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¿Qué es?

¿Qué más necesito ya para creer?

anillo

Entre las anécdotas, recogemos el siguiente relato de Maximina González. Se trata del anillo del esposo de María Luisa Salazar, de Bilbao.

Un día especial

anunciacion

Como bien supuso Simón, el padre de Jacinta, el día de la solemnidad de la Encarnación no podía faltar algo especial en las apariciones en Garabandal. Él mismo cuenta lo que sucedió el 24 de marzo de 1962.

La cruz del P. Ramón Mª Andréu - Objetos encontrados

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El P. Ramón M. Andréu anotó este hecho extraordinario del que él mismo fue testigo.

Solo puede venir del cielo

Recuerdos de Pilar Asenjo

La madre y otros familiares de Pilar Asenjo fueron testigos de las apariciones de Garabandal. Pilar nos cuenta sus recuerdos a través del Facebook de la película «Garabandal, solo Dios lo sabe». Su hermana Uca lo corrobora.

Este artículo fue publicado originalmente en www.peliculagarabandal.com

Algo de su Hijo

polvera

(Nota: La foto no es la polvera mencionada en la historia.)

Un día apareció, entre los numerosos objetos que la gente llevaba para que la Virgen los besara durante la aparición, una polvera. La gente, e incluso las mismas niñas, se extrañaron al ver que alguien había puesto allí un objeto profano para presentarlo a la Virgen. ¿Cómo iba a besar tal objeto?

La medalla de Josefa

medalla josefa

Esta anécdota la cuenta David Toribio, uno de aquellos mozos que, en época de las apariciones de San Sebastián de Garabandal, custodiaban a las niñas de la curiosidad de los visitantes y las protegían frente a las aglomeraciones que se formaban.

Solo entonces se dio cuenta de que le faltaba la medalla de la amiga. Toda afligida exclamó: «¡Ay, Dios mío! ¡Qué gorda! Se perdió la cadena de Josefa».

 

El Teniente Coronel que era sacerdote

teniente

Don Gonzalo de Federico, médico militar, nos refiere la conversación que mantuvo con D. Isidoro Fernández Rodríguez, Teniente Coronel y Capellán Mayor Castrense, en la base aérea de Getafe (España), en la primavera de 1970. Don Isidoro explicó a don Gonzalo cómo las niñas de Garabandal consiguieron descubrir su condición de sacerdote, a pesar de haber llegado al éxtasis cuando este ya había comenzado y vestido con su uniforme de la Aviación española.

 

“Ellos dicen una cosa y nosotros vemos otra”

ellos dicen

Los “mozos” hablaban entre ellos sin acabar de comprender los porqués de la tormenta desatada alrededor de lo que estaba pasando en su pueblo. David recuerda que entre ellos decían: “Pero, ¿cómo es posible que digan esto los periódicos? Y, además, la gente que dice que sabe, ¿qué entiende?”. Hasta que un día, uno de los mozos preguntó: “¿Qué será más importante? ¿Lo que vemos nosotros con nuestros ojos o lo que dice o escribe esta gente?”.

 

El único testigo

testigo

El 18 de junio de 1961, en la pequeña aldea de San Sebastián de Garabandal, cuatro niñas —Conchita, Mari Loli, Mari Cruz y Jacinta— recibieron sorpresivamente la visita de un ángel. Era el comienzo de unos acontecimientos que cambiaron radicalmente su vida y marcaron la de otros muchos miles de personas.

 

La doble prueba de Sarín

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David Toribio era uno de los mozos que custodiaban a las niñas en el famoso “cuadro” de la Calleja e impedían que la avalancha de gente las arrollase. Fue testigo de éxtasis inolvidables, que relata con toda precisión gracias a su prodigiosa memoria.

Un día, hace no mucho, David se encontró con Sarín, una vecina de Cosío. Cosío es el pueblo más cercano a Garabandal, abajo en el valle. Cosío era también lugar de paso obligado para todos los peregrinos. Allí moría la carretera y de allí arrancaba el sendero que conducía -por la falda del “Jormazu”- hasta San Sebastián de Garabandal.

Apenas se intercambiaron algunos saludos, Sarín le preguntó: “¡Ay, Davizuco, ¿te acuerdas de lo que pasó en el pueblo en el año 61?”. David respondió: “Claro que me acuerdo”.

«Este ya está besado»

medalla escapulario

Francisco García Bañuelos es nieto de don Vitoriano, que fue, tiempo antes de las apariciones, el maestro de la escuela de San Sebastián de Garabandal. En el año 1961, Francisco vivía en Santander y tenía diecisiete años.

Las primeras noticias de lo que estaba pasando en el pueblo de sus padres las recibió estando en el Hospital de Valdecilla, donde pasó todo el verano ingresado a consecuencia de un accidente.

 

El magnetofón

magnetofon

Esta anécdota está sacada del informe del P. José María Andreu, S.J., testigo ocular de las apariciones.

Hay una escena, sucedida en los primeros días del mes de agosto, que se refiere a un magnetofón. Un señor llevó un aparato magnetofónico de pilas y grabó lo que las niñas dijeron en un trance en el pinar. La referencia de este suceso la tengo por D. José Salceda de Aguilar de Campoo, testigo de lo que aquí cuento.

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