre. Dicen que se quedaron como metros más abajo, dicen que vieron a la Virgen del Carmen y al Angel. Estaba allí un dominico a quien ellas no habían visto y preguntaban a la Virgen quien era aquel cura, cómo se llamaba: “anda¡ dime como se llama¡ … Ah¡ … sí? … es dominico?” – Otra vez le decía: “estate un poquitín más que no llevas nada más que un minuto”. Parece ser que entonces la Virgen le contestaba que llevaba una hora y cuarto (que ese tiempo era exacto). Me dijeron que por la tarde le veían; comulgaron en la Misa y no comulgaron en la Calleja.
 
Día 28.

Se marchó Conchita a Santander de acuerdo con el Sr. Obispo. Ella dijo que quería más quedarse, pero que si la llevaban se iba tranquila. Por la mañana en Misa comulgaron las 3 y Mari Cruz se fué al prado; las otras dos, a eso de la 1, fueron a los pinos y estuvieron en ese estado como 3 o 4 minutos y preguntaron si las estaba viendo Conchita; primero ya habían dicho a la Virgen que a Conchita le habían llevado a Santander y le preguntaban a la Virgen que si ella también  la veía y ellas dijeron: “Ay qué gusto¡”. Después rezaron el rosario y mandaron marcharse a todos y que los padres y sacerdotes estuvieran a distancia, yo las ví como 15 minutos en ese estado y después cuando nos acercábamos estaban tristes como si hubiesen llorado, dijeron que tenían que llevar a dos hermanos más pequeños. Por la tarde subieron a los pinos y dijeron que no se acercase nadie, pero alejamos a la gente a una distancia prudente y después nos acercamos y dijeron que habían visto a la Virgen y al Angel y por la tarde a las 6 y media le preguntaban si la veía Conchita y la Virgen dijo que sí. Duró la cosa como una hora.
 
Dia 29.

No estuve por la mañana y me dicen que a las 11 y media fueron a los pinos y Mari Cruz se quedó un poco más abajo. El Angel, la Virgen del Carmen con el Niño; comulgaron de manos del Angel; dicen que les dio en la mejilla con su mano. Cuando bajaron Loli y Jacinta estuvieron en éxtasis en la Calleja, dicen que vieron a la Virgen del Carmen. Mari Cruz se marchó con su madre al Acebal desde los pinos. Por la tarde a las 8 salieron de casa de Ceferino Loli y Jacinta y quedaron en éxtasis junto a la misma casa como unos 8 minutos y después dijeron que había dicho la Virgen que fuesen a los pinos y que no subieran nada mas que los padres y sacerdotes. Lo hicimos así, nosotros estábamos a una distancia como de 30 metros, les veíamos pero no las oíamos, estuvieron en éxtasis como 20 minutos, después nos acercamos para rezar el rosario y al segundo misterio se volvieron a quedar en éxtasis y les oíamos preguntar por Conchita, parece que les entendí que Conchita la estaba viendo en Santander, estuvieron una hora y en un momento Loli se quedó natural, un minuto, mientras que la otras seguía en el mismo estado; cuando volvió del éxtasis le preguntó la otra a la Virgen por qué Loli se había marchado y parece que la entendí “para que lo vea la gente y crea”; dicen que comulgaron por la mañana, dicen que vieron al Angel y a la Virgen del Carmen con el Niño (este día al querer partir Loli una piedra aunque estaba en éxtasis se hizo daño). Hicieron ademán de tener al Niño en los brazos, de besarla varias veces, así como la Virgen a ellas; se pusieron la corona, le pidieron varias veces que no se fuera. Desde hace unos días me dicen que dijo la Virgen que se les aparecerá donde quiera que estén. Ayer dijeron que Conchita la vió otra vez. A Mari Cruz se le apareció junto a la casa, estuvo como 25 minutos.
 
Dia 30.

Después de Misa se le apareció junto a la escuela, estuvieron 30 minutos, menos Mari Cruz que estuvo 15, le pedían un milagro aunque fuese pequeño, parece que le decía la Virgen “ahora no” porque ellas preguntaban, “¿por qué no lo haces ahora?”. Dicen que vieron a la Virgen del Carmen con el Niño y el Angel. También les entendí que la comunión se la había dado yo, como así fue en la Misa, también preguntaban si Conchita la veía y después me dijeron que no lo podían decir. Por la tarde a las 7 y duró 30 minutos, después otra vez en el balcón duró 15 minutos, no asistió ningún sacerdote, después fueron a la Iglesia, rezaron el rosario muy bien, duró 15 minutos. Mari Cruz por la tarde, a las 7 y media en el balcón, duró 30 minutos.
 
Dia 31.

Después de Misa y comulgar en ella estuvieron Loli y Jacinta en ese estado dentro de la Iglesia junto a la puerta rezando una estación y la letanía, estuvieron un rato serias, también besaron cosas otras veces.

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Informes

 

don valentinP. José Ramón María Andréu, S.J.

El conjunto de días que he estado en San Sebastián de Garabandal, en diversos viajes, suman 13 días, poco más o menos y en ellos he obtenido los siguientes datos que pongo a disposición de las Autoridades Eclesiásticas con el fin de facilitar la labor, que, con motivo de tales sucesos, habrán de realizar.

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don valentinDon Valentín Marichalar, párroco de Cosío y S. Sebastián

Recopilación de "DATOS" y "DIARIO" sobre las apariciones de San Sebastián de Garabandal

Comprende del 18 de Junio de 1961 al 17 de Diciembre de 1962

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cerecedaP. José María Alba Cereceda, S.J.

Escribió un informe sobre algunas consideraciones de los hechos acaecidos en San Sebastián de Garabandal con fecha 22 de agosto de 1962. "Según la valoración de los médicos es impensable una explicación psicológica o anormal, como tampoco algo comercial interesado, propagandístico, fraudulento en lo familiar o en la colectividad del pueblo"

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pucernauDr. Ricardo Puncernau, neuropsiquiatra

Es Vicepresidente de la Sociedad Española de Sofronología y Medicina Psicosomática y Presidente de la Asociación Española de Investigaciones Parapsicológicas.

"Lo he sopesado, pensado y observado a conciencia y he sacado la siguiente conclusión: En Garabandal no ha existido, ni existe ningún otro causante, actuante allí, y en relación con lo de allí que la Santísima Virgen".

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damiansD. Alejandro Damians Damians

Testigo del milagro de la comunión visible

“En repetidas ocasiones, y varias personas han tenido la oportunidad de compartir mi impresión sobre la maravilla de este milagro que tuvo la gracia de testimoniar S. Sebastián de Garabandal el 18 de julio de 1962. Empecé mi testimonio de vuelta un poco antes, el lunes 16 de julio de 1962. En ese momento, sabía que en los próximos 18 días se anunció por primera vez el prodigio de Garabandal, o más bien, el primer hecho público extraordinario”.

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turnerP. François Turner, O.P.

Después de haberse enterado por primera vez de los sucesos de Garabandal en 1966, el padre François Turner, O.P. de Blois, Francia, ha sido un estudioso de estas apariciones. Trabajando a la par con el Profesor Jacques Serre profesor en la Universidad de la Sorbona en París, ha hecho el estudio más completo sobre los eventos que ninguna otra persona fuera de España. Ha escrito numerosos artículos y bajo el sobrenombre literario de Robert François, ha dado autoría al libro, “Oh hijos escúchenme”, el cual a sido impreso en Francés, Inglés y Alemán. Concluyó, junto con el profesor Jacques Serre, que Garabandal es una Obra portentosa de Dios, una innegable manifestación de su Omnipotencia. Adicionalmente ha elaborado una obra educativa de 24 criterios en defensa de la autenticidad de Garabandal.

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seco

D. Juan Alvarez Seco, brigada de la guardia civil

Comandante jefe de la sección de Puentenansa, a la que pertenece San Sebastián de Garabandal. Años 61-62 y 65

D. Juan Álvarez Seco fue un testigo excepcional ya que durante las Apariciones fue brigada de la Guardia Civil, jefe de la sección de Puentenansa, demarcación a la que pertenece San Sebastián de Garabandal.  Realizará un informe detallado  sobre las apariciones y todo lo observado en esos días. Comenzará con la primera aparición del ángel el 18 de junio de 1961.

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cerecedaPadre Lucio Rodrigo S.J. 

El P. Lucio Rodrigo, S.J., ya fallecido, fue profesor de Teología Moral en la Universidad Pontificia de Comillas. Siguiendo las cartas de fecha 18 de enero de 1967 de María Josefa Caballero y de Carmen García Geraldo de Hernández-Pinzón nos relata un suceso extraordinario en relación con la apariciones de Nuestra Señora en Garabandal. El Padre, que conoció muy bien, tanto a María Josefa como a la familia Hernández-Pinzón, afirma que su relato es auténtico.

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Alejandro DamiansD. Alejandro Damians Damians

Testigo del milagro de la comunión visible

“En repetidas ocasiones, y varias personas han tenido la oportunidad de compartir mi impresión sobre la maravilla de este milagro que tuvo la gracia de testimoniar S. Sebastián de Garabandal el 18 de julio de 1962. Empecé mi testimonio de vuelta un poco antes, el lunes 16 de julio de 1962. En ese momento, sabía que en los próximos 18 días se anunció por primera vez el prodigio de Garabandal, o más bien, el primer hecho público extraordinario”.

Con estas palabras comienza D. Alejandro Damians su informe en el que narra el milagro ocurrido en Garabandal el 18 de julio de 1962  y del cual fue un testigo privilegiado. En dicha fecha Conchita recibió de manos del Angel la Sagrada Comunión y esta fue visible en su boca para los presentes durante algunos segundos. D. Alejandro se encontró dicho día  de forma casi inesperada en Garabandal y providencialmente antes de salir para un familiar le había entregado una máquina de filmar con unas breves indicaciones de como usarla. D. Alejandro  consiguió sacar, de noche, algunos fotogramas de los últimos instantes de la Comunión visible de Conchita, gracias a lo cual ha quedado una prueba visible del milagro.

Para D. Alejandro aquel día memorable tuvieron lugar dos milagros, el primero la comunión de Conchita y el segundo, “la prueba de la infinita condescendencia de la Virgen, porque sólo a Ella puedo deber la dicha de haber presenciado el prodigio”.


Descargar pdfINFORME REPORTAJE POR D. ALEJANDRO DAMIANS DAMIANS

Testigo del milagro de la comunión visible

De circunstancias excepcionales y hechos sobrenaturales vividos en San Sebastián de Garabandal 18-7-62

En reiteradas ocasiones y a diversas personas he tenido que relatar la impresión que me causó el prodigio que tuve la oportunidad de presenciar en S. Sebastián de Garabandal del día 18 de julio de 1962.

Según mi estado de ánimo, la concurrencia, personalidad de los asistentes, e incluso la presencia de quienes ya hubieran oído mi relato, así como otras diversas circunstancias externas y de ambientación, mi reseña ha sido más o menos extensa e incluso detallada o perfecta.

Con el fin de evitar éstas, no contradicciones o discrepancias, pero sí ligeras variantes de mi relato, creí interesante y muy conveniente que mi descripción se ciñera a la lectura de un Informe que yo mismo pudiera relatar con aquella tranquilidad de espíritu tan conveniente y previo examen y análisis de todas y cada una de las circunstancias que rodearon los hechos. En dicho sentido fui aconsejado, así mismo por personas de sano criterio y resolví no demorar por más tiempo esta narración, con el vivo deseo de que pueda ofrecer una sincera, clara y serena idea de mi intervención, en los hechos acaecidos en el pueblecito de S. Sebastián de Garabandal.

Hablaré de personas que, tal vez, muchos conocerán, y de otras cuya personalidad les será totalmente desconocida; no detallaré con exceso sus características, pero tampoco pasaré por alto su intervención.
Para quienes de una u otra forma, se hallan vinculados a tales hechos y circunstancias, mi relato podrá parecer monótono, mientras que para los demás será insuficiente y, quizás, incompleto. Sin embargo, lo más interesante para nosotros es Garabandal y creo que podemos, sin ningún riesgo, crear una confusión en los personajes si conseguimos, a cambio, una mayor claridad en los hechos.

Iniciaré, pues mi informe remontándome al lunes 16 de julio de 1962.

Sabía ya entonces, que para el próximo día 18 estaba anunciado el primer prodigio de Garabandal, o mejor dicho, el primer hecho extraordinario público o de trascendencia ya que allí, como en todas partes, los prodigios de Dios se suceden continuamente con el transcurso de la vida.

Siempre he creído ser un hombre de fe. Jamás he necesitado presenciar milagros para reafirmar mis creencias, pero la humana curiosidad me había llevado ya en el mes de marzo a visitar la pequeña aldea de la provincia de Santander. Sin ser particularmente impresionable, la bondad de sus habitantes, los éxtasis de las niñas, el ambiente sobrenatural que parece experimentarse al pisar aquellas tierras, la estoica resignación colectiva que aquellas gentes ante un cúmulo de circunstancias a todas luces extraordinarias y los extraños casos de índole personal interior, que me han sucedido, produjeron un marcado impacto en mis sentidos. No obstante, como experiencia me parecía ya suficiente y si bien tenía deseos de volver a Garabandal, estaba indeciso sobre la determinación a tomar en aquella ocasión.

Confieso sinceramente que estoy muy apegado a las comodidades, en cuanto mi situación y quehaceres lo permiten, y tal vez por ello estaba dispuesto a tomarme unas pequeñas vacaciones veraniegas en Premiá del Mar, intentando ignorar que para el próximo día 18 estaba anunciado un prodigio que difícilmente tendría ocasión de presenciar. Me propuse buscar paliativos a mi abulia pretextando que si estaba destinado debía trasladarme a la pequeña aldea se cumpliría la divina voluntad sin intervención por mi parte.

Un primo mío estaba deseoso de ir y yo había supeditado mi decisión a la suya; habíamos convenido que antes de su partida, de regreso de un pueblecito de la costa, pasaría por mi residencia para que le confirmara si me unía o no a la expedición. La hora de la cita había sido fijada sobre las 7 de la tarde; transcurría con exceso dicha hora sin que tuviera al respecto, por lo que resolví acomodarme a la vida familiar, ya plenamente resuelto de no interrumpir mis cortas vacaciones.

En plena cena recibí su visita, indicándome que por motivos familiares le era imposible desplazarse pero que, un amigo suyo, estaba dispuesto a efectuar el viaje si encontraba un compañero; decline la invitación.
Cada vez se presentaban más propicias las circunstancias para excusarme; lo intempestivo de la hora, la imposibilidad de mi primo y la idea de realizar el viaje con quien todavía era un desconocido para mí, reforzaban mi decisión de quedarme en casa.

Y en este punto, en la forma más humana y sencilla, tuve plena conciencia de la voluntad divina en la presión que sobre mí ejercieron, no sólo mi esposa y mi primo de quienes ya esperaba semejante reacción, sino principalmente de mi hijo a quien su corta edad parecía no autorizar a ello; reconvenciones de mi esposa, consejos de mi primo y súplicas de mi hijo: al fin cedí.

A partir de este momento, los hechos se sucedieron a una velocidad vertiginosa; una conferencia telefónica al amigo de mi primo, nuestra cita para las cuatro de la madrugada, el viaje a Barcelona para, con mi esposa, preparar lo imprescindible y dejar una nota advirtiendo al despacho de mi ausencia por unos días... Todo fue realizándose de forma sucesiva, atropellada y como en una pesadilla. A las cuatro en punto pues, mi nuevo amigo con su hermano, mi esposa y yo, partimos en coche hacia el Norte.

En este momento es forzoso citar un detalle que estaba destinado a ser tal vez el más importante; antes de partir, mi primo me entregó una máquina de filmar de un amigo suyo, dándome una superficial indicación de cómo debía usarla, mayormente importante por cuanto mi incompetencia de dicha materia, era fruto de un total y absoluto desconocimiento de dicha técnica.

Nuestro viaje no ofrece detalles dignos de mención salvo su ininterrumpido rodar por la carretera puesto que, sin dormir, a las 10 de la noche del día 17 llegamos a Garabandal.

La pequeña aldea estaba invadida de forasteros. Sin publicidad alguna, la noticia de la primera prueba perceptible de la veracidad de los hechos y acontecimientos patentizados hasta la fecha, se había extendido por todo el país; una multitud procedente de diversas regiones y clases sociales daba un matiz excepcional al ambiente, en el que podía respirarse una expectación inusitada. Entre los visitantes había varios sacerdotes que departían entre sí y con D. Valentín, párroco de Cosío, que había subido hasta Garabandal, para los cultos que debían tener lugar al día siguiente, la fiesta mayor.

Encontramos habitación en casa de Encarna, tía de una de las niñas videntes, donde dejamos nuestro escaso equipaje, partiendo seguidamente hacia la de Conchita, una de las cuatro videntes y la que, precisamente, tenía anunciado el milagro.

Aquella noche presenciamos un éxtasis, como siempre extraordinario, que hizo aún más mella en nuestras sensibilidad, toda vez que nos hallábamos aguardando la demostración visible de lo sobrenatural.

Parece absurdo referirme al día siguiente, cuando en mi imaginación los días 17 y 18 constituyen un todo ininterrumpido, ya que a aquella noche que en aquellos momentos me pareció extraordinariamente larga, le sucedió un pálido amanecer nublado, de color gris plomizo, que parecía una continuación de la noche; a la misa de madrugada le siguió un pequeño bullicio de pueblo en fiesta, muy débil por la mañana y que fue aumentando en las primeras horas de la tarde.

Casi todo el día 18 lo pasé en el interior de la casa de Conchita con mi esposa, mi amigo y varios sacerdotes, así como otras personas desconocidas. Tuve ocasión de hablar con Fray Justo, sacerdote Franciscano con quien luego he sostenido correspondencia, y que en carta a un amigo mío decía cuan incrédulo había partido de Garabandal después del prodigio. No había de tardar mucho tiempo en ver la luz y rectificar, si bien es asunto que no es ahora ocasión de relatar.

Dos circunstancias se daban cita en aquella ocasión para albergar dudas si se produciría o no el prodigio anunciado; una de ellas, el ambiente festivo que reinaba en el pueblo; otra la presencia de sacerdotes. En algunas ocasiones anteriores, las niñas no habían entrado en éxtasis; de otra parte, la presencia de sacerdotes había motivado anteriormente el que las niñas recibieran la comunión normalmente y nunca por mediación del Angel.

El ambiente era de duda puesto que, en contra de tales hechos comprobados, se decía entre los visitantes que Conchita había avisado personalmente a algunos sacerdotes para que fueran el día 18, así como que a las preguntas que le fueron formulando aquel mismo día en tal sentido, había manifestado que ni la fiesta, ni la presencia de aquellos serían obstáculo para la realización del prodigio.

Sobre las tres de la tarde, Conchita anunció que se iba a almorzar, lo cual nos dio el convencimiento de que si lo que debía producirse era la comunión, tendríamos aún que esperar un mínimo de tres horas para que tuviera efecto. Así, entre dudas, esperanza, tedio e ilusión fue transcurriendo el día.

Rebasadas las 12 horas de la noche sin manifestación alguna que hiciera presagiar nada extraordinario, cundió el desaliento y la incredulidad.

Cerca de la una de la madrugada del día 19, cuando algunos habían emprendido el regreso a sus puntos de origen, como un reguero de pólvora se extendió la noticia de que, según la hora solar y la situación geográfica del pueblecito, el día 18 no terminaría hasta las 1,25 de la madrugada. Por aquel entonces, los que estábamos en el interior de la casa, sabíamos ya una cosa cierta: Conchita había recibido la primera llamada.
Poco después nos mandaron desalojar la casa y quedé en el portal en compañía de un amigo de la familia de Conchita, para evitar la entrada de cualquier persona. Desde mi emplazamiento dominaba la cocina y la escalera que conduce al piso superior de la casa. Allí se hallaba Conchita, creo que con una prima y un tío suyo, cuando entró en éxtasis.
Mi primera noticia fue verla bajar por la escalera, muy aprisa, con aquella actitud clásica en que sus facciones se dulcifican y embellecen. Al cruzar el portal, la gente que aguardaba ante la casa abrió paso el tiempo justo para dejarla pasar y a partir de este momento la multitud se arremolinó a su alrededor como un río desbordado que arrasa cuanto encuentra a su paso. Vi caer a muchas personas, que eran pisadas por el gentío desbordado, sin que yo sepa de nadie que resultara lesionado, aún cuando el aspecto de aquella masa a la carrera, empujándose unos a otros, no podía ser más aterrador.

Intenté mantenerme cerca de Conchita, pero cinco o seis filas de personas se interponían entre nosotros; a veces, la distinguía aunque con escasa claridad. Dobló al a izquierda, pasó por el pasadizo que forma la fachada lateral de la casa con un muro bajo, volvió a torcer a la izquierda, y el centro de aquella callejuela (relativamente ancha) cayó de repente de rodillas.

Fue tan inesperada su caída, que el alud de gente, por su propia inercia, la sobrepasó por los costados rebasándola; al librarme de esta suerte, de los que me precedían y separaban de Conchita, quedé inesperadamente a su derecha y a medio metro de su rostro. Aguanté con firmeza y grandes dificultades el empuje de mis seguidores, intentando con todas mis fuerzas no ser desplazado del privilegiado lugar en que me hallaba y lo conseguí. Los empujones fueron decreciendo, para quedar finalmente todo en relativa calma.
Poco antes de medianoche, las nubes que oscurecían el cielo, se habían disipado y el manto azulado se había iluminado de estrellas que brillaban alrededor de la luna. A su luz y a la de infinidad de linternas de mano que alumbraban la calleja, pude distinguir perfectamente que Conchita tenía la boca abierta y la lengua fuera, en la clásica actitud de comulgar. Estaba más bonita que nunca. Su expresión, su gesto, lejos de provocar risa o presentar un aspecto vulgar e incluso ridículo, era de un misticismo impresionante y conmovedor.

De pronto, sin saber cómo, sin darme cuenta, sin que Conchita hubiese cambiado lo más mínimo la posición, la Sagrada Forma apareció en su lengua. Fue totalmente inesperado. No dio la impresión de estar depositada allí, sino que más bien podría decirse, que brotó a velocidad superior al de la percepción de la mirada humana.
Es imposible describir la impresión que sentí en aquel momento y que siento hoy al recordarlo. Sorpresa, asombro, confusión son sentimientos demasiado encontrados para definirlos en una sola expresión. Con éstas o parecidas frases he relatado una y otra vez cómo aconteció y jamás he podido evitar, al llegar a este punto, sentir aquella impresión maravillosa que encoge el corazón dentro del pecho, llenándolo de ternura y humedece los ojos en un deseo incontenible de llorar... Lágrimas de alegría, de satisfacción, de felicidad, de amor..., de lo que sea, pero lágrimas al fin.

Más tarde tuve conocimiento de que Conchita permaneció unos dos minutos reteniendo inmóvil, sobre la lengua la Hostia hasta tragarla normalmente y besar el Crucifijo que llevaba en su mano. Según he podido saber unos meses más tarde, tan larga espera fue debida a que el Ángel dijo a Conchita que la mantuviese a la vista hasta que la Virgen se le apareciera.

En aquellos momentos no me di cuenta del tiempo transcurrido; recuerdo, como en un sueño, las voces que reclamaban a gritos que me agachase, así como haber recibido un fuerte golpe sobre mi cabeza.
Colgada de mi brazo llevaba mi máquina de filmar; sin hacer caso de las protestas que surgían a mi alrededor, sin recordar casi las instrucciones recibidas de mi primo, saqué el tomavistas de su estuche, apreté el disparador y filmé los últimos instantes de la comunión de Conchita. Jamás había utilizado ningún aparato similar, ni siquiera había filmado, y sólo tenía la seguridad de haber acertado en el enfoque de la figura, aunque por mi total carencia de técnica, menos aún de conocimientos adecuados, puse en duda el satisfactorio resultado de la película; incidían en ello, todavía otros factores como la adecuada clase de película, intensidad de luz, allí casi inexistente, etc...

Conchita se levantó aún en éxtasis, desapareciendo de mi vista seguida por todas las personas presentes en Garabandal. Más tarde supe que aquél duró alrededor de una hora. Por mi parte ya tenía bastantes emociones; me quedé sólo en un rincón, recostado en la pared y apretando contra mi cuerpo la máquina de filmar, con las pocas fuerzas que me quedaban.

Ignoro el tiempo que permanecí en aquel lugar y en aquella postura. Cuando la laxitud de mis miembros sucedió a la rigidez provocada por el nerviosismo, fui recorriendo el pueblo sin rumbo fijo y a paso lento. Cambié comentarios con la gente esparcida por todas partes y finalmente regresé a casa de Cochita, no se hallaba en trance y me escribió unas frases en una estampa.

Finalmente, me despedí de ella y de D. Valentín, que me había mandado llamar para pedirme mis señas y totalmente agotado partía de Garabandal, en dirección a Barcelona: eran las 3,15 de la madrugada.
No se qué opinarán los que lean este relato, ni la decisión que adoptará la Iglesia al juzgar los hechos. Lo ignoro en absoluto y es muy posible, al presente, que no sientan interés alguno por ello.

Lo único que sí puedo afirmar, sin ningún reparo ni duda, es que el día 18 de julio de 1962, para mí, en Garabandal ocurrieron dos milagros: el primero fue la comunión de Conchita, que revistió caracteres sobrenaturales de inapreciables proporciones; el segundo, siendo de menor alcance colectivo, pero no menos transcendente para mí, la prueba de la infinita condescendencia de la Virgen, porque sólo a Ella puedo deber la dicha de haber presenciado el prodigio.

Firmado: Alejandro Damians. Barcelona, Enero de 1963.



comunion visiblePuede considerarse este hecho, como una de las cosas más importantes entre los hechos que han tenido lugar en Garabandal. Fue el 18 de Julio de 1962. Anunciado por la niña con muchas cartas desde 15 días antes.

 

El número de personas que subió a Garabandal ese día entre dos mil y tres mil. Juzgando por el calendario, el hecho tuvo lugar el día 19 ya que fue sobre la una menos cuarto de la madrugada del día 19 cuando se realizó. Pero si tenemos en cuenta la hora solar real local estamos en el 18.  

Las personas que cita Conchita como presentes en su casa en el momento de presentársele el Angel son: su madre, su hermano Cetuco (Aniceto), su prima Luciuca, hija de Antonia y de Tomás. Antonia es hermana de Aniceta. Viven habitualmente en Cabezón de la Sal. Tendría Luciuca como unos 11 años cuando sucedió el milagro de la Comunión. También se cita a la señorita María del Carmen Fontaneda.

Son muchos los testigos que se han encontrado presentes en este hecho. Conchita quedó en éxtasis en la habitacion superior de la casa. En este estado descendió las escaleras y salió a la calle. Avanzó girando hacia la izquierda, hasta llegar a una pequeña calleja donde cayó de rodillas. En este estado y con las manos extendidas hacia abajo sacó la lengua limpia. De pronto, en la fracción de un segundo, brotó la Forma. Era semejante a las que suelen darse en las Iglesias aunque de apariencia algo más gruesa. Era blanca. La vieron todos los que miraron, ya que la niña permaneció con la lengua fuera durante el espacio de unos dos minutos o algo más.

        Cuenta el Sr. Damians cómo fué empujado y cayó por tierra. Al revelar el film se encontró con un número de casi 70 fotogramas de 8 mm en blanco y negro, muy defectuosos en el aspecto técnico, pero suficientemente claros en lo que se refiere a que puede apreciarse en ellos la presencia de una hostia en la lengua de la niña. Uno de estos fotogramas es el que con tanta frecuencia aparece en las publicaciones sobre Garabandal.

    El Sr. Obispo de Santander, D. Eugenio Beitia Aldazabal, se interesó por este film y escribió a D. Alejandro Damians solicitando una copia del mismo ya que "podía ser de gran interés y servicio para la Iglesia".

    Con este film quedó probado que lo que vieron los presentes no fue una alucinación de ellos sino que realmente lo que vieron que había en la boca de la niña era verdad.


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pucernauDr. Ricardo Puncernau, neuropsiquiatra

El Dr. Ricardo Puncernau, es Vicepresidente de la Sociedad Española de Sofrología y Medicina Psicosomática y Presidente de la Asociación Española de Investigaciones Parapsicológicas.

"Lo he sopesado, pensado y observado a conciencia y he sacado la siguiente conclusión: En Garabandal no ha existido, ni existe ningún otro causante, actuante allí, y en relación con lo de allí que la Santísima Virgen".

En estos tiempos en que el mundo está "revuelto" tanto a nivel  eclesial, como internacional, como social, como familiar, como personal, lleno de injusticias y egoísmos, hemos escrito estas líneas, nos hemos atrevido a escribir estas líneas. Son una serie de relatos sencillos, que tratan de los famosos hechos de Garabandal, vistos a través del prisma de un médico cristiano.

El hecho de ser cristiano me obliga a decir estrictamente la verdad, sino en el adorno, por lo menos sí en la esencia de la narración. En lo importante, y aún me atrevo a decir, que en el adorno del relato.
Por lo menos conscientemente, no me he apartado ni un ápice de lo que yo recuerdo. Son cosas personales, mías, pero en relación con la historia de Garabandal. Cosas que nunca había dicho. Cosas que creo necesario decir. El año próximo, 1975, es el Año Santo. ¿Qué mejor ocasión que ésta para exhumar hechos que parecían enterrados para siempre, pero que en realidad nunca lo han estado? Es evidente que esto ha sido escrito para los que ya conocen la historia de Garabandal. Sino fuera así, mucho me temo que no lo comprenderían, ni lo valorarían en lo que pueda tener de testimonio.

Barcelona, Diciembre 1974.  Dr. Ricardo Puncernau.

 


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 Barcelona, Diciembre 1974.  Dr. Ricardo Puncernau.

¿Por qué hice tantos viajes a Garabandal...?

Pues en realidad ni lo sé... Garabandal está a ochocientos kilómetros de Barcelona, ciudad donde resido habitualmente y donde tengo mi consultorio neuropsiquiatrico. Mi buen amigo Jacinto Maristany, me instaba con frecuencia a que fuera allí. Pero yo dentro de mí pensaba "no estoy para ver histerismos, que ya veo bastantes en mi profesión de médico". Sin embargo... Una noche después de cenar me llamó por teléfono y me dijo (yo entonces no tenía coche propio) que Mercedes Salisachs, la sin par escritora, partía a las cuatro de la madrugada para allí. Me esperaría con el coche, en Enrique Granados esquina París. Yo le contesté que me lo pensaría... que seguramente que si... pero que si a las cuatro no estaba allí que no me esperara...

 ¿Cualquiera me hacía levantar a las tres y media, para estar dispuesto a las cuatro, para partir hacia una aventura de niñas histéricas? Cuando nos íbamos a acostar le conté a mi mujer el peregrino caso. Nos arrodillamos al pie de la cama de matrimonio, para rezar las cortas oraciones de la noche que teníamos por costumbre. Terminadas éstas, mi mujer abrió el armario, sacó la máquina fotográfica y ante mi sorpresa me la dio, mientras decía:  

- Toma... ve a Garabandal y saca muchas fotos...  

Aquel insólito gesto de mi mujer, que no me deja ni a sol ni a sombra, me sorprendió ¿Qué raro... ?

- Puedes llevarte a Margarita... Margarita es la mayor de las chicas... entonces tendría unos ocho años...  

- Pero...

 - Nada, te vas a Garabandal... La pequeña Margarita estuvo la mar de contenta de aquel viaje imprevisto.

Total que sin guisarlo, ni comerlo, a las cuatro subíamos al coche de Mercedes Salisachs, y emprendimos el viaje a Garabandal. El primero de los diez o doce que realicé después.  

Todavía recuerdo que en un hotel de Zaragoza donde hicimos parada y fonda, y donde la amabilidad de Mercedes Salisachs nos invitó a comer, comimos arroz a la cubana, uno de mis platos favoritos. Por la tarde proseguimos a toda velocidad el viaje y al atardecer de aquel día llegábamos a Garabandal. ¡Que delicia de paisajes! ¡ Que encanto de aires puros! ¡ Que desastre de camino de carros, desde Cosío a Garabandal!
El coche patinaba, resbalaba junto al precipicio que daba al río, subía, empujando todos, una empinadísima cuesta, que era como una escalada al Naranjo de Bulnes por la pared Norte, bueno por la más difícil. Pasados los doscientos metros de la escalada y dado que Garabandal quedaba cerca, decidí ir a pie el resto del camino. Los demás prosiguieron en coche, ya en el llano. Yo fui paseando tranquilamente disfrutando del agreste paisaje de la montaña, reposando y tranquilo, después de tanto ajetreo cocheril.

La carretera-camino, se había ensanchado un poco y era más potable. A la izquierda de la carretera había una pequeña roca que apenas asomaba del suelo de un prado y sentada encima de ella a unos trescientos metros, se veía la figura de una jovencita vestida de blanco que aguardaba a su madre, que había ido a cortar o recoger de algún vecino huerto hortalizas o que sé yo. Miré a la niña debía tener unos trece o catorce años, quizá más, quizá menos, ella sin moverse me miró a mí. Fue, por lo menos para mí, una mirada especial. Yo sin conocerla sabía, que era una de las niñas videntes de Garabandal.  

No sé porque lo sabía, pero lo sabía. Su vestido blanco resaltaba sobre la verde hierba del prado. Su figura me pareció muy gentil, en aquel atardecer, casi ya crepuscular, de mi primer contacto con alguien de Garabandal. Y nada menos, según supe después, con la persona más importante, de aquellos extraños hechos que me habían relatado. Lo más curioso es que cuando después la conocí, le dije que la había visto en el prado. Y ella me contestó de una manera intencionada e incisiva, de un modo sorprendente:

 - Yo también te vi a ti...

Yo pensé dentro de mí "ojo doctor no te dejes engatusar..."Pero la verdad es que me sorprendió su contestación: - Yo también te vi a ti... Seguí andando. Pasada una curva del camino divisé Garabandal. Sus casas vetustas y pintorescas. Frente a una especie de plazuela, debajo de un único árbol, estaba aparcado el coche de Mercedes Salisachs.

Nos acomodaron, para poder dormir en una de las últimas casas del pueblo, casi a las afueras. Era una sucursal del "hotel Puncernau" como después explicaré. No tengo porque describir las callejas del pueblo iluminadas, si las había, por unas débiles bombillas y hechas un verdadero barrizal. Llenas de piedras y de cascotes. Al desaparecer Mercedes Salisachs me encontré, aparte de la compañía de mi hijita, un poco perdido en la aldea. Al final de la calle mayor del pueblo, siguiendo la carretera, se encontraba la taberna del Ceferino, que en aquel entonces ejercía las funciones de Alcalde del pueblo. Una de sus hijas Mari-Loli, era precisamente otra de las videntes.

Ceferino estaba reunido delante de la taberna, en plena plazoleta con un grupo de amigos. Al acércanos el grupo de hombres nos miró un tanto suspicazmente. ¿Quiénes serán éstos? . Intenté entablar conversación. Al decirles que era médico, se echaron un poco para atrás. Por lo visto los médicos no gozaban de muy buena fama.

Su reticencia no quitaba, no obstante, su amabilidad y buenas maneras. Ceferino me pareció un hombre digno, un tanto cazurro y socarrón, pero como la mayoría de gente de Garabandal con un corazón de oro. Todavía me acuerdo que más adelante y cuando nos hicimos amigos se iba a pescar al río, en tiempo de veda o sin ella, truchas para obsequiarme. Nunca he comido unas truchas tan buenas como en casa del Ceferino.
Al poco rato se corrió el rumor que Conchita había caído en éxtasis. Poco después Jacinta y Mari-Loli. Y finalmente Mari-Cruz. En estado de trance se juntaron las cuatro y luego siguieron juntas rezando el Rosario, que la gente que las seguía, contestaba.

Eché un vistazo a la curiosa procesión y entré en la taberna del Ceferino a tomar una coca-cola. En la taberna había una chica uruguayana que trabajaba en el "Folies Bergére" de Paris. Pronto entablamos conversación. Me dijo que ella no solamente no creía en aquellas supuestas apariciones, sino que no creía en nada de la religión. Había venido a Garabandal por simple curiosidad. Al cabo de un rato le propuse, salir fuera para ver lo que ocurría con las videntes. Las vimos de lejos, agazapados en la sombra de una casa, como se dirigían rezando el Rosario, hacia la iglesiuca del pueblo.

Desde nuestro escondido observatorio mirábamos lo que pasaba. De pronto vimos que Conchita, en trance, se destacaba de la procesión y se dirigía andando normal, pero con inusitada rapidez, hacia nosotros, que permanecíamos escondidos en la sombra apoyados en la pared de una casa. Llevaba un pequeño crucifijo en la mano. Yo pensé, ésta se ha enterado que eres médico y ahora viene a hacerte la gara-gara ¿Pero cómo te habrá visto? . Pero no. Se dirigió a mi compañera y le puso a viva fuerza el crucifijo en la boca para que lo besara, una, dos y tres veces. La Virgen María, también estaba por las bailarinas del "Folies Bergére".
Después Conchita igualmente en trance se unió a las demás y siguieron rezando el Rosario. Mi compañera, la bailarina, se puso a llorar a moco tendido, con unos grandes y sentidos sollozos, tan desconsolados que pensé que le daba un ataque. La acompañé hasta los bancos de madera que estaban en el exterior y adosados a la pared de la taberna del Ceferino. Se arremolinó gente, Intenté calmarla. Al fin, pudo explicar, que había pensado "in mente": Si es verdad que se aparece la Virgen que venga una de las niñas a darme una prueba". "Apenas hube pensado esto, cuando Conchita vino corriendo hacia mí a darme a besar el crucifijo. Yo no quería y le aguantaba la mano. Pero ella con una fuerza inusitada me puso el crucifijo pegado a los labios y no me quedó más remedio que besarlo. Una, dos, y tres veces, yo la incrédula, la atea, la que no creía en nada. Ello me emocionó sobremanera".

Nos encontramos, como diré, en el tren de vuelta camino de Bilbao. Más tarde supe, porque nos escribimos algunas veces, que dejó el "Folies Bergére" y regresó con su familia al Uruguay. Esta fue la primera experiencia que observé en Garabandal. Mi hijita Margarita me vino a decir que tenía sueño. Eran ya más de las doce de la noche. La acompañé hasta nuestra habitación, esperé que se metiera en cama y me senté a los pies de la misma para hacerle compañía, por lo menos hasta que se durmiera.

Al poco me dijo:  

- Papá... si quieres puedes irte... aquí no tengo ningún miedo... ¿De verdad...?  

- Sí... vete tranquilo... Le di un beso, le deseé buenas noches y la dejé durmiendo plácidamente.

Salí a las callejas. Hacía una noche fría y estrellada. Los luceros brillaban, para un barcelonés, con un fulgor inusitado. Pensé si sería verdad, que la Madre del Cielo, velaba y protegía con los brazos extendidos a los habitantes y transeúntes de Garabandal. Mis hijos no son miedosos. Sin embargo, para una chiquilla de ocho años quedarse sola en las afueras de un pueblo desconocido, tan tranquila, no dejaba de sorprenderme.  
Paseando por las callejas oscuras y solitarias del pueblo, yo también tenía esta sensación de protección. Con la cantidad y cantidad de gente que ha subido a Garabandal, nunca ha ocurrido, que yo sepa, ningún accidente desagradable.  La única vez que cayó un camión cargado de obreros por un precipicio al río, nadie se hizo nada más que leves rasguños. Y que conste que en aquellos tiempos, el camino carretera era para matar a un ejército entero, por más motorizado que estuviera.

Me fui a seguir observando el trance de las videntes. Pero me negué rotundamente a responder al Rosario. Podía tratarse de un fraude y yo no quería colaborar con él. Mi papel como médico era observar fríamente los hechos. ¿Pero qué premeditada frialdad de corazón, podía resistir el amable calor de Garabandal?
Encontré a las videntes frente a las puertas cerradas de la iglesiuca. Estuvieron un rato pegadas a ella, como si pidieran audiencia para entrar. Luego, sin perder el estado de trance se volvieron y extendieron los brazos en forma de cruz.  

- Van a hacer el avión... van a hacer el avión  

-Oí que susurraba la gente que las acompañaba. Me pareció una expresión un poco populachera. Pero sí, con los brazos extendidos se fueron a correr por las callejas de casi todo el pueblo. Era muy curioso porqué daban la impresión de que apenas se movían, en una marcha un poco alada, como si fuera una película al "ralentí" como en una pseudo-levitación, pero la velocidad era increíble, tanto que los mozos del pueblo, jóvenes y fuertes, a pesar de sus esfuerzos no podían alcanzarlas.

Después de correr por todo el pueblo volvieron al paso normal y al poco rato salieron del trance sonrientes. Punto aparte, merece la entrada en trance y su salida del mismo. Ellas decían que tenían tres llamadas. La primera era como un "ven", acompañada de una sensación de alegría, la segunda era "como un ven... corre... ven" con mucha mayor alegría y mucho más apremiante. La tercera llamada, coincidía con la entrada fulminante en éxtasis.

Ellas, las niñas, decían, ya tengo una llamada, ya tengo dos llamadas. Los espacios de tiempo entre las mismas eran completamente irregulares. Alguna vez, cuando sabía que ya tenían dos llamadas, procuraba hablar con ellas intentando distraerles y sobre todo hacerlas hablar de algo que las interesara. A veces en mitad de una palabra caían fulminadas, de rodillas, en estado de trance. A pesar de que se las veía interesadas en lo que estaban relatando.  

Ello me llamó mucho la atención. No es la forma normal de entrar en un trance tanto más si la persona no está condicionada a un signo señal. Entre los asistentes no había nadie capaz de entender de ello. Ni saber siquiera de qué se trataba.

Más de una vez habíamos ido con Conchita a las brañas, a llevar la comida a alguno de sus hermanos. Incluso alguna que otra vez nos habíamos quedado a hacer una comida campestre. Con Aniceto habíamos llegado hasta ver Tudanca, desde lo alto de la braña.

Había organizado una espantada, para que pudiéramos saborearlo, de caballos salvajes. Mientras tanto Conchita se había quedado a preparar la comida. Nos íbamos todos los acompañantes de excursión un poco a regañadientes, pues todos hubiéramos preferido quedarnos al lado de Conchita. No teníamos bastante con todo el largo camino en su compañía, queríamos más. Que chiquilla más encantadora. Bonita y pícara en el buen sentido de la palabra. Con un inteligente y fino sentido del humor. Buena sin mojigaterías, ni ñoñerias. Completamente normal. Bromista y simpática, era una chiquilla que enamoraba.

Yo había visto a muchas personas, hombres y mujeres, incluso sacerdotes completamente embobados con ella. Era de una corrección exquisita, con todo lo que pudiera significar el más leve asomo de impureza.
Y la gente en general, excepto un par de desgraciadas actuaciones, se embobaban con ella, pero siempre se comportaban con la máxima corrección. Había una corriente de amor cristiano puro y sin mácula. De verdadero amor. Del mismo amor de la Madre Celestial.

Hacíamos ya en el camino de vuelta, todas las chiquilladas imaginables, nos reíamos como tontos, pero nunca observé en ella ni el más leve asomo de picardía malsana. Quizá por ello mismo era tan atractiva. Nos tirábamos piedras en plan de broma y hacíamos campeonatos para ver quien era más alto. Los dos hacíamos trampa, poniéndonos disimuladamente de puntillas. En algún momento no obstante se quedaba seria y como ausente. Como si tuviera alguna especial vivencia interna. Esta, era la mejor forma de conocer a la chiquilla, más que haciéndole exámenes y tests, aunque también se los hice. Lo mismo podría decir de Jacinta, Mari-Loli y Mari-Cruz.

Unían a su gallardía castellana o montañesa, una simpatía sin límites. Una vez Mari-Loli me contó, las primeras veces, cuando era pequeñita, que estaba fastidiada, porque la gente de día y de noche la seguía a todas partes y ni siquiera la dejaban hacer pipí con tranquilidad.

Teniendo en cuenta que en todo el pueblo había un solo "water closet", cuarto de baño. Nada de baterías ñoñas. Todo sencillo y normal. Nunca observé que se quisieran hacer las santitas. Desde luego no citaré los nombres de los desgraciados que quisieron insinuarse malévolamente con Conchita. Insinuación que por otra parte quedó de inmediato cortada, por la propia interesada.

Era curioso observar, como he dicho antes, que todo el mundo deseaba la compañía de las chiquillas, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, curas y seglares. Sin duda enamoramiento transferido a la Virgen, a la que ellas decían que veían y hablaban. Pero en muchos casos el amor no trascendía, sino que se quedaba en las propias chiquillas, cosa por otra parte que me parecía muy humana y natural.

Cuando ya Mari-Cruz no tenía aparición y las demás niñas sí, me dió pena, la notaba triste por aquel motivo. Le di mi anillo de matrimonio, para que lo diera a besar a la Virgen, como acostumbraba a hacer. En aquel viaje me quedé en Garabandal tres días y medio. Ella muy contenta se puso mi anillo en uno de sus dedos. Pasaron los tres días y Mari-Cruz no tenía aparición, no entraba en trance. La noche del día que me debía marchar, le dije "tendrás que devolverme el anillo, pues a las tres de la noche debo marcharme". "Déjemelo un poco más... a lo mejor esta noche tengo aparición".

Se lo dejé. Las otras tres entraron en éxtasis. Iban las tres andando en trance, cogidas del brazo. Mari-Cruz se acercó se cogió al brazo de una de las otras, levantó la cabeza y así anduvo diez o doce pasos, para ver si le prendía el trance también a ella. Pero no hubo trance. Sé desenganchó triste, sin decir palabra, me devolvió el anillo y se alejó cabizbaja.

He de decir, no obstante, que el anillo ya había sido besado otra vez, en un éxtasis de Conchita. Explico esto para que se vea hasta que punto el éxtasis venía cuando venía... no cuando ellas querían.

El transparente comportamiento de Mari-Cruz no podía engañar a nadie. Yo, si le di el anillo, fue por puro cariño hacia la niña y porque me daba pena verla triste. No se trataba de ningún ardid.

En una de las excursiones a la braña, me quedé a comer invitado por Serafín, el hermano mayor de Conchita. Mi hijo Augusto, invitado a tomar leche, tal como salía de la vaca, no la pudo digerir o quizá le diera asco, la cuestión es que la vomitó. Se encontró mal y bajó al pueblo donde aquella vez, estaba mi mujer, Julia.

Me quedé pues, sólo con Serafín y comimos en la cabaña de las vacas. Después de comer intenté tirarle de la lengua, pues se decía que sabía por Conchita cuando sería el Aviso. Saqué la conclusión de que si lo sabía, no lo quería decir.

Lo único que saqué en claro fue, que iría precedido de un especial acontecimiento en la Iglesia, que después de muchas preguntas y deducciones me pareció sacar en claro, por lo que él me dijo un tanto oscuramente, que sería algo parecido a un Cisma. 0 yo lo entendí así.

Me contó que en invierno se pasaba meses enteros sin bajar al pueblo. Le pregunté en que pasaba el tiempo y me respondió que pensando y leyendo alguna que otra novela, de tres al cuarto.

Serafín era en aquel entonces un hombre muy simpático y agradable. Estaba algo dudoso, de las cosas que le ocurrían a su hermana. Me repitió lo que ya me había dicho Aniceta, que Conchita era muy dada a la broma, que a veces llevaba a ultranza.

Daba, sin embargo, la impresión que se encontraba desorientado, frente a todos aquellos insólitos hechos. Le pasaba como a mí, que creía, como le decía a Conchita, "cinco minutos sí y cinco minutos no".

Pero fuera lo que fuera, lo que es verdad es que notaba en mí un aumento de fervor religioso. Al caer la tarde, bajé sólo, hacia el pueblo por el camino de las brañas. Me paré un momento, donde no se quién, había tenido según me había dicho Conchita, un niño. Allí mismo sobre una roca.  

Recé un Avemaría al pasar por el talud, donde se deslizaban a veces enormes piedras, formando una especie de "río de piedras". Atravesé antes, el riachuelo, me entretuve contemplando el paisaje duro y salvaje y cuando desemboqué cerca de la casa de Aniceta, había la acostumbrada tertulia de los atardeceres, en el banco de madera adosado a la pared de la casa, cuya alma era ¿cómo no? la propia Conchita.

Alguna que otra mujer empalagosa, siempre la tenían cogida del brazo, como si fuera una reliquia viviente. Allí se hablaba de todo y de nada. Había los que aceptaban la conversación intrascendente y divertida, pero habla otros, entre ellos algún que otro sacerdote, que no paraban de hurgar y preguntar, de marear a la pobre niña.
¡Qué santa paciencia! Con frecuencia en estas tertulias estaba sentado en el estrecho banco de madera, el abuelo de Conchita, un viejecito la mar de simpático y jacarandoso.

De todas maneras Conchita sabía zafarse de visitantes demasiado impertinentes y subía a sus habitaciones o se ponía a saltar a la comba.

Este relato no tiene más mérito que dentro de nuestras limitaciones humanas, dentro de los que nos hacen conocer nuestros sentidos, dentro del uso recto y correcto de la inteligencia que Dios nos ha dado, decir la verdad y nada más que la verdad. Y no digo toda la verdad porque el relato se haría interminable.

Sin otra preocupación, escribo pues, despreocupadamente, de los hechos o circunstancias que recuerdo bien y con claridad. Escribo como médico cristiano, pero más médico, que cristiano. Que por favor ningún fanático se escandalice, como ya me ha ocurrido otras veces.

Pero lo que sí es un hecho de observación y de introspección, es que nadie se cansa nunca de hablar sobre Garabandal. Además, estas charlas, que a veces son repetición de otras anteriores, nunca cansan y van acompañadas de una rara alegría interna para el que las pronuncia y hasta me atrevería a decir para el que las escucha.

Mi mujer ha oído muchas, muchas veces, la misma conferencia, más o menos y me dice que me estaría escuchando toda la vida.

Estaría escuchando cosas, que sabe a veces mejor que yo. Soy un hombre al que fastidia extraordinariamente tener que repetir una misma conferencia médica o para-médica. Huyo de ello como de la peste. Es superior a mis fuerzas.  

Sin embargo, en tratándose de Garabandal, no me canso, sino que me gusta y hasta me da una inusitada alegría. Es como una borrachera de alegría. Y no sólo en conferencias, sino en simples reuniones o tertulias. Tanto es así, que teníamos que estar sobre aviso porque sino, nos daban las tres y las cuatro de la mañana, charlando de Garabandal.

Y lo más curioso es que era un eterno "ritornelo" sobre los mismos temas. Era un hecho asaz curioso. Probablemente el demonio también metía baza en el asunto, porque surgían una especie de celos malsanos, de haber sido el primero de enterarse de una cosa, o de gozar de mayor intimidad con las niñas, o de presumir, cosa que en general no era cierta, de estar en posesión de algún secreto desconocido para los demás.

Era una presunción y unos celos un tanto estúpidos, que no podían ser más que obra del Tentador. Pero lo cierto es que he llegado a dar, unas noventa conferencias sobre Garabandal, la mayoría con la colaboración gráfica de David Clúa, sin fatigarme jamás.

Y siempre tenía que acortar, pues sino las conferencias temía se hubieran hecho inacabables y pesadas. Me limitaba, como hago en el presente escrito, a los hechos más importantes. Este cariño a todo lo que se refería a Garabandal, se extendía de una manera espontánea a todos los Garabandalistas, excepto a media docena de fanáticos, que con toda la buena fe, estoy seguro, se pasaban muchas veces de la raya.

Con motivo de un opúsculo que publiqué, en el que, para demostrar el poco aprecio que teníamos de las cosas de la Madre, se me ocurrió ponerle encima, una mancha de tinta. Me escribieron unas cartas feroces, impropias de cristianos, que todavía conservo en mi poder. ¡Y esto en nombre de la Virgen...!

Pero aparte de este grupito de fanáticos a ultranza, el resto de Garabandalistas, me parecieron gente muy sensata y muy buena, que prestigiaban sin duda los hechos de Garabandal. No digamos de la gente del pueblo, que a pesar de todas las suspicacias ("nadie es profeta en su tierra") y dudas, eran una gente tan buena, que me hubiera quedado a gusto a vivir con ellos.

En este quehacer de difusión de Garabandal, más adelante nos ayudó por su cuenta, el bueno del doctor Sanjuán Nadal.

El segundo viaje que hice a Garabandal, fue con mi mujer y mi hijo mayor Augusto. Mi mujer quedó muy decepcionada de lo que había visto en Garabandal y le pareció algo muy baladí. Mi hijo Augusto con su carácter serio y reconcentrado, apenas dijo nada.

Mi mujer Julia, dio a Mari-Loli en éxtasis a besar el anillo de matrimonio a la Santísima Virgen. Como le venía estrecho y no se lo podía sacar, la niña le cogió la mano y la fue girando como si la Virgen besara "in situ" el anillo de boda.

Pero repito le pareció todo pueril y baladí. Sin embargo, en aquellas carreras que hacían a Los Pinos y de la que después hablaré, frente a la puerta de la Iglesia donde se habían parado, como acostumbraban, se le ocurrió tocar la mejilla de alguna de las niñas (creo que fue a Mari-Loli) y mientras todos nosotros estábamos sudados y cansados, según frase feliz de mi mujer, las mejillas de Mari-Loli, daban la impresión de "un melocotón recién sacado de la nevera".

La primera vez, como dije, fui solo (con la pequeña Margarita). En el tren Santander-Bilbao encontré la misma chica del "Folies Bergére". Nos sentamos juntos y empezamos a charlar de cosas intrascendentes: En el curso de la conversación y debido al calor que hacía, me ofreció uno de estos papeles impregnados de colonia para que me refrescara los brazos y la frente.

A pesar de que los perfumes no me gustan mucho, acepté y me lo pasé por los brazos y por las manos. En Bilbao nos despedimos, intercambiamos las direcciones y seguimos escribiéndonos de vez en cuando, sobre Garabandal, naturalmente. Nos quedaban unas tres horas de espera para coger el expreso para Barcelona y las aprovechamos para deambular un poco por Bilbao.

A la hora, subimos al vagón coche-cama y fuimos a cenar al coche restaurante. Margarita con todas aquellas novedades, lo pasaba en grande. Me parece que fue durante la cena que empecé a notar el olor. Parecía provenir de mi mano y brazo izquierdo.

Lo atribuí en un principio a la colonia de la bailarina del "Folies Bergére". No le di mayor importancia. Ya en nuestro departamento volví a notar el olor. Entonces me di cuenta de que venía a rachas. Era muy intenso, como a sándalo. Solo olía el lado izquierdo. Duraba como unos dos minutos y luego desaparecía del todo. No tenía intervalos fijos.

Me dije a mí mismo, que era una cosa sugestiva, de tal modo que ni siquiera se lo dije a Margarita. La próxima racha de intenso olor me pareció localizarlo en el anillo besado por la Virgen. Por lo menos era el sitio de donde salía más fuerte. En mi interior estaba avergonzado de dejarme sugestionar como un histérico.

No dije nada a nadie, pero las rachas de olor a sándalo (por lo menos es a lo que se parecía más) venían muy intensas de tanto en tanto, en el momento más impensado.

Al día siguiente el extraño olor se fue repitiendo, a intervalos irregulares. Fuertísimo. Al llegar a casa, tuvimos el tiempo justo para arreglarnos un poco y nos trasladamos en tren a Caldetas, donde mi familia veraneaba. Al fin me atreví en secreto, a contarle lo del olor a mi mujer, la cual, como es natural, me tomó por loco o así. Sin embargo, aquella misma noche, ya en nuestra habitación y mientras empezábamos a desnudarnos para acostarnos, vino el olor. Le acerqué la mano a Julia y le dije.

- Toma, ahora, huele...  

Ella me cogió la mano por puro cumplido, convencido que estaba orate. Se acercó el anillo a su nariz y cuando según me cuenta ella, iba a decirme:  

- Pues yo no huelo nada...  

La ví quedarse pálida como la pared blanca de la habitación, sin poder articular palabra y transida de emoción.  
- Pues sí... sí que huele... como a sándalo...

Al día siguiente estando en la playa, volvió a venir el olor más fuerte que nunca. Yo estaba extraviado de que la gente no se volvieran a preguntar que era aquello. Conmigo al borde del agua estaba mi hijo Augusto. Toma huele

- le dije Sí

- contestó con su habitual seriedad

- si esto huele... no sé a qué, pero huele intensamente...

No le hizo mayor caso y se metió en el agua. Aquella fue la última vez que percibí el extraño olor. Después nunca más. Mi mujer a pesar del olor seguía con sus dudas hasta que le ocurrió un fenómeno inusitado como relato a continuación.

Julia, mi mujer, sólo subió una vez a Garabandal. Con nosotros en aquel viaje también el P. Alba, mi hijo Augusto, el señor Serra, un magnífico conductor y el simpático señor de Pedro. El P. Retenaga no subió nunca conmigo, ni el Dr. Ortiz, vigiló nunca cualquier examen médico que yo hiciera a las niñas.

Quiero hacer constar que el Dr. Celestino Ortiz Pérez, me ha merecido siempre todos los respetos, la confianza y la simpatía. Puestos a puntualizar, lo único que diría es que le encuentro excesivamente emotivo. Emotividad producto de su propia bondad natural.

En aquel viaje Julia, vino decepcionada. Le pareció, como después al famoso Obispo Puchol, todo junto, un juego de niñas. Sin mayor importancia. Entonces teníamos el resto de la familia de veraneo en Caldetas. Julia casi sin hacer escala en Barcelona, se trasladó a Caldetas. Yo subí él sábado siguiente.

Y cual no sería mi sorpresa cuando la encontré completamente  cambiada respecto a lo de Garabandal. Me contó que el día antes paseando a media tarde por el frondoso parque municipal de Caldetas, de plátanos híbridos, en el momento más impensado, se sintió como ausente de la realidad y como trasladada a revivir todo lo de Garabandal. Como si estuviera sonámbula y como si la gente y las cosas del parque fueran irreales. Todo ésto, con una gran certeza en la veracidad de todo lo de Garabandal, con un inmenso aumento de amor a la Virgen, con una seguridad y una emoción vivísimas.

- Yo a la Virgen siempre le había querido... pero que quieres que te diga... en cambio ahora... me decía. Este estado le duró unos instantes en el tiempo calendario y mucho más en el tiempo interno o psíquico. Desde entonces está convencida de Garabandal y de todo lo que significa y comporta. Convencidísima y lo sigue estando. Lo ha estado siempre... Nunca ha tenido ninguna duda. Nunca.

Junto con esto hubo un aumento notable en el amor espiritual en nuestro matrimonio, acompañado de una rara sensación de alegría interna, que me atrevería a calificar de extraterrena.

Aquí sólo quiero recalcar un punto. Lo he sopesado, pensado y observado a conciencia y he sacado la siguiente conclusión. En Garabandal no ha existido, ni existe ningún otro causante, actuante allí, y en relación con lo de allí que la Santísima Virgen. La Santísima Virgen María para los creyentes y para los no creyentes. Pero desde luego ningún causante humano, ninguna persona que actuara en funciones de tal, ni de cerca, ni de lejos.

En el momento de escribir estas líneas soy Vicepresidente de la Sociedad Española de Sofronología y Medicina Psicosomática y Presidente de la Asociación Española de Investigaciones Parapsicológicas. O sea que algo entiendo de todo esto.

En Garabandal por lo visto había que ser humilde. Había llegado al pueblo aquella misma tarde. Tenía intención de examinar a Conchita, no sólo desde un punto de vista neurológico, sino también desde un punto de vista psíquico.

A última hora de la tarde me dirigí a casa de Conchita que es cuando la niña acostumbrada a estar allí, sino para realizar el examen entonces, sí por lo menos para quedar para el día siguiente.

Todo el mundo tiene derecho a tener un momento de mal humor. Entré en la cocina para explicarle a Conchita mi propósito. Pero apenas empecé a hablar, su madre Aniceta, me echó de allí a cajas destempladas. Me quedé "patidifuso" y me largué".

Nunca me había ocurrido una cosa semejante. Aniceta y no digamos Conchita, siempre me habían tratado con la más exquisita educación. Como explicaré después, ya había examinado a las otras niñas y había hablado con Conchita para examinarla también a ella, más adelante.

Me fui a cenar, la consabida tortilla y un poco de chorizo, y luego me trasladé al "hotel Puncernau", que era como llamaba en plan de broma a la casa, la primera a la derecha entrando en la calle Mayor, propiedad de dos hermanos, todo bondad y todo franqueza.

No puedo negar que después del fiasco que me había dado Aniceta, estaba de mal humor. Después me serené y pensé, si todo ésto es cosa de Dios y conviene que pueda examinar a Conchita, todo se hará, y si no conviene o no es de Dios, no viene de un examen más o menos.

Es decir, acepté con humildad lo que Dios dispusiera. Dormí como un bendito. Después de haber desayunado mi buen café con leche, me dispuse a dar una vuelta por el pueblo, sin rumbo fijo. En una de las callejas me topé de manos a boca con Aniceta.  

-¿Usted que quería ayer noche...?  

- Pues poder examinar a su hija...

Venga conmigo... creo que ahora está en casa... Llegamos a su casa.
-Conchita... Conchita... aquí esta el Dr. Puncernau que quiere examinarte.

Es mejor en tu misma habitación... pues aquí abajo no os dejarían tranquilos... suba... suba doctor... Conchita puso dos sillas, frente a frente, al lado de su cama. Dejamos la puerta abierta.

Aniceta trasteaba por la casa y de vez en cuando subía a buscar algo, y a vigilar qué hacíamos. No dijo una palabra.  

- Antes de nada, descálzate y échate en la cama.

Pronto estuvo, sin la especie de alpargatas que llevaba. Quiero remarcar que llevaba los pies limpísimos. Los pies y las piernas. Examiné el reflejo rotuliano, el aquíleo, el plantar... la sensibilidad externa e intraceptiva, el sistema motor, cerebeloso, los pares craneales, etc. Luego ya sentada en la silla, terminé el examen neurológico. Después le hice un test de Koch y un Rorschach. En fin todo a pedir de boca.

El test de Rorschach, fue algo sorprendente a una velocidad increíble dio más de 70 respuestas, completamente lógicas y muchas de movimiento. Tenía una imaginación vivísima con tendencia a la fabulación. El test de Wechier-Bellevue, dio un grado de inteligencia superior.

Estuvimos, con gran complacencia mía, más de dos horas juntos en su habitación. Un rato que me quedé callado, me preguntó: 
- ¿En qué piensas, doctor?

 Yo de una manera espontánea respondí:  
- Estaba pensando... en que se está muy bien aquí contigo...

En mi respuesta no había ni la mínima sombra de ningún mal pensamiento. Respondí sencillamente la verdad y no me arrepiento. Sus ojos entre picarescos y risueños me decían, no se lo tome tan en serio doctor... Pero la verdad es que se estaba bien... muy bien allí.

De todos los garabandalistas son conocidas las dudas y negaciones de las propias videntes, por otra parte preanunciadas con tiempo. ¿Cómo conviene proceder en este estudio?

El primer problema que debemos considerar, es tratar de si es posible la explicación parecía presentarse en unos términos muy simples:

a) Todo había sido un juego de niñas.
b) Las niñas arrepentidas de su juego habían confesado finalmente la verdad.

La primera afirmación es inaceptable por los estudios médicos. Aun en el caso de que las niñas hubieran en algunos momentos añadido "algo" de su propia cosecha, es completamente inverosímil que TODO hubiera sido un juego de niñas.

Los mismos médicos de la Comisión nombrada, de una vez por todas, tenía a mi entender la suficiente clase científica, para haber descubierto desde los primeros momentos una superchería infantil.

Aquellos estados de trance extático, con pérdida de la sensibilidad y de la sensorialidad, la abolición del reflejo foto motor y de oclusión palpebral, la plasticidad muscular cérea durante los trances, la resistencia a la fatiga, el mimetismo exacto en los cambios de expresión emocional de la cara, en las cuatro a la vez (sin ninguna clase de contacto) y en el mismo instante, etc., etc., no puede considerarse en absoluto un juego de niñas.
La historicidad médica de los hechos de Garabandal, de la que hay abundantes testimonios gráficos, es incontrovertible.

En otro de mis viajes estuve en Santander con el amable secretario de la Comisión. Estuvimos diez horas, repasando todo aquello que se consideraba negativo respecto a Garabandal. De resultas de este estudio, cuyo peso específico era poco contundente, se acordó ir a ver al representante del Sr. Obispo (éste se encontraba en el Concilio), para pedirle la formación de una nueva Comisión de Estudio. El señor Vicario nos prometió comunicar nuestra petición al Sr. Obispo. Pero que yo sepa no se recibió ninguna respuesta.
En una de mis visitas a Garabandal pedí permiso, a los padres de Mari Loli y de Jacinta para que me dejaran levantar a las niñas durante el estado de trance. No hubo el más pequeño reparo. Levanté por separado en pleno trance a Mari Loli y a Jacinta. Ellas estaban arrodilladas y yo las izé, cogiéndolas por los codos doblados.

Noté una marcada plasticidad cérea de sus músculos. Me habían contado previamente, que cuando las niñas estaban en trance no había quien las moviera, quién las levantara, a pesar de ser personas los que lo intentaban, de considerable fuerza. Yo tengo una fuerza corriente, más bien menos, que más. Sin embargo, las levanté como dos palmos del suelo con suma facilidad.

Si no fuera porque en estos momentos la sugestión te puede jugar alguna mata pasada, yo aseguraría que pesaban menos que en estado normal. Ya en estado normal, les pedí que se colocaran en la misma postura, las dos estaban machuchas y tuve la impresión de que me costaba mucho más que en estado de trance. 0 sea que yo aseguraría que había una marcada disminución de peso en estado de trance.

Ahora bien he de confesar que hice una pequeña trampa. Sin perder en lo posible mi frialdad y lucidez médica, recé con todo fervor de cristiano antes de mi intento, un Avemaría. He aquí mi trampa.

Otro día pedí a los familiares de Conchita que si tenía éxtasis de tipo deambulatorio, me dejaran ir pegado a ella todo el rato. No hubo ningún reparo. Precisamente aquella tarde había anunciado, a Conchita, mi intención de examinarla. Al parecer la niña quedó un poco preocupada.

En el curso del largo trance, deambulando por las callejas del pueblo, oí claramente que susurraba mi nombre.  
- ¿Es bueno del Doctor Puncernau?  

-  Bueno... pero eso tendrá poca importancia...

Esta fue parte de la conversación, con su visión, que capté. Al terminar el éxtasis (había mucha gente) le pedí que me dijera lo que le había dicho la Virgen de mí. Yo no las tenía todas. Pensaba, a ver si se le ocurre empezar a decir todos tus pecados... Como si adivinara mis temores Conchita me dijo:  

- La Virgen, no dice nunca los pecados de nadie...

En un momento en que la dejaron más tranquila, me escribió en el dorso de una estampita, que naturalmente guardo, lo siguiente: (Copia textual) "La Virgen me dijo que estaba muy contenta con Vd. de que le estaba dando mucha gloria a Dios y lo que Vd. tiene estudiando, que se realizará y triunfarás. Conchita"

Me llamaron la atención los superlativos. Esto debe ser cosa de la misma niña. Pero ¿qué Madre no encuentra todas las gracias a su hijo aunque fuera un destacado o un sinvergüenza?

Otro detalle que quiero relatar es el siguiente. Con frecuencia en sus paseos extáticos se descalzaban y andaban por las callejas, llenas de barro, piedras, potes, cristales y deyecciones del ganado, etc. etc.
Aunque yo personalmente no lo presencié, me aseguraron que había pasado descalza sobre un montón de brasas encendidas y esparcidas. Aquel día, cuando supe que tenía dos avisos, le rogué a Conchita que me dejara examinarle los pies a lo que ella se prestó de buen grado quitándose las viejas alpargatas de ambos pies. Observé especialmente la planta del pie. Los llevaba limpios, quizá más de lo que hubiera correspondido al barro de las callejas o bien se los acababa de lavar. No lo sé.

Tuvo un trance largo, a medio trance perdió una alpargata y siguió con un pie descalzo. Al poco observé que se quitaba, en éxtasis el otro. Deambuló por las callejas del pueblo un buen rato, con los pies descalzos pasó sobre el barro y todos los habituales desperdicios. Terminó el trance descalza en la cocina de su casa. Inmediatamente, le pedí que me dejara verle los pies todavía descalzos. Busqué algún arañazo, algún rasguño, alguna contusión, en los pies. Nada. Cuando me hube cansado de examinarle los pies, se colocó otra vez las alpargatas.

Hasta después no me di cuenta de un hecho esencial. Llevaba, tenía los pies tan limpios como antes de deambular por el consabido barrizal de las callejas. Y no se los había podido limpiar con nada. Seguro, porque no la perdí de vista. Ni siquiera se había ensuciado los pies.

Hay muchas, muchas cosas que contar sobre Garabandal. La mayoría se encuentran en los numerosos libros y libritos, que se han escrito con mayor o menor acierto sobre Garabandal Y sus protagonistas. He dicho antes que en esta corta relación, he procurado separar lo que me afecta como médico y lo que me afecta como cristiano y enamorado de la Virgen María. Son dos cosas aparte.

Hace pocos días me he enterado de la muerte de Ceferino. Ceferino, en paz descanse, era un hombre un poco brutote a fuerza de sincero. Fue él quien me contó lo que sigue.

Era en invierno. No había ningún visitante en el pueblo. Había una ligera ventisca y hacía mucho frío. Hacia las tres de la madrugada oí a Mari- Loli que se levantaba y se vestía.  

- ¿Dónde vas ahora... ?  
- La Virgen me llama al cuadro...  
-¿Estás loca, con el frío que hace ... ?  
-La Virgen me llama al cuadro...  
- A ver si te saldrá algún lobo... haz lo que quieras... pero ni tu madre, ni yo te acompañamos...

Mari-Loli se acabó de vestir, abrió la puerta de la casa y se fue hacia el cuadro. A unos doscientos metros del pueblo. Si yo hubiera estado seguro que era la Virgen yo no me hubiera movido de la cama... la Virgen hubiera cuidado de ella... pero como no estábamos seguros, nos levantamos mi mujer y yo y nos encaminamos hacia el cuadro.

La encontramos en medio de la ventisca, de rodillas, en trance. Hacía un frio de mil demonios. Pensando encontrarla helada, le rocé las mejillas. Estaba calentita, como si no hubiera salido de entre las sábanas de la cama. Nos tuvo más de una hora allí. Muertos de frio. Mientras ella seguía tan campante, hablando con su Visión. Por lo visto la Penitencia la teníamos que hacer los padres..."

Más o menos, ésto es lo que me relató Ceferino, una noche sentados en un banco de su taberna. Si tuviera que relatar, repito, todo lo que viví en Garabandal sería como escribir un libro de tamaño parecido al Dr. Zivago. No es este mi propósito. La mayoría de hechos de Garabandal ya han sido escritos en la abundante literatura, nacional y extranjera que se ha publicado.

Sólo he querido mencionar una serie de hechos, que por ser muy personales, no había contado hasta ahora a nadie. 0 acaso a muy pocas personas de la familia. He esperado quince años.

Naturalmente, gracias a Dios, soy un hombre que tengo Fe. Fe cimentada entre otras cosas, en la observación de la Historia. Siempre que ha surgido una explicación, que parecía sacudir los cimientos de la Religión, he constatado que, con un poco de tiempo y paciencia, salía una nueva explicación que echaba por tierra los prejuicios contrarios.

Reconozco que me hubiera gustado mucho más al escribir las anteriores páginas, hacerlo en plan de cristiano convencido, pero no era este el papel que me había sido asignado. Las he escrito, pues, con toda la frialdad posible y sobre todo, por encima de todo, con absoluta sinceridad.


 

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secoD. Juan Alvarez Seco, brigada de la guardia civil

Comandante jefe de la sección de Puentenansa, a la que pertenece San Sebastián de Garabandal. Años 61-62 y 65

D. Juan Álvarez Seco fue un testigo excepcional ya que durante las Apariciones fue brigada de la Guardia Civil, jefe de la sección de Puentenansa, demarcación a la que pertenece San Sebastián de Garabandal.

El primero de Abril de 1961, se hizo cargo de la Línea de la Guardia Civil de la referida demarcación, y cuando llevaba sólo dos meses en su destino, comenzaron las apariciones y hechos extraordinarios en Garabandal.
Apenas recibió las primeras noticias de los sucesos lo puso en conocimiento del cabo D. José Fernández Codesido, ordenándoles que lo antes posible se trasladara a San Sebastián de Garabandal y se informara de las cuatro niñas en relación con el caso.   El mencionado cabo me informó a su regreso que, efectivamente, todas ellas han coincidido en la misma aparición del Angel.

D. Juan Álvarez Seco realizará un informe detallado  sobre las apariciones y todo lo observado en esos días. Comenzará con la primera aparición del ángel el 18 de junio de 1961.  Constituye un testigo cualificado porque como el mismo afirma “Desde las primeras apariciones, viví en Garabandal todos los sucesos derivados de las mismas, de las apariciones de las cuatro videntes: Conchita, Mari Cruz, Jacinta y Mari Loli. Hoy cuando han transcurrido siete y más años, continúo recordándolo día por día”. Y reconoce como  dicho destino de Jefe de Línea de la Guardia Civil “me dio la ocasión de lavar un poco mi alma que tanto lo necesitaba”.

El informe tiene fecha de 7 de marzo de 1969 y en el describe numerosas apariciones y hechos extraordinarios vividos en primera persona. El en persona presenció tantas apariciones,   centenares de marchas extáticas, corriendo velozmente en este estado por las calles del pueblo, e incluso algunas veces de espaldas. Ha sido testigo como muchas veces en pleno éxtasis y una vez besados los objetos por la Virgen, los devolvían a sus propietarios sin equivocación alguna; también las ha visto caer y pegar con la cabeza en una piedra, sonar un fuerte golpe pero nada les pasaba. “Los fenómenos habidos – afirma- han sido por espacio de tanto tiempo y con tal frecuencia (en el transcurso de una jornada se daban dos y tres éxtasis) que resulta casi imposible enumerarlos y relatarlos, y relatarlos todos. Ello me obliga a recordar tan sólo algunos casos y cosas vividos por mí, aun cuando en mi mente recuerdo tanto y con tal exactitud, que no olvidaré mientras viva si Dios así lo quiere”.

 


Descargar pdfTexto completo del informe redactado por D. Juan Alvarez Seco, brigada de la guardia civil

Testimonio del brigada de la guardia civil  D. Juan Alvarez Seco,
comandante jefe de la sección de Puentenansa.
Años 61-62 y 65

PRIMERA PARTE.

Cuando estaba próximo a mi ascenso a Brigada, decía para mí: No quisiera ser destinado por la parte Norte, y se comprende que la Divina Providencia dispuso que fuera destinado a Santander, por lo que más tarde medité y reconocí que mi destino estaba en el Norte y especialmente en los límites de las provincias de Palencia, Asturias y Santander, en Rionansa.

El primero de Abril de 1961, me hice cargo de la Línea de la Guardia Civil de la referida demarcación, y cómo no, con muchas recomendaciones por parte de mis Jefes, como una cosa especial, y con tacto, puesto que mi antecesor había tenido que salir para otro destino por orden de la Superioridad y en beneficio del servicio.

Llevaba sólo dos meses en mi destino, por lo que apenas había tenido tiempo suficiente para conocer la demarcación asignada. Los sucesos que me propongo narrar dan principio el 18 de junio de 1961. Algo maravilloso ocurre en mi demarcación, de lo que me doy cuenta el día 20 del mismo mes, en ocasión en que me encontraba en visita del Médico Dr. D. José Luis, sorprendido a su vez por las noticias que acababan de darle dos mujeres de San Sebastián de Garabandal, quienes manifestaban haberse aparecido el Arcángel San Miguel a cuatro niñas.

Creo que en aquel momento no sé si al Sr. Médico le pedí la receta que me iba a dar para mi oído, objeto de la consulta, porque me da la impresión de que ya no llegué a necesitarla, puesto que oí perfectamente las manifestaciones de aquellas señoras. Trasladándome seguidamente al Cuartel, para ponerlo en conocimiento al cabo D. José Fernández Codesido, al que ordené que lo antes posible se trasladara a San Sebastián de Garabandal y se informara de las cuatro niñas en relación con el caso que nos ocupa.

El mencionado cabo me informó a su regreso que, efectivamente, todas ellas han coincidido en la misma aparición del Angel. Las protagonistas resultaron ser: Conchita González González de 12 años de edad y huérfana de padre. María Dolores Mazón González de igual edad que la anterior e hija del Presidente de la Junta Vecinal de San Sebastián, Sr. Ceferino. Jacinta González González, también de 12 años, tiene padres y hermanos. Y María Cruz González Barrido, la más pequeña del grupo, de 11 años.

Las cuatro supuestas videntes informaron, por separado al cabo Fernández que ellas se hallaban jugando a las «canicas» a la entrada de la Calleja llamada la «Ventura» junto a un pequeño huerto adjudicado al Sr. Maestro de la Escuela, huerto en el que había un manzano lleno de fruta, lo que a las niñas llamó la atención, y como cosa de criaturas cogieron manzanas del árbol, como es natural, para comérselas, no dándole importancia alguna por ser cosa de niñas; pero en cuanto a las apariciones creí conveniente poner en antecedentes a mis superiores. Pero siguiendo los consejos del cura-párroco, don Valentín Marichalar, retrasé esta información unos días, en espera de nuevos acontecimientos.

El día 21 de dicho mes de junio decidí ir a visitar al cura-párroco, al que encontré en el camino en el coche del Indiano, con el fin de dirigirse a Santander para entrevistarse con el Sr. Obispo. Lo que me obligó a regresar apresuradamente al cuartel y remitir por mediación de un guardia una nota informativa a mi Jefe Superior, informándole de todo lo ocurrido en Garabandal.

Al siguiente día 22, me dispuse de nuevo a subir a Garabandal con mi ordenanza para informarme personalmente sobre los hechos allí acaecidos. Pequeña aldea montañesa, compuesta por unos 70 vecinos aproximadamente. Resulta grande o inmensa por la innata cordialidad de sus moradores. Enclavada en las estribaciones de los Picos de Europa y próxima a Peña Sagra, limita esta zona con las provincias de Asturias, Palencia y Santander. Para llegar hasta Garabandal hay que subir un duro camino que arranca de Cosío. Serpentea por la montaña durante siete kilómetros hasta alcanzar el pueblo.

Actualmente se sube fácilmente por la carretera que se construyó después. El antiguo camino tenia algunos repechos difíciles para vehículos debido al barro y las piedras por lo que se subía frecuentemente a pie o en vehículos todo terreno.

Durante mi acceso a la pequeña localidad pude apreciar un paisaje maravilloso, que me hizo recordar los «Belenes» que en época navideña se hacen en Cataluña. Ya en el pueblo, observé cómo corrían por las calles el agua, las gallinas, los cochinillas... sin que faltaran ovejas, cabras y vacas con sus tintineantes esquilas y cencerros.

Las costumbres de sus habitantes son primordialmente religiosas. Jamás olvidan, bajo pretexto alguno, el rezo del Angelus, tan pronto como el reloj señala las doce horas (mediodía). Por la tarde rezan el santo rosario dirigido por el cura-párroco, y en su ausencia, por la Maestra o por la viuda Maximina. Al entrar la noche, la mujer de Simón y madre de la vidente Jacinta sale por el pueblo con un farol y una campanilla, y recuerda a todos los moradores las últimas oraciones de la jornada. Los domingos, después de haber oído la Santa Misa en la Iglesia humilde y antigua, se toman un poco de descanso. Por la tarde, la juventud se reúne debajo de uno de los porches, y cantan y se divierten al son de una pandereta, destacando el respeto y honestidad en sus voces y movimientos.

Ya en el pueblo, como he dicho, acompañado de mi ordenanza, Celemín me presentó a una vecina llamada Valentina, mostrándose dicha señora muy amable, reflejando en su rostro una expresión de bondad y cariño, y tratándome como si me conociera ya de antemano, Y, sin hacerse rogar, me manifestó que la primera aparición había tenido lugar el domingo, día 18, después de que las niñas salieran de rezar el santo rosario y asistieran al Catecismo en la Iglesia; y que, una vez libres para sus juegos, decidieron ir a la Calleja de la Ventura, desprendiéndose de una de las que les acompañaban, o invitando a otra a que subiera con ellas para jugar a las canicas, cosa que hicieron como también coger unas manzanas del árbol del huerto del Sr. Maestro, quien, viendo que el árbol se movía, encargó a su esposa se enterara de lo que ocurría, pues creyeron se trataba de las ovejas que estaban en el manzano. Al oír, las cuatro se echaron a reír y nada pasó. Una vez saciadas y con alguna fruta en los bolsillos, sienten los primeros remordimientos de conciencia, y la reacción de las niñas fue culpar al diablo por lo que habían hecho; y, en todo furor, cogieron todas ellas sendas piedras, arrojándolas hacia un rincón con todas sus fuerzas, donde creyeron que estaba el diablo riéndose de ellas. Una vez tranquilas, se dispusieron a salir del mentado huerto para volver a sus juegos. Fue entonces cuando Conchita vio aparecerse de pronto a una figura muy bella, pequeña, y con alas muy relucientes, y señalando hacia la aparición decía: -«Ahí... ahí... » Las restantes niñas, al ver a Conchita en semejante posición trataron de correr para avisar a su familia, porque creían que le había dado un mareo, momento aquel en que las demás también se extasiaron viendo al Angel en esta posición, todas gritaron: «El Angel». Unos niños que jugaban también en la calleja las apedrazaron, y fue cuando el Angel las llevó más arriba, en la Calleja, a unos 50 metros; y una vez allí, en posición de rodillas y mientras veían al Angel y le escuchaban, quiso pasar por entre ellas un vecino que venía de arriba de la montaña con un panal para la miel,- y al ver que no se separaban para dejarlo paso, se molestó por no dejarle pasar, ignorando de lo que se trataba. Una vez pasó en dirección al pueblo, se extrañó de que las niñas continuaran en la posición que las había visto. Cuenta el narrante que en toda la noche no pudo dormir, pensando que algo raro había visto; lo que explicó a su mujer, la que respondió que se trataba de cosas de niñas.

Durante esta primera aparición, el Angel encargó a las cuatro niñas que cada día fueran al mismo sitio a rezar el santo rosario y que él estaría con ellas. Las niñas asustadas y llorosas fueron hacia la Iglesia para rezar y más tarde a manifestarlo a sus respectivas familias. La reacción de los familiares, -temiendo que sus hijas les mintieran-, era contraria a que tuvieran que ir al siguiente día a la Calleja. La única que se opuso fue la madre de Conchita; pero al insistir las demás niñas, quiso disimular para que fuera con ellas a la Calleja, prometiéndole que se fueran las tres y que Conchita iría después para unirse a ellas. La señora Valentina decía que «vale más que vean al Angel que no otra cosa peor». Varias mujeres las espían y, al ver que es cierto lo que ellas manifestaban, se produjo gran revuelo en el pueblo; lo anunciaron a todos, y convencidos y sin que persona alguna se burlara, acudieron a la Calleja para presenciarlo. A partir de este día yo estaba contento y ordené se pusiera una pareja de vigilancia en Garabandal; la noticia corrió por todos los pueblos limítrofes, y a diario se desplazaban gentes a Garabandal, lo que motivó que se intensificara la vigilancia. Después de la tercera o cuarta aparición del Angel, pasaron ocho o nueve días sin nuevas apariciones, por lo que la gente llegó a desconfiar. Mas después de esos días volvió a aparecer el Angel y cada día se encontraban en Garabandal de 500 a 3.000 peregrinos para presenciarlo. Recuerdo que las videntes decían que tenían tres llamadas. A la primera, dicen, que experimentaban una sensación de alegría del pecho a la garganta, y lo mismo con la segunda. Pero cuando ya tenían dos llamadas se les notaba, pues se ponían muy nerviosas y se colocaban un suéter, como si tuvieran que ir a la Iglesia.

Después de varias apariciones del Angel, llegó a San Sebastián de Garabandal un maestro para dar lecciones de las asignaturas suspendidas al hijo del Indiano Etaquio, y este maestro, por intercesión del cura párroco don Valentín, tenía que estar pendiente y acompañar a las videntes durante su aparición, para escuchar las charlas que sostenían con el Angel y tomar nota.

La gente que subía para ver las apariciones, se decía si las hipnotizaban o las daban píldoras y otras cosas por el estilo. Después de una aparición, me participa un compañero, Sargento de la Guardia Civil que, al terminar el éxtasis de Conchita, el maestro se la había llevado a casa del Indiano; y que va a resultar que cuanto dice la gente es verdad, y afirman que es el maestro que les da las píldoras. Acto seguido me trasladé a casa de Etaquio (el Indiano) y, efectivamente, compruebo que el maestro está en una habitación con Conchita; le preguntó el objeto del caso y me responde que, por encargo de don Valentín, al terminar la aparición se informa por la vidente de lo que han conversado con el Angel y qué es lo que quiere, para después hacer como una especie de informe y darlo a don Valentín para su entrega al Sr. Obispo.

No falta quien dice que Conchita se pone de acuerdo con las otras y marchan a la misma hora a la aparición, que es la que influye en las demás; dicen igualmente que es una enfermedad; es cuando a petición del padre de María Dolores reclaman la presencia del Médico don José Luis, titular de la comarca, y sube en compañía del Alcalde y del Presidente, y las recluyen en el bar de Ceferino; las introducen en el cuarto donde Ceferino guarda el pan, y las reconoce el Médico. Recuerdo que a medida que eran reconocidas, salían disparadas para ir después a la Calleja y estar en la visión del Angel. El médico dice que las niñas están epilépticas y enfermas; que todo lo que pasaba es debido a la enfermedad que tienen. Pero yo veo que las videntes están la mar de bien y que cada día están más guapas y más sanas; mientras que los padres y hermanos presentan un aspecto de cansancio, y sus rostros, como si estuvieran agotados físicamente, denotan falta de sueño y reposo.

Se ordena por el Cura párroco y otros que se las separe de dos en dos, para comprobar si todas ellas acuden a la misma hora a la aparición; y, efectivamente, cuando sucede la última aparición salen las cuatro de distinto lugar coincidiendo en el Cuadro a la misma hora.

Las cuatro niñas salen del éxtasis con la misma facilidad con que entraron. Estaban más contentas y absolutamente normales; cuantos contemplan las escenas quedan impresionados, todos quieren tocarlas el pelo y las mujeres besarlas, gracias a la pareja que las custodia hasta que se disuelve la aglomeración.

El sábado, 24 de junio la gente que había de cuantos lugares tenían noticias los sucesos, deambulaba por el pueblo. En el lugar de la aparición se levantó un cerco de madera para evitar que las videntes fueran maltratadas a pinchazos, y que fueran rodeadas sólo por los curas y quitaran la vista a los demás, y a fin de evitar también las avalanchas del público para no presionar a las videntes. Al terminar la aparición se trasladaron a la sacristía de la iglesia para explicar a don Valentín lo que habían visto y también a otros observadores desconocidos.

Días 24 y 25 de junio: Mucha más gente que en días anteriores, varios sacerdotes y médicos. Durante el éxtasis un médico quiso levantar a Conchita, y por el exceso de peso que, por lo visto, experimentaba cuando se hallaba en tal estado, se le cayó desde regular altura dando con las rodillas en el suelo, produciéndose un buen crujido. Al terminar y examinar a las niñas se observaban claramente las marcas de la caída de Conchita, de pinchazos, golpes y arañazos que a manera de pruebas habían hecho algunos a las videntes, sin que ellas acusaran el menor dolor ni hubieran hecho la menor expresión cuando se las produjeron. De nada se enteraban, ni del mundo exterior; y pasado el éxtasis tampoco les dolía; sólo les quedaba señal.

Día 1 de julio. Sábado: Numerosísima concurrencia de todas clases mezclada con médicos. Sobre las siete de la tarde se produce la aparición. Duró unas dos horas. Al terminar, las niñas dicen que fue muy corta, que duró solamente dos o tres minutos. En aquella posición es humanamente imposible permanecer tan sólo unos pocos segundos y menos todavía, con expresión angelical. Esta vez el Angel les dijo que, al día siguiente, verían a la Virgen.

Día 2 de julio. Domingo: La Calleja se encontraba repleta de gente que rezaba el rosario. Todos querían presenciar el éxtasis. A mi lado se encontraba el segundo Jefe del Salto de Nansa, Sr. Rocha, que había subido al Dr. Morales y Dr. Piñal, ambos nombrados de la Comisión por el Sr. Obispo Fernández, y recuerdo que me dijo el Sr. Rocha: -«Esta tarde las videntes no subirán al Cuadro para ver la visión». Le respondí que en las cosas divinas no tenía el menor poder médico alguno. Me acerqué a la curva de la callejuela y comprobé que se encontraban a mitad de la misma. Permanecí en espera a que subieran al Cuadro para impedir el doctor que se produjera la aparición, con la sorpresa del Sr. Rocha de que las videntes subieran al Cuadro, sin que fuera molestado por la potencia del Dr. Morales. Y todas ya, de rodillas, iniciaron el primer misterio del Rosario, y acto seguido tuvieron la visión. Llegó al lugar el Dr. Morales y dijo: «Esto ya está visto», o sea, que el doctor no había podido lograr evitar la aparición.

Las cuatro videntes lanzaron un grito a la vez, diciendo «LA VIRGEN». En principio creyeron que fuera Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro, y después se oyó, que era Ntra. Sra. del Carmen, porque tanto el Niño Jesús como la Virgen llevaban en sus manos el escapulario. La Virgen estaba rodeada de seis ángeles, contados por la Conchita que se oía perfectamente. También decía Conchita «qué ojo» y después de la visión se pudo saber que era la Sma. Trinidad, en forma de ojo. A la derecha de la Virgen apareció como un cuadro de fuego, destacando del mismo la rigidez de las videntes con lágrimas en sus ojos y muy demacradas con cara de cera. Siendo la que más lloraba Mari Cruz, a la que un médico cogió por la garganta para apartarla de la mirada al frente, y no pudo conseguirlo: pero sí oí un chasquido de torcedura muy grande; creí que la hubiera causado daño; sin embargo, nada le había sucedido.

Cuando las videntes llevaban un rato en la visión, su rostro era ya más tranquilo, su posición, frente a los pinos: a la derecha, María Dolores: le seguía Conchita y a continuación Jacinta. A la izquierda y a mi lado estaba Mari Cruz; todas tenían en sus manos rosarios y cuentan a la Virgen lo que hacen en sus faenas de casa, lo que se oye perfectamente. María Dolores enseña los dientes, pues se supo después que la Virgen había dicho que tenía unos dientes muy bonitos. A continuación Conchita con la boca poco torcida y abierta muestra a la Virgen que tiene una muela picada. También se comprende que las pregunta la Virgen cómo es el cura, y responden que don Valentín es muy feo, pero muy bueno. El propio don Valentín pudo oír estas palabras y muchos de los estábamos junto a ellas. Le decía a la Virgen que pedía por los Guardias Civiles que las protegen mucho de los curiosos y evitan de que les hagan daño. También le piden a la Virgen que les deje la corona, y al final cede la Virgen y se ve cómo la recogen y se la pasan de una a la otra. También Conchita pide a la Virgen que le deje una de las estrellas que lleva la corona para que se la ponga ella en la cabeza y los presentes lo vean, y puedan creer en las apariciones, mas la contestación de la Virgen es que ya lo creeremos.

Las videntes describen a la Virgen de esta manera: Vestido blanco, manto azul, corona de estrellas doradas, manos estiradas, con un escapulario marrón , pelo largo y castaño no oscuro y raya en medio; cara muy bonita. Aparenta unos 17 años y es más bien alta, afirmando las cuatro que su voz es inconfundible y muy melodioso.

A partir de estos momentos he presenciado muchas apariciones y he sido testigo además de los éxtasis, de centenares de marchas extáticas, corriendo velozmente en este estado por las calles del pueblo, e incluso algunas veces lo hacían de espaldas. Cuando corrían a encontrarse, unas extasiadas y las otras normales, a la que estaba en éxtasis no se le podía alcanzar, incluso algunos del pueblo trataban de correr sin poderlas alcanzar, incluso las videntes en estado normal no podían alcanzar las que estaban en éxtasis.

Así mismo he sido testigo muchas veces de cómo en pleno éxtasis y una vez besados los objetos por la Virgen, los devolvían a sus propietarios sin equivocación alguna. Algunos, después de haber besado sus medallas, se las entregaban a otras personas para que las dieran a las videntes a fin de que la Virgen las besara de nuevo; pero se oía decir que ya estaban besados y que por eso no los besaba por segunda vez. Alguien entregaba anillos sellos y no eran besados; sólo besaba los anillos esponsales, y éstos eran entregados muchas veces a los propios dueños entre mucha gente, y sin equivocarse con otros que llevaban en las manos.

He conocido a las videntes «muy feas», pero cuando están en éxtasis tienen una cara bonita y muy angelical; también las he visto caer y pegar con la cabeza en una piedra, sonar un fuerte golpe y dolerme a mí más que a ellas, porque nada les pasaba. Los fenómenos habidos han sido por espacio de tanto tiempo y con tal frecuencia (en el transcurso de una jornada se daban dos y tres éxtasis) que resulta casi imposible enumerarlos y relatarlos, y relatarlos todos. Ello me obliga a recordar tan sólo algunos casos y cosas vividos por mí, aun cuando en mi mente recuerdo tanto y con tal exactitud, que no olvidaré mientras viva si Dios así lo quiere.

Sobre el primer mensaje: Las videntes en el Cuadro, muy serias y pendientes de lo que la Virgen estaba encomendándoles. A alguna se le caían lágrimas muy grandes. Mientras que los presentes también recibíamos esta emoción. Al terminar el éxtasis de las cuatro niñas y en un completo silencio anuncia el Padre don Valentín: «La Virgen ha dado a las videntes un mensaje, que no lo pueden decir al Sr. Cura, ni a sus padres, ni al Sr. Obispo.»

Al siguiente día tienen que subir ellas solas a los pinos, por encargo de la Virgen y que no haya persona alguna, y para que esto sea vigilado proponen las videntes que les acompañen dos pequeñas, tan pequeñas que tendrían sólo tres años y que apenas se daban cuenta del caso. Recuerdo que a mí me dijo María Dolores: «Brigada, usted y mi padre pueden estar cerca, pero a unos 100 metros a la derecha de los pinos, y también el cura con dos religiosas a la izquierda de los pinos, también a unos cien metros, y el resto de la gente, bien retirada». Así lo hicimos y se pudo observar cuándo estaban en el momento del éxtasis, porque al llorar mucho las videntes, las pequeñas se asustaron y daban voces de llanto. Después se supo que el fin de estar las videntes solas es porque la Virgen tenía que hacerlo constar en el mensaje para el 18 de octubre de 1961. Con cajones de fruta hicieron un pequeño altar, cogieron flores del campo y lo montaron al pie de los pinos muy bien preparado, muy bien preparado por ellas, que lo hicieron en toda la mañana.

Un día la Virgen se apareció a las videntes en los pinos, lo que fue presenciado por un Guardia Civil de Reinosa y por un amigo suyo que habían subido para ver algún éxtasis, y manifestaron los testigos que Conchita decía a la Virgen «pero no te haces daño con esas cañas», porque se aparecía la Virgen en la parte alta y entre dos pinos. Entre los mismos se hallaba la hija de Primitiva, llamada Elvira y otro del pueblo.

A Conchita le cortan las coletas: En las primeras apariciones de la Virgen a las videntes, después de dar muchos rosarios y medallas a besar, Conchita muestra sus coletas a la Virgen, en ademán de ofrecérselas; y llega el momento en que los médicos, que sólo subieron un día, acuerdan con el Sr. Obispo de llevarla a Santander; y da la casualidad que el día anterior, como yo no podía estar para ver las apariciones, ordené a los Guardias que observaran ese día, para que, a mi regreso de Santander, me expliquen lo sucedido. El 27 de julio se llevan a Conchita a Santander para meterla en un convento; y que las niñas que encuentran pensionadas en el mismo la sacarían por la ciudad para distraería, con el objeto de que se la pasara la enfermedad que ellos creían tenía. Yo regreso a PuenteNansa y llamo a la pareja para que me explique lo que había sucedido ese día de mi ausencia. Y me informan que a la una horas (13 h.) a las tres videntes, Mari Cruz, Jacinta y María Dolores se les apareció el Angel San Miguel, y fueron las tres videntes las que dijeron al Angel que daba pena que este día, al aparecerse la Virgen en Garabandal, Conchita no la vería. Y les dijo el Angel a las tres que Conchita vería a la Santísima Virgen en Santander, a la misma hora que ellas en Garabandal.

El siguiente día sobre las ocho de la mañana recibo en Puente-Nansa una llamada telefónica del Brigada de la Guardia Civil encargado de la Comandancia, Crecencio, y me dice: «¿Qué fue lo que ocurrió en Garabandal en el día de ayer?»; «A las 13 horas le dije: el Angel se ha aparecido a Mari Cruz, Jacinta y María Dolores y les ha dicho que Conchita tendría la visión de la Santísima Virgen en Santander a la misma hora que ellas;» confirmando mi compañero Crecencio que, efectivamente, Conchita había tenido por la tarde en Santander la aparición de la Virgen junto a la verja del Convento.

Un joven que yo había visto en Garabandal, a donde había subido para presenciar las apariciones y que conocía perfectamente a las cuatro videntes, me confirmó que al ver a Conchita en Santander, en unión de varias nenas, por encima del túnel que va de una de las calles a la Estación Férrea, caminando hacia el Convento, Conchita cayó en éxtasis en plena calle.

Cuando la madre de Conchita regresó a Garabandal decía que su hija estaba enferma y que por esto tenía las visiones en Garabandal; que todo era mentira, que se lo habían anunciado no sé qué autoridades eclesiásticas. Estando yo cerca de la fuente donada por Etaquio a Garabandal, dos vecinas del mismo pueblo decían a la madre de Mari Cruz que todo era falso; de no haberme encontrado en aquel lugar habría habido pelea por parte de la madre de Mari Cruz; mas nada pasó afortunadamente.

Llegó Serafín de la corta de leña en Navarra preguntando a su madre por Conchita y ésta le contesta que está en Santander. Serafín encarga a su madre que la hija regrese a casa. Ya en Garabandal, Conchita, jugando por la tarde en su casa con una vecina, nieta de la señora Primitiva, oye la voz de la Virgen que Conchita reconoce y se le ocurre mirar debajo de su cama por si estuviera allí la Virgen porque no la veía. La Virgen encargó a Conchita que al siguiente día fuera con sus amiguitas videntes a la visión. Cuando las cuatro estuvieron juntas, Conchita les dijo que no salieran de Garabandal cuando las quisieran llevar.

Lo que me contó Conchita cuando le cortaron las coletas: Dijo que la llevaron a una peluquería donde había dos dependientas y el ama, y una de las dependientas fue a cortarla el pelo y no podía, o es que estaba nerviosa: y, que al final, el ama a puro trance se lo cortó; y Conchita en vez de sentirlo, sonreía y decía: «Ahora estoy más guapa». Ella había cumplido lo que yo comprendía de que un día había prometido ofrecer las coletas a la Virgen; esto creo yo, puesto que ella, con la visión en Garabandal, no hacía más que ofrecérselas a la Virgen.

Enterada la madre de María Dolores de que al regreso de Santander había dicho la madre de Conchita que las videntes estaban enfermas y que todo era mentira, dijo a su hija (sin que lo supiera su padre Ceferino) que cuando tuviera la llamada no fuera a la visión; y llegó la hora y María Dolores fue a la Calleja y estuvo poco rato el Angel en la visión un solo minuto y terminó el éxtasis y regresaba a casa llorando. Al verla su padre le dijo: «Ya te ha dicho tu madre algo; ¿qué es lo que te ha pasado, que vienes llorando?» María Dolores contesta que había estado poco tiempo con el Angel porque su madre le había dicho que no era verdad lo de las apariciones.

Sobre una piedra besada por la Virgen: María Dolores sale extasiada de su casa por la Calleja hacia los Pinos; y al salir de la calleja se queda de rodillas, le hacemos un corro, encontrándose a mi lado el Padre Ramón Andréu; vemos cómo María Dolores coge piedras y las da a besar a la Virgen y dice: «esta piedra es para una amiga suya o familia que se encuentra en Cádiz; coge otra y hace lo mismo y la ofrece para otra que también se encuentra fuera de Garabandal, y coge otra y no dice nada, dejándola en el suelo; pero la cogí yo y me la guardé en el bolsillo de la sahariana. María Dolores continúa hablando con la Virgen y se comprende que la Virgen le pide la última piedra que ha besado y le pide a Loli que se la muestre. Loli, mirando hacia arriba y tocando con la mano sobre el suelo, no encuentra la piedra; colocamos dos o tres a su lado, las toca y no hace caso de ellas; pero el P. Andréu dice: «Brigada, saque del bolsillo esa piedra que usted se ha guardado y póngala en el suelo». Obedezco y acto seguido parece que la Virgen le dice que ya está en el suelo; Loli toca varias piedras y entre ellas la que yo le puse; la coge y se la muestra a la Virgen y ya queda tranquila; la deja nuevamente en el suelo de donde vuelvo a recogerla y guardarla. Al terminar el éxtasis le pregunto si la piedra que yo me había quedado y la que ella buscaba la tenía ofrecida a alguien, respondiéndome negativamente, por lo que me quedé con la piedra.


El día que una autoridad subió a Garabandal en unión de don Emilio Valle y sus hijas.

Aquel día las hijas de don Emiliano me dieron varias medallas para que yo las entregara a María Dolores y ésta se las diera a besar a la Virgen; así lo hice. María Dolores tuvo la aparición en los Pinos. Recuerdo un caso curioso y es que María Dolores se encontraba caída en el suelo, boca arriba, hablando con el Angel y decía: si tú no me ayudas yo no puedo levantarme, en este momento vi cómo Loli extendía el brazo y fue incorporándose poco a poco hasta la posición de sentada, al igual que si uno cualquiera le hubiera dado la mano y lentamente le hiciera incorporarse hasta dicha posición.

Subí por la tarde a Garabandal y al llegar me salió al encuentro el Indiano Etaquio y me dice: «Brigada, si usted hubiera subido más pronto habría presenciado y escuchado la voz de la Virgen». Y al pasar por casa de Jacinta, se encontraba ésta con María Dolores a la puerta. Me llaman con una gran alegría y me dicen: que esta mañana el Dr. don Angel Domínguez Borreguero Director del Manicomio Provincial de Salamanca les había dejado el micro para que registraran la voz de la Virgen. Entonces me fui al mentado Dr. Domínguez para que me informara, el cual me dijo que: «la cinta donde está grabada la palabra la Virgen no quiere hablar se la mostraría a usted pero estamos expuestos a que por una pequeña avería se borre». El acompañante del Dr. Domínguez era don Gerardo Pleya, Catedrático de la Universidad de Salamanca; ambos se hallaban veraneando en Llanes (Asturias) y, al enterarse de las apariciones, acudieron a Garabandal. Si ellos quieren, pueden dar testimonio.

Día 25 de julio de 1961, festividad de Santiago Apóstol. Este día tenía una pareja en la Calleja, y otra frente a la casa de Conchita. Las cuatro videntes jugaban en el prado de una cerca y serían aproximadamente las siete y media de la tarde. El cielo estaba completamente libre de nubes. De pronto se formó una nube muy negra encima de Piedra Sagra, y al mismo tiempo se vio un rayo muy grande de arriba abajo. Las videntes cayeron de rodillas con gran temor. El trueno fue muy estrepitoso; las niñas con la vista extasiado hacia arriba. Tuve que apaciguar los gritos de la madre de Mari Cruz, y todos permanecimos en silencio; y hay quien dijo muy serio, sin darlo importancia, que había visto sobre la luna una figura o dos como viste el Santo Padre.

Cuando el Exmo. Dr. D. Doroteo Fernández y Fernández publicó la primera nota del Obispado recomendando que los curas se abstuvieran de subir a Garabandal, estos subían vestidos de paisano. Recuerdo que, extasiada Conchita, le decía la Virgen: «Hay tres curas en el pueblo», y Conchita decía que sólo había uno; y se oyo decir a Conchita «hay tres» y run... run... llegó hasta dos paisanos que estaban observando; al final se acercaron para informarse bien, y los dos paisanos se identificaron como lo que eran, sacerdotes; sólo que vestían de paisano en vistas de la prohibición del Sr. Obispo. El caso es que ya no volvió a encontrárselos en el pueblo. También se presentaron otro día dos Alféreces del Cuerpo de Aviación; yo les reconocí y nada quise decir, pero las videntes supieron por la Virgen que eran capellanes.

El día 12 de octubre de 1961 recibí la Cruz a besar, separadamente por las cuatro, como una felicitación de la Virgen por ser el día de mi Patrona y acudir esa tarde a Garabandal.

Día 17 de octubre de 1961: Subí con catorce parejas a mis órdenes, para mantener el orden la misma víspera del 18. Extasiada Conchita se acercó a mí, y a mí sólo me dio a besar la Cruz, lo que para mí significaba una esperanza de que todo saldría bien, a pesar de la enorme cantidad de personal que subió al pueblo y a pesar de la lluvia torrencial que se sucedió durante todo el día. No pasó la menor desgracia. Calculé en Garabandal de unos doce mil a quince mil personas; y de ochocientos a mil automóviles y sin accidente alguno, lo que fue para mí una gran sorpresa. Yo estaba junto a las videntes, cuando del pecho sacaron una carta escrita que don Valentín abrió y leyó. Los presentes pedían que se leyera más fuerte, y pude oír claramente que las cuatro videntes le decían todas al mismo tiempo (lo de la carta) y sin equivocarse. Luego la leyó un voluntario con voz fuerte. Todos los que ese día subieron al pueblo, esperaban ver el sol en plena noche como en Fátima. En realidad se hizo lectura de un grave mensaje, que hoy tiene una importancia considerable. Es así que lo he comprendido.

Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia.
Visitar al Santísimo. Pero antes tenemos que ser muy buenos.
Si no lo hacemos nos vendrá un castigo.
Ya se está llenando la copa, y si no cambiamos, nos vendrá un castigo muy grande.

II
Lo que ocurrió el día 18 de marzo. Subiendo este día para Cosío me encontré con mi amigo Fidelín, quien me invitó a subir a su coche y acompañar al P. Jesús Silva, fundador de la Ciudad de los Muchachos de Orense, al que acompañaba otro padre cura más joven y un muchacho enfermo del corazón. Los tres subieron a Garabandal y el primer contacto que tuvieron fue con la vidente María Dolores, en éxtasis sobre las 23,45 h. y cuando la visión pasaba al siguiente día, 19 de marzo de 1961, extasiado se acerca al mostrador del bar; toma un lápiz del cajón y sobre la pared de la cocina apoya la estampa y escribe lo que le dijo la Visión: «La Virgen felicita al P. José». Y resulta, según informó el mentado padre, que él no había dicho a nadie cómo se llamaba, y que para él había sido una emoción recibida como prueba maravillosa. Además en el momento su semblante era pálido por la prueba que acabada de recibir.

Más tarde nos trasladamos a casa de Conchita. El P. Silva la habla sobre una Hora Santa, y contestó Conchita que eso qué era, y fue cuando el P. Silva se lo explicó y se acordó hacer una Hora Santa en la Iglesia; pero nos faltaba la llave del templo y la del Sagrario para dar la Sagrada Comunión, y don Valentín dormía en casa de la señora Primitiva. El señor Matutano, de Reinosa, el Brigada y un servidor fuimos al cura. Para que nos conociera le hablé yo, le pedimos la llave de la Iglesia y nos dijo que no la daba, a pesar que daba la Hora Santa el P. Silva. Regresamos a casa de Conchita Matutano y yo, y Maximina dice podemos acercarnos a la Iglesia por si estuviera abierta. Una veintena fuimos con Conchita y María Dolores; recuerdo que estaban presentes los Marqueses de Santa María. Encontramos la puerta del templo abierta, pero nos faltaba la llave de la sacristía para conseguir la del sagrario. Mas el P. Silva encontró el sagrario abierto y la sacristía cerrada, por lo que pudo hacerse la Hora Santa por todos los presentes y, además, en cruz, y comulgando casi todos los asistentes.
Fue maravilloso; esto bien lo saben los Marqueses de Santa María y Matutano y otros que yo no puedo recordar. Agregando que nos dijo el P. Silva que lo de Garabandal todo era verdad.

Lo sucedido al Sr. Damián con una cruz: El Sr. Damián, de Barcelona, había dado una cadena con una medalla y una diminuta cruz de oro a Conchita para que cuando estuviera en éxtasis la diera a besar a la Virgen. Conchita tiene la visión y todos la seguimos, y en la puerta de la iglesia vemos cómo da a besar a la Virgen todos los objetos de Damián, y después le coloca la cadena al cuello, extasiado, y regresamos para casa de Conchita; el Sr. Damián notó que sólo tenía la medalla y que le faltaba la cruz de oro; y ya cuando Conchita se encontraba fuera del éxtasis y en estado natural, el Sr. Damián le dijo que le faltaba la cruz. Respondió Conchita: pues es verdad, que me dijo la Virgen que estaba caída a la puerta de la iglesia. Y, en mi presencia y la de varios, vimos cómo una cosa tan diminuta se podía encontrar, aun cuando a nosotros nos dijeran en la puerta de la iglesia está; sin embargo Conchita fue derecha al sitio y la recogió, no sólo en mi presencia sino en la de los que allí se encontraban.

Mis gafas y la señal de la Cruz: El Brigada que suscribe se hallaba junto a la cocina de Conchita, y varios curiosos, en espera de ver en aparición a Conchita; de pronto se queda extasiado; y entre todos se dirige al Brigada y con la Cruz va a persignarme; comienza diciendo: «Por la señal ... » en ese momento se para al tocarme en las gafas y me las pide; de momento no accedí, mas ella espera que se las diera a la mano. Entonces, a petición de los presentes se las di, pero con el temor de que me las rompiera; las coge, las cierra y me las devuelve. Me persigna como yo jamás lo hubiera hecho; nuevamente me pide las gafas, me las coloca en el rostro como yo tampoco me las he puesto. Mientras viva, creo que cada vez que me persigne, lo recordaré. La Virgen le dijo que me quitara las gafas para así persignarme mejor.

Uno de los recuerdos que más guardaré en la memoria mientras viva, es un santo rosario besado por la Virgen, y dos cuadros también besados que obran en poder de dos personas. Uno de los días que fui por Cabezón de la Sal a recibir impresiones y órdenes de mi Capitán, y después me trasladé a San Vicente de la Barquera a saludar a mi buen amigo y compañero Expósito, nos encontramos en un bar, y pude ver en la pared varios calendarios con figuras un tanto inmorales. En medio de aquellos calendarios había una estampa de la Virgen de Fátima; veía que aquello no guardaba relación; le pedí al dueño del bar me diera la estampa; pero no, no me la dio. Me dio una de San Miguel, y luego me hice con la de Fátima.

En Garabandal, mientras un día estaba María Dolores en éxtasis, di la estampa a su compañera Jacinta, que se hallaba en estado normal, para que se la entregara a María Dolores y la diera a besar a la Virgen. La chica cumplió mi encargo, y cuando María Dolores  devolvió la estampa ya besada por la Virgen, Jacinta le preguntó: ¿Quién está en la estampa?
-No sé, respondió María Dolores.
-Pues pregúntaselo a la Señora, inquirió Jacinta. Así lo hizo María Dolores, y a los pocos segundos respondió:
-La Virgen dice que en las estampas está la Virgen de Fátima y el Angel San Miguel.
No puede imaginarse el lector lo emocionante que resultó para mí aquella escena. Hoy las estampas se encuentran en poder de mi amiga y bienhechora Julia de Costa, y de su cieguita, hija de un cabo de la Guardia Civil, quienes todos los días ruegan por la humanidad, que buena necesidad tiene de la protección de Dios.

Otro caso muy curioso: Una tarde llegó a Garabandal un matrimonio con un buen amigo, que ya había estado presenciando una aparición, y que había dado una medalla para que la besara la Virgen; pero éste volvió con la duda de que la medalla no estaba besada. Recuerdo cómo sucedió el caso: fue en el bar de Ceferino; el Pintor, (que es el amigo que vino con el matrimonio) entrega dos medallas suyas, una es como las corrientes de la Virgen, y la otra en forma ovalada en la que en una cara decía «Alicia» y en la otra una cruz; también entrega otra medalla; las tres se las da a María Dolores. «Esta, al cogerlas y ver que en una cara dice «Alicia» y en la otra hay una cruz, queda toda extrañada porque no encuentra cómo es la Virgen y no queda muy conforme, pero accede a darla a besar. Y cuando ya está en éxtasis, mostrando la medalla del Pintor a la Virgen, la dice: «Ay que ver qué fea te han puesto, tan bonita como tú eres». Y la otra medalla que se creía no estuviera besada, cuando oye por sus propios oídos que la Virgen dice a Mari Loli que estaba besada, cambia de rostro quedando muy pálido y todo emocionante. Y más fuerte para la mujer del pintor que -de haberse acostado como quería, pues era por la tarde- se hubiera perdido la dicha de la aparición que todos sentimos. Para ella significó una prueba que sabrá tener en cuenta.

Yo he visto a Conchita suspendía en el aire horizontalmente. Una de las apariciones que más me han impresionado, fue la que tuvo lugar en la cocina de la casa de Conchita, en la que también estaba mi buen amigo el Dr. Ortiz (quien también puede explicar innumerables apariciones), un Padre llamado don José Ramón Vázquez y un seminarista de Reinosa y otros varios. Conchita quedó extasiado; daba unas medallas a besar a la Virgen diciendo: «no llego». Y se deduce que la Virgen insistía en besarlas, y Conchita repetía: «no llego», «no puedo». Jacinta sin estar en éxtasis, también lo presenciaba. Conchita le decía a su amiga: «Salta tú, porque yo no puedo llegar». Entonces se intentó coger a Conchita y levantarla con toda fuerza, pero fue inútil. Ni siquiera se la pudo mover ni despegar los pies del suelo, dando la sensación de que pesaba miles de kilos. Sin embargo Jacinta se acercó a ella y con sus escasas fuerzas, sin ayuda de nadie, logró levantar a Conchita. Aquello me dejó perplejo. Pero aún hay algo más sorprendente que jamás olvidaré.» Me encontraba junto a la puerta de entrada en la cocina, y a mi derecha el Dr. Ortiz, el P. de Llanes (Asturias) y otros más. Conchita había caído extasiado en el suelo, boca arriba; de pronto la vi cómo tenía todo el cuerpo horizontal completamente separado del suelo. Quise comprobarlo pasando la mano por entre el cuerpo de Cochita y el suelo, pero no pude porque todo fue cosa de segundos. Hago constar que para mí no ha lugar a dudas. Creo que tampoco lo olvidaré mientras viva.

En otro éxtasis, Conchita tiene encima de la mesa de la cocina cinco anillos de esponsales, de oro. Uno creo que era del Sr. Ortiz y otro de su esposa, los demás no recuerdo. Los coge, da a besar a la Virgen y los deja sobre la mesa; viene hacia mí, y creyendo que vendrá a darme a besar la cruz, como al igual que las demás videntes lo hacían siempre que se encontraba en Garabandal, me entrega uno de los cinco anillos diciéndome: «tome, para que se lo lleve a Barcelona». Dicho anillo pertenece a una hermana de Paquita Olivella, de Barcelona, la que según me ha manifestado lo vio relucir un día. En esta ocasión se hallaba presente el cura párroco que había sustituido al anterior don Valentín.

Este día decía Conchita a la Virgen: «Ha venido un Sr. Cura que viene a relevar a don Valentín». Después también quitó las gafas al Sr. Cura para persignarle. Para ser el primer día que subía a Garabandal, recibió buenas pruebas; y según me informaron, cuando de nuevo vino don Valentín y el otro regresó a su destino, creo que el Sr. Obispo le dijo: «Y le había mandado para desvirtuarlo -o cosa parecida- y resulta que viene más convencido de las apariciones que las propias niñas.»

El día de Ntra. Sra., Santo de Conchita, todas felicitaron a la Virgen, y más tarde se les veía jugar extasiadas a encontrarse; una de las veces, recuerdo, que Jacinta se aparece con un camisón o bata. Se comprende que la Virgen le dijo que iban muy cortas. Yo veía a Jacinta en la visión y al mismo tiempo se recogía un poco el camisón porque le arrastraba, y más o menos ya lo indicaba la Virgen cómo tenía que ser. Hoy es un escándalo con la minifalda.

Lo que yo presencié un domingo: Me encontraba por la tarde cerca de la casa de Conchita, y oigo decir a su madre: «hija, ¿cómo llevas el abrigo nuevo? Si tienes la aparición de la Virgen, como está el tiempo y las calles lo vas a manchar.» Conchita se dirigía hacia la Iglesia, y a la altura de la casa de una señora sorda y junto a la casa de Loli, Conchita se quedó extasiada, y cayó al suelo apoyando la palma de la mano derecha donde llevaba el crucifijo, y se la veía sonreír; se incorpora derecha, pero con la vista fija en la visión; da media vuelta y se encarrila para su casa; y otros, como yo, detrás de ella; la vemos entrar en casa y dirigirse a la sala de aseo encontrando la palangana sin agua. Baja a la cocina; debajo de la mesa hay un botijo y comprueba que está vacío; sale con él a la calle; frente a su casa hay una fuente con dos caños. Sigo tras ella, baja los dos peldaños que hay, llena el botijo, regresa a casa, echa agua en la palangana, se lava y también lava el crucifijo que se había manchado; cambia el abrigo nuevo por otro más usado, haciendo caso de lo que su madre le había encargado. Vuelve a la Iglesia extasiado y allí reza una oración, y se queda extrañada al verse cómo se había cambiado el abrigo, y sonríe.

Cuando la gripe: Jacinta estuvo varios días en cama a consecuencia de la gripe, con bastante fiebre. Sus padres le habían advertido que mientras tuviera fiebre no se levantara de la cama. Pero Jacinta, mientras estuviera en cama no vería a la Virgen. Recuerdo que al enterarme de que estaba en cama fui a verla, y en un momento en que yo hablaba con sus padres, ella se escapó a la calle, y tan pronto salió a la puerta quedó extasiado, en sus labios se notaba una sonrisa y su semblante parecía angelical.

También por entonces María Dolores estuvo afectada de gripe; fui a verla; me contó que antes tenia mucho miedo a los guardias; le pregunté el por qué de tal miedo. Me refirió que Jacinta y ella quitaron un martillo, lo vendieron por una peseta y se compraron una pastilla de chocolate y se la comieron; después pensaban siempre que la Guardia Civil asomaba por el pueblo que iba a por ellas. Decían ellas: «Ya vienen por nosotras». También entraron en un huerto y arrancaron nabos; sorprendidas por el ama trataron de esconderse detrás de un carro y les decía el ama: «no os escondáis, que ya os he conocido; cuando venga la Guardia Civil os llevará.» Y ahora, como los Guardias las escoltan y las protegían ya no les tenían ese miedo. Yo les dije si todas aquellas cosas las habían confesado, y me contestaron que sí, que hacía mucho tiempo.

Un día María Dolores subió al primer piso donde tenía muchas veces las apariciones. Su padre Ceferino les tenía dicho que cuando bajaran al Bar o planta baja aflojaran la «bombilla», puesto que no funcionaba el interruptor; Loli en éxtasis agarró la bombilla y no la soltaba. Los presentes creíamos que mucho tiempo con la bombilla asida a la mano se quemaría. Su madre decía: «Por Dios, que se va a quemar la mano», y tratamos de que soltara la bombilla lo que no se podía lograr; o se rompía la bombilla y se haría daño. Entonces se llamó a Mari Cruz que no estaba en éxtasis, se acercó, y con gran facilidad hizo que soltara la bombilla y se bajo al bar.

He visto un día cómo Jacinta, cerca de la fuente que el Indiano había hecho en obsequio al pueblo, estando extasiado no hacía más que pedir a la Virgen la dejara el Niño Jesús; por lo visto, la Virgen le decía que «no, que lo vais a caer». Contestaba Jacinta a la visión que, «no, no lo caeré», y al parecer cede la Virgen en dejarle el Niño, y marcha extasiado por las calles de Garabandal con las dos palmas de la mano hacia arriba, bastante juntas, como si el Niño fuera muy pequeño. Recuerdo que lo paseaba con un cuidado como para no caerlo, como se lo había prometido a la Virgen. Al final del éxtasis dice Jacinta: «toma» y ¿ves cómo no lo he caído?» la demostración se ve al elevar Jacinta las manos en ademán de entregar el Niño a la Virgen.

Subiendo una tarde a Garabandal me salen al encuentro Jacinta y María Dolores y me explican que el P. de Llanes (Asturias) don Ramón, le entrega a Mari Loli una máquina de fotografiar y le dice que cuando esté extasiado haga una foto a la Virgen. Jacinta y Mari Loli me informaron que hicieron tres fotos a la Virgen y que la Virgen la iba guiando, y cuando María Dolores veía a la Virgen por un agujerito y bien, disparaba la primera foto; así ocurrió tres veces, o sea, tres fotos. El Padre de Llanes se llevó la máquina y la devolvió las tres fotos; allí no se veía a la Virgen, lo que significaba que la Virgen no salía en la foto. Al cabo de seis meses de ocurrir esto, el padre de Mari Loli le dice un día a su hija: «Loli, cuando estés con la Virgen le dices que te guíe con un lápiz y papel, para que la dibujes y sepamos cómo aparece». Al terminar el éxtasis Ceferino le dice a su hija qué es lo que la Virgen le ha dicho; y contesta Loli: «Me ha dicho que ya me lo dirá». Y un día queda extasiado Loli y hablando con la visión se le oye decir «a que estás en una de las fotos que te hice»; y se dirige a una caja de cartón de los zapatos, donde guardaba varias estampas y fotos; de las que coge tres, viene y se las muestra a la Virgen, y una de ellas la aparta, y después, cuando ha terminado se le pregunta «qué era lo de la foto que has apartado»; «es que dice que está en esta foto como es y como viste». Dicha postal, al parecer, unos la ven y otros no ven nada.

A las tres de la madrugada la propia hija del Indiano la llevó a su casa, y pude ver cómo aparecía la Virgen en la foto. Regresaba yo este día de revisar un puesto en Tudanca, y al llegar a Cossío me encuentro a la madre de Jacinta que se dirigía a Puente-Nansa y me dice: «Brigada, no sabe que la Virgen apareció en una de las fotos que un día le sacó Loli». Yo, sin pereza sin llegar a Puente-Nansa, me dirijo a Garabandal, y le pregunto a Ceferino si era cierto lo que me había dicho la madre de Jacinta; me entrega una postal y me dice: «Ahí la tiene usted» le doy algunas vueltas a la foto y... con mis propios ojos he podido ver la silueta de la Virgen en la foto. He visto que tenía unos ojos grandes como los de Ntra. Sra. La Inmaculada; la nariz, pequeña y perfecta; los labios muy pequeños y gruesos con el cabello echado hacia atrás y muy largo. Esta foto la guardaba Ceferino; no he vuelto a saber de ella.

Yo he rezado el santo Rosario con las videntes y con la Virgen, al igual que otras personas que también seguían a Conchita; en uno de los misterios se dirigía al Cementerio, por un camino lleno de agua y cieno como unos treinta centímetros. ¡Qué rosario más bien rezado por las videntes, y con cuánta devoción lo hacíamos los que las acompañábamos! Pero lo bueno queda aquí; al llegar al Cementerio Conchita introduce la mano con el Crucifijo por entre las rejas, y lo da a besar al parecer, a los muertos, señalando unos más alto que otros, y como si estuvieran colocados en varios coros de los peregrinos en San Sebastián. Cuando, al parecer, había terminado y después de andar unos cincuenta metros hacia el pueblo se vuelve Conchita al Cementerio, introduce la mano por entre las rejas como si al principio alguno no quisiera besar el crucifijo, o como si algún otro (difunto) se hubiera retrasado en besarlo.

Sobre la sorpresa que se llevo el indiano Etaquio. La historia fue como sigue: El Indiano tenía a su madre viejecita en Garabandal y vino a verla por una temporada, procedente de Méjico, en donde quedó al frente de su negocio su esposa e hija. Cuando ésta terminó el curso y se examinó, vinieron a reunirse con su esposo y padre. La mujer del indiano, al saber lo que ocurría en el pueblo de su marido, se le ocurrió traer una medalla que Etaquio se había dejado en Méjico. Un día, su mujer, sin decirle nada, entrega cuatro cadenas con sus respectivas medallas a Loli y le dice «cuando estés con la Virgen le das estas medallas y se las pones, a cada uno la suya». Loli queda extasiado arriba del Bar, yo subo y veo la escena; da a besar las medallas; coge una y se la coloca a la mujer del indiano; y ésta, al ver que, efectivamente es la suya se echó a llorar y vive una emoción muy grande. Loli coge otra, se la pone a la hija del indiano; coge otra y se la da a la mujer del indiano, esta medalla es la de su hijo que no está presente.

Y le queda la otra con la que se dispone a bajar por la escalera de madera, y extasiado y entre mucha gente que se encuentra en el bar, y entre todos, el indiano que está tomando unos vasitos, se dirige a él, y va a colocarle la medalla al cuello; el indiano no se echa para atrás y dice «pero esta chica se habrá equivocado por que yo no le he dado ninguna medalla». Mas la sorpresa fue grande cuando el indiano se mira la medalla y dice: «Por Dios, si esta medalla es la que yo me he dejado en Méjico». Y es que la mujer de éste quiso hacer esta prueba que para cuantos la hemos visto, es una de tantas y tantas maravillas que en Garabandal se han sucedido.

También quiero hacer constar que la mentada escalera la ha bajado varias veces Loli con la cabeza y pies horizontal, lentamente y extasiado. También un día que extasiado salió para el pueblo dando a besar la cruz a los enfermos e impedidos, al salir de uno de ellos, yo estaba a la puerta, y también me quitó las gafas para persignarme la mar de bien. Otro día me dijeron que en víspera de casarse una prima suya con otro del pueblo, avecindados en Cádiz, fue a pasar la cruz por toda la ropa de novios. A esta boda tenía que ir yo, mas por falta de tiempo no pude asistir; pero al siguiente día fui para felicitarles; tuve que pasar por un arroyo de agua hasta la cintura en compañía de otro chico de Cossío, claro está asido a una vara grande.

Otro indiano, sobrino de un tal Joseíto de Cossío, había dado varias medallas a besar por mediación de Loli, y recuerdo que entre tantas, cogió una, y delante de todos, dijo Loli en éxtasis: «Esta medalla está besada por el Papa Pío X o Pío Xl» (no recuerdo bien). El caso es que el indiano confirma que lo que dice Loli es verdad.

Una tarde el Padre Belga llega a Garabandal, y, estando en casa de Conchita, nos dice que en cierta ocasión se equivocó en afirmar ciertas apariciones, y que había pedido a la Virgen le ayudara a comprender y saber la veracidad de otras, y que por este motivo le trajo este día a Garabandal; y dijo que si él viera que es de orden sobrenatural marcharía a Garabandal y con él vendrían otros más. El caso es que Conchita queda extasiado y se dirige al Belga; creo que le desabrochó el cuello de la camisa, le saca una medalla y la da a besar a la Virgen. El Belga, a partir de entonces, desaparece; y a los dos o tres días aparece nuevamente en San Sebastián de Garabandal.

La primera vez que subió a Garabandal Mercedes Salisachs.

No recuerdo el día exacto, pero sí lo que ocurrió. Yo llegué a Garabandal por la tarde y me presenté en el bar de Ceferino el que salió a mi encuentro diciendo: «Ahí está el Brigada que ha presenciado muchas apariciones», y me presentó a Mercedes, diciéndome «esta señora es de Barcelona y quiere que se le explique algo de las apariciones». Tratándose de tal señora, respetuosamente la saludo y ella me preguntó si yo conocía todo lo de las apariciones; le contesté afirmativamente. Ella lo registró en cinta y lo mismo hizo con un pastor de vacas del pueblo, el cual le dijo: «Yo no sé que es lo que me pasa desde que he presenciado alguna aparición; antes blasfemaba mucho y ahora ya no lo hago». También registró otra pregunta que hizo a un Padre; le dijo: «Usted Padre... lo cree» y este padre -sólo lo sabe Mercedes y yo- contesto que sí lo creía. Luego acompañó a Mercedes a casa de Conchita, y después de algunas preguntas de Mercedes a Conchita, ésta, sin tardar muchos minutos, quedó extasiado. Yo tenía interés en que Mercedes, que venía de Barcelona, con muchas ganas de presenciar una aparición, encontrara facilidades; le ayudé a seguirla por la calle, y después de dar algunas vueltas extasiado por el pueblo, al regresar a casa de Conchita y junto a un poste de tendido eléctrico, se paró Conchita con la vista al cielo y a la visión, y yo le oí decir, también lo oyó Mercedes, que decía Conchita: «Ah, que el hijo de Mercedes está en el cielo». Mercedes hubiera caído al suelo como un árbol que cae cuando se le da el último corte, a no ser por nuestra intervención. Esta escena la tengo grabada en el alma, y será imborrable, como otras tantas y tantas vividas cerca de las videntes. Esto creo que podrá decirlo Mercedes, y cuantos se encontraban allí en tales momentos.

También he presenciado cómo Conchita recibía una carta del P. Pío, de Roma (d.e.p.) que le pido que desde el cielo me bendiga, me gobierne, y que yo sea más bueno, y rezarle mucho. Pues se decía antes de quedar extasiado que la indicada carta se la mostrara a la Virgen, para preguntarle si, efectivamente, era del P. Pío; después Conchita dijo que sí, que era del P. Pío.

Otro día mi amigo y compañero Brigada Crecencio (de la Guardia Civil de Santander) sobrino de don Valentín, me dio una medalla para cuando subiera a Garabandal y la entregara a una de las videntes; no recuerdo a quién se la di, aunque pienso que fue a Loli; y una vez ya estaba besada por la Virgen, fui a Santander y la di a su dueño. Y cuando ya había pasado un tiempo, un sobrino de don Valentín y primo del Brigada por parte de su mujer, tuvo que ingresar en la Casa de Salud de Valdecilla, con el vientre inflamado; según me contaron, sólo un milagro podía salvarlo. Al enfermo le pusieron dicha medalla, y empezó a orinar como un veneno. Se había salvado milagrosamente.

Como datos importantes. Hago constar que durante el año 1961 los médicos nombrados por la. Comisión del Obispado, sólo les he visto por Garabandal tres días. Uno fue cuando me dijo el Sr. Rocha de la Nansa que este día no subirían al Cuadro las videntes, porque las iba a hipnotizar o hinoptizar y las pararía en la Calleja, lo que resultó un gran fracaso para el Dr. Morales.

La otra fue el 18 de octubre de 1961, cuando se dio el primer mensaje, que se encontraron custodiados por la fuerza, para que no se les molestara, al parecer por su conducta, el mal acierto de su actuación.
Y la tercera, creo que estuvieron por la noche en Garabandal, cuando todo el vecindario dormía, y trataron de llevarse a las videntes para Santander, sin permiso de los padres y del pueblo.

Guardo en mi poder un verso escrito de puño y letra de Conchita que fue cantando por el pueblo y las cuatro videntes el 25 de marzo de 1962, fiesta de la «La Anunciación del Arcángel y Encarnación del Hijo de Dios».

Hoy día de la Virgen,
día de la Encarnación,
nos te felicitamos,
con todo el corazón.

Virgencita, Virgencita,
cuanto gusto nos has dado,
con tu risa tan bonita,
y tus ojos tan fijaos.

Hombres, mujeres y niñas,
ya sabéis nuestro mensaje,
la Virgen quiere se cumpla,
para bien de los hogares.

Aquí vienen tus hijitas,
acompañándote a ti,
para que les hagas un sitio,
para estar cerca de ti.

Seguir cristianos a la Virgen,
con humildad y fervor,
para que nos guarde un sitio,
en la celestial mansión.

También hago constar que he visto cómo potentes focos han sido colocados ante los ojos de las videntes, sin que estas sufrieran el menor daño. Se las ha pinchado (lo he visto), y si se han dado cuenta es porque la Virgen se lo decía; se les han hecho preguntas mofosas, de mal gusto. Estando yo junto a Mari Cruz, le oí decir todo enfadada, dirigiéndose a la Virgen «Hoy ha venido un Sr. Cura que no hace más que preguntar ¡Y qué preguntón es!»

Dos curas de la parte de Bilbao se mofaban de Conchita, mientras daba a besar el Crucifijo a los peregrinos; a ellos no se lo dio; arrepentidos, se fueron a casa de Jacinta a pedirle que rezara con ellos un rosario en reparación; y después, extasiado Mari Cruz, les dio el Crucifijo a besar; estos sacerdotes quedaron tranquilos y dieron las gracias.

Desde las primeras apariciones, viví en Garabandal todos los sucesos derivados de las mismas, de las apariciones de las cuatro videntes: Conchita, Mari Cruz, Jacinta y Mari Loli. Hoy cuando han transcurrido siete y más años, continúo recordándolo día por día. Este destino de Jefe de Línea de la Guardia Civil me dio la ocasión de lavar un poco mi alma que tanto lo necesitaba.

Son tantas las maravillas y lo religioso con que se desarrollaban las apariciones, que las recuerdo bastante, y por todo ello, hice cursillos de Cristiandad, y soy miembro de la Adoración Nocturna, porque cada día me creo haber hecho poco. No creo que el Diablo me arrebate la paz que hoy tengo y que antes me faltaba; vivo mucho más tranquilo, porque tengo presentes los dos mensajes dados por la Virgen al mundo. Y todos tenemos que pensar en lo que dicen.

Por todo lo narrado quiero manifestar a todos los cristianos de buena fe que lo más importante de todo ello es que tengan muy en cuenta de cumplir el mensaje del 18 de junio de 1965.   
El demonio está desatado, pero estamos en la era de María. Su Corazón Inmaculado triunfará, y nosotros con Ella, si estamos en ese Corazón.
   
Barcelona, 7 de marzo de 1969.  
 
Firma del que fue Brigada Jefe de la Sección de la Guardia Civil en Garabandal.  
Juan Álvarez Seco.


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cerecedaP. José María Alba Cereceda, S.J.

Fundador de la Sociedad Misionera de Cristo Rey, fue también fundador de la Unión Seglar de San Antonio María Claret, de la Asociación de la Inmaculada y San Luis Gonzaga, del Colegio Corazón Inmaculado de María y de la Asociación María Reina y Madre. Cofundador de la Asociación de Sacerdotes y Religiosos de San Antonio María Claret y de la Hermandad Sacerdotal Española de San Juan de Ávila.
Falleció el 11 de enero de 2002 a la edad de 77 años.


El P. José Maria Alba Cereceda escribió un informe sobre algunas consideraciones de los hechos acaecidos en San Sebastián de Garabandal con fecha 22 de agosto de 1962. "Según la valoración de los médicos es impensable una explicación psicológica o anormal, como tampoco algo comercial interesado, propagandístico, fraudulento en lo familiar o en la colectividad del pueblo".

Las reacciones psicológicas de las niñas son completamente normales, no hay nada de ficticio o superpuesto. No hay tampoco ningún indicio, según las reglas de discernimiento de espíritus de los grandes maestros del espíritu, de una posible inducción diabólica. Más bien se percibe un espíritu de humildad y pobreza, de piedad, sencillez austera, un gran sentido de iglesia y de obediencia. En resumen, en opinión del P. Alba "hay fundamento serio y más que suficiente para poder creer en la realidad de las apariciones de la Virgen María a las cuatro niñas de San Sebastián de Garabandal".

Descargar pdfTexto completo del informe del P. José María Alba Cereceda, S.J.

Consideraciones sobre los hechos de S. Sebastián de Garabandal para el Dr. Purcernau, de Barcelona- Agosto 1962

Mi juicio personal de los hechos tal como me lo he formado hasta hoy:

La Santa Madre Iglesia Jerárquica es la única que puede darnos certeza completa de lo que puede significar religiosamente San Sebastián de Garabandal. Ella da aprobaciones permisivas  o negativas como hace con tanta frecuencia o aprobaciones positivas. Sabiamente la iglesia no tiene prisa y espera el paso del  tiempo. Pero nosotros con bien intencionados esfuerzos podemos ayudar y facilitar el camino a la decisión de la Jerarquía. En todo caso  nuestras desviaciones o errores no serán mas que de personas privadas sin más consecuencias. Pero por nuestra parte es necesario también arriesgarse a juzgar y a formar de manera razonada nuestro juicio y a exponer nuestros personales puntos de vista; muchas veces lo pedirá la misma caridad.

La valoración de los datos de los médicos – el Dr. Ortiz de Santander especialista de niños estuvo durante 22 días consecutivos estudiando a las niñas- su  informe a D. Valentín etc... me persuade que toda explicación psicológica o anormal es impensable.

Queda descartado todo lo que pueda ser de tipo comercial interesado, propagandístico, fraudulento en lo familiar o en la colectividad del pueblo. Esto parecerá evidente a los que han vivido algunos días allí.

La vida religiosa de las niñas y sus reacciones psicológicas y religiosas encaja dentro de lo adecuado para cada una de ellas. Nada ficticio o superpuesto.

Los fenómenos religiosos de las niñas son todos ellos conocidos y dentro de las naturales variedades de cada caso, se han dado muchas veces en la historia de la Iglesia, en las vidas de los santos y en bastantes de ellos ya de niños. Los autores de espiritualidad hacen referencia a tales fenómenos como una concomitancia de la contemplación. En este punto no se hallará nada sorprendente, no digo a un místico, sino a cualquier sacerdote  que haya procurado tener un mínimo de conocimiento en esta materia espiritualidad.

Tampoco presenta dificulta el que se trate de cuatro niñas sencillas de un pueblo perdido entre montes. Más bien hay razones positivas de que Dios se comunique en esos casos.

Las reglas para el discernimiento de espíritus que nos proponen los grandes maestros de las almas no nos dan ningún indicio, en el caso de San Sebastián de Garabandal, de posible inducción diabólica. No se advierte ningún atisbo de espíritu mundano, vano honor, codicia de bienes, soberbia.

Por el contrario se percibe como una especial providencia de Dios. Espíritu de humildad y pobreza, piedad y sencillez austera: un notable sentido de iglesia y de obediencia

Varones religiosos sabios, prudentes y  virtuosos que han acudido a San Sebastián de Garabandal, se inclinan por una interpretación sobrenatural. Entre ellos están algunos grandes teólogos de los más destacados que tenemos hoy en España cuyos nombres tengo presentes.

Tiene gran valor también el sentir común del pueblo en su conjunto. Sus reacciones de honda sabiduría cristiana, su persuasión cada vez más iluminada y contrastada a lo largo de tantos meses. Y a su vez, el sentir de cientos y miles de cristianos, sacerdotes y seglares de todas las provincias de España y de todas las clases sociales. Esa actitud a la luz de la teología es una confirmación nada desdeñable. Todo se produce en un cuadro de connaturalidad con lo sobrenatural, sin estridencias con espontaneidad humana.

Mis conversaciones con las niñas, sus respuestas y de cuanto directamente he podido enterarme sobre las características  de su contemplación, aclaraciones al mensaje, antecedentes  al trance espiritual – “llamadas” . o locuciones  interiores, resistencia a  la gracia... y reminiscencias tras el – conocimientos de tipo infuso, hábitos espirituales...- me llevan a conclusiones positivas sobre la realidad sobrenatural de los hechos.

Finalmente el mensaje dado por la Virgen María a las niñas el 18 de octubre  tiene una estructura muy sencilla y simple. Sacrificios, penitencia, visitas a Jesús Sacramentado. Todo ello informado de una autentica vida cristiana – ser buenos, caridad- Se anuncia condicionadamente un gran castigo para todo el mundo, si no  volvemos a Dios y a una vida santa. Instintivamente viene a la memoria los mensajes de la virgen de Lourdes y Fátima. Puede seguirse en una misma línea.

Por otro lado hay una concordancia perfecta de fondo con lo que viene enseñando reiteradamente el Magisterio público de la Iglesia, desde hace ya más de un siglo. Nuestros tiempos son excepcionales en la historia misma Iglesia como ha vuelto a repetir el Papa Juan XXIII como un eco de Pío XII. Su contenido espiritual que a muchos podrá parecer genérico encuadrar perfectamente con toda la tradición religiosa de la Iglesia, que se remonta hasta la predicación de los profetas de Israel.

La urgencia en nuestro tiempo de laicismo y de perdida de la conciencia del pecado, de una rectificación hacia una autentica vida cristiana es mayor que nunca. Es una verdad de experiencia.

El mensaje puede ser por lo tanto, para todo el que lo recibe y abrace con sencillo  corazón principio de reforma de vida o de un decidido paso adelante en el camino del fervor y de la santidad cristiana.

En resumen pues: Creo que hay fundamento serio y más que suficiente para poder creer en la realidad de las apariciones de la Virgen María a las cuatro niñas de San Sebastián de Garabandal.
De todo el conjunto de datos negativos y positivos podemos extraer una certeza moral, humana suficiente.
Los criterios de discernimiento tanto subjetivos como objetivos- nos fijamos sobre todo en los “signos” – abonan la misma certeza
Creer pues en tales apariciones y obrar conforme a ellas y al mensaje del 18 de octubre del 61 es razonable y a nadie le puede parecer tal como están hoy las cosas como algo imprudente.

Algunos puntos de vista que pueden aclarar
Los hechos sobrenaturales que apreciamos en las niñas no encajan exactamente en el esquema por así decir ordinario de la evolución mística.
Lo  cual no es de extrañar pues son muy diferentes las circunstancias y se trata de unas sencillas  niñas de aldea sin cultivo alguno. Estos hechos conocidos en la vida mística, no han tenido pues, a lo que parece, una ordinaria fase ascética. La gracia ha irrumpido sin más en sus almas. Una gracia mística “gratis dada”. Lo que parece probable es que la evolución mística comience desde ahora.
Lo repentino del comenzar, la iluminación del rostro, la normalidad funcional, la suavidad del termino.. más que de éxtasis, como se dice comúnmente tiene  las características del rapto. Los demás fenómenos son concomitancias del rapto y explicables por el.
Las apariciones son todas ellas de carácter imaginativo, por vía imaginativa. En el rapto se da una perfecta ligadura de sentidos.
Lo verdaderamente notable es la extraordinaria frecuencia de las apariciones y la maternal dignación de la Virgen  con las sencillas peticiones y hasta gustos personales de las niñas y de los presentes. Tiene cada caso particular para las personas a que se refiera un gran valor del “signo” personal.
Se adquiere la impresión subjetiva de que se está recorriendo un camino apenas iniciado a una mayor plenitud. El tiempo y la fidelidad a la gracia de las niñas puedan tal vez aclarárnoslo.
En muchos de estos puntos de vista coincidí perfectamente con el sacerdote D. Luis López Esténaga, gran conocedor de los hechos de S. S. de Garabandal y que es en la actualidad Director espiritual del seminario de la diócesis de Guipúzcoa. De el recibí también provechosas enseñanzas.

Unas consideraciones finales
Todos los que van a S. S de  Garabandal vuelven con más fervor, con más fe, con mayores deseos de servir a Dios y a la Virgen.  Y con deseos de volver al lugar donde se ha recibido dones interiores.
Hay bastantes casos de conversiones. Algunos de ellos son conocidos en todo el pueblo y de muchas personas al hacerse públicos.
No hay casi persona que no haya recibido durante su estancia allí o a su regreso, una respuesta interior de la Virgen a sus suplicas o una muestra especial de predilección.
Las pocas excepciones nada significan.
Supuesto que lo directo o importante es el mensaje que nos llega de la Virgen, no hemos  de esperar nada más si no empezar a ponerlo por obra. Los sacerdotes en esto debemos dirigir al pueblo cristiano para que no se detenga en los exterior de las cosas, sino que dirija su vida a una mayor austeridad, a la reparación, la adoración eucarística y en una palabra a un mayor espíritu cristiano.
Que la misma ida al pueblo de las apariciones se haga con ese espíritu, y que toda la estancia allí esté en concordancia con la peregrinación. Que el pueblo santanderino se convierta así en una irradiación de espíritu eucarístico y de vida de penitencia. Y esto infundirlo también en nuestra vida diaria y en nuestro ambiente propio.

Insistir en el hecho de que el anunciado castigo es condicionada a lo primero. A una auténtica reforma de vida. No se ha de presentar como algo inevitable  que deforme el sentido del mensaje. Las ciudades del Mar Muerto se hubieran salvado si  Abraham hubiera encontrado 10 justos. Lo que quiere la Virgen es nuestra santidad.
Es un hecho que las niñas carecen de dirección espiritual, Dios en su providencia puede suplir con gracias especiales las necesidades de ella para la perfección y para no errar  en el difícil por el que parecen están llamadas las niñas. Muchos aspectos de la vida espiritual y de la perfección aun no los han podido  descubrir, ni quizás los sospechan. Hemos de ayudarles nosotros mucho e insistentemente con nuestras oraciones, para que sean fieles a la gracia que ha comenzado a labrar en sus almas la imagen de Cristo. Para que si Dios, en previsión de su fidelidad futura les ha concedido las gracias de hoy, pues nuestras oraciones consigamos su fidelidad humilde y su entrega a la voluntad de  Dios durante toda la vida para que tenga culminación en sus almas lo que Dios en ellas ha comenzado.


Dos nombres  he omitido por obvias razones: el de D. Valentín cura párroco de Cossio y también de S. S. de Garabandal. Su posición es muy prudente ajustada en todo y sumamente oportuna  en las difíciles circunstancias  en que está.
También el P. Luis Andreu, jesuita, que murió el 9 de agosto del 61. En los hechos  de Garabandal sigue hoy jugando un papel importante desde el cielo. A el hacen alusión con frecuencia las niñas. El capitulo del P. Andreu en esta cuestión es un nuevo dato confirmativo.

- A falta de comisión oficial que trabaje sistemáticamente sobre los hechos y lo estudie directamente me parece muy conveniente la idea que tiene alguno, de ir reuniendo todos los estudios que se hacen asiladamente sobre S. S de Garabandal,.. Y que tengan mutuo conocimiento  del trabajo que se hace también por otros grupos de personas.
Sería de lamentar que por una falta de coordinación o información precisa, surgieran varianes o personales interpretaciones de los hechos sin una visión objetiva y segura. O por no recogerlos y vincularlos a sus mismas fuentes, se diera lugar a glosas, ampliaciones o leyendas piadosas que con la mejor voluntad, dañarían los mismos hechos que se quieren ensalzar. Mensajes recientes han sufrido bastantes ataques por este motivo. Y aunque es verdad que Dios puede obtener  sus fines sin nada de esto, por nuestra parte  nosotros debemos de obrar como si todo estuviera depositado  en nuestras manos, para confiar luego en las de Dios.
    Por otro lado un trabajo así orientado, facilitaría extraordinariamente  la labor de la Comisión que deba informar.

Barcelona 22 agosto 1962


 

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turnerP. François Turner, O.P.

Después de haberse enterado por primera vez de los sucesos de Garabandal en 1966, el padre François Turner, O.P. de Blois, Francia, ha sido un estudioso de estas apariciones. Trabajando a la par con el Profesor Jacques Serre profesor en la Universidad de la Sorbona en París, ha hecho el estudio más completo sobre los eventos que ninguna otra persona fuera de España. Ha escrito numerosos artículos y bajo el sobrenombre literario de Robert François, ha dado autoría al libro, “Oh hijos escúchenme”, el cual ha sido impreso en Francés, Inglés y Alemán. Concluyó, junto con el profesor Jacques Serre, que Garabandal es una Obra portentosa de Dios, una innegable manifestación de su Omnipotencia. Adicionalmente ha elaborado una obra educativa de 24 criterios en defensa de la autenticidad de Garabandal.


El P. Turner nació en París de padres americanos residentes en Francia. Se bautizó y creció en la Iglesia Episcopaliana. A los catorce años perdió la fe y así estuvo cuatro años más hasta que un amigo católico y su familia invitaron a la familia de Robert a un sermón donde un Sacerdote católico explicaba los fundamentos de la doctrina católica en toda su extensión. Un sentido sermón que hizo decir a Robert Turner: “Si hay una Religión verdadera, ésta es la religión Católica”. Todas sus falsas impresiones y dudas que había tenido acerca de la Iglesia católica se desvanecieron

En 1966, mientras pasaba unos días en el Seminario de Tarragona, tuvo conocimiento por primera vez de los sucesos de Garabandal.  El P. Turner no creyó inmediatamente en las Apariciones Garabandal.

Tras un encuentro con el P. Materne Laffineur, pionero en la difusión de las Apariciones y Mensajes de Garabandal en Francia, leyó su libro "La Estrella en la montaña". Aún todo esto no le bastó. Tan portentosos sucesos requerían un mayor estudio. Cuanto más lo estudiaba más lo creía. Ante las dudas que se planteaban a algunos pensó en un rigurosísimo estudio que empezó con unos pocos criterios y se extendió hasta veinticuatro criterios inequívocos de la verdad de las Apariciones de Garabandal. Durante este tiempo pasó varias semanas en la Biblioteca de Poitiers estudiando a los "maestros del espíritu", aplicando todos los criterios a los hechos de Garabandal.  La conclusión fue que los hechos de Garabandal eran auténticos y de Origen Divino.

Colaboró con el P. Combe en la organización del primer Congreso Internacional sobre las Apariciones de Garabandal que tuvo lugar en Lourdes en 1978. Asistieron más de 200 delegados de 26 países de los cinco continentes.

 


Descargar pdfENTREVISTA AL P. FRANÇOIS TURNER, O.P.

Sus padres son Americanos. ¿Cómo vino a vivir a Francia?
P. Turner: Nací en Francia. Mi padre era un médico americano en París pero solo para pacientes americanos. El era un ciudadano estadounidense y mi abuelo vino de Boston. Mis padres, ambos, estaban en la Iglesia Episcopal de París en la Avenida Jorge V.

¿Cómo llegó a ser un sacerdote católico?
P.T: Fui criado en la Iglesia Episcopal por un tiempo y luego en una Iglesia Protestante en París. Luego, más tarde perdí mi Fe. Eso fue a la edad de 14 años.

Ud. También asistió a Harvard, ¿es eso correcto?
P.T.: Eso fue después de mi bachillerato en Francia. Fui a los Estados Unidos pensando en quedarme en América. Tenía las dos ciudadanías. Pero luego de dos años de estudio en Harvard, fui llamado al servicio militar en Francia y fui. Allí entonces, sin saberlo, perdí mi ciudadanía estadounidense. Serví en la milicia por dos años y luego otros seis meses. Después de eso la guerra (II guerra mundial) se desató. Estuve de militar durante la guerra.

¿Cuándo entró al sacerdocio?
P.T.: Después de estudiar el Latín, lengua que no conocía, entré al seminario diocesano de París y me quedé allí un año. Luego, me uní a los Dominicos y pasé un año en el monasterio Dominicano de París. Fui ordenado en 1947.

¿ Cómo se enteró sobre Garabandal?
P.T.: En 1966, una mujer española me solicitó que acompañara, como director espiritual, a un grupo de jóvenes de Tarragona, España. Acepté, fui ahí y pasé una noche en un seminario. En el comedor de la casa del profesor en el seminario, vi un folleto en español, sobre estas supuestas apariciones. No le presté mucha atención porque estaba bastante mal impreso. Sin embargo, pensé que podía ser algo serio, aunque no necesariamente. Luego de vuelta en Francia, en octubre de ese mismo año, un sacerdote de Blois me preguntó si yo había escuchado sobre las mismas. Respondí, sí, pero muy poco. Me pidió que tratara de conseguir más documentación ya que el estaba interesado. Y así, me puse en contacto con el padre Laffineur.

(El padre Materne Laffineur, un sacerdote belga que vivia en Francia, fue el pionero en la difusión de los Mensajes de Garabandal en este país).

¿Le proveyó el padre Laffineur de alguna documentación?
P.T.: Oh sí. Su libro, Estrella en la Montaña, que ya se imprimió. Lo obtuve, lo leí, y me interesé al respecto. Pero a esa instancia estaba solo interesado. No había resuelto nada porque sentí que debía ser primeramente estudiado. No creí que su libro fuera materia de estudio, sino que se trataba de un texto que relataba un cierto número de hechos pero sin ninguna investigación en profundidad. Sentí como que sería algo bastante bueno mantenerme en contacto con el padre Laffineur, en parte porque, después de todo, parecía ser algo serio, genuino, pero por supuesto no estaba seguro. De hecho, solamente llegué a considerar a Garabandal como genuino alrededor de 1978.

En ese entonces, había comenzado a elaborar mis criterios. [Veinticuatro criterios en defensa de la autenticidad de Garabandal]. Me llevó ocho años. Antes de escribir veinticuatro criterios, comencé con siete y luego quince. Estos criterios fueron tomados de una  parte, de los hechos de los eventos de Garabandal, y de otra, de estudios que hice en una biblioteca en Poitiers donde empleé varias semanas. Estudié a los buenos autores, a los antiguos autores, en tales temas como apariciones, revelaciones y experiencias místicas en general, y luego apliqué estos principios al caso de Garabandal. Llegué a la firme opinión de que era genuino.

Los aspectos negativos de Garabandal tales como el veredicto de la primera comisión y las dudas y negaciones de las videntes ¿representan un tropiezo o escollo en su estudio sobre los eventos?
P.T.: No, no en absoluto. De hecho, una cosa que me llamó la atención fue la debilidad de las objeciones hechas acerca de la autenticidad de Garabandal, indistintamente vinieran ellas de la primera comisión o de otra gente, usted sabe, ya que toda clase de gente ha presentado objeciones. Y recuerdo que un día Jacques Serre me contó, “No hay aspectos negativos sobre Garabandal.” Y pensé, bien, después de todo, tiene razón. Porque los aspectos negativos que fueron propuestos eran inconsistentes, especialmente aquellos presentados por la primera comisión.

Aquellos que presentan las dudas de las videntes como aspectos negativos, simplemente no parecen conocer que en los casos de Santa Teresa de Avila , Bernadette de Lourdes y los videntes de Pontmain, dudas del mismo tipo son bastante numerosas y son casi siempre la regla. Lo que me sorprendió en demasía fue que el trabajo de la primera comisión simplemente no estaba terminado. Don Valentín (que fue párroco de Garabandal) me comentó que alguien le había preguntado si la labor de la comisión estaba terminada. El respondió, “No está terminada, no ha comenzado.”

Alrededor de 1970, el entonces obispo de Santander, Monseñor José Cirarda, a través del Secretario de Estado Vaticano, se las arregló para hacer circular una carta a todos los obispos de la Iglesia, la cual sin condenar a Garabandal, hablaba sin embargo en términos absolutos de que el movimiento no debería ser difundido. Por lo menos en algunos lugares, esa actitud todavía persiste hasta hoy. ¿Cuál es la posición oficial de la Iglesia sobre Garabandal ahora?
P.T.: Para comenzar, el obispo Cirarda no es la autoridad  sobre las apariciones de Garabandal o los mensajes. En un tiempo lo fue, pero ahora ya no. Actualmente se encuentra un obispo cuyo nombre es Vilaplana quien sucedió al obispo del Val, y él es la autoridad.  Y el obispo Vilaplana no actúa de una manera o de otra. El considera el caso de Garabandal como una asignatura abierta.
Recientemente, recibió a mi amigo, Ramón Perez (autor de Garabandal – El Pueblo habla) y le dijo que se mostraba  abierto al tema de Garabandal  y que actuaría de acuerdo a lo que la Santa Sede le señale, sea lo que sea. Hay un dossier en Roma sobre Garabandal que fue hecho por una comisión cuádruple establecida por el obispo del Val, su trabajo duró desde 1985 hasta septiembre de 1991. Este conjunto de documentos en Roma está siendo estudiado. De esto prácticamente tengo certeza. No puedo decirle exactamente por qué estoy tan seguro ya que debo ser discreto.

¿No es más bien un tanto inusual que la Santa Sede estudie apariciones, como si se opusiera a que las mismas sean investigadas a nivel diocesano?
P.T.: Sí, no me parece muy común. Pero la Santa Sede está solamente verificando lo que se hizo en Santander. Quieren proceder en un nivel más elevado, como una corte de apelaciones, entiende?. ¿Por qué? Bien, aparentemente porque la difusión de estos mensajes ha alcanzado el mundo entero. No es un asunto local como Pontmain. Pontmain nunca pasó a ser más que un affair local, y podría dar otros ejemplos de apariciones que tuvieron lugar en Francia. Y fueron todos locales excepto en el caso de Lourdes.
Lourdes realmente llegó a ser internacional. Está siendo más internacional este año, 1992, de lo que nunca ha sido. Así, en tales circunstancias, cuando se torna ciertamente internacional, la Santa Sede siente que debería intervenir como una corte de apelaciones.  Todo esto se hace en completa discreción.

¿ Sabe algo Ud. sobre esta investigación más reciente? ¿sabe Ud. quienes son los investigadores?
P.T.: Lo único que sé es que estaba compuesta primero por un grupo de cuatro jóvenes sociólogos, dos mujeres y dos hombres y un quinto que se sumó más tarde. Los cuatro primeros eran gente laica, y el quinto era, creo, un sociólogo Dominico. La segunda parte de la investigación fue el aspecto psicológico. No sé quienes fueron los investigadores en esta etapa, ni cuántos. Y luego quedaba el lado teológico y el espiritual, tampoco sé quienes ni entre cuantos lo hicieron. El (el obispo del Val) mantuvo eso en secreto.

Ud. hace unos pocos años que conoce  al Obispo del Val. ¿Cuándo lo conoció por primera vez?
P.T.: Fue en 1976 y desde entonces me he encontrado con él prácticamente cada año, tanto en su oficina como en Lourdes, o en ambos lugares.

¿Qué percibió Ud. sobre la actitud de él hacia Garabandal al comienzo cuando recién lo conoció?
P.T.: Bien, para comenzar, el era extremadamente gentil, extremadamente discreto y estaba extremadamente al tanto de lo importante que era todo lo acontecido. La forma en que se comportaba era sumamente cortés; me hizo sentar en un sillón acolchonado, y cosas así. Estaba contento de que pudiéramos hablar en Español aunque él hablaba francés fluidamente. Poco a poco noté que parecía estar sumamente interesado. Era un buen pastor. Muy inteligente. Esto, por supuesto, no responde enteramente tu pregunta, pero es difícil responder semejante cosa.

Pero a lo largo de los años, ¿vio Ud. algún cambio en su actitud hacia Garabandal en algún punto?
P.T.: Bien, parecía estar más cordial. Me trataba cada vez con mayor amistad, abrazándome en frente de la gruta de Lourdes, por nombrar un caso. Pero si él hubiese estado cambiando su punto de vista hacia Garabandal, evitaría en todo sentido demostrarlo. Y si yo tuviera algo que decir al respecto, sin duda lo haría.

Personalmente ¿ piensa Ud. que él creía en Garabandal?
P.T.:  Lo que creo es que con su prudencia, prudencia normal desde luego, tenía que conducirse de la manera apropiada.

¿Permite la Iglesia a la gente promover el mensaje de Garabandal en la situación actual?
P.T.: Desde el anterior obispo de Santander, el obispo del Val (por los últimos 20 años) nunca ha actuado contra la promoción de Garabandal y ya que el actual obispo de Santander se muestra tan abierto, no creo que los promotores de Garabandal necesiten permiso alguno. Si en una diócesis, el obispo prohibiera difundir los mensajes, creo que se debería tomar en cuenta su punto de vista particular, para mantener la paz en la Iglesia. Pero si uno considera que la paz en la iglesia no está en juego, y que uno puede dar una conferencia privada o mostrar diapositivas en un salón privado o auditorio, bien, creo que podría hacerse, ¿por qué no? si no se está alterando la paz eclesial.
El padre Combe (el principal promotor en Francia), como tu sabes, era bastante firme en ese aspecto. Mientras el obispo no presente una prueba de que el hecho haya sido “condenado”, se puede perfectamente seguir adelante. Eso es lo que él hace, es su manera. Otra persona tendrá otra forma de proceder. En un país, la mayoría de la gente tendrá una manera de actuar mientras en otro, tendrán una distinta.

¿Qué hay acerca de la carta de 1970 del Cardenal Seper, la cual parecía una declaración en contra, muy elaborada? Para la gente que no está muy bien informada sobre Garabandal, especialmente en lo concerniente a los acontecimientos más recientes, y juzgan el caso de acuerdo únicamente a lo asentado en documentos antiguos de la iglesia, la carta del Cardenal Seper puede parecer una advertencia contra Garabandal. ¿Es esa carta un documento oficial?
P.T.: Lo dudo. Dudo que sea un documento importante. ¿Por qué? Para comenzar, el Cardenal Seper falleció años atrás. Segundo, su pronunciamiento no estaba basado en alguna investigación suya, personal, sino simplemente en el “dice que” de otro obispo. Y luego, hoy día, la situación es completamente diferente. Hay otro Cardenal ocupando su lugar. Y además en la Santa Sede la investigación continúa. Los documentos han sido enviados a la Santa Sede para lo que yo llamo el estadio final de las investigaciones. Después de estas investigaciones, no restará nada más que el actuar de la Santa Sede, como también el actuar del Obispo. Eso será todo.

¿Ha hecho el Cardenal Ratzinger alguna declaración referente a Garabandal?
P.T.: No puedo responder esa pregunta. Hay cosas que sí puedo responder pero esa no. Creo que no sería apropiado para  mi. Lo que puedo decir es esto: el acontecimiento de Garabandal es importante a sus ojos. El Sr. Hivbier ha visto mi libro [Oh Hijos, escúchenme] sobre el escritorio del Cardenal Ratzinger, así que ciertamente Ratzinger debió haberlo buscado. No le habría tomado más que unos pocos minutos echar un vistazo a la tabla de contenidos para tener una idea de lo que se trataba.

Gente con su tipo de mentalidad y su diáfana inteligencia entenderá muy rápido, en pocos minutos, si es digno de considerarlo o no. En algunos casos, apariciones falsas pueden ser reconocidas como tales por cualquier teólogo en dos minutos. En otros casos toma bastante tiempo.

Como dije en Columbus, Ohio, hay solo tres maneras todas juntas de encontrar la verdad. Primero porque es obvio. Segundo, a través de una demostración, un profesor de física o matemáticas hará una demostración. O tercero, porque uno es una autoridad en la materia, y la ha estudiado en extenso y la conoce muy bien. Ese es mi caso. No puedo evitar decirlo de esta manera.

Y no hay una cuarta manera de conocer la verdad, ni a través de los sentimientos, pensamientos ni nada por el estilo. Lo que simplemente agregaría es que en el caso de las apariciones y cosas similares, la gracia ayudará, porque hay un aspecto espiritual en esto. Si uno está en estado de gracia, si uno es espiritual consigo mismo, bien, Dios le ayudará a elucidar la falsedad o autenticidad de una aparición.


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