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Informes

don valentinDon Valentín Marichalar

Párroco de Cosío y S. Sebastián

Recopilación de "DATOS" y "DIARIO" sobre las apariciones de San Sebastián de Garabandal

Comprende del 18 de Junio de 1961 al 17 de Diciembre de 1962
Gijón, 30 de Octubre de 1971
 
(A mano: Del R. Octavio, Capellán de Gijón de los Hermanos de Sn. Juan de Dios )

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CUADERNO PRIMERO

Día 18 de Junio del 61:

(Lo que sigue está escrito por Conchita)
 
"Después del rosario a las 9 íbamos a coger manzanas a “pelar” “y estuvimos sentadas en el camino y después se quitaron las ganas de  cogerlas y estuvimos jugando a las canicas y después decíamos que a la  “mano derecha estaba el Angelín y a la izquierda el Demonín y después le tiramos con piedras al Demonín y al Angelín le decíamos que se estuviera con nosotras y después se nos apareció, y yo que levanté la cabeza y dí un gritu y después las otras que me vieron a mí en éxtasis miraron para  arriba y dijeron que ¡hay el Angel! Y después bajamos al pueblo y nos fuimos a la Iglesia y tropezamos a una niña y nos dijo que de donde veníamos que muy asustadas estábamos muy pálidas y cuando entremos en la Iglesia fueron unas y se lo dijeron a nuestra señorita y la señorita nos dijo que fuéramos allá tres días y después hasta el viernes no le volvimos a ver y no vimos nada más que un cuadro. el Angel era como un niño pequeño y el vestido azul y las alas color rosa el pelo acastañado y la cara muy sonriente y el color garbanzo y la raya al medio y el lunes nos preguntó Don Valentín que qué había pasado y nos preguntó por separado y le dijimos todo lo que habíamos visto, el lunes no hemos visto nada fuimos toda la semana allí el 26 lunes vimos al Angelín el 27 subió Don Valentín y nos preguntó que qué había pasado y le dijimos que le habíamos visto como el día 18 le vimos. El 28, 29, 30, 1 de Julio y 2 domingo nos dijo el secreto que no se lo podemos decir, ni a Lucía ni al Papa ni al Obispo ni a los sacerdotes. No volvimos a verle hasta el sábado dia 8 de Julio que nos besó en las mejillas y en la frente y nos dijo que hasta mañana y el domingo dia 9 le volvimos a ver y nos dijo que a ver como teníamos los dientes y él nos los enseñó a nosotras y nos besó según estábamos en fila.”
 
LO FIRMAN:
Conchita González González.
Jacintuca González González.
Mari Cruz González Madrazo.
Loli Mazón González.

(Sigue relatando Don Valentín) :
Dice la Virgen que no puede ir nadie allí. Anoche os dijo (les) que fuerais (fueran) en ayunas cuando estaban en éxtasis a comulgar de los ángeles, fueron Conchita, Mari Cruz, a las 8 a comulgar las dos y dicen que hizo igual que yo cuando doy la comunión.

 “Las otras dos Loli y Jacinta, fueron como a las 12 y comulgaron en la Campuca más arriba de otras veces y después el Angel les señaló donde estaba la Virgen y las llamó con la mano.

La Virgen tenía 18 años y el Angel 9 años.

(Corpus Cristi Domini Nostri)

“Maria Cruz, San Miguel Arcángel, gran batallador (y la Virgen llevaba el compás). Era la Virgen del Rosario, mayor que Conchita traía el rosario entre las manos, con corona. Dicen que iban como si fuesen en el aire.”
 
JULIO de 1961.

Según las niñas se les apareció los días 8, 9, 10, 11, 12 y siempre que han dicho el día con tiempo siempre se ha cumplido. El martes 11 vinieron el Doctor Morales y el Doctor Piñal. No sé la opinión científica de los doctores, lo que sí sé es que el Doctor Morales dijo que el martes no sucedería nada, pues si las niñas estaban sugestionadas él las desugestionaría; cuándo subían las niñas él estaba en el camino, pasaron las niñas sin hacerle caso y estuvieron en el mismo estado unos 7 minutos. Al otro día se dijeron: “no decía el carmelita que hoy no veríamos más al Angel? (el Doctor Morales les había dicho que él era carmelita).
 
Día 9.

 Cuando llegué a San Sebastián acompañado de Don Gilberto y Don Liborio y un estudiante de Comilla, nos encontramos con las niñas acompañadas de otras cerca del pueblo, ví a las niñas muy contentas; había mucha gente; los sacerdotes les hicieron muchas preguntas, y el pueblo, a las 8 y media llegaron las niñas al sitio de costumbre y después de hacer la señal de la Cruz las ví en el estado de siempre, pero esta vez muy contentas, las ví sonreír a todas, decir con la mano adiós varias veces, se les veía mover los labios como si estuvieran hablando y para besar, duró 10 minutos, después las llevamos a la Iglesia, yo les pregunté una por una, me dijeron que el Angel les decía: “a ver qué dientes más guapos tenéis? y que él también les enseñaba los suyos. Después mandé a los sacerdotes y a los padres que pasasen a la sacristía y coincidían en lo mismo con ellos. Supongo que habría cerca de 1000 personas, me dijeron les había besado en la frente, en las mejillas y ellas le habían besado a El.
 
Día 10.

En la Iglesia a las 4 me dijeron que tenían que decir el secreto ellas en la Iglesia, después que las llamé.
Los días 11, 12 y 13 dijeron que comulgaron
 
 (Se intercalaron unas hojas del 14,15,16 y 17 de Julio del 61)
 
Día 14.

Estaban los tres sacerdotes en la casa de Conchita Don Pedro, el Cura de Guarnizo y yo entreteniéndolas con idea de que no se pusieran de acuerdo, pero, cuando llegó la hora de las 9 se nos escaparon y los sacerdotes salieron corriendo detrás llegando al sitio de costumbre y quedando como siempre. Les pregunté si habían comulgado, y me dijeron que sí las cuatro. Les pregunté si habían hablado con el Angel me dijeron que sí; era secreto, me dijeron que no, pero que dijo el Angel que no lo dijeran. Les pregunté si volvería y me dijeron que sí. Sacerdotes eran Salvador Anguio , Pedro Llanes, José Luis Gómez, Lizaso, José Gabriel Peña, José Antonio Cabada, Cosuso, Oceja y Don Pedro.
 
Este día hice una prueba, conté con dos sacerdotes las formas del Sagrario antes de la aparición y después de la aparición, les pregunté si habían comulgado me dijeron que sí y mandé bajar a los dos sacerdotes volvimos a contar las formas estaban completas, les exigí secreto de confesión .¿Fui prudente? No lo sé. Pero bien sabe Dios que lo hice de buena fe.

Me dijeron (las niñas) que les dijo el Angel que subieran más despacio pues otros días subían corriendo, llevan de apariciones seguidas el sábado 8, domingo 9, lunes 10, martes 11, miércoles 12, jueves 13, viernes 14.
 
Dia 15.

Fueron como a las 9 menos cuarto, estuvieron unos 7 minutos en el estado de siempre; comenzaron luego a hablar bajo, yo me acerqué y les entendí lo siguiente; -“Haznos un milagro; que la noche se convierta en día” (lo dijo Mari Cruz). Conchita decía: “haznos un milagro aunque sea chiquitín”.-Después decían. “el cura del secreto no ha vuelto, bien sabe que la hizo. Vino tambien un cura que tenía una visera y otro que tenía un cordón enroscado (este era Logo) y el otro (Ozejo), también hablaba del carmelita (Morales). “Después contaron las cosas que habían hecho estos días, que les dice su madre que coman más, estuvieron así hasta las 9 y media. Después rezaron el rosario, me dijeron habían comulgado y visto a la Virgen del Carmen, que volvería mañana”.
 
Dia 14.

 “Vimos al Angel como sonriente, cuando le preguntamos que nos dé una señal se pone serio, pero enseguida se le pasa” y nos dice que iban a ver al Angel y a la Virgen del Carmen el dia 17 y 18. Cuando subían ya notaban algo más fuerte que otras veces; le dijeron al Angel que tenían un pecadín”, dijo que “juro como hay Dios” (efectivamente lo habían dicho por el día) y le dijimos que “estaba enfadado con nosotras porque estaba muy serio y se echó a reir”. Me dicen que también comulgaron y el copón era amarillo, más pequeño y dice “toma y trae”, se lo dice a Conchita y cuando Conchita dice “trae” se ríe y las otras no dicen “trae”. También me dice que comulga él, hasta ahora no me lo habían dicho (hasta aquí lo que me han dicho ellas).

 Cuando yo subí a las 5 me las encontré con 4 ó 5 cadenas y medallas, 2 ó 3 rosarios, un reloj de pulsera, me enfadé un poco con Conchita y Loli, les quité todo y les dejé nada más un rosario y una cadena de escapulario, les dije que tenían que obedecer al cura y los padres y después me dijeron que les había dicho el Angel que podían llevar las medallas pero que tenían que obedecer, al cura y a los padres y hacer vida de niñas como siempre. Hoy comenzó un examen de las niñas por el Doctor Piñal y Don Francisco. Me parece que bien. No así me pareció el dia que vino el Sr. Morales.

También cuando subí y les quité las medallas les dije algo enfadado que no sabía si iba a ser cosa del demonio, y la madre de Conchita decía; “estoy con usted, es cosa del espíritu maligno”. Después se lo preguntaron al Angel. Y él se reía.
 
Dia 17.

Vieron al Angel y a la Virgen del Carmen. Las separaron como siempre, Jacinta y Loli en casa de Ceferino; Mari Cruz y Conchita en casa de Conchita. “Les preguntamos si el cura nos sacó el secreto, dijo el Angel que no”; y me dijeron que constaba de 6 palabras y 33 letras. Me dijeron que habían visto alrededor de la Virgen el secreto con letras muy grandes y mayúsculas todas; preguntaron por qué les dejó escribir los palotes: contestó el Angel que para probarlas; asistieron unos 8 sacerdotes, dos doctores y 600 personas fuera, todos los días no han bajado, pero ha habido días que había cerca de 3000 personas en domingo, muchos vienen por curiosidad, después que ven a las niñas cambian; he visto a hombres llorar.
 
Dia 23.

Loli dice que sintió la llamada hacia las 9. Estaba en casa, que fueran hacía los pinos y la viste a la Virgen del Carmen? Le preguntamos si estaban las otras dos viendo al Angel o a la Virgen del Carmen y dijeron que sí. Y dicen que vieron unas estrellas grandes con un rabo grande. Dice Jacinta que les dijo Ceferino que cuando sintiesen la llamada se fuesen por el Fontanón y fueran a los pinos; vieron a la Virgen del Carmen y al Angel y dicen que vieron dos estrellas grandes con una cola y le preguntaron si las veían las otras y dijo que sí, duró como unos 8 minutos.

Conchita vió al Angel y a la Virgen del Carmen, el vestido es blanco con flores blancas y el manto azul muy claro, nariz como la de la Virgen de la Iglesia, los ojos negros y las manos como las de aquí; estuvieron como 30 minutos y dice que la Virgen tenía el pelo largo hacia atrás, suelto, no comulgaron; Mari Cruz dice lo mismo.

Dicen lo de las estrellas abajo. Dicen que los martes a los pinos y que vaya Lucía y que vayan todos. Me dicen que el segundo secreto son 18 palabras y el primero 6. Desde ayer se aparece en sitios distintos y separados; hoy fué en los pinos, Loli y Jacinta; Conchita y Mari Cruz en Prado de la Fuente.
 
Dia 24.

Me dice Jacintuca que la preguntaron si venía el otro día por la mañana, al mediodía y a la tarde, y dijo él que a la tarde y estaban el Angel y la Virgen y dijo que a la tarde, nada más, y le dijo otras cosas que me dice no puede decir, no comulgó, comulgó en la Misa.

Dice Conchita que le preguntó al Angel y a la Virgen si venía por la mañana al mediodía o a la tarde,.Y dijo la Virgen que a la tarde a los pinos y que “llevaseis a Lucía”. Dice que a su parecer la Virgen tiene como más mano más fuerza; dicen que la Virgen les dice cosas más importantes y me aseguran que el Mensaje o secreto del Angel ya no lo dicen, que les dio otro la Virgen que es más importante, la mitad más, el 18 de Octubre, no saben donde ni quien, le preguntaban si vendrá toda la semana. Dicen que les decían que iban a venir un día sí y otro no, pero ellas decían que vinieran todos los días y dijeron que sí. Estando un día les dijo la Virgen y el Angel que iban a venir cada diez días y ellas les dijeron que viniesen todos los días, que solo uno era poco. Comulgaron en la Iglesia y el Angel no les dió la comunión.
 
Dia 25.

Les apareció en la Fuente, estuvieron como 15 minutos. Ayer vieron al Angel y a la Virgen del Carmen con el Niño y cantaron el himno de San Miguel y el Ave María; dicen que llevaban el compás con la cabeza y con la mano, Este día hubo bastante confusión, pues unos iban a los pinos, otros a la calleja y otros a la Fuente y por fin sucedió en la Fuente.
 
Dia 26.

Loli y Jacinta a las 12 estaban en la Calleja y sintieron una llamada, como siempre, y fueron al estucado y comulgaron y vieron a la Virgen del Carmen y al Niño y al Angel; dicen que otras veces no traerá al Niño, que les dejó el Niño, primero a Jacintuca y después a Loli;, el Niño tiene corona y el Niño es como de carne y tiene corona, envuelto en un manto, estuvieron como 18 minutos, rezaron una estación, cuando comenzaron a rezar le vieron otra vez. Dicen que el manto es azul y el vestido blanco con flores blancas. Les dijo que esta tarde fueran allí mismo a la Campuca, cantaron el himno a San Miguel y el Ave Maria. Primero fueron Loli y Jacinta, estuvieron en la Calleja, me dijeron que habían visto a la Virgen del Carmen y al Angel, al principio estuvieron serias, se les vió algunas lágrimas, después comenzaron a hablar, hacían que se ponían la corona de la Virgen y del Niño, también parecía que tenían a veces al Niño y hacían ademán de “nearle”, esa es la palabra que ellas dijeron. Duró como una hora y estuvieron alto mucho tiempo; la conversación parecia de niñas, sin cosas trascendentales. Me dicen las niñas que a la Virgen parecía que no le gustaba alguna cosa. Comulgaron Conchita y Mari Cruz en los pinos, por la tarde no comulgaron las otras dos. Conchita y Mari Cruz subieron a los pinos, estuvieron como unos 30 minutos muy serias, a veces se les vió lágrimas y después cuando bajaron se volvieron a poner en el mismo estado abajo en la Calleja y cuando las otras dos estaban hablando las otras dos, aunque no las oíamos, dicen que estaban hablando entre sí.
 
Dia 27.

Después de la Misa me dijeron que al mediodía les llamaba y al mediodía fueron a la Calleja y estuvieron como una hora, le preguntaron a la Virgen cómo traía el vestido color marrón (esta pregunta la oí yo) y dicen que la Virgen contestó que podía traer los vestidos de cualquier color. Aun ahora Conchita estaba como rígida y con los brazos hacia delante y le decía Loli, “pon los brazos para abajo” y Conchita dijo, “pónmelos tú”, y Loli le bajó un brazo, entonces yo hice ademán de bajarle el otro y estaba totalmente rígida y al momento la bajó Loli el otro. Pusieronse la corona de la Virgen, hoy no trajo al Niño y le preguntaban por El; comulgaron en la Misa y en la Calleja no. Hoy al mediodía duró una hora. Por la tarde a las 8 y media fueron al sitio de costumbre. Dicen que se quedaron como metros más abajo, dicen que vieron a la Virgen del Carmen y al Angel. Estaba allí un dominico a quien ellas no habían visto y preguntaban a la Virgen quien era aquel cura, cómo se llamaba: “anda¡ dime como se llama¡ … Ah¡ … sí? … es dominico?” – Otra vez le decía: “estate un poquitín más que no llevas nada más que un minuto”. Parece ser que entonces la Virgen le contestaba que llevaba una hora y cuarto (que ese tiempo era exacto). Me dijeron que por la tarde le veían; comulgaron en la Misa y no comulgaron en la Calleja.
 
Día 28.

Se marchó Conchita a Santander de acuerdo con el Sr. Obispo. Ella dijo que quería más quedarse, pero que si la llevaban se iba tranquila. Por la mañana en Misa comulgaron las 3 y Mari Cruz se fué al prado; las otras dos, a eso de la 1, fueron a los pinos y estuvieron en ese estado como 3 o 4 minutos y preguntaron si las estaba viendo Conchita; primero ya habían dicho a la Virgen que a Conchita le habían llevado a Santander y le preguntaban a la Virgen que si ella también  la veía y ellas dijeron: “Ay qué gusto¡”. Después rezaron el rosario y mandaron marcharse a todos y que los padres y sacerdotes estuvieran a distancia, yo las ví como 15 minutos en ese estado y después cuando nos acercábamos estaban tristes como si hubiesen llorado, dijeron que tenían que llevar a dos hermanos más pequeños. Por la tarde subieron a los pinos y dijeron que no se acercase nadie, pero alejamos a la gente a una distancia prudente y después nos acercamos y dijeron que habían visto a la Virgen y al Angel y por la tarde a las 6 y media le preguntaban si la veía Conchita y la Virgen dijo que sí. Duró la cosa como una hora.
 
Dia 29.

No estuve por la mañana y me dicen que a las 11 y media fueron a los pinos y Mari Cruz se quedó un poco más abajo. El Angel, la Virgen del Carmen con el Niño; comulgaron de manos del Angel; dicen que les dio en la mejilla con su mano. Cuando bajaron Loli y Jacinta estuvieron en éxtasis en la Calleja, dicen que vieron a la Virgen del Carmen. Mari Cruz se marchó con su madre al Acebal desde los pinos. Por la tarde a las 8 salieron de casa de Ceferino Loli y Jacinta y quedaron en éxtasis junto a la misma casa como unos 8 minutos y después dijeron que había dicho la Virgen que fuesen a los pinos y que no subieran nada mas que los padres y sacerdotes. Lo hicimos así, nosotros estábamos a una distancia como de 30 metros, les veíamos pero no las oíamos, estuvieron en éxtasis como 20 minutos, después nos acercamos para rezar el rosario y al segundo misterio se volvieron a quedar en éxtasis y les oíamos preguntar por Conchita, parece que les entendí que Conchita la estaba viendo en Santander, estuvieron una hora y en un momento Loli se quedó natural, un minuto, mientras que la otras seguía en el mismo estado; cuando volvió del éxtasis le preguntó la otra a la Virgen por qué Loli se había marchado y parece que la entendí “para que lo vea la gente y crea”; dicen que comulgaron por la mañana, dicen que vieron al Angel y a la Virgen del Carmen con el Niño (este día al querer partir Loli una piedra aunque estaba en éxtasis se hizo daño). Hicieron ademán de tener al Niño en los brazos, de besarla varias veces, así como la Virgen a ellas; se pusieron la corona, le pidieron varias veces que no se fuera. Desde hace unos días me dicen que dijo la Virgen que se les aparecerá donde quiera que estén. Ayer dijeron que Conchita la vió otra vez. A Mari Cruz se le apareció junto a la casa, estuvo como 25 minutos.
 
Dia 30.

Después de Misa se le apareció junto a la escuela, estuvieron 30 minutos, menos Mari Cruz que estuvo 15, le pedían un milagro aunque fuese pequeño, parece que le decía la Virgen “ahora no” porque ellas preguntaban, “¿por qué no lo haces ahora?”. Dicen que vieron a la Virgen del Carmen con el Niño y el Angel. También les entendí que la comunión se la había dado yo, como así fue en la Misa, también preguntaban si Conchita la veía y después me dijeron que no lo podían decir. Por la tarde a las 7 y duró 30 minutos, después otra vez en el balcón duró 15 minutos, no asistió ningún sacerdote, después fueron a la Iglesia, rezaron el rosario muy bien, duró 15 minutos. Mari Cruz por la tarde, a las 7 y media en el balcón, duró 30 minutos.
 
Dia 31.

Después de Misa y comulgar en ella estuvieron Loli y Jacinta en ese estado dentro de la Iglesia junto a la puerta rezando una estación y la letanía, estuvieron un rato serias, también besaron cosas otras veces.

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Informes

 

don valentinP. José Ramón María Andréu, S.J.

El conjunto de días que he estado en San Sebastián de Garabandal, en diversos viajes, suman 13 días, poco más o menos y en ellos he obtenido los siguientes datos que pongo a disposición de las Autoridades Eclesiásticas con el fin de facilitar la labor, que, con motivo de tales sucesos, habrán de realizar.

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don valentinDon Valentín Marichalar, párroco de Cosío y S. Sebastián

Recopilación de "DATOS" y "DIARIO" sobre las apariciones de San Sebastián de Garabandal

Comprende del 18 de Junio de 1961 al 17 de Diciembre de 1962

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cerecedaP. José María Alba Cereceda, S.J.

Escribió un informe sobre algunas consideraciones de los hechos acaecidos en San Sebastián de Garabandal con fecha 22 de agosto de 1962. "Según la valoración de los médicos es impensable una explicación psicológica o anormal, como tampoco algo comercial interesado, propagandístico, fraudulento en lo familiar o en la colectividad del pueblo"

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pucernauDr. Ricardo Puncernau, neuropsiquiatra

Es Vicepresidente de la Sociedad Española de Sofronología y Medicina Psicosomática y Presidente de la Asociación Española de Investigaciones Parapsicológicas.

"Lo he sopesado, pensado y observado a conciencia y he sacado la siguiente conclusión: En Garabandal no ha existido, ni existe ningún otro causante, actuante allí, y en relación con lo de allí que la Santísima Virgen".

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damiansD. Alejandro Damians Damians

Testigo del milagro de la comunión visible

“En repetidas ocasiones, y varias personas han tenido la oportunidad de compartir mi impresión sobre la maravilla de este milagro que tuvo la gracia de testimoniar S. Sebastián de Garabandal el 18 de julio de 1962. Empecé mi testimonio de vuelta un poco antes, el lunes 16 de julio de 1962. En ese momento, sabía que en los próximos 18 días se anunció por primera vez el prodigio de Garabandal, o más bien, el primer hecho público extraordinario”.

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turnerP. François Turner, O.P.

Después de haberse enterado por primera vez de los sucesos de Garabandal en 1966, el padre François Turner, O.P. de Blois, Francia, ha sido un estudioso de estas apariciones. Trabajando a la par con el Profesor Jacques Serre profesor en la Universidad de la Sorbona en París, ha hecho el estudio más completo sobre los eventos que ninguna otra persona fuera de España. Ha escrito numerosos artículos y bajo el sobrenombre literario de Robert François, ha dado autoría al libro, “Oh hijos escúchenme”, el cual a sido impreso en Francés, Inglés y Alemán. Concluyó, junto con el profesor Jacques Serre, que Garabandal es una Obra portentosa de Dios, una innegable manifestación de su Omnipotencia. Adicionalmente ha elaborado una obra educativa de 24 criterios en defensa de la autenticidad de Garabandal.

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seco

D. Juan Alvarez Seco, brigada de la guardia civil

Comandante jefe de la sección de Puentenansa, a la que pertenece San Sebastián de Garabandal. Años 61-62 y 65

D. Juan Álvarez Seco fue un testigo excepcional ya que durante las Apariciones fue brigada de la Guardia Civil, jefe de la sección de Puentenansa, demarcación a la que pertenece San Sebastián de Garabandal.  Realizará un informe detallado  sobre las apariciones y todo lo observado en esos días. Comenzará con la primera aparición del ángel el 18 de junio de 1961.

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cerecedaPadre Lucio Rodrigo S.J. 

El P. Lucio Rodrigo, S.J., ya fallecido, fue profesor de Teología Moral en la Universidad Pontificia de Comillas. Siguiendo las cartas de fecha 18 de enero de 1967 de María Josefa Caballero y de Carmen García Geraldo de Hernández-Pinzón nos relata un suceso extraordinario en relación con la apariciones de Nuestra Señora en Garabandal. El Padre, que conoció muy bien, tanto a María Josefa como a la familia Hernández-Pinzón, afirma que su relato es auténtico.

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pucernauDr. Ricardo Puncernau, neuropsiquiatra

El Dr. Ricardo Puncernau, es Vicepresidente de la Sociedad Española de Sofrología y Medicina Psicosomática y Presidente de la Asociación Española de Investigaciones Parapsicológicas.

"Lo he sopesado, pensado y observado a conciencia y he sacado la siguiente conclusión: En Garabandal no ha existido, ni existe ningún otro causante, actuante allí, y en relación con lo de allí que la Santísima Virgen".

En estos tiempos en que el mundo está "revuelto" tanto a nivel  eclesial, como internacional, como social, como familiar, como personal, lleno de injusticias y egoísmos, hemos escrito estas líneas, nos hemos atrevido a escribir estas líneas. Son una serie de relatos sencillos, que tratan de los famosos hechos de Garabandal, vistos a través del prisma de un médico cristiano.

El hecho de ser cristiano me obliga a decir estrictamente la verdad, sino en el adorno, por lo menos sí en la esencia de la narración. En lo importante, y aún me atrevo a decir, que en el adorno del relato.
Por lo menos conscientemente, no me he apartado ni un ápice de lo que yo recuerdo. Son cosas personales, mías, pero en relación con la historia de Garabandal. Cosas que nunca había dicho. Cosas que creo necesario decir. El año próximo, 1975, es el Año Santo. ¿Qué mejor ocasión que ésta para exhumar hechos que parecían enterrados para siempre, pero que en realidad nunca lo han estado? Es evidente que esto ha sido escrito para los que ya conocen la historia de Garabandal. Sino fuera así, mucho me temo que no lo comprenderían, ni lo valorarían en lo que pueda tener de testimonio.

Barcelona, Diciembre 1974.  Dr. Ricardo Puncernau.

 


Descargar pdfINFORME DEL DR. RICARDO PUNCERNAU, NEUROPSIQUIATRA

 Barcelona, Diciembre 1974.  Dr. Ricardo Puncernau.

¿Por qué hice tantos viajes a Garabandal...?

Pues en realidad ni lo sé... Garabandal está a ochocientos kilómetros de Barcelona, ciudad donde resido habitualmente y donde tengo mi consultorio neuropsiquiatrico. Mi buen amigo Jacinto Maristany, me instaba con frecuencia a que fuera allí. Pero yo dentro de mí pensaba "no estoy para ver histerismos, que ya veo bastantes en mi profesión de médico". Sin embargo... Una noche después de cenar me llamó por teléfono y me dijo (yo entonces no tenía coche propio) que Mercedes Salisachs, la sin par escritora, partía a las cuatro de la madrugada para allí. Me esperaría con el coche, en Enrique Granados esquina París. Yo le contesté que me lo pensaría... que seguramente que si... pero que si a las cuatro no estaba allí que no me esperara...

 ¿Cualquiera me hacía levantar a las tres y media, para estar dispuesto a las cuatro, para partir hacia una aventura de niñas histéricas? Cuando nos íbamos a acostar le conté a mi mujer el peregrino caso. Nos arrodillamos al pie de la cama de matrimonio, para rezar las cortas oraciones de la noche que teníamos por costumbre. Terminadas éstas, mi mujer abrió el armario, sacó la máquina fotográfica y ante mi sorpresa me la dio, mientras decía:  

- Toma... ve a Garabandal y saca muchas fotos...  

Aquel insólito gesto de mi mujer, que no me deja ni a sol ni a sombra, me sorprendió ¿Qué raro... ?

- Puedes llevarte a Margarita... Margarita es la mayor de las chicas... entonces tendría unos ocho años...  

- Pero...

 - Nada, te vas a Garabandal... La pequeña Margarita estuvo la mar de contenta de aquel viaje imprevisto.

Total que sin guisarlo, ni comerlo, a las cuatro subíamos al coche de Mercedes Salisachs, y emprendimos el viaje a Garabandal. El primero de los diez o doce que realicé después.  

Todavía recuerdo que en un hotel de Zaragoza donde hicimos parada y fonda, y donde la amabilidad de Mercedes Salisachs nos invitó a comer, comimos arroz a la cubana, uno de mis platos favoritos. Por la tarde proseguimos a toda velocidad el viaje y al atardecer de aquel día llegábamos a Garabandal. ¡Que delicia de paisajes! ¡ Que encanto de aires puros! ¡ Que desastre de camino de carros, desde Cosío a Garabandal!
El coche patinaba, resbalaba junto al precipicio que daba al río, subía, empujando todos, una empinadísima cuesta, que era como una escalada al Naranjo de Bulnes por la pared Norte, bueno por la más difícil. Pasados los doscientos metros de la escalada y dado que Garabandal quedaba cerca, decidí ir a pie el resto del camino. Los demás prosiguieron en coche, ya en el llano. Yo fui paseando tranquilamente disfrutando del agreste paisaje de la montaña, reposando y tranquilo, después de tanto ajetreo cocheril.

La carretera-camino, se había ensanchado un poco y era más potable. A la izquierda de la carretera había una pequeña roca que apenas asomaba del suelo de un prado y sentada encima de ella a unos trescientos metros, se veía la figura de una jovencita vestida de blanco que aguardaba a su madre, que había ido a cortar o recoger de algún vecino huerto hortalizas o que sé yo. Miré a la niña debía tener unos trece o catorce años, quizá más, quizá menos, ella sin moverse me miró a mí. Fue, por lo menos para mí, una mirada especial. Yo sin conocerla sabía, que era una de las niñas videntes de Garabandal.  

No sé porque lo sabía, pero lo sabía. Su vestido blanco resaltaba sobre la verde hierba del prado. Su figura me pareció muy gentil, en aquel atardecer, casi ya crepuscular, de mi primer contacto con alguien de Garabandal. Y nada menos, según supe después, con la persona más importante, de aquellos extraños hechos que me habían relatado. Lo más curioso es que cuando después la conocí, le dije que la había visto en el prado. Y ella me contestó de una manera intencionada e incisiva, de un modo sorprendente:

 - Yo también te vi a ti...

Yo pensé dentro de mí "ojo doctor no te dejes engatusar..."Pero la verdad es que me sorprendió su contestación: - Yo también te vi a ti... Seguí andando. Pasada una curva del camino divisé Garabandal. Sus casas vetustas y pintorescas. Frente a una especie de plazuela, debajo de un único árbol, estaba aparcado el coche de Mercedes Salisachs.

Nos acomodaron, para poder dormir en una de las últimas casas del pueblo, casi a las afueras. Era una sucursal del "hotel Puncernau" como después explicaré. No tengo porque describir las callejas del pueblo iluminadas, si las había, por unas débiles bombillas y hechas un verdadero barrizal. Llenas de piedras y de cascotes. Al desaparecer Mercedes Salisachs me encontré, aparte de la compañía de mi hijita, un poco perdido en la aldea. Al final de la calle mayor del pueblo, siguiendo la carretera, se encontraba la taberna del Ceferino, que en aquel entonces ejercía las funciones de Alcalde del pueblo. Una de sus hijas Mari-Loli, era precisamente otra de las videntes.

Ceferino estaba reunido delante de la taberna, en plena plazoleta con un grupo de amigos. Al acércanos el grupo de hombres nos miró un tanto suspicazmente. ¿Quiénes serán éstos? . Intenté entablar conversación. Al decirles que era médico, se echaron un poco para atrás. Por lo visto los médicos no gozaban de muy buena fama.

Su reticencia no quitaba, no obstante, su amabilidad y buenas maneras. Ceferino me pareció un hombre digno, un tanto cazurro y socarrón, pero como la mayoría de gente de Garabandal con un corazón de oro. Todavía me acuerdo que más adelante y cuando nos hicimos amigos se iba a pescar al río, en tiempo de veda o sin ella, truchas para obsequiarme. Nunca he comido unas truchas tan buenas como en casa del Ceferino.
Al poco rato se corrió el rumor que Conchita había caído en éxtasis. Poco después Jacinta y Mari-Loli. Y finalmente Mari-Cruz. En estado de trance se juntaron las cuatro y luego siguieron juntas rezando el Rosario, que la gente que las seguía, contestaba.

Eché un vistazo a la curiosa procesión y entré en la taberna del Ceferino a tomar una coca-cola. En la taberna había una chica uruguayana que trabajaba en el "Folies Bergére" de Paris. Pronto entablamos conversación. Me dijo que ella no solamente no creía en aquellas supuestas apariciones, sino que no creía en nada de la religión. Había venido a Garabandal por simple curiosidad. Al cabo de un rato le propuse, salir fuera para ver lo que ocurría con las videntes. Las vimos de lejos, agazapados en la sombra de una casa, como se dirigían rezando el Rosario, hacia la iglesiuca del pueblo.

Desde nuestro escondido observatorio mirábamos lo que pasaba. De pronto vimos que Conchita, en trance, se destacaba de la procesión y se dirigía andando normal, pero con inusitada rapidez, hacia nosotros, que permanecíamos escondidos en la sombra apoyados en la pared de una casa. Llevaba un pequeño crucifijo en la mano. Yo pensé, ésta se ha enterado que eres médico y ahora viene a hacerte la gara-gara ¿Pero cómo te habrá visto? . Pero no. Se dirigió a mi compañera y le puso a viva fuerza el crucifijo en la boca para que lo besara, una, dos y tres veces. La Virgen María, también estaba por las bailarinas del "Folies Bergére".
Después Conchita igualmente en trance se unió a las demás y siguieron rezando el Rosario. Mi compañera, la bailarina, se puso a llorar a moco tendido, con unos grandes y sentidos sollozos, tan desconsolados que pensé que le daba un ataque. La acompañé hasta los bancos de madera que estaban en el exterior y adosados a la pared de la taberna del Ceferino. Se arremolinó gente, Intenté calmarla. Al fin, pudo explicar, que había pensado "in mente": Si es verdad que se aparece la Virgen que venga una de las niñas a darme una prueba". "Apenas hube pensado esto, cuando Conchita vino corriendo hacia mí a darme a besar el crucifijo. Yo no quería y le aguantaba la mano. Pero ella con una fuerza inusitada me puso el crucifijo pegado a los labios y no me quedó más remedio que besarlo. Una, dos, y tres veces, yo la incrédula, la atea, la que no creía en nada. Ello me emocionó sobremanera".

Nos encontramos, como diré, en el tren de vuelta camino de Bilbao. Más tarde supe, porque nos escribimos algunas veces, que dejó el "Folies Bergére" y regresó con su familia al Uruguay. Esta fue la primera experiencia que observé en Garabandal. Mi hijita Margarita me vino a decir que tenía sueño. Eran ya más de las doce de la noche. La acompañé hasta nuestra habitación, esperé que se metiera en cama y me senté a los pies de la misma para hacerle compañía, por lo menos hasta que se durmiera.

Al poco me dijo:  

- Papá... si quieres puedes irte... aquí no tengo ningún miedo... ¿De verdad...?  

- Sí... vete tranquilo... Le di un beso, le deseé buenas noches y la dejé durmiendo plácidamente.

Salí a las callejas. Hacía una noche fría y estrellada. Los luceros brillaban, para un barcelonés, con un fulgor inusitado. Pensé si sería verdad, que la Madre del Cielo, velaba y protegía con los brazos extendidos a los habitantes y transeúntes de Garabandal. Mis hijos no son miedosos. Sin embargo, para una chiquilla de ocho años quedarse sola en las afueras de un pueblo desconocido, tan tranquila, no dejaba de sorprenderme.  
Paseando por las callejas oscuras y solitarias del pueblo, yo también tenía esta sensación de protección. Con la cantidad y cantidad de gente que ha subido a Garabandal, nunca ha ocurrido, que yo sepa, ningún accidente desagradable.  La única vez que cayó un camión cargado de obreros por un precipicio al río, nadie se hizo nada más que leves rasguños. Y que conste que en aquellos tiempos, el camino carretera era para matar a un ejército entero, por más motorizado que estuviera.

Me fui a seguir observando el trance de las videntes. Pero me negué rotundamente a responder al Rosario. Podía tratarse de un fraude y yo no quería colaborar con él. Mi papel como médico era observar fríamente los hechos. ¿Pero qué premeditada frialdad de corazón, podía resistir el amable calor de Garabandal?
Encontré a las videntes frente a las puertas cerradas de la iglesiuca. Estuvieron un rato pegadas a ella, como si pidieran audiencia para entrar. Luego, sin perder el estado de trance se volvieron y extendieron los brazos en forma de cruz.  

- Van a hacer el avión... van a hacer el avión  

-Oí que susurraba la gente que las acompañaba. Me pareció una expresión un poco populachera. Pero sí, con los brazos extendidos se fueron a correr por las callejas de casi todo el pueblo. Era muy curioso porqué daban la impresión de que apenas se movían, en una marcha un poco alada, como si fuera una película al "ralentí" como en una pseudo-levitación, pero la velocidad era increíble, tanto que los mozos del pueblo, jóvenes y fuertes, a pesar de sus esfuerzos no podían alcanzarlas.

Después de correr por todo el pueblo volvieron al paso normal y al poco rato salieron del trance sonrientes. Punto aparte, merece la entrada en trance y su salida del mismo. Ellas decían que tenían tres llamadas. La primera era como un "ven", acompañada de una sensación de alegría, la segunda era "como un ven... corre... ven" con mucha mayor alegría y mucho más apremiante. La tercera llamada, coincidía con la entrada fulminante en éxtasis.

Ellas, las niñas, decían, ya tengo una llamada, ya tengo dos llamadas. Los espacios de tiempo entre las mismas eran completamente irregulares. Alguna vez, cuando sabía que ya tenían dos llamadas, procuraba hablar con ellas intentando distraerles y sobre todo hacerlas hablar de algo que las interesara. A veces en mitad de una palabra caían fulminadas, de rodillas, en estado de trance. A pesar de que se las veía interesadas en lo que estaban relatando.  

Ello me llamó mucho la atención. No es la forma normal de entrar en un trance tanto más si la persona no está condicionada a un signo señal. Entre los asistentes no había nadie capaz de entender de ello. Ni saber siquiera de qué se trataba.

Más de una vez habíamos ido con Conchita a las brañas, a llevar la comida a alguno de sus hermanos. Incluso alguna que otra vez nos habíamos quedado a hacer una comida campestre. Con Aniceto habíamos llegado hasta ver Tudanca, desde lo alto de la braña.

Había organizado una espantada, para que pudiéramos saborearlo, de caballos salvajes. Mientras tanto Conchita se había quedado a preparar la comida. Nos íbamos todos los acompañantes de excursión un poco a regañadientes, pues todos hubiéramos preferido quedarnos al lado de Conchita. No teníamos bastante con todo el largo camino en su compañía, queríamos más. Que chiquilla más encantadora. Bonita y pícara en el buen sentido de la palabra. Con un inteligente y fino sentido del humor. Buena sin mojigaterías, ni ñoñerias. Completamente normal. Bromista y simpática, era una chiquilla que enamoraba.

Yo había visto a muchas personas, hombres y mujeres, incluso sacerdotes completamente embobados con ella. Era de una corrección exquisita, con todo lo que pudiera significar el más leve asomo de impureza.
Y la gente en general, excepto un par de desgraciadas actuaciones, se embobaban con ella, pero siempre se comportaban con la máxima corrección. Había una corriente de amor cristiano puro y sin mácula. De verdadero amor. Del mismo amor de la Madre Celestial.

Hacíamos ya en el camino de vuelta, todas las chiquilladas imaginables, nos reíamos como tontos, pero nunca observé en ella ni el más leve asomo de picardía malsana. Quizá por ello mismo era tan atractiva. Nos tirábamos piedras en plan de broma y hacíamos campeonatos para ver quien era más alto. Los dos hacíamos trampa, poniéndonos disimuladamente de puntillas. En algún momento no obstante se quedaba seria y como ausente. Como si tuviera alguna especial vivencia interna. Esta, era la mejor forma de conocer a la chiquilla, más que haciéndole exámenes y tests, aunque también se los hice. Lo mismo podría decir de Jacinta, Mari-Loli y Mari-Cruz.

Unían a su gallardía castellana o montañesa, una simpatía sin límites. Una vez Mari-Loli me contó, las primeras veces, cuando era pequeñita, que estaba fastidiada, porque la gente de día y de noche la seguía a todas partes y ni siquiera la dejaban hacer pipí con tranquilidad.

Teniendo en cuenta que en todo el pueblo había un solo "water closet", cuarto de baño. Nada de baterías ñoñas. Todo sencillo y normal. Nunca observé que se quisieran hacer las santitas. Desde luego no citaré los nombres de los desgraciados que quisieron insinuarse malévolamente con Conchita. Insinuación que por otra parte quedó de inmediato cortada, por la propia interesada.

Era curioso observar, como he dicho antes, que todo el mundo deseaba la compañía de las chiquillas, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, curas y seglares. Sin duda enamoramiento transferido a la Virgen, a la que ellas decían que veían y hablaban. Pero en muchos casos el amor no trascendía, sino que se quedaba en las propias chiquillas, cosa por otra parte que me parecía muy humana y natural.

Cuando ya Mari-Cruz no tenía aparición y las demás niñas sí, me dió pena, la notaba triste por aquel motivo. Le di mi anillo de matrimonio, para que lo diera a besar a la Virgen, como acostumbraba a hacer. En aquel viaje me quedé en Garabandal tres días y medio. Ella muy contenta se puso mi anillo en uno de sus dedos. Pasaron los tres días y Mari-Cruz no tenía aparición, no entraba en trance. La noche del día que me debía marchar, le dije "tendrás que devolverme el anillo, pues a las tres de la noche debo marcharme". "Déjemelo un poco más... a lo mejor esta noche tengo aparición".

Se lo dejé. Las otras tres entraron en éxtasis. Iban las tres andando en trance, cogidas del brazo. Mari-Cruz se acercó se cogió al brazo de una de las otras, levantó la cabeza y así anduvo diez o doce pasos, para ver si le prendía el trance también a ella. Pero no hubo trance. Sé desenganchó triste, sin decir palabra, me devolvió el anillo y se alejó cabizbaja.

He de decir, no obstante, que el anillo ya había sido besado otra vez, en un éxtasis de Conchita. Explico esto para que se vea hasta que punto el éxtasis venía cuando venía... no cuando ellas querían.

El transparente comportamiento de Mari-Cruz no podía engañar a nadie. Yo, si le di el anillo, fue por puro cariño hacia la niña y porque me daba pena verla triste. No se trataba de ningún ardid.

En una de las excursiones a la braña, me quedé a comer invitado por Serafín, el hermano mayor de Conchita. Mi hijo Augusto, invitado a tomar leche, tal como salía de la vaca, no la pudo digerir o quizá le diera asco, la cuestión es que la vomitó. Se encontró mal y bajó al pueblo donde aquella vez, estaba mi mujer, Julia.

Me quedé pues, sólo con Serafín y comimos en la cabaña de las vacas. Después de comer intenté tirarle de la lengua, pues se decía que sabía por Conchita cuando sería el Aviso. Saqué la conclusión de que si lo sabía, no lo quería decir.

Lo único que saqué en claro fue, que iría precedido de un especial acontecimiento en la Iglesia, que después de muchas preguntas y deducciones me pareció sacar en claro, por lo que él me dijo un tanto oscuramente, que sería algo parecido a un Cisma. 0 yo lo entendí así.

Me contó que en invierno se pasaba meses enteros sin bajar al pueblo. Le pregunté en que pasaba el tiempo y me respondió que pensando y leyendo alguna que otra novela, de tres al cuarto.

Serafín era en aquel entonces un hombre muy simpático y agradable. Estaba algo dudoso, de las cosas que le ocurrían a su hermana. Me repitió lo que ya me había dicho Aniceta, que Conchita era muy dada a la broma, que a veces llevaba a ultranza.

Daba, sin embargo, la impresión que se encontraba desorientado, frente a todos aquellos insólitos hechos. Le pasaba como a mí, que creía, como le decía a Conchita, "cinco minutos sí y cinco minutos no".

Pero fuera lo que fuera, lo que es verdad es que notaba en mí un aumento de fervor religioso. Al caer la tarde, bajé sólo, hacia el pueblo por el camino de las brañas. Me paré un momento, donde no se quién, había tenido según me había dicho Conchita, un niño. Allí mismo sobre una roca.  

Recé un Avemaría al pasar por el talud, donde se deslizaban a veces enormes piedras, formando una especie de "río de piedras". Atravesé antes, el riachuelo, me entretuve contemplando el paisaje duro y salvaje y cuando desemboqué cerca de la casa de Aniceta, había la acostumbrada tertulia de los atardeceres, en el banco de madera adosado a la pared de la casa, cuya alma era ¿cómo no? la propia Conchita.

Alguna que otra mujer empalagosa, siempre la tenían cogida del brazo, como si fuera una reliquia viviente. Allí se hablaba de todo y de nada. Había los que aceptaban la conversación intrascendente y divertida, pero habla otros, entre ellos algún que otro sacerdote, que no paraban de hurgar y preguntar, de marear a la pobre niña.
¡Qué santa paciencia! Con frecuencia en estas tertulias estaba sentado en el estrecho banco de madera, el abuelo de Conchita, un viejecito la mar de simpático y jacarandoso.

De todas maneras Conchita sabía zafarse de visitantes demasiado impertinentes y subía a sus habitaciones o se ponía a saltar a la comba.

Este relato no tiene más mérito que dentro de nuestras limitaciones humanas, dentro de los que nos hacen conocer nuestros sentidos, dentro del uso recto y correcto de la inteligencia que Dios nos ha dado, decir la verdad y nada más que la verdad. Y no digo toda la verdad porque el relato se haría interminable.

Sin otra preocupación, escribo pues, despreocupadamente, de los hechos o circunstancias que recuerdo bien y con claridad. Escribo como médico cristiano, pero más médico, que cristiano. Que por favor ningún fanático se escandalice, como ya me ha ocurrido otras veces.

Pero lo que sí es un hecho de observación y de introspección, es que nadie se cansa nunca de hablar sobre Garabandal. Además, estas charlas, que a veces son repetición de otras anteriores, nunca cansan y van acompañadas de una rara alegría interna para el que las pronuncia y hasta me atrevería a decir para el que las escucha.

Mi mujer ha oído muchas, muchas veces, la misma conferencia, más o menos y me dice que me estaría escuchando toda la vida.

Estaría escuchando cosas, que sabe a veces mejor que yo. Soy un hombre al que fastidia extraordinariamente tener que repetir una misma conferencia médica o para-médica. Huyo de ello como de la peste. Es superior a mis fuerzas.  

Sin embargo, en tratándose de Garabandal, no me canso, sino que me gusta y hasta me da una inusitada alegría. Es como una borrachera de alegría. Y no sólo en conferencias, sino en simples reuniones o tertulias. Tanto es así, que teníamos que estar sobre aviso porque sino, nos daban las tres y las cuatro de la mañana, charlando de Garabandal.

Y lo más curioso es que era un eterno "ritornelo" sobre los mismos temas. Era un hecho asaz curioso. Probablemente el demonio también metía baza en el asunto, porque surgían una especie de celos malsanos, de haber sido el primero de enterarse de una cosa, o de gozar de mayor intimidad con las niñas, o de presumir, cosa que en general no era cierta, de estar en posesión de algún secreto desconocido para los demás.

Era una presunción y unos celos un tanto estúpidos, que no podían ser más que obra del Tentador. Pero lo cierto es que he llegado a dar, unas noventa conferencias sobre Garabandal, la mayoría con la colaboración gráfica de David Clúa, sin fatigarme jamás.

Y siempre tenía que acortar, pues sino las conferencias temía se hubieran hecho inacabables y pesadas. Me limitaba, como hago en el presente escrito, a los hechos más importantes. Este cariño a todo lo que se refería a Garabandal, se extendía de una manera espontánea a todos los Garabandalistas, excepto a media docena de fanáticos, que con toda la buena fe, estoy seguro, se pasaban muchas veces de la raya.

Con motivo de un opúsculo que publiqué, en el que, para demostrar el poco aprecio que teníamos de las cosas de la Madre, se me ocurrió ponerle encima, una mancha de tinta. Me escribieron unas cartas feroces, impropias de cristianos, que todavía conservo en mi poder. ¡Y esto en nombre de la Virgen...!

Pero aparte de este grupito de fanáticos a ultranza, el resto de Garabandalistas, me parecieron gente muy sensata y muy buena, que prestigiaban sin duda los hechos de Garabandal. No digamos de la gente del pueblo, que a pesar de todas las suspicacias ("nadie es profeta en su tierra") y dudas, eran una gente tan buena, que me hubiera quedado a gusto a vivir con ellos.

En este quehacer de difusión de Garabandal, más adelante nos ayudó por su cuenta, el bueno del doctor Sanjuán Nadal.

El segundo viaje que hice a Garabandal, fue con mi mujer y mi hijo mayor Augusto. Mi mujer quedó muy decepcionada de lo que había visto en Garabandal y le pareció algo muy baladí. Mi hijo Augusto con su carácter serio y reconcentrado, apenas dijo nada.

Mi mujer Julia, dio a Mari-Loli en éxtasis a besar el anillo de matrimonio a la Santísima Virgen. Como le venía estrecho y no se lo podía sacar, la niña le cogió la mano y la fue girando como si la Virgen besara "in situ" el anillo de boda.

Pero repito le pareció todo pueril y baladí. Sin embargo, en aquellas carreras que hacían a Los Pinos y de la que después hablaré, frente a la puerta de la Iglesia donde se habían parado, como acostumbraban, se le ocurrió tocar la mejilla de alguna de las niñas (creo que fue a Mari-Loli) y mientras todos nosotros estábamos sudados y cansados, según frase feliz de mi mujer, las mejillas de Mari-Loli, daban la impresión de "un melocotón recién sacado de la nevera".

La primera vez, como dije, fui solo (con la pequeña Margarita). En el tren Santander-Bilbao encontré la misma chica del "Folies Bergére". Nos sentamos juntos y empezamos a charlar de cosas intrascendentes: En el curso de la conversación y debido al calor que hacía, me ofreció uno de estos papeles impregnados de colonia para que me refrescara los brazos y la frente.

A pesar de que los perfumes no me gustan mucho, acepté y me lo pasé por los brazos y por las manos. En Bilbao nos despedimos, intercambiamos las direcciones y seguimos escribiéndonos de vez en cuando, sobre Garabandal, naturalmente. Nos quedaban unas tres horas de espera para coger el expreso para Barcelona y las aprovechamos para deambular un poco por Bilbao.

A la hora, subimos al vagón coche-cama y fuimos a cenar al coche restaurante. Margarita con todas aquellas novedades, lo pasaba en grande. Me parece que fue durante la cena que empecé a notar el olor. Parecía provenir de mi mano y brazo izquierdo.

Lo atribuí en un principio a la colonia de la bailarina del "Folies Bergére". No le di mayor importancia. Ya en nuestro departamento volví a notar el olor. Entonces me di cuenta de que venía a rachas. Era muy intenso, como a sándalo. Solo olía el lado izquierdo. Duraba como unos dos minutos y luego desaparecía del todo. No tenía intervalos fijos.

Me dije a mí mismo, que era una cosa sugestiva, de tal modo que ni siquiera se lo dije a Margarita. La próxima racha de intenso olor me pareció localizarlo en el anillo besado por la Virgen. Por lo menos era el sitio de donde salía más fuerte. En mi interior estaba avergonzado de dejarme sugestionar como un histérico.

No dije nada a nadie, pero las rachas de olor a sándalo (por lo menos es a lo que se parecía más) venían muy intensas de tanto en tanto, en el momento más impensado.

Al día siguiente el extraño olor se fue repitiendo, a intervalos irregulares. Fuertísimo. Al llegar a casa, tuvimos el tiempo justo para arreglarnos un poco y nos trasladamos en tren a Caldetas, donde mi familia veraneaba. Al fin me atreví en secreto, a contarle lo del olor a mi mujer, la cual, como es natural, me tomó por loco o así. Sin embargo, aquella misma noche, ya en nuestra habitación y mientras empezábamos a desnudarnos para acostarnos, vino el olor. Le acerqué la mano a Julia y le dije.

- Toma, ahora, huele...  

Ella me cogió la mano por puro cumplido, convencido que estaba orate. Se acercó el anillo a su nariz y cuando según me cuenta ella, iba a decirme:  

- Pues yo no huelo nada...  

La ví quedarse pálida como la pared blanca de la habitación, sin poder articular palabra y transida de emoción.  
- Pues sí... sí que huele... como a sándalo...

Al día siguiente estando en la playa, volvió a venir el olor más fuerte que nunca. Yo estaba extraviado de que la gente no se volvieran a preguntar que era aquello. Conmigo al borde del agua estaba mi hijo Augusto. Toma huele

- le dije Sí

- contestó con su habitual seriedad

- si esto huele... no sé a qué, pero huele intensamente...

No le hizo mayor caso y se metió en el agua. Aquella fue la última vez que percibí el extraño olor. Después nunca más. Mi mujer a pesar del olor seguía con sus dudas hasta que le ocurrió un fenómeno inusitado como relato a continuación.

Julia, mi mujer, sólo subió una vez a Garabandal. Con nosotros en aquel viaje también el P. Alba, mi hijo Augusto, el señor Serra, un magnífico conductor y el simpático señor de Pedro. El P. Retenaga no subió nunca conmigo, ni el Dr. Ortiz, vigiló nunca cualquier examen médico que yo hiciera a las niñas.

Quiero hacer constar que el Dr. Celestino Ortiz Pérez, me ha merecido siempre todos los respetos, la confianza y la simpatía. Puestos a puntualizar, lo único que diría es que le encuentro excesivamente emotivo. Emotividad producto de su propia bondad natural.

En aquel viaje Julia, vino decepcionada. Le pareció, como después al famoso Obispo Puchol, todo junto, un juego de niñas. Sin mayor importancia. Entonces teníamos el resto de la familia de veraneo en Caldetas. Julia casi sin hacer escala en Barcelona, se trasladó a Caldetas. Yo subí él sábado siguiente.

Y cual no sería mi sorpresa cuando la encontré completamente  cambiada respecto a lo de Garabandal. Me contó que el día antes paseando a media tarde por el frondoso parque municipal de Caldetas, de plátanos híbridos, en el momento más impensado, se sintió como ausente de la realidad y como trasladada a revivir todo lo de Garabandal. Como si estuviera sonámbula y como si la gente y las cosas del parque fueran irreales. Todo ésto, con una gran certeza en la veracidad de todo lo de Garabandal, con un inmenso aumento de amor a la Virgen, con una seguridad y una emoción vivísimas.

- Yo a la Virgen siempre le había querido... pero que quieres que te diga... en cambio ahora... me decía. Este estado le duró unos instantes en el tiempo calendario y mucho más en el tiempo interno o psíquico. Desde entonces está convencida de Garabandal y de todo lo que significa y comporta. Convencidísima y lo sigue estando. Lo ha estado siempre... Nunca ha tenido ninguna duda. Nunca.

Junto con esto hubo un aumento notable en el amor espiritual en nuestro matrimonio, acompañado de una rara sensación de alegría interna, que me atrevería a calificar de extraterrena.

Aquí sólo quiero recalcar un punto. Lo he sopesado, pensado y observado a conciencia y he sacado la siguiente conclusión. En Garabandal no ha existido, ni existe ningún otro causante, actuante allí, y en relación con lo de allí que la Santísima Virgen. La Santísima Virgen María para los creyentes y para los no creyentes. Pero desde luego ningún causante humano, ninguna persona que actuara en funciones de tal, ni de cerca, ni de lejos.

En el momento de escribir estas líneas soy Vicepresidente de la Sociedad Española de Sofronología y Medicina Psicosomática y Presidente de la Asociación Española de Investigaciones Parapsicológicas. O sea que algo entiendo de todo esto.

En Garabandal por lo visto había que ser humilde. Había llegado al pueblo aquella misma tarde. Tenía intención de examinar a Conchita, no sólo desde un punto de vista neurológico, sino también desde un punto de vista psíquico.

A última hora de la tarde me dirigí a casa de Conchita que es cuando la niña acostumbrada a estar allí, sino para realizar el examen entonces, sí por lo menos para quedar para el día siguiente.

Todo el mundo tiene derecho a tener un momento de mal humor. Entré en la cocina para explicarle a Conchita mi propósito. Pero apenas empecé a hablar, su madre Aniceta, me echó de allí a cajas destempladas. Me quedé "patidifuso" y me largué".

Nunca me había ocurrido una cosa semejante. Aniceta y no digamos Conchita, siempre me habían tratado con la más exquisita educación. Como explicaré después, ya había examinado a las otras niñas y había hablado con Conchita para examinarla también a ella, más adelante.

Me fui a cenar, la consabida tortilla y un poco de chorizo, y luego me trasladé al "hotel Puncernau", que era como llamaba en plan de broma a la casa, la primera a la derecha entrando en la calle Mayor, propiedad de dos hermanos, todo bondad y todo franqueza.

No puedo negar que después del fiasco que me había dado Aniceta, estaba de mal humor. Después me serené y pensé, si todo ésto es cosa de Dios y conviene que pueda examinar a Conchita, todo se hará, y si no conviene o no es de Dios, no viene de un examen más o menos.

Es decir, acepté con humildad lo que Dios dispusiera. Dormí como un bendito. Después de haber desayunado mi buen café con leche, me dispuse a dar una vuelta por el pueblo, sin rumbo fijo. En una de las callejas me topé de manos a boca con Aniceta.  

-¿Usted que quería ayer noche...?  

- Pues poder examinar a su hija...

Venga conmigo... creo que ahora está en casa... Llegamos a su casa.
-Conchita... Conchita... aquí esta el Dr. Puncernau que quiere examinarte.

Es mejor en tu misma habitación... pues aquí abajo no os dejarían tranquilos... suba... suba doctor... Conchita puso dos sillas, frente a frente, al lado de su cama. Dejamos la puerta abierta.

Aniceta trasteaba por la casa y de vez en cuando subía a buscar algo, y a vigilar qué hacíamos. No dijo una palabra.  

- Antes de nada, descálzate y échate en la cama.

Pronto estuvo, sin la especie de alpargatas que llevaba. Quiero remarcar que llevaba los pies limpísimos. Los pies y las piernas. Examiné el reflejo rotuliano, el aquíleo, el plantar... la sensibilidad externa e intraceptiva, el sistema motor, cerebeloso, los pares craneales, etc. Luego ya sentada en la silla, terminé el examen neurológico. Después le hice un test de Koch y un Rorschach. En fin todo a pedir de boca.

El test de Rorschach, fue algo sorprendente a una velocidad increíble dio más de 70 respuestas, completamente lógicas y muchas de movimiento. Tenía una imaginación vivísima con tendencia a la fabulación. El test de Wechier-Bellevue, dio un grado de inteligencia superior.

Estuvimos, con gran complacencia mía, más de dos horas juntos en su habitación. Un rato que me quedé callado, me preguntó: 
- ¿En qué piensas, doctor?

 Yo de una manera espontánea respondí:  
- Estaba pensando... en que se está muy bien aquí contigo...

En mi respuesta no había ni la mínima sombra de ningún mal pensamiento. Respondí sencillamente la verdad y no me arrepiento. Sus ojos entre picarescos y risueños me decían, no se lo tome tan en serio doctor... Pero la verdad es que se estaba bien... muy bien allí.

De todos los garabandalistas son conocidas las dudas y negaciones de las propias videntes, por otra parte preanunciadas con tiempo. ¿Cómo conviene proceder en este estudio?

El primer problema que debemos considerar, es tratar de si es posible la explicación parecía presentarse en unos términos muy simples:

a) Todo había sido un juego de niñas.
b) Las niñas arrepentidas de su juego habían confesado finalmente la verdad.

La primera afirmación es inaceptable por los estudios médicos. Aun en el caso de que las niñas hubieran en algunos momentos añadido "algo" de su propia cosecha, es completamente inverosímil que TODO hubiera sido un juego de niñas.

Los mismos médicos de la Comisión nombrada, de una vez por todas, tenía a mi entender la suficiente clase científica, para haber descubierto desde los primeros momentos una superchería infantil.

Aquellos estados de trance extático, con pérdida de la sensibilidad y de la sensorialidad, la abolición del reflejo foto motor y de oclusión palpebral, la plasticidad muscular cérea durante los trances, la resistencia a la fatiga, el mimetismo exacto en los cambios de expresión emocional de la cara, en las cuatro a la vez (sin ninguna clase de contacto) y en el mismo instante, etc., etc., no puede considerarse en absoluto un juego de niñas.
La historicidad médica de los hechos de Garabandal, de la que hay abundantes testimonios gráficos, es incontrovertible.

En otro de mis viajes estuve en Santander con el amable secretario de la Comisión. Estuvimos diez horas, repasando todo aquello que se consideraba negativo respecto a Garabandal. De resultas de este estudio, cuyo peso específico era poco contundente, se acordó ir a ver al representante del Sr. Obispo (éste se encontraba en el Concilio), para pedirle la formación de una nueva Comisión de Estudio. El señor Vicario nos prometió comunicar nuestra petición al Sr. Obispo. Pero que yo sepa no se recibió ninguna respuesta.
En una de mis visitas a Garabandal pedí permiso, a los padres de Mari Loli y de Jacinta para que me dejaran levantar a las niñas durante el estado de trance. No hubo el más pequeño reparo. Levanté por separado en pleno trance a Mari Loli y a Jacinta. Ellas estaban arrodilladas y yo las izé, cogiéndolas por los codos doblados.

Noté una marcada plasticidad cérea de sus músculos. Me habían contado previamente, que cuando las niñas estaban en trance no había quien las moviera, quién las levantara, a pesar de ser personas los que lo intentaban, de considerable fuerza. Yo tengo una fuerza corriente, más bien menos, que más. Sin embargo, las levanté como dos palmos del suelo con suma facilidad.

Si no fuera porque en estos momentos la sugestión te puede jugar alguna mata pasada, yo aseguraría que pesaban menos que en estado normal. Ya en estado normal, les pedí que se colocaran en la misma postura, las dos estaban machuchas y tuve la impresión de que me costaba mucho más que en estado de trance. 0 sea que yo aseguraría que había una marcada disminución de peso en estado de trance.

Ahora bien he de confesar que hice una pequeña trampa. Sin perder en lo posible mi frialdad y lucidez médica, recé con todo fervor de cristiano antes de mi intento, un Avemaría. He aquí mi trampa.

Otro día pedí a los familiares de Conchita que si tenía éxtasis de tipo deambulatorio, me dejaran ir pegado a ella todo el rato. No hubo ningún reparo. Precisamente aquella tarde había anunciado, a Conchita, mi intención de examinarla. Al parecer la niña quedó un poco preocupada.

En el curso del largo trance, deambulando por las callejas del pueblo, oí claramente que susurraba mi nombre.  
- ¿Es bueno del Doctor Puncernau?  

-  Bueno... pero eso tendrá poca importancia...

Esta fue parte de la conversación, con su visión, que capté. Al terminar el éxtasis (había mucha gente) le pedí que me dijera lo que le había dicho la Virgen de mí. Yo no las tenía todas. Pensaba, a ver si se le ocurre empezar a decir todos tus pecados... Como si adivinara mis temores Conchita me dijo:  

- La Virgen, no dice nunca los pecados de nadie...

En un momento en que la dejaron más tranquila, me escribió en el dorso de una estampita, que naturalmente guardo, lo siguiente: (Copia textual) "La Virgen me dijo que estaba muy contenta con Vd. de que le estaba dando mucha gloria a Dios y lo que Vd. tiene estudiando, que se realizará y triunfarás. Conchita"

Me llamaron la atención los superlativos. Esto debe ser cosa de la misma niña. Pero ¿qué Madre no encuentra todas las gracias a su hijo aunque fuera un destacado o un sinvergüenza?

Otro detalle que quiero relatar es el siguiente. Con frecuencia en sus paseos extáticos se descalzaban y andaban por las callejas, llenas de barro, piedras, potes, cristales y deyecciones del ganado, etc. etc.
Aunque yo personalmente no lo presencié, me aseguraron que había pasado descalza sobre un montón de brasas encendidas y esparcidas. Aquel día, cuando supe que tenía dos avisos, le rogué a Conchita que me dejara examinarle los pies a lo que ella se prestó de buen grado quitándose las viejas alpargatas de ambos pies. Observé especialmente la planta del pie. Los llevaba limpios, quizá más de lo que hubiera correspondido al barro de las callejas o bien se los acababa de lavar. No lo sé.

Tuvo un trance largo, a medio trance perdió una alpargata y siguió con un pie descalzo. Al poco observé que se quitaba, en éxtasis el otro. Deambuló por las callejas del pueblo un buen rato, con los pies descalzos pasó sobre el barro y todos los habituales desperdicios. Terminó el trance descalza en la cocina de su casa. Inmediatamente, le pedí que me dejara verle los pies todavía descalzos. Busqué algún arañazo, algún rasguño, alguna contusión, en los pies. Nada. Cuando me hube cansado de examinarle los pies, se colocó otra vez las alpargatas.

Hasta después no me di cuenta de un hecho esencial. Llevaba, tenía los pies tan limpios como antes de deambular por el consabido barrizal de las callejas. Y no se los había podido limpiar con nada. Seguro, porque no la perdí de vista. Ni siquiera se había ensuciado los pies.

Hay muchas, muchas cosas que contar sobre Garabandal. La mayoría se encuentran en los numerosos libros y libritos, que se han escrito con mayor o menor acierto sobre Garabandal Y sus protagonistas. He dicho antes que en esta corta relación, he procurado separar lo que me afecta como médico y lo que me afecta como cristiano y enamorado de la Virgen María. Son dos cosas aparte.

Hace pocos días me he enterado de la muerte de Ceferino. Ceferino, en paz descanse, era un hombre un poco brutote a fuerza de sincero. Fue él quien me contó lo que sigue.

Era en invierno. No había ningún visitante en el pueblo. Había una ligera ventisca y hacía mucho frío. Hacia las tres de la madrugada oí a Mari- Loli que se levantaba y se vestía.  

- ¿Dónde vas ahora... ?  
- La Virgen me llama al cuadro...  
-¿Estás loca, con el frío que hace ... ?  
-La Virgen me llama al cuadro...  
- A ver si te saldrá algún lobo... haz lo que quieras... pero ni tu madre, ni yo te acompañamos...

Mari-Loli se acabó de vestir, abrió la puerta de la casa y se fue hacia el cuadro. A unos doscientos metros del pueblo. Si yo hubiera estado seguro que era la Virgen yo no me hubiera movido de la cama... la Virgen hubiera cuidado de ella... pero como no estábamos seguros, nos levantamos mi mujer y yo y nos encaminamos hacia el cuadro.

La encontramos en medio de la ventisca, de rodillas, en trance. Hacía un frio de mil demonios. Pensando encontrarla helada, le rocé las mejillas. Estaba calentita, como si no hubiera salido de entre las sábanas de la cama. Nos tuvo más de una hora allí. Muertos de frio. Mientras ella seguía tan campante, hablando con su Visión. Por lo visto la Penitencia la teníamos que hacer los padres..."

Más o menos, ésto es lo que me relató Ceferino, una noche sentados en un banco de su taberna. Si tuviera que relatar, repito, todo lo que viví en Garabandal sería como escribir un libro de tamaño parecido al Dr. Zivago. No es este mi propósito. La mayoría de hechos de Garabandal ya han sido escritos en la abundante literatura, nacional y extranjera que se ha publicado.

Sólo he querido mencionar una serie de hechos, que por ser muy personales, no había contado hasta ahora a nadie. 0 acaso a muy pocas personas de la familia. He esperado quince años.

Naturalmente, gracias a Dios, soy un hombre que tengo Fe. Fe cimentada entre otras cosas, en la observación de la Historia. Siempre que ha surgido una explicación, que parecía sacudir los cimientos de la Religión, he constatado que, con un poco de tiempo y paciencia, salía una nueva explicación que echaba por tierra los prejuicios contrarios.

Reconozco que me hubiera gustado mucho más al escribir las anteriores páginas, hacerlo en plan de cristiano convencido, pero no era este el papel que me había sido asignado. Las he escrito, pues, con toda la frialdad posible y sobre todo, por encima de todo, con absoluta sinceridad.


 

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cerecedaP. José María Alba Cereceda, S.J.

Fundador de la Sociedad Misionera de Cristo Rey, fue también fundador de la Unión Seglar de San Antonio María Claret, de la Asociación de la Inmaculada y San Luis Gonzaga, del Colegio Corazón Inmaculado de María y de la Asociación María Reina y Madre. Cofundador de la Asociación de Sacerdotes y Religiosos de San Antonio María Claret y de la Hermandad Sacerdotal Española de San Juan de Ávila.
Falleció el 11 de enero de 2002 a la edad de 77 años.


El P. José Maria Alba Cereceda escribió un informe sobre algunas consideraciones de los hechos acaecidos en San Sebastián de Garabandal con fecha 22 de agosto de 1962. "Según la valoración de los médicos es impensable una explicación psicológica o anormal, como tampoco algo comercial interesado, propagandístico, fraudulento en lo familiar o en la colectividad del pueblo".

Las reacciones psicológicas de las niñas son completamente normales, no hay nada de ficticio o superpuesto. No hay tampoco ningún indicio, según las reglas de discernimiento de espíritus de los grandes maestros del espíritu, de una posible inducción diabólica. Más bien se percibe un espíritu de humildad y pobreza, de piedad, sencillez austera, un gran sentido de iglesia y de obediencia. En resumen, en opinión del P. Alba "hay fundamento serio y más que suficiente para poder creer en la realidad de las apariciones de la Virgen María a las cuatro niñas de San Sebastián de Garabandal".

Descargar pdfTexto completo del informe del P. José María Alba Cereceda, S.J.

Consideraciones sobre los hechos de S. Sebastián de Garabandal para el Dr. Purcernau, de Barcelona- Agosto 1962

Mi juicio personal de los hechos tal como me lo he formado hasta hoy:

La Santa Madre Iglesia Jerárquica es la única que puede darnos certeza completa de lo que puede significar religiosamente San Sebastián de Garabandal. Ella da aprobaciones permisivas  o negativas como hace con tanta frecuencia o aprobaciones positivas. Sabiamente la iglesia no tiene prisa y espera el paso del  tiempo. Pero nosotros con bien intencionados esfuerzos podemos ayudar y facilitar el camino a la decisión de la Jerarquía. En todo caso  nuestras desviaciones o errores no serán mas que de personas privadas sin más consecuencias. Pero por nuestra parte es necesario también arriesgarse a juzgar y a formar de manera razonada nuestro juicio y a exponer nuestros personales puntos de vista; muchas veces lo pedirá la misma caridad.

La valoración de los datos de los médicos – el Dr. Ortiz de Santander especialista de niños estuvo durante 22 días consecutivos estudiando a las niñas- su  informe a D. Valentín etc... me persuade que toda explicación psicológica o anormal es impensable.

Queda descartado todo lo que pueda ser de tipo comercial interesado, propagandístico, fraudulento en lo familiar o en la colectividad del pueblo. Esto parecerá evidente a los que han vivido algunos días allí.

La vida religiosa de las niñas y sus reacciones psicológicas y religiosas encaja dentro de lo adecuado para cada una de ellas. Nada ficticio o superpuesto.

Los fenómenos religiosos de las niñas son todos ellos conocidos y dentro de las naturales variedades de cada caso, se han dado muchas veces en la historia de la Iglesia, en las vidas de los santos y en bastantes de ellos ya de niños. Los autores de espiritualidad hacen referencia a tales fenómenos como una concomitancia de la contemplación. En este punto no se hallará nada sorprendente, no digo a un místico, sino a cualquier sacerdote  que haya procurado tener un mínimo de conocimiento en esta materia espiritualidad.

Tampoco presenta dificulta el que se trate de cuatro niñas sencillas de un pueblo perdido entre montes. Más bien hay razones positivas de que Dios se comunique en esos casos.

Las reglas para el discernimiento de espíritus que nos proponen los grandes maestros de las almas no nos dan ningún indicio, en el caso de San Sebastián de Garabandal, de posible inducción diabólica. No se advierte ningún atisbo de espíritu mundano, vano honor, codicia de bienes, soberbia.

Por el contrario se percibe como una especial providencia de Dios. Espíritu de humildad y pobreza, piedad y sencillez austera: un notable sentido de iglesia y de obediencia

Varones religiosos sabios, prudentes y  virtuosos que han acudido a San Sebastián de Garabandal, se inclinan por una interpretación sobrenatural. Entre ellos están algunos grandes teólogos de los más destacados que tenemos hoy en España cuyos nombres tengo presentes.

Tiene gran valor también el sentir común del pueblo en su conjunto. Sus reacciones de honda sabiduría cristiana, su persuasión cada vez más iluminada y contrastada a lo largo de tantos meses. Y a su vez, el sentir de cientos y miles de cristianos, sacerdotes y seglares de todas las provincias de España y de todas las clases sociales. Esa actitud a la luz de la teología es una confirmación nada desdeñable. Todo se produce en un cuadro de connaturalidad con lo sobrenatural, sin estridencias con espontaneidad humana.

Mis conversaciones con las niñas, sus respuestas y de cuanto directamente he podido enterarme sobre las características  de su contemplación, aclaraciones al mensaje, antecedentes  al trance espiritual – “llamadas” . o locuciones  interiores, resistencia a  la gracia... y reminiscencias tras el – conocimientos de tipo infuso, hábitos espirituales...- me llevan a conclusiones positivas sobre la realidad sobrenatural de los hechos.

Finalmente el mensaje dado por la Virgen María a las niñas el 18 de octubre  tiene una estructura muy sencilla y simple. Sacrificios, penitencia, visitas a Jesús Sacramentado. Todo ello informado de una autentica vida cristiana – ser buenos, caridad- Se anuncia condicionadamente un gran castigo para todo el mundo, si no  volvemos a Dios y a una vida santa. Instintivamente viene a la memoria los mensajes de la virgen de Lourdes y Fátima. Puede seguirse en una misma línea.

Por otro lado hay una concordancia perfecta de fondo con lo que viene enseñando reiteradamente el Magisterio público de la Iglesia, desde hace ya más de un siglo. Nuestros tiempos son excepcionales en la historia misma Iglesia como ha vuelto a repetir el Papa Juan XXIII como un eco de Pío XII. Su contenido espiritual que a muchos podrá parecer genérico encuadrar perfectamente con toda la tradición religiosa de la Iglesia, que se remonta hasta la predicación de los profetas de Israel.

La urgencia en nuestro tiempo de laicismo y de perdida de la conciencia del pecado, de una rectificación hacia una autentica vida cristiana es mayor que nunca. Es una verdad de experiencia.

El mensaje puede ser por lo tanto, para todo el que lo recibe y abrace con sencillo  corazón principio de reforma de vida o de un decidido paso adelante en el camino del fervor y de la santidad cristiana.

En resumen pues: Creo que hay fundamento serio y más que suficiente para poder creer en la realidad de las apariciones de la Virgen María a las cuatro niñas de San Sebastián de Garabandal.
De todo el conjunto de datos negativos y positivos podemos extraer una certeza moral, humana suficiente.
Los criterios de discernimiento tanto subjetivos como objetivos- nos fijamos sobre todo en los “signos” – abonan la misma certeza
Creer pues en tales apariciones y obrar conforme a ellas y al mensaje del 18 de octubre del 61 es razonable y a nadie le puede parecer tal como están hoy las cosas como algo imprudente.

Algunos puntos de vista que pueden aclarar
Los hechos sobrenaturales que apreciamos en las niñas no encajan exactamente en el esquema por así decir ordinario de la evolución mística.
Lo  cual no es de extrañar pues son muy diferentes las circunstancias y se trata de unas sencillas  niñas de aldea sin cultivo alguno. Estos hechos conocidos en la vida mística, no han tenido pues, a lo que parece, una ordinaria fase ascética. La gracia ha irrumpido sin más en sus almas. Una gracia mística “gratis dada”. Lo que parece probable es que la evolución mística comience desde ahora.
Lo repentino del comenzar, la iluminación del rostro, la normalidad funcional, la suavidad del termino.. más que de éxtasis, como se dice comúnmente tiene  las características del rapto. Los demás fenómenos son concomitancias del rapto y explicables por el.
Las apariciones son todas ellas de carácter imaginativo, por vía imaginativa. En el rapto se da una perfecta ligadura de sentidos.
Lo verdaderamente notable es la extraordinaria frecuencia de las apariciones y la maternal dignación de la Virgen  con las sencillas peticiones y hasta gustos personales de las niñas y de los presentes. Tiene cada caso particular para las personas a que se refiera un gran valor del “signo” personal.
Se adquiere la impresión subjetiva de que se está recorriendo un camino apenas iniciado a una mayor plenitud. El tiempo y la fidelidad a la gracia de las niñas puedan tal vez aclarárnoslo.
En muchos de estos puntos de vista coincidí perfectamente con el sacerdote D. Luis López Esténaga, gran conocedor de los hechos de S. S. de Garabandal y que es en la actualidad Director espiritual del seminario de la diócesis de Guipúzcoa. De el recibí también provechosas enseñanzas.

Unas consideraciones finales
Todos los que van a S. S de  Garabandal vuelven con más fervor, con más fe, con mayores deseos de servir a Dios y a la Virgen.  Y con deseos de volver al lugar donde se ha recibido dones interiores.
Hay bastantes casos de conversiones. Algunos de ellos son conocidos en todo el pueblo y de muchas personas al hacerse públicos.
No hay casi persona que no haya recibido durante su estancia allí o a su regreso, una respuesta interior de la Virgen a sus suplicas o una muestra especial de predilección.
Las pocas excepciones nada significan.
Supuesto que lo directo o importante es el mensaje que nos llega de la Virgen, no hemos  de esperar nada más si no empezar a ponerlo por obra. Los sacerdotes en esto debemos dirigir al pueblo cristiano para que no se detenga en los exterior de las cosas, sino que dirija su vida a una mayor austeridad, a la reparación, la adoración eucarística y en una palabra a un mayor espíritu cristiano.
Que la misma ida al pueblo de las apariciones se haga con ese espíritu, y que toda la estancia allí esté en concordancia con la peregrinación. Que el pueblo santanderino se convierta así en una irradiación de espíritu eucarístico y de vida de penitencia. Y esto infundirlo también en nuestra vida diaria y en nuestro ambiente propio.

Insistir en el hecho de que el anunciado castigo es condicionada a lo primero. A una auténtica reforma de vida. No se ha de presentar como algo inevitable  que deforme el sentido del mensaje. Las ciudades del Mar Muerto se hubieran salvado si  Abraham hubiera encontrado 10 justos. Lo que quiere la Virgen es nuestra santidad.
Es un hecho que las niñas carecen de dirección espiritual, Dios en su providencia puede suplir con gracias especiales las necesidades de ella para la perfección y para no errar  en el difícil por el que parecen están llamadas las niñas. Muchos aspectos de la vida espiritual y de la perfección aun no los han podido  descubrir, ni quizás los sospechan. Hemos de ayudarles nosotros mucho e insistentemente con nuestras oraciones, para que sean fieles a la gracia que ha comenzado a labrar en sus almas la imagen de Cristo. Para que si Dios, en previsión de su fidelidad futura les ha concedido las gracias de hoy, pues nuestras oraciones consigamos su fidelidad humilde y su entrega a la voluntad de  Dios durante toda la vida para que tenga culminación en sus almas lo que Dios en ellas ha comenzado.


Dos nombres  he omitido por obvias razones: el de D. Valentín cura párroco de Cossio y también de S. S. de Garabandal. Su posición es muy prudente ajustada en todo y sumamente oportuna  en las difíciles circunstancias  en que está.
También el P. Luis Andreu, jesuita, que murió el 9 de agosto del 61. En los hechos  de Garabandal sigue hoy jugando un papel importante desde el cielo. A el hacen alusión con frecuencia las niñas. El capitulo del P. Andreu en esta cuestión es un nuevo dato confirmativo.

- A falta de comisión oficial que trabaje sistemáticamente sobre los hechos y lo estudie directamente me parece muy conveniente la idea que tiene alguno, de ir reuniendo todos los estudios que se hacen asiladamente sobre S. S de Garabandal,.. Y que tengan mutuo conocimiento  del trabajo que se hace también por otros grupos de personas.
Sería de lamentar que por una falta de coordinación o información precisa, surgieran varianes o personales interpretaciones de los hechos sin una visión objetiva y segura. O por no recogerlos y vincularlos a sus mismas fuentes, se diera lugar a glosas, ampliaciones o leyendas piadosas que con la mejor voluntad, dañarían los mismos hechos que se quieren ensalzar. Mensajes recientes han sufrido bastantes ataques por este motivo. Y aunque es verdad que Dios puede obtener  sus fines sin nada de esto, por nuestra parte  nosotros debemos de obrar como si todo estuviera depositado  en nuestras manos, para confiar luego en las de Dios.
    Por otro lado un trabajo así orientado, facilitaría extraordinariamente  la labor de la Comisión que deba informar.

Barcelona 22 agosto 1962


 

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Alejandro DamiansD. Alejandro Damians Damians

Testigo del milagro de la comunión visible

“En repetidas ocasiones, y varias personas han tenido la oportunidad de compartir mi impresión sobre la maravilla de este milagro que tuvo la gracia de testimoniar S. Sebastián de Garabandal el 18 de julio de 1962. Empecé mi testimonio de vuelta un poco antes, el lunes 16 de julio de 1962. En ese momento, sabía que en los próximos 18 días se anunció por primera vez el prodigio de Garabandal, o más bien, el primer hecho público extraordinario”.

Con estas palabras comienza D. Alejandro Damians su informe en el que narra el milagro ocurrido en Garabandal el 18 de julio de 1962  y del cual fue un testigo privilegiado. En dicha fecha Conchita recibió de manos del Angel la Sagrada Comunión y esta fue visible en su boca para los presentes durante algunos segundos. D. Alejandro se encontró dicho día  de forma casi inesperada en Garabandal y providencialmente antes de salir para un familiar le había entregado una máquina de filmar con unas breves indicaciones de como usarla. D. Alejandro  consiguió sacar, de noche, algunos fotogramas de los últimos instantes de la Comunión visible de Conchita, gracias a lo cual ha quedado una prueba visible del milagro.

Para D. Alejandro aquel día memorable tuvieron lugar dos milagros, el primero la comunión de Conchita y el segundo, “la prueba de la infinita condescendencia de la Virgen, porque sólo a Ella puedo deber la dicha de haber presenciado el prodigio”.


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Testigo del milagro de la comunión visible

De circunstancias excepcionales y hechos sobrenaturales vividos en San Sebastián de Garabandal 18-7-62

En reiteradas ocasiones y a diversas personas he tenido que relatar la impresión que me causó el prodigio que tuve la oportunidad de presenciar en S. Sebastián de Garabandal del día 18 de julio de 1962.

Según mi estado de ánimo, la concurrencia, personalidad de los asistentes, e incluso la presencia de quienes ya hubieran oído mi relato, así como otras diversas circunstancias externas y de ambientación, mi reseña ha sido más o menos extensa e incluso detallada o perfecta.

Con el fin de evitar éstas, no contradicciones o discrepancias, pero sí ligeras variantes de mi relato, creí interesante y muy conveniente que mi descripción se ciñera a la lectura de un Informe que yo mismo pudiera relatar con aquella tranquilidad de espíritu tan conveniente y previo examen y análisis de todas y cada una de las circunstancias que rodearon los hechos. En dicho sentido fui aconsejado, así mismo por personas de sano criterio y resolví no demorar por más tiempo esta narración, con el vivo deseo de que pueda ofrecer una sincera, clara y serena idea de mi intervención, en los hechos acaecidos en el pueblecito de S. Sebastián de Garabandal.

Hablaré de personas que, tal vez, muchos conocerán, y de otras cuya personalidad les será totalmente desconocida; no detallaré con exceso sus características, pero tampoco pasaré por alto su intervención.
Para quienes de una u otra forma, se hallan vinculados a tales hechos y circunstancias, mi relato podrá parecer monótono, mientras que para los demás será insuficiente y, quizás, incompleto. Sin embargo, lo más interesante para nosotros es Garabandal y creo que podemos, sin ningún riesgo, crear una confusión en los personajes si conseguimos, a cambio, una mayor claridad en los hechos.

Iniciaré, pues mi informe remontándome al lunes 16 de julio de 1962.

Sabía ya entonces, que para el próximo día 18 estaba anunciado el primer prodigio de Garabandal, o mejor dicho, el primer hecho extraordinario público o de trascendencia ya que allí, como en todas partes, los prodigios de Dios se suceden continuamente con el transcurso de la vida.

Siempre he creído ser un hombre de fe. Jamás he necesitado presenciar milagros para reafirmar mis creencias, pero la humana curiosidad me había llevado ya en el mes de marzo a visitar la pequeña aldea de la provincia de Santander. Sin ser particularmente impresionable, la bondad de sus habitantes, los éxtasis de las niñas, el ambiente sobrenatural que parece experimentarse al pisar aquellas tierras, la estoica resignación colectiva que aquellas gentes ante un cúmulo de circunstancias a todas luces extraordinarias y los extraños casos de índole personal interior, que me han sucedido, produjeron un marcado impacto en mis sentidos. No obstante, como experiencia me parecía ya suficiente y si bien tenía deseos de volver a Garabandal, estaba indeciso sobre la determinación a tomar en aquella ocasión.

Confieso sinceramente que estoy muy apegado a las comodidades, en cuanto mi situación y quehaceres lo permiten, y tal vez por ello estaba dispuesto a tomarme unas pequeñas vacaciones veraniegas en Premiá del Mar, intentando ignorar que para el próximo día 18 estaba anunciado un prodigio que difícilmente tendría ocasión de presenciar. Me propuse buscar paliativos a mi abulia pretextando que si estaba destinado debía trasladarme a la pequeña aldea se cumpliría la divina voluntad sin intervención por mi parte.

Un primo mío estaba deseoso de ir y yo había supeditado mi decisión a la suya; habíamos convenido que antes de su partida, de regreso de un pueblecito de la costa, pasaría por mi residencia para que le confirmara si me unía o no a la expedición. La hora de la cita había sido fijada sobre las 7 de la tarde; transcurría con exceso dicha hora sin que tuviera al respecto, por lo que resolví acomodarme a la vida familiar, ya plenamente resuelto de no interrumpir mis cortas vacaciones.

En plena cena recibí su visita, indicándome que por motivos familiares le era imposible desplazarse pero que, un amigo suyo, estaba dispuesto a efectuar el viaje si encontraba un compañero; decline la invitación.
Cada vez se presentaban más propicias las circunstancias para excusarme; lo intempestivo de la hora, la imposibilidad de mi primo y la idea de realizar el viaje con quien todavía era un desconocido para mí, reforzaban mi decisión de quedarme en casa.

Y en este punto, en la forma más humana y sencilla, tuve plena conciencia de la voluntad divina en la presión que sobre mí ejercieron, no sólo mi esposa y mi primo de quienes ya esperaba semejante reacción, sino principalmente de mi hijo a quien su corta edad parecía no autorizar a ello; reconvenciones de mi esposa, consejos de mi primo y súplicas de mi hijo: al fin cedí.

A partir de este momento, los hechos se sucedieron a una velocidad vertiginosa; una conferencia telefónica al amigo de mi primo, nuestra cita para las cuatro de la madrugada, el viaje a Barcelona para, con mi esposa, preparar lo imprescindible y dejar una nota advirtiendo al despacho de mi ausencia por unos días... Todo fue realizándose de forma sucesiva, atropellada y como en una pesadilla. A las cuatro en punto pues, mi nuevo amigo con su hermano, mi esposa y yo, partimos en coche hacia el Norte.

En este momento es forzoso citar un detalle que estaba destinado a ser tal vez el más importante; antes de partir, mi primo me entregó una máquina de filmar de un amigo suyo, dándome una superficial indicación de cómo debía usarla, mayormente importante por cuanto mi incompetencia de dicha materia, era fruto de un total y absoluto desconocimiento de dicha técnica.

Nuestro viaje no ofrece detalles dignos de mención salvo su ininterrumpido rodar por la carretera puesto que, sin dormir, a las 10 de la noche del día 17 llegamos a Garabandal.

La pequeña aldea estaba invadida de forasteros. Sin publicidad alguna, la noticia de la primera prueba perceptible de la veracidad de los hechos y acontecimientos patentizados hasta la fecha, se había extendido por todo el país; una multitud procedente de diversas regiones y clases sociales daba un matiz excepcional al ambiente, en el que podía respirarse una expectación inusitada. Entre los visitantes había varios sacerdotes que departían entre sí y con D. Valentín, párroco de Cosío, que había subido hasta Garabandal, para los cultos que debían tener lugar al día siguiente, la fiesta mayor.

Encontramos habitación en casa de Encarna, tía de una de las niñas videntes, donde dejamos nuestro escaso equipaje, partiendo seguidamente hacia la de Conchita, una de las cuatro videntes y la que, precisamente, tenía anunciado el milagro.

Aquella noche presenciamos un éxtasis, como siempre extraordinario, que hizo aún más mella en nuestras sensibilidad, toda vez que nos hallábamos aguardando la demostración visible de lo sobrenatural.

Parece absurdo referirme al día siguiente, cuando en mi imaginación los días 17 y 18 constituyen un todo ininterrumpido, ya que a aquella noche que en aquellos momentos me pareció extraordinariamente larga, le sucedió un pálido amanecer nublado, de color gris plomizo, que parecía una continuación de la noche; a la misa de madrugada le siguió un pequeño bullicio de pueblo en fiesta, muy débil por la mañana y que fue aumentando en las primeras horas de la tarde.

Casi todo el día 18 lo pasé en el interior de la casa de Conchita con mi esposa, mi amigo y varios sacerdotes, así como otras personas desconocidas. Tuve ocasión de hablar con Fray Justo, sacerdote Franciscano con quien luego he sostenido correspondencia, y que en carta a un amigo mío decía cuan incrédulo había partido de Garabandal después del prodigio. No había de tardar mucho tiempo en ver la luz y rectificar, si bien es asunto que no es ahora ocasión de relatar.

Dos circunstancias se daban cita en aquella ocasión para albergar dudas si se produciría o no el prodigio anunciado; una de ellas, el ambiente festivo que reinaba en el pueblo; otra la presencia de sacerdotes. En algunas ocasiones anteriores, las niñas no habían entrado en éxtasis; de otra parte, la presencia de sacerdotes había motivado anteriormente el que las niñas recibieran la comunión normalmente y nunca por mediación del Angel.

El ambiente era de duda puesto que, en contra de tales hechos comprobados, se decía entre los visitantes que Conchita había avisado personalmente a algunos sacerdotes para que fueran el día 18, así como que a las preguntas que le fueron formulando aquel mismo día en tal sentido, había manifestado que ni la fiesta, ni la presencia de aquellos serían obstáculo para la realización del prodigio.

Sobre las tres de la tarde, Conchita anunció que se iba a almorzar, lo cual nos dio el convencimiento de que si lo que debía producirse era la comunión, tendríamos aún que esperar un mínimo de tres horas para que tuviera efecto. Así, entre dudas, esperanza, tedio e ilusión fue transcurriendo el día.

Rebasadas las 12 horas de la noche sin manifestación alguna que hiciera presagiar nada extraordinario, cundió el desaliento y la incredulidad.

Cerca de la una de la madrugada del día 19, cuando algunos habían emprendido el regreso a sus puntos de origen, como un reguero de pólvora se extendió la noticia de que, según la hora solar y la situación geográfica del pueblecito, el día 18 no terminaría hasta las 1,25 de la madrugada. Por aquel entonces, los que estábamos en el interior de la casa, sabíamos ya una cosa cierta: Conchita había recibido la primera llamada.
Poco después nos mandaron desalojar la casa y quedé en el portal en compañía de un amigo de la familia de Conchita, para evitar la entrada de cualquier persona. Desde mi emplazamiento dominaba la cocina y la escalera que conduce al piso superior de la casa. Allí se hallaba Conchita, creo que con una prima y un tío suyo, cuando entró en éxtasis.
Mi primera noticia fue verla bajar por la escalera, muy aprisa, con aquella actitud clásica en que sus facciones se dulcifican y embellecen. Al cruzar el portal, la gente que aguardaba ante la casa abrió paso el tiempo justo para dejarla pasar y a partir de este momento la multitud se arremolinó a su alrededor como un río desbordado que arrasa cuanto encuentra a su paso. Vi caer a muchas personas, que eran pisadas por el gentío desbordado, sin que yo sepa de nadie que resultara lesionado, aún cuando el aspecto de aquella masa a la carrera, empujándose unos a otros, no podía ser más aterrador.

Intenté mantenerme cerca de Conchita, pero cinco o seis filas de personas se interponían entre nosotros; a veces, la distinguía aunque con escasa claridad. Dobló al a izquierda, pasó por el pasadizo que forma la fachada lateral de la casa con un muro bajo, volvió a torcer a la izquierda, y el centro de aquella callejuela (relativamente ancha) cayó de repente de rodillas.

Fue tan inesperada su caída, que el alud de gente, por su propia inercia, la sobrepasó por los costados rebasándola; al librarme de esta suerte, de los que me precedían y separaban de Conchita, quedé inesperadamente a su derecha y a medio metro de su rostro. Aguanté con firmeza y grandes dificultades el empuje de mis seguidores, intentando con todas mis fuerzas no ser desplazado del privilegiado lugar en que me hallaba y lo conseguí. Los empujones fueron decreciendo, para quedar finalmente todo en relativa calma.
Poco antes de medianoche, las nubes que oscurecían el cielo, se habían disipado y el manto azulado se había iluminado de estrellas que brillaban alrededor de la luna. A su luz y a la de infinidad de linternas de mano que alumbraban la calleja, pude distinguir perfectamente que Conchita tenía la boca abierta y la lengua fuera, en la clásica actitud de comulgar. Estaba más bonita que nunca. Su expresión, su gesto, lejos de provocar risa o presentar un aspecto vulgar e incluso ridículo, era de un misticismo impresionante y conmovedor.

De pronto, sin saber cómo, sin darme cuenta, sin que Conchita hubiese cambiado lo más mínimo la posición, la Sagrada Forma apareció en su lengua. Fue totalmente inesperado. No dio la impresión de estar depositada allí, sino que más bien podría decirse, que brotó a velocidad superior al de la percepción de la mirada humana.
Es imposible describir la impresión que sentí en aquel momento y que siento hoy al recordarlo. Sorpresa, asombro, confusión son sentimientos demasiado encontrados para definirlos en una sola expresión. Con éstas o parecidas frases he relatado una y otra vez cómo aconteció y jamás he podido evitar, al llegar a este punto, sentir aquella impresión maravillosa que encoge el corazón dentro del pecho, llenándolo de ternura y humedece los ojos en un deseo incontenible de llorar... Lágrimas de alegría, de satisfacción, de felicidad, de amor..., de lo que sea, pero lágrimas al fin.

Más tarde tuve conocimiento de que Conchita permaneció unos dos minutos reteniendo inmóvil, sobre la lengua la Hostia hasta tragarla normalmente y besar el Crucifijo que llevaba en su mano. Según he podido saber unos meses más tarde, tan larga espera fue debida a que el Ángel dijo a Conchita que la mantuviese a la vista hasta que la Virgen se le apareciera.

En aquellos momentos no me di cuenta del tiempo transcurrido; recuerdo, como en un sueño, las voces que reclamaban a gritos que me agachase, así como haber recibido un fuerte golpe sobre mi cabeza.
Colgada de mi brazo llevaba mi máquina de filmar; sin hacer caso de las protestas que surgían a mi alrededor, sin recordar casi las instrucciones recibidas de mi primo, saqué el tomavistas de su estuche, apreté el disparador y filmé los últimos instantes de la comunión de Conchita. Jamás había utilizado ningún aparato similar, ni siquiera había filmado, y sólo tenía la seguridad de haber acertado en el enfoque de la figura, aunque por mi total carencia de técnica, menos aún de conocimientos adecuados, puse en duda el satisfactorio resultado de la película; incidían en ello, todavía otros factores como la adecuada clase de película, intensidad de luz, allí casi inexistente, etc...

Conchita se levantó aún en éxtasis, desapareciendo de mi vista seguida por todas las personas presentes en Garabandal. Más tarde supe que aquél duró alrededor de una hora. Por mi parte ya tenía bastantes emociones; me quedé sólo en un rincón, recostado en la pared y apretando contra mi cuerpo la máquina de filmar, con las pocas fuerzas que me quedaban.

Ignoro el tiempo que permanecí en aquel lugar y en aquella postura. Cuando la laxitud de mis miembros sucedió a la rigidez provocada por el nerviosismo, fui recorriendo el pueblo sin rumbo fijo y a paso lento. Cambié comentarios con la gente esparcida por todas partes y finalmente regresé a casa de Cochita, no se hallaba en trance y me escribió unas frases en una estampa.

Finalmente, me despedí de ella y de D. Valentín, que me había mandado llamar para pedirme mis señas y totalmente agotado partía de Garabandal, en dirección a Barcelona: eran las 3,15 de la madrugada.
No se qué opinarán los que lean este relato, ni la decisión que adoptará la Iglesia al juzgar los hechos. Lo ignoro en absoluto y es muy posible, al presente, que no sientan interés alguno por ello.

Lo único que sí puedo afirmar, sin ningún reparo ni duda, es que el día 18 de julio de 1962, para mí, en Garabandal ocurrieron dos milagros: el primero fue la comunión de Conchita, que revistió caracteres sobrenaturales de inapreciables proporciones; el segundo, siendo de menor alcance colectivo, pero no menos transcendente para mí, la prueba de la infinita condescendencia de la Virgen, porque sólo a Ella puedo deber la dicha de haber presenciado el prodigio.

Firmado: Alejandro Damians. Barcelona, Enero de 1963.



comunion visiblePuede considerarse este hecho, como una de las cosas más importantes entre los hechos que han tenido lugar en Garabandal. Fue el 18 de Julio de 1962. Anunciado por la niña con muchas cartas desde 15 días antes.

 

El número de personas que subió a Garabandal ese día entre dos mil y tres mil. Juzgando por el calendario, el hecho tuvo lugar el día 19 ya que fue sobre la una menos cuarto de la madrugada del día 19 cuando se realizó. Pero si tenemos en cuenta la hora solar real local estamos en el 18.  

Las personas que cita Conchita como presentes en su casa en el momento de presentársele el Angel son: su madre, su hermano Cetuco (Aniceto), su prima Luciuca, hija de Antonia y de Tomás. Antonia es hermana de Aniceta. Viven habitualmente en Cabezón de la Sal. Tendría Luciuca como unos 11 años cuando sucedió el milagro de la Comunión. También se cita a la señorita María del Carmen Fontaneda.

Son muchos los testigos que se han encontrado presentes en este hecho. Conchita quedó en éxtasis en la habitacion superior de la casa. En este estado descendió las escaleras y salió a la calle. Avanzó girando hacia la izquierda, hasta llegar a una pequeña calleja donde cayó de rodillas. En este estado y con las manos extendidas hacia abajo sacó la lengua limpia. De pronto, en la fracción de un segundo, brotó la Forma. Era semejante a las que suelen darse en las Iglesias aunque de apariencia algo más gruesa. Era blanca. La vieron todos los que miraron, ya que la niña permaneció con la lengua fuera durante el espacio de unos dos minutos o algo más.

        Cuenta el Sr. Damians cómo fué empujado y cayó por tierra. Al revelar el film se encontró con un número de casi 70 fotogramas de 8 mm en blanco y negro, muy defectuosos en el aspecto técnico, pero suficientemente claros en lo que se refiere a que puede apreciarse en ellos la presencia de una hostia en la lengua de la niña. Uno de estos fotogramas es el que con tanta frecuencia aparece en las publicaciones sobre Garabandal.

    El Sr. Obispo de Santander, D. Eugenio Beitia Aldazabal, se interesó por este film y escribió a D. Alejandro Damians solicitando una copia del mismo ya que "podía ser de gran interés y servicio para la Iglesia".

    Con este film quedó probado que lo que vieron los presentes no fue una alucinación de ellos sino que realmente lo que vieron que había en la boca de la niña era verdad.


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secoD. Juan Alvarez Seco, brigada de la guardia civil

Comandante jefe de la sección de Puentenansa, a la que pertenece San Sebastián de Garabandal. Años 61-62 y 65

D. Juan Álvarez Seco fue un testigo excepcional ya que durante las Apariciones fue brigada de la Guardia Civil, jefe de la sección de Puentenansa, demarcación a la que pertenece San Sebastián de Garabandal.

El primero de Abril de 1961, se hizo cargo de la Línea de la Guardia Civil de la referida demarcación, y cuando llevaba sólo dos meses en su destino, comenzaron las apariciones y hechos extraordinarios en Garabandal.
Apenas recibió las primeras noticias de los sucesos lo puso en conocimiento del cabo D. José Fernández Codesido, ordenándoles que lo antes posible se trasladara a San Sebastián de Garabandal y se informara de las cuatro niñas en relación con el caso.   El mencionado cabo me informó a su regreso que, efectivamente, todas ellas han coincidido en la misma aparición del Angel.

D. Juan Álvarez Seco realizará un informe detallado  sobre las apariciones y todo lo observado en esos días. Comenzará con la primera aparición del ángel el 18 de junio de 1961.  Constituye un testigo cualificado porque como el mismo afirma “Desde las primeras apariciones, viví en Garabandal todos los sucesos derivados de las mismas, de las apariciones de las cuatro videntes: Conchita, Mari Cruz, Jacinta y Mari Loli. Hoy cuando han transcurrido siete y más años, continúo recordándolo día por día”. Y reconoce como  dicho destino de Jefe de Línea de la Guardia Civil “me dio la ocasión de lavar un poco mi alma que tanto lo necesitaba”.

El informe tiene fecha de 7 de marzo de 1969 y en el describe numerosas apariciones y hechos extraordinarios vividos en primera persona. El en persona presenció tantas apariciones,   centenares de marchas extáticas, corriendo velozmente en este estado por las calles del pueblo, e incluso algunas veces de espaldas. Ha sido testigo como muchas veces en pleno éxtasis y una vez besados los objetos por la Virgen, los devolvían a sus propietarios sin equivocación alguna; también las ha visto caer y pegar con la cabeza en una piedra, sonar un fuerte golpe pero nada les pasaba. “Los fenómenos habidos – afirma- han sido por espacio de tanto tiempo y con tal frecuencia (en el transcurso de una jornada se daban dos y tres éxtasis) que resulta casi imposible enumerarlos y relatarlos, y relatarlos todos. Ello me obliga a recordar tan sólo algunos casos y cosas vividos por mí, aun cuando en mi mente recuerdo tanto y con tal exactitud, que no olvidaré mientras viva si Dios así lo quiere”.

 


Descargar pdfTexto completo del informe redactado por D. Juan Alvarez Seco, brigada de la guardia civil

Testimonio del brigada de la guardia civil  D. Juan Alvarez Seco,
comandante jefe de la sección de Puentenansa.
Años 61-62 y 65

PRIMERA PARTE.

Cuando estaba próximo a mi ascenso a Brigada, decía para mí: No quisiera ser destinado por la parte Norte, y se comprende que la Divina Providencia dispuso que fuera destinado a Santander, por lo que más tarde medité y reconocí que mi destino estaba en el Norte y especialmente en los límites de las provincias de Palencia, Asturias y Santander, en Rionansa.

El primero de Abril de 1961, me hice cargo de la Línea de la Guardia Civil de la referida demarcación, y cómo no, con muchas recomendaciones por parte de mis Jefes, como una cosa especial, y con tacto, puesto que mi antecesor había tenido que salir para otro destino por orden de la Superioridad y en beneficio del servicio.

Llevaba sólo dos meses en mi destino, por lo que apenas había tenido tiempo suficiente para conocer la demarcación asignada. Los sucesos que me propongo narrar dan principio el 18 de junio de 1961. Algo maravilloso ocurre en mi demarcación, de lo que me doy cuenta el día 20 del mismo mes, en ocasión en que me encontraba en visita del Médico Dr. D. José Luis, sorprendido a su vez por las noticias que acababan de darle dos mujeres de San Sebastián de Garabandal, quienes manifestaban haberse aparecido el Arcángel San Miguel a cuatro niñas.

Creo que en aquel momento no sé si al Sr. Médico le pedí la receta que me iba a dar para mi oído, objeto de la consulta, porque me da la impresión de que ya no llegué a necesitarla, puesto que oí perfectamente las manifestaciones de aquellas señoras. Trasladándome seguidamente al Cuartel, para ponerlo en conocimiento al cabo D. José Fernández Codesido, al que ordené que lo antes posible se trasladara a San Sebastián de Garabandal y se informara de las cuatro niñas en relación con el caso que nos ocupa.

El mencionado cabo me informó a su regreso que, efectivamente, todas ellas han coincidido en la misma aparición del Angel. Las protagonistas resultaron ser: Conchita González González de 12 años de edad y huérfana de padre. María Dolores Mazón González de igual edad que la anterior e hija del Presidente de la Junta Vecinal de San Sebastián, Sr. Ceferino. Jacinta González González, también de 12 años, tiene padres y hermanos. Y María Cruz González Barrido, la más pequeña del grupo, de 11 años.

Las cuatro supuestas videntes informaron, por separado al cabo Fernández que ellas se hallaban jugando a las «canicas» a la entrada de la Calleja llamada la «Ventura» junto a un pequeño huerto adjudicado al Sr. Maestro de la Escuela, huerto en el que había un manzano lleno de fruta, lo que a las niñas llamó la atención, y como cosa de criaturas cogieron manzanas del árbol, como es natural, para comérselas, no dándole importancia alguna por ser cosa de niñas; pero en cuanto a las apariciones creí conveniente poner en antecedentes a mis superiores. Pero siguiendo los consejos del cura-párroco, don Valentín Marichalar, retrasé esta información unos días, en espera de nuevos acontecimientos.

El día 21 de dicho mes de junio decidí ir a visitar al cura-párroco, al que encontré en el camino en el coche del Indiano, con el fin de dirigirse a Santander para entrevistarse con el Sr. Obispo. Lo que me obligó a regresar apresuradamente al cuartel y remitir por mediación de un guardia una nota informativa a mi Jefe Superior, informándole de todo lo ocurrido en Garabandal.

Al siguiente día 22, me dispuse de nuevo a subir a Garabandal con mi ordenanza para informarme personalmente sobre los hechos allí acaecidos. Pequeña aldea montañesa, compuesta por unos 70 vecinos aproximadamente. Resulta grande o inmensa por la innata cordialidad de sus moradores. Enclavada en las estribaciones de los Picos de Europa y próxima a Peña Sagra, limita esta zona con las provincias de Asturias, Palencia y Santander. Para llegar hasta Garabandal hay que subir un duro camino que arranca de Cosío. Serpentea por la montaña durante siete kilómetros hasta alcanzar el pueblo.

Actualmente se sube fácilmente por la carretera que se construyó después. El antiguo camino tenia algunos repechos difíciles para vehículos debido al barro y las piedras por lo que se subía frecuentemente a pie o en vehículos todo terreno.

Durante mi acceso a la pequeña localidad pude apreciar un paisaje maravilloso, que me hizo recordar los «Belenes» que en época navideña se hacen en Cataluña. Ya en el pueblo, observé cómo corrían por las calles el agua, las gallinas, los cochinillas... sin que faltaran ovejas, cabras y vacas con sus tintineantes esquilas y cencerros.

Las costumbres de sus habitantes son primordialmente religiosas. Jamás olvidan, bajo pretexto alguno, el rezo del Angelus, tan pronto como el reloj señala las doce horas (mediodía). Por la tarde rezan el santo rosario dirigido por el cura-párroco, y en su ausencia, por la Maestra o por la viuda Maximina. Al entrar la noche, la mujer de Simón y madre de la vidente Jacinta sale por el pueblo con un farol y una campanilla, y recuerda a todos los moradores las últimas oraciones de la jornada. Los domingos, después de haber oído la Santa Misa en la Iglesia humilde y antigua, se toman un poco de descanso. Por la tarde, la juventud se reúne debajo de uno de los porches, y cantan y se divierten al son de una pandereta, destacando el respeto y honestidad en sus voces y movimientos.

Ya en el pueblo, como he dicho, acompañado de mi ordenanza, Celemín me presentó a una vecina llamada Valentina, mostrándose dicha señora muy amable, reflejando en su rostro una expresión de bondad y cariño, y tratándome como si me conociera ya de antemano, Y, sin hacerse rogar, me manifestó que la primera aparición había tenido lugar el domingo, día 18, después de que las niñas salieran de rezar el santo rosario y asistieran al Catecismo en la Iglesia; y que, una vez libres para sus juegos, decidieron ir a la Calleja de la Ventura, desprendiéndose de una de las que les acompañaban, o invitando a otra a que subiera con ellas para jugar a las canicas, cosa que hicieron como también coger unas manzanas del árbol del huerto del Sr. Maestro, quien, viendo que el árbol se movía, encargó a su esposa se enterara de lo que ocurría, pues creyeron se trataba de las ovejas que estaban en el manzano. Al oír, las cuatro se echaron a reír y nada pasó. Una vez saciadas y con alguna fruta en los bolsillos, sienten los primeros remordimientos de conciencia, y la reacción de las niñas fue culpar al diablo por lo que habían hecho; y, en todo furor, cogieron todas ellas sendas piedras, arrojándolas hacia un rincón con todas sus fuerzas, donde creyeron que estaba el diablo riéndose de ellas. Una vez tranquilas, se dispusieron a salir del mentado huerto para volver a sus juegos. Fue entonces cuando Conchita vio aparecerse de pronto a una figura muy bella, pequeña, y con alas muy relucientes, y señalando hacia la aparición decía: -«Ahí... ahí... » Las restantes niñas, al ver a Conchita en semejante posición trataron de correr para avisar a su familia, porque creían que le había dado un mareo, momento aquel en que las demás también se extasiaron viendo al Angel en esta posición, todas gritaron: «El Angel». Unos niños que jugaban también en la calleja las apedrazaron, y fue cuando el Angel las llevó más arriba, en la Calleja, a unos 50 metros; y una vez allí, en posición de rodillas y mientras veían al Angel y le escuchaban, quiso pasar por entre ellas un vecino que venía de arriba de la montaña con un panal para la miel,- y al ver que no se separaban para dejarlo paso, se molestó por no dejarle pasar, ignorando de lo que se trataba. Una vez pasó en dirección al pueblo, se extrañó de que las niñas continuaran en la posición que las había visto. Cuenta el narrante que en toda la noche no pudo dormir, pensando que algo raro había visto; lo que explicó a su mujer, la que respondió que se trataba de cosas de niñas.

Durante esta primera aparición, el Angel encargó a las cuatro niñas que cada día fueran al mismo sitio a rezar el santo rosario y que él estaría con ellas. Las niñas asustadas y llorosas fueron hacia la Iglesia para rezar y más tarde a manifestarlo a sus respectivas familias. La reacción de los familiares, -temiendo que sus hijas les mintieran-, era contraria a que tuvieran que ir al siguiente día a la Calleja. La única que se opuso fue la madre de Conchita; pero al insistir las demás niñas, quiso disimular para que fuera con ellas a la Calleja, prometiéndole que se fueran las tres y que Conchita iría después para unirse a ellas. La señora Valentina decía que «vale más que vean al Angel que no otra cosa peor». Varias mujeres las espían y, al ver que es cierto lo que ellas manifestaban, se produjo gran revuelo en el pueblo; lo anunciaron a todos, y convencidos y sin que persona alguna se burlara, acudieron a la Calleja para presenciarlo. A partir de este día yo estaba contento y ordené se pusiera una pareja de vigilancia en Garabandal; la noticia corrió por todos los pueblos limítrofes, y a diario se desplazaban gentes a Garabandal, lo que motivó que se intensificara la vigilancia. Después de la tercera o cuarta aparición del Angel, pasaron ocho o nueve días sin nuevas apariciones, por lo que la gente llegó a desconfiar. Mas después de esos días volvió a aparecer el Angel y cada día se encontraban en Garabandal de 500 a 3.000 peregrinos para presenciarlo. Recuerdo que las videntes decían que tenían tres llamadas. A la primera, dicen, que experimentaban una sensación de alegría del pecho a la garganta, y lo mismo con la segunda. Pero cuando ya tenían dos llamadas se les notaba, pues se ponían muy nerviosas y se colocaban un suéter, como si tuvieran que ir a la Iglesia.

Después de varias apariciones del Angel, llegó a San Sebastián de Garabandal un maestro para dar lecciones de las asignaturas suspendidas al hijo del Indiano Etaquio, y este maestro, por intercesión del cura párroco don Valentín, tenía que estar pendiente y acompañar a las videntes durante su aparición, para escuchar las charlas que sostenían con el Angel y tomar nota.

La gente que subía para ver las apariciones, se decía si las hipnotizaban o las daban píldoras y otras cosas por el estilo. Después de una aparición, me participa un compañero, Sargento de la Guardia Civil que, al terminar el éxtasis de Conchita, el maestro se la había llevado a casa del Indiano; y que va a resultar que cuanto dice la gente es verdad, y afirman que es el maestro que les da las píldoras. Acto seguido me trasladé a casa de Etaquio (el Indiano) y, efectivamente, compruebo que el maestro está en una habitación con Conchita; le preguntó el objeto del caso y me responde que, por encargo de don Valentín, al terminar la aparición se informa por la vidente de lo que han conversado con el Angel y qué es lo que quiere, para después hacer como una especie de informe y darlo a don Valentín para su entrega al Sr. Obispo.

No falta quien dice que Conchita se pone de acuerdo con las otras y marchan a la misma hora a la aparición, que es la que influye en las demás; dicen igualmente que es una enfermedad; es cuando a petición del padre de María Dolores reclaman la presencia del Médico don José Luis, titular de la comarca, y sube en compañía del Alcalde y del Presidente, y las recluyen en el bar de Ceferino; las introducen en el cuarto donde Ceferino guarda el pan, y las reconoce el Médico. Recuerdo que a medida que eran reconocidas, salían disparadas para ir después a la Calleja y estar en la visión del Angel. El médico dice que las niñas están epilépticas y enfermas; que todo lo que pasaba es debido a la enfermedad que tienen. Pero yo veo que las videntes están la mar de bien y que cada día están más guapas y más sanas; mientras que los padres y hermanos presentan un aspecto de cansancio, y sus rostros, como si estuvieran agotados físicamente, denotan falta de sueño y reposo.

Se ordena por el Cura párroco y otros que se las separe de dos en dos, para comprobar si todas ellas acuden a la misma hora a la aparición; y, efectivamente, cuando sucede la última aparición salen las cuatro de distinto lugar coincidiendo en el Cuadro a la misma hora.

Las cuatro niñas salen del éxtasis con la misma facilidad con que entraron. Estaban más contentas y absolutamente normales; cuantos contemplan las escenas quedan impresionados, todos quieren tocarlas el pelo y las mujeres besarlas, gracias a la pareja que las custodia hasta que se disuelve la aglomeración.

El sábado, 24 de junio la gente que había de cuantos lugares tenían noticias los sucesos, deambulaba por el pueblo. En el lugar de la aparición se levantó un cerco de madera para evitar que las videntes fueran maltratadas a pinchazos, y que fueran rodeadas sólo por los curas y quitaran la vista a los demás, y a fin de evitar también las avalanchas del público para no presionar a las videntes. Al terminar la aparición se trasladaron a la sacristía de la iglesia para explicar a don Valentín lo que habían visto y también a otros observadores desconocidos.

Días 24 y 25 de junio: Mucha más gente que en días anteriores, varios sacerdotes y médicos. Durante el éxtasis un médico quiso levantar a Conchita, y por el exceso de peso que, por lo visto, experimentaba cuando se hallaba en tal estado, se le cayó desde regular altura dando con las rodillas en el suelo, produciéndose un buen crujido. Al terminar y examinar a las niñas se observaban claramente las marcas de la caída de Conchita, de pinchazos, golpes y arañazos que a manera de pruebas habían hecho algunos a las videntes, sin que ellas acusaran el menor dolor ni hubieran hecho la menor expresión cuando se las produjeron. De nada se enteraban, ni del mundo exterior; y pasado el éxtasis tampoco les dolía; sólo les quedaba señal.

Día 1 de julio. Sábado: Numerosísima concurrencia de todas clases mezclada con médicos. Sobre las siete de la tarde se produce la aparición. Duró unas dos horas. Al terminar, las niñas dicen que fue muy corta, que duró solamente dos o tres minutos. En aquella posición es humanamente imposible permanecer tan sólo unos pocos segundos y menos todavía, con expresión angelical. Esta vez el Angel les dijo que, al día siguiente, verían a la Virgen.

Día 2 de julio. Domingo: La Calleja se encontraba repleta de gente que rezaba el rosario. Todos querían presenciar el éxtasis. A mi lado se encontraba el segundo Jefe del Salto de Nansa, Sr. Rocha, que había subido al Dr. Morales y Dr. Piñal, ambos nombrados de la Comisión por el Sr. Obispo Fernández, y recuerdo que me dijo el Sr. Rocha: -«Esta tarde las videntes no subirán al Cuadro para ver la visión». Le respondí que en las cosas divinas no tenía el menor poder médico alguno. Me acerqué a la curva de la callejuela y comprobé que se encontraban a mitad de la misma. Permanecí en espera a que subieran al Cuadro para impedir el doctor que se produjera la aparición, con la sorpresa del Sr. Rocha de que las videntes subieran al Cuadro, sin que fuera molestado por la potencia del Dr. Morales. Y todas ya, de rodillas, iniciaron el primer misterio del Rosario, y acto seguido tuvieron la visión. Llegó al lugar el Dr. Morales y dijo: «Esto ya está visto», o sea, que el doctor no había podido lograr evitar la aparición.

Las cuatro videntes lanzaron un grito a la vez, diciendo «LA VIRGEN». En principio creyeron que fuera Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro, y después se oyó, que era Ntra. Sra. del Carmen, porque tanto el Niño Jesús como la Virgen llevaban en sus manos el escapulario. La Virgen estaba rodeada de seis ángeles, contados por la Conchita que se oía perfectamente. También decía Conchita «qué ojo» y después de la visión se pudo saber que era la Sma. Trinidad, en forma de ojo. A la derecha de la Virgen apareció como un cuadro de fuego, destacando del mismo la rigidez de las videntes con lágrimas en sus ojos y muy demacradas con cara de cera. Siendo la que más lloraba Mari Cruz, a la que un médico cogió por la garganta para apartarla de la mirada al frente, y no pudo conseguirlo: pero sí oí un chasquido de torcedura muy grande; creí que la hubiera causado daño; sin embargo, nada le había sucedido.

Cuando las videntes llevaban un rato en la visión, su rostro era ya más tranquilo, su posición, frente a los pinos: a la derecha, María Dolores: le seguía Conchita y a continuación Jacinta. A la izquierda y a mi lado estaba Mari Cruz; todas tenían en sus manos rosarios y cuentan a la Virgen lo que hacen en sus faenas de casa, lo que se oye perfectamente. María Dolores enseña los dientes, pues se supo después que la Virgen había dicho que tenía unos dientes muy bonitos. A continuación Conchita con la boca poco torcida y abierta muestra a la Virgen que tiene una muela picada. También se comprende que las pregunta la Virgen cómo es el cura, y responden que don Valentín es muy feo, pero muy bueno. El propio don Valentín pudo oír estas palabras y muchos de los estábamos junto a ellas. Le decía a la Virgen que pedía por los Guardias Civiles que las protegen mucho de los curiosos y evitan de que les hagan daño. También le piden a la Virgen que les deje la corona, y al final cede la Virgen y se ve cómo la recogen y se la pasan de una a la otra. También Conchita pide a la Virgen que le deje una de las estrellas que lleva la corona para que se la ponga ella en la cabeza y los presentes lo vean, y puedan creer en las apariciones, mas la contestación de la Virgen es que ya lo creeremos.

Las videntes describen a la Virgen de esta manera: Vestido blanco, manto azul, corona de estrellas doradas, manos estiradas, con un escapulario marrón , pelo largo y castaño no oscuro y raya en medio; cara muy bonita. Aparenta unos 17 años y es más bien alta, afirmando las cuatro que su voz es inconfundible y muy melodioso.

A partir de estos momentos he presenciado muchas apariciones y he sido testigo además de los éxtasis, de centenares de marchas extáticas, corriendo velozmente en este estado por las calles del pueblo, e incluso algunas veces lo hacían de espaldas. Cuando corrían a encontrarse, unas extasiadas y las otras normales, a la que estaba en éxtasis no se le podía alcanzar, incluso algunos del pueblo trataban de correr sin poderlas alcanzar, incluso las videntes en estado normal no podían alcanzar las que estaban en éxtasis.

Así mismo he sido testigo muchas veces de cómo en pleno éxtasis y una vez besados los objetos por la Virgen, los devolvían a sus propietarios sin equivocación alguna. Algunos, después de haber besado sus medallas, se las entregaban a otras personas para que las dieran a las videntes a fin de que la Virgen las besara de nuevo; pero se oía decir que ya estaban besados y que por eso no los besaba por segunda vez. Alguien entregaba anillos sellos y no eran besados; sólo besaba los anillos esponsales, y éstos eran entregados muchas veces a los propios dueños entre mucha gente, y sin equivocarse con otros que llevaban en las manos.

He conocido a las videntes «muy feas», pero cuando están en éxtasis tienen una cara bonita y muy angelical; también las he visto caer y pegar con la cabeza en una piedra, sonar un fuerte golpe y dolerme a mí más que a ellas, porque nada les pasaba. Los fenómenos habidos han sido por espacio de tanto tiempo y con tal frecuencia (en el transcurso de una jornada se daban dos y tres éxtasis) que resulta casi imposible enumerarlos y relatarlos, y relatarlos todos. Ello me obliga a recordar tan sólo algunos casos y cosas vividos por mí, aun cuando en mi mente recuerdo tanto y con tal exactitud, que no olvidaré mientras viva si Dios así lo quiere.

Sobre el primer mensaje: Las videntes en el Cuadro, muy serias y pendientes de lo que la Virgen estaba encomendándoles. A alguna se le caían lágrimas muy grandes. Mientras que los presentes también recibíamos esta emoción. Al terminar el éxtasis de las cuatro niñas y en un completo silencio anuncia el Padre don Valentín: «La Virgen ha dado a las videntes un mensaje, que no lo pueden decir al Sr. Cura, ni a sus padres, ni al Sr. Obispo.»

Al siguiente día tienen que subir ellas solas a los pinos, por encargo de la Virgen y que no haya persona alguna, y para que esto sea vigilado proponen las videntes que les acompañen dos pequeñas, tan pequeñas que tendrían sólo tres años y que apenas se daban cuenta del caso. Recuerdo que a mí me dijo María Dolores: «Brigada, usted y mi padre pueden estar cerca, pero a unos 100 metros a la derecha de los pinos, y también el cura con dos religiosas a la izquierda de los pinos, también a unos cien metros, y el resto de la gente, bien retirada». Así lo hicimos y se pudo observar cuándo estaban en el momento del éxtasis, porque al llorar mucho las videntes, las pequeñas se asustaron y daban voces de llanto. Después se supo que el fin de estar las videntes solas es porque la Virgen tenía que hacerlo constar en el mensaje para el 18 de octubre de 1961. Con cajones de fruta hicieron un pequeño altar, cogieron flores del campo y lo montaron al pie de los pinos muy bien preparado, muy bien preparado por ellas, que lo hicieron en toda la mañana.

Un día la Virgen se apareció a las videntes en los pinos, lo que fue presenciado por un Guardia Civil de Reinosa y por un amigo suyo que habían subido para ver algún éxtasis, y manifestaron los testigos que Conchita decía a la Virgen «pero no te haces daño con esas cañas», porque se aparecía la Virgen en la parte alta y entre dos pinos. Entre los mismos se hallaba la hija de Primitiva, llamada Elvira y otro del pueblo.

A Conchita le cortan las coletas: En las primeras apariciones de la Virgen a las videntes, después de dar muchos rosarios y medallas a besar, Conchita muestra sus coletas a la Virgen, en ademán de ofrecérselas; y llega el momento en que los médicos, que sólo subieron un día, acuerdan con el Sr. Obispo de llevarla a Santander; y da la casualidad que el día anterior, como yo no podía estar para ver las apariciones, ordené a los Guardias que observaran ese día, para que, a mi regreso de Santander, me expliquen lo sucedido. El 27 de julio se llevan a Conchita a Santander para meterla en un convento; y que las niñas que encuentran pensionadas en el mismo la sacarían por la ciudad para distraería, con el objeto de que se la pasara la enfermedad que ellos creían tenía. Yo regreso a PuenteNansa y llamo a la pareja para que me explique lo que había sucedido ese día de mi ausencia. Y me informan que a la una horas (13 h.) a las tres videntes, Mari Cruz, Jacinta y María Dolores se les apareció el Angel San Miguel, y fueron las tres videntes las que dijeron al Angel que daba pena que este día, al aparecerse la Virgen en Garabandal, Conchita no la vería. Y les dijo el Angel a las tres que Conchita vería a la Santísima Virgen en Santander, a la misma hora que ellas en Garabandal.

El siguiente día sobre las ocho de la mañana recibo en Puente-Nansa una llamada telefónica del Brigada de la Guardia Civil encargado de la Comandancia, Crecencio, y me dice: «¿Qué fue lo que ocurrió en Garabandal en el día de ayer?»; «A las 13 horas le dije: el Angel se ha aparecido a Mari Cruz, Jacinta y María Dolores y les ha dicho que Conchita tendría la visión de la Santísima Virgen en Santander a la misma hora que ellas;» confirmando mi compañero Crecencio que, efectivamente, Conchita había tenido por la tarde en Santander la aparición de la Virgen junto a la verja del Convento.

Un joven que yo había visto en Garabandal, a donde había subido para presenciar las apariciones y que conocía perfectamente a las cuatro videntes, me confirmó que al ver a Conchita en Santander, en unión de varias nenas, por encima del túnel que va de una de las calles a la Estación Férrea, caminando hacia el Convento, Conchita cayó en éxtasis en plena calle.

Cuando la madre de Conchita regresó a Garabandal decía que su hija estaba enferma y que por esto tenía las visiones en Garabandal; que todo era mentira, que se lo habían anunciado no sé qué autoridades eclesiásticas. Estando yo cerca de la fuente donada por Etaquio a Garabandal, dos vecinas del mismo pueblo decían a la madre de Mari Cruz que todo era falso; de no haberme encontrado en aquel lugar habría habido pelea por parte de la madre de Mari Cruz; mas nada pasó afortunadamente.

Llegó Serafín de la corta de leña en Navarra preguntando a su madre por Conchita y ésta le contesta que está en Santander. Serafín encarga a su madre que la hija regrese a casa. Ya en Garabandal, Conchita, jugando por la tarde en su casa con una vecina, nieta de la señora Primitiva, oye la voz de la Virgen que Conchita reconoce y se le ocurre mirar debajo de su cama por si estuviera allí la Virgen porque no la veía. La Virgen encargó a Conchita que al siguiente día fuera con sus amiguitas videntes a la visión. Cuando las cuatro estuvieron juntas, Conchita les dijo que no salieran de Garabandal cuando las quisieran llevar.

Lo que me contó Conchita cuando le cortaron las coletas: Dijo que la llevaron a una peluquería donde había dos dependientas y el ama, y una de las dependientas fue a cortarla el pelo y no podía, o es que estaba nerviosa: y, que al final, el ama a puro trance se lo cortó; y Conchita en vez de sentirlo, sonreía y decía: «Ahora estoy más guapa». Ella había cumplido lo que yo comprendía de que un día había prometido ofrecer las coletas a la Virgen; esto creo yo, puesto que ella, con la visión en Garabandal, no hacía más que ofrecérselas a la Virgen.

Enterada la madre de María Dolores de que al regreso de Santander había dicho la madre de Conchita que las videntes estaban enfermas y que todo era mentira, dijo a su hija (sin que lo supiera su padre Ceferino) que cuando tuviera la llamada no fuera a la visión; y llegó la hora y María Dolores fue a la Calleja y estuvo poco rato el Angel en la visión un solo minuto y terminó el éxtasis y regresaba a casa llorando. Al verla su padre le dijo: «Ya te ha dicho tu madre algo; ¿qué es lo que te ha pasado, que vienes llorando?» María Dolores contesta que había estado poco tiempo con el Angel porque su madre le había dicho que no era verdad lo de las apariciones.

Sobre una piedra besada por la Virgen: María Dolores sale extasiada de su casa por la Calleja hacia los Pinos; y al salir de la calleja se queda de rodillas, le hacemos un corro, encontrándose a mi lado el Padre Ramón Andréu; vemos cómo María Dolores coge piedras y las da a besar a la Virgen y dice: «esta piedra es para una amiga suya o familia que se encuentra en Cádiz; coge otra y hace lo mismo y la ofrece para otra que también se encuentra fuera de Garabandal, y coge otra y no dice nada, dejándola en el suelo; pero la cogí yo y me la guardé en el bolsillo de la sahariana. María Dolores continúa hablando con la Virgen y se comprende que la Virgen le pide la última piedra que ha besado y le pide a Loli que se la muestre. Loli, mirando hacia arriba y tocando con la mano sobre el suelo, no encuentra la piedra; colocamos dos o tres a su lado, las toca y no hace caso de ellas; pero el P. Andréu dice: «Brigada, saque del bolsillo esa piedra que usted se ha guardado y póngala en el suelo». Obedezco y acto seguido parece que la Virgen le dice que ya está en el suelo; Loli toca varias piedras y entre ellas la que yo le puse; la coge y se la muestra a la Virgen y ya queda tranquila; la deja nuevamente en el suelo de donde vuelvo a recogerla y guardarla. Al terminar el éxtasis le pregunto si la piedra que yo me había quedado y la que ella buscaba la tenía ofrecida a alguien, respondiéndome negativamente, por lo que me quedé con la piedra.


El día que una autoridad subió a Garabandal en unión de don Emilio Valle y sus hijas.

Aquel día las hijas de don Emiliano me dieron varias medallas para que yo las entregara a María Dolores y ésta se las diera a besar a la Virgen; así lo hice. María Dolores tuvo la aparición en los Pinos. Recuerdo un caso curioso y es que María Dolores se encontraba caída en el suelo, boca arriba, hablando con el Angel y decía: si tú no me ayudas yo no puedo levantarme, en este momento vi cómo Loli extendía el brazo y fue incorporándose poco a poco hasta la posición de sentada, al igual que si uno cualquiera le hubiera dado la mano y lentamente le hiciera incorporarse hasta dicha posición.

Subí por la tarde a Garabandal y al llegar me salió al encuentro el Indiano Etaquio y me dice: «Brigada, si usted hubiera subido más pronto habría presenciado y escuchado la voz de la Virgen». Y al pasar por casa de Jacinta, se encontraba ésta con María Dolores a la puerta. Me llaman con una gran alegría y me dicen: que esta mañana el Dr. don Angel Domínguez Borreguero Director del Manicomio Provincial de Salamanca les había dejado el micro para que registraran la voz de la Virgen. Entonces me fui al mentado Dr. Domínguez para que me informara, el cual me dijo que: «la cinta donde está grabada la palabra la Virgen no quiere hablar se la mostraría a usted pero estamos expuestos a que por una pequeña avería se borre». El acompañante del Dr. Domínguez era don Gerardo Pleya, Catedrático de la Universidad de Salamanca; ambos se hallaban veraneando en Llanes (Asturias) y, al enterarse de las apariciones, acudieron a Garabandal. Si ellos quieren, pueden dar testimonio.

Día 25 de julio de 1961, festividad de Santiago Apóstol. Este día tenía una pareja en la Calleja, y otra frente a la casa de Conchita. Las cuatro videntes jugaban en el prado de una cerca y serían aproximadamente las siete y media de la tarde. El cielo estaba completamente libre de nubes. De pronto se formó una nube muy negra encima de Piedra Sagra, y al mismo tiempo se vio un rayo muy grande de arriba abajo. Las videntes cayeron de rodillas con gran temor. El trueno fue muy estrepitoso; las niñas con la vista extasiado hacia arriba. Tuve que apaciguar los gritos de la madre de Mari Cruz, y todos permanecimos en silencio; y hay quien dijo muy serio, sin darlo importancia, que había visto sobre la luna una figura o dos como viste el Santo Padre.

Cuando el Exmo. Dr. D. Doroteo Fernández y Fernández publicó la primera nota del Obispado recomendando que los curas se abstuvieran de subir a Garabandal, estos subían vestidos de paisano. Recuerdo que, extasiada Conchita, le decía la Virgen: «Hay tres curas en el pueblo», y Conchita decía que sólo había uno; y se oyo decir a Conchita «hay tres» y run... run... llegó hasta dos paisanos que estaban observando; al final se acercaron para informarse bien, y los dos paisanos se identificaron como lo que eran, sacerdotes; sólo que vestían de paisano en vistas de la prohibición del Sr. Obispo. El caso es que ya no volvió a encontrárselos en el pueblo. También se presentaron otro día dos Alféreces del Cuerpo de Aviación; yo les reconocí y nada quise decir, pero las videntes supieron por la Virgen que eran capellanes.

El día 12 de octubre de 1961 recibí la Cruz a besar, separadamente por las cuatro, como una felicitación de la Virgen por ser el día de mi Patrona y acudir esa tarde a Garabandal.

Día 17 de octubre de 1961: Subí con catorce parejas a mis órdenes, para mantener el orden la misma víspera del 18. Extasiada Conchita se acercó a mí, y a mí sólo me dio a besar la Cruz, lo que para mí significaba una esperanza de que todo saldría bien, a pesar de la enorme cantidad de personal que subió al pueblo y a pesar de la lluvia torrencial que se sucedió durante todo el día. No pasó la menor desgracia. Calculé en Garabandal de unos doce mil a quince mil personas; y de ochocientos a mil automóviles y sin accidente alguno, lo que fue para mí una gran sorpresa. Yo estaba junto a las videntes, cuando del pecho sacaron una carta escrita que don Valentín abrió y leyó. Los presentes pedían que se leyera más fuerte, y pude oír claramente que las cuatro videntes le decían todas al mismo tiempo (lo de la carta) y sin equivocarse. Luego la leyó un voluntario con voz fuerte. Todos los que ese día subieron al pueblo, esperaban ver el sol en plena noche como en Fátima. En realidad se hizo lectura de un grave mensaje, que hoy tiene una importancia considerable. Es así que lo he comprendido.

Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia.
Visitar al Santísimo. Pero antes tenemos que ser muy buenos.
Si no lo hacemos nos vendrá un castigo.
Ya se está llenando la copa, y si no cambiamos, nos vendrá un castigo muy grande.

II
Lo que ocurrió el día 18 de marzo. Subiendo este día para Cosío me encontré con mi amigo Fidelín, quien me invitó a subir a su coche y acompañar al P. Jesús Silva, fundador de la Ciudad de los Muchachos de Orense, al que acompañaba otro padre cura más joven y un muchacho enfermo del corazón. Los tres subieron a Garabandal y el primer contacto que tuvieron fue con la vidente María Dolores, en éxtasis sobre las 23,45 h. y cuando la visión pasaba al siguiente día, 19 de marzo de 1961, extasiado se acerca al mostrador del bar; toma un lápiz del cajón y sobre la pared de la cocina apoya la estampa y escribe lo que le dijo la Visión: «La Virgen felicita al P. José». Y resulta, según informó el mentado padre, que él no había dicho a nadie cómo se llamaba, y que para él había sido una emoción recibida como prueba maravillosa. Además en el momento su semblante era pálido por la prueba que acabada de recibir.

Más tarde nos trasladamos a casa de Conchita. El P. Silva la habla sobre una Hora Santa, y contestó Conchita que eso qué era, y fue cuando el P. Silva se lo explicó y se acordó hacer una Hora Santa en la Iglesia; pero nos faltaba la llave del templo y la del Sagrario para dar la Sagrada Comunión, y don Valentín dormía en casa de la señora Primitiva. El señor Matutano, de Reinosa, el Brigada y un servidor fuimos al cura. Para que nos conociera le hablé yo, le pedimos la llave de la Iglesia y nos dijo que no la daba, a pesar que daba la Hora Santa el P. Silva. Regresamos a casa de Conchita Matutano y yo, y Maximina dice podemos acercarnos a la Iglesia por si estuviera abierta. Una veintena fuimos con Conchita y María Dolores; recuerdo que estaban presentes los Marqueses de Santa María. Encontramos la puerta del templo abierta, pero nos faltaba la llave de la sacristía para conseguir la del sagrario. Mas el P. Silva encontró el sagrario abierto y la sacristía cerrada, por lo que pudo hacerse la Hora Santa por todos los presentes y, además, en cruz, y comulgando casi todos los asistentes.
Fue maravilloso; esto bien lo saben los Marqueses de Santa María y Matutano y otros que yo no puedo recordar. Agregando que nos dijo el P. Silva que lo de Garabandal todo era verdad.

Lo sucedido al Sr. Damián con una cruz: El Sr. Damián, de Barcelona, había dado una cadena con una medalla y una diminuta cruz de oro a Conchita para que cuando estuviera en éxtasis la diera a besar a la Virgen. Conchita tiene la visión y todos la seguimos, y en la puerta de la iglesia vemos cómo da a besar a la Virgen todos los objetos de Damián, y después le coloca la cadena al cuello, extasiado, y regresamos para casa de Conchita; el Sr. Damián notó que sólo tenía la medalla y que le faltaba la cruz de oro; y ya cuando Conchita se encontraba fuera del éxtasis y en estado natural, el Sr. Damián le dijo que le faltaba la cruz. Respondió Conchita: pues es verdad, que me dijo la Virgen que estaba caída a la puerta de la iglesia. Y, en mi presencia y la de varios, vimos cómo una cosa tan diminuta se podía encontrar, aun cuando a nosotros nos dijeran en la puerta de la iglesia está; sin embargo Conchita fue derecha al sitio y la recogió, no sólo en mi presencia sino en la de los que allí se encontraban.

Mis gafas y la señal de la Cruz: El Brigada que suscribe se hallaba junto a la cocina de Conchita, y varios curiosos, en espera de ver en aparición a Conchita; de pronto se queda extasiado; y entre todos se dirige al Brigada y con la Cruz va a persignarme; comienza diciendo: «Por la señal ... » en ese momento se para al tocarme en las gafas y me las pide; de momento no accedí, mas ella espera que se las diera a la mano. Entonces, a petición de los presentes se las di, pero con el temor de que me las rompiera; las coge, las cierra y me las devuelve. Me persigna como yo jamás lo hubiera hecho; nuevamente me pide las gafas, me las coloca en el rostro como yo tampoco me las he puesto. Mientras viva, creo que cada vez que me persigne, lo recordaré. La Virgen le dijo que me quitara las gafas para así persignarme mejor.

Uno de los recuerdos que más guardaré en la memoria mientras viva, es un santo rosario besado por la Virgen, y dos cuadros también besados que obran en poder de dos personas. Uno de los días que fui por Cabezón de la Sal a recibir impresiones y órdenes de mi Capitán, y después me trasladé a San Vicente de la Barquera a saludar a mi buen amigo y compañero Expósito, nos encontramos en un bar, y pude ver en la pared varios calendarios con figuras un tanto inmorales. En medio de aquellos calendarios había una estampa de la Virgen de Fátima; veía que aquello no guardaba relación; le pedí al dueño del bar me diera la estampa; pero no, no me la dio. Me dio una de San Miguel, y luego me hice con la de Fátima.

En Garabandal, mientras un día estaba María Dolores en éxtasis, di la estampa a su compañera Jacinta, que se hallaba en estado normal, para que se la entregara a María Dolores y la diera a besar a la Virgen. La chica cumplió mi encargo, y cuando María Dolores  devolvió la estampa ya besada por la Virgen, Jacinta le preguntó: ¿Quién está en la estampa?
-No sé, respondió María Dolores.
-Pues pregúntaselo a la Señora, inquirió Jacinta. Así lo hizo María Dolores, y a los pocos segundos respondió:
-La Virgen dice que en las estampas está la Virgen de Fátima y el Angel San Miguel.
No puede imaginarse el lector lo emocionante que resultó para mí aquella escena. Hoy las estampas se encuentran en poder de mi amiga y bienhechora Julia de Costa, y de su cieguita, hija de un cabo de la Guardia Civil, quienes todos los días ruegan por la humanidad, que buena necesidad tiene de la protección de Dios.

Otro caso muy curioso: Una tarde llegó a Garabandal un matrimonio con un buen amigo, que ya había estado presenciando una aparición, y que había dado una medalla para que la besara la Virgen; pero éste volvió con la duda de que la medalla no estaba besada. Recuerdo cómo sucedió el caso: fue en el bar de Ceferino; el Pintor, (que es el amigo que vino con el matrimonio) entrega dos medallas suyas, una es como las corrientes de la Virgen, y la otra en forma ovalada en la que en una cara decía «Alicia» y en la otra una cruz; también entrega otra medalla; las tres se las da a María Dolores. «Esta, al cogerlas y ver que en una cara dice «Alicia» y en la otra hay una cruz, queda toda extrañada porque no encuentra cómo es la Virgen y no queda muy conforme, pero accede a darla a besar. Y cuando ya está en éxtasis, mostrando la medalla del Pintor a la Virgen, la dice: «Ay que ver qué fea te han puesto, tan bonita como tú eres». Y la otra medalla que se creía no estuviera besada, cuando oye por sus propios oídos que la Virgen dice a Mari Loli que estaba besada, cambia de rostro quedando muy pálido y todo emocionante. Y más fuerte para la mujer del pintor que -de haberse acostado como quería, pues era por la tarde- se hubiera perdido la dicha de la aparición que todos sentimos. Para ella significó una prueba que sabrá tener en cuenta.

Yo he visto a Conchita suspendía en el aire horizontalmente. Una de las apariciones que más me han impresionado, fue la que tuvo lugar en la cocina de la casa de Conchita, en la que también estaba mi buen amigo el Dr. Ortiz (quien también puede explicar innumerables apariciones), un Padre llamado don José Ramón Vázquez y un seminarista de Reinosa y otros varios. Conchita quedó extasiado; daba unas medallas a besar a la Virgen diciendo: «no llego». Y se deduce que la Virgen insistía en besarlas, y Conchita repetía: «no llego», «no puedo». Jacinta sin estar en éxtasis, también lo presenciaba. Conchita le decía a su amiga: «Salta tú, porque yo no puedo llegar». Entonces se intentó coger a Conchita y levantarla con toda fuerza, pero fue inútil. Ni siquiera se la pudo mover ni despegar los pies del suelo, dando la sensación de que pesaba miles de kilos. Sin embargo Jacinta se acercó a ella y con sus escasas fuerzas, sin ayuda de nadie, logró levantar a Conchita. Aquello me dejó perplejo. Pero aún hay algo más sorprendente que jamás olvidaré.» Me encontraba junto a la puerta de entrada en la cocina, y a mi derecha el Dr. Ortiz, el P. de Llanes (Asturias) y otros más. Conchita había caído extasiado en el suelo, boca arriba; de pronto la vi cómo tenía todo el cuerpo horizontal completamente separado del suelo. Quise comprobarlo pasando la mano por entre el cuerpo de Cochita y el suelo, pero no pude porque todo fue cosa de segundos. Hago constar que para mí no ha lugar a dudas. Creo que tampoco lo olvidaré mientras viva.

En otro éxtasis, Conchita tiene encima de la mesa de la cocina cinco anillos de esponsales, de oro. Uno creo que era del Sr. Ortiz y otro de su esposa, los demás no recuerdo. Los coge, da a besar a la Virgen y los deja sobre la mesa; viene hacia mí, y creyendo que vendrá a darme a besar la cruz, como al igual que las demás videntes lo hacían siempre que se encontraba en Garabandal, me entrega uno de los cinco anillos diciéndome: «tome, para que se lo lleve a Barcelona». Dicho anillo pertenece a una hermana de Paquita Olivella, de Barcelona, la que según me ha manifestado lo vio relucir un día. En esta ocasión se hallaba presente el cura párroco que había sustituido al anterior don Valentín.

Este día decía Conchita a la Virgen: «Ha venido un Sr. Cura que viene a relevar a don Valentín». Después también quitó las gafas al Sr. Cura para persignarle. Para ser el primer día que subía a Garabandal, recibió buenas pruebas; y según me informaron, cuando de nuevo vino don Valentín y el otro regresó a su destino, creo que el Sr. Obispo le dijo: «Y le había mandado para desvirtuarlo -o cosa parecida- y resulta que viene más convencido de las apariciones que las propias niñas.»

El día de Ntra. Sra., Santo de Conchita, todas felicitaron a la Virgen, y más tarde se les veía jugar extasiadas a encontrarse; una de las veces, recuerdo, que Jacinta se aparece con un camisón o bata. Se comprende que la Virgen le dijo que iban muy cortas. Yo veía a Jacinta en la visión y al mismo tiempo se recogía un poco el camisón porque le arrastraba, y más o menos ya lo indicaba la Virgen cómo tenía que ser. Hoy es un escándalo con la minifalda.

Lo que yo presencié un domingo: Me encontraba por la tarde cerca de la casa de Conchita, y oigo decir a su madre: «hija, ¿cómo llevas el abrigo nuevo? Si tienes la aparición de la Virgen, como está el tiempo y las calles lo vas a manchar.» Conchita se dirigía hacia la Iglesia, y a la altura de la casa de una señora sorda y junto a la casa de Loli, Conchita se quedó extasiada, y cayó al suelo apoyando la palma de la mano derecha donde llevaba el crucifijo, y se la veía sonreír; se incorpora derecha, pero con la vista fija en la visión; da media vuelta y se encarrila para su casa; y otros, como yo, detrás de ella; la vemos entrar en casa y dirigirse a la sala de aseo encontrando la palangana sin agua. Baja a la cocina; debajo de la mesa hay un botijo y comprueba que está vacío; sale con él a la calle; frente a su casa hay una fuente con dos caños. Sigo tras ella, baja los dos peldaños que hay, llena el botijo, regresa a casa, echa agua en la palangana, se lava y también lava el crucifijo que se había manchado; cambia el abrigo nuevo por otro más usado, haciendo caso de lo que su madre le había encargado. Vuelve a la Iglesia extasiado y allí reza una oración, y se queda extrañada al verse cómo se había cambiado el abrigo, y sonríe.

Cuando la gripe: Jacinta estuvo varios días en cama a consecuencia de la gripe, con bastante fiebre. Sus padres le habían advertido que mientras tuviera fiebre no se levantara de la cama. Pero Jacinta, mientras estuviera en cama no vería a la Virgen. Recuerdo que al enterarme de que estaba en cama fui a verla, y en un momento en que yo hablaba con sus padres, ella se escapó a la calle, y tan pronto salió a la puerta quedó extasiado, en sus labios se notaba una sonrisa y su semblante parecía angelical.

También por entonces María Dolores estuvo afectada de gripe; fui a verla; me contó que antes tenia mucho miedo a los guardias; le pregunté el por qué de tal miedo. Me refirió que Jacinta y ella quitaron un martillo, lo vendieron por una peseta y se compraron una pastilla de chocolate y se la comieron; después pensaban siempre que la Guardia Civil asomaba por el pueblo que iba a por ellas. Decían ellas: «Ya vienen por nosotras». También entraron en un huerto y arrancaron nabos; sorprendidas por el ama trataron de esconderse detrás de un carro y les decía el ama: «no os escondáis, que ya os he conocido; cuando venga la Guardia Civil os llevará.» Y ahora, como los Guardias las escoltan y las protegían ya no les tenían ese miedo. Yo les dije si todas aquellas cosas las habían confesado, y me contestaron que sí, que hacía mucho tiempo.

Un día María Dolores subió al primer piso donde tenía muchas veces las apariciones. Su padre Ceferino les tenía dicho que cuando bajaran al Bar o planta baja aflojaran la «bombilla», puesto que no funcionaba el interruptor; Loli en éxtasis agarró la bombilla y no la soltaba. Los presentes creíamos que mucho tiempo con la bombilla asida a la mano se quemaría. Su madre decía: «Por Dios, que se va a quemar la mano», y tratamos de que soltara la bombilla lo que no se podía lograr; o se rompía la bombilla y se haría daño. Entonces se llamó a Mari Cruz que no estaba en éxtasis, se acercó, y con gran facilidad hizo que soltara la bombilla y se bajo al bar.

He visto un día cómo Jacinta, cerca de la fuente que el Indiano había hecho en obsequio al pueblo, estando extasiado no hacía más que pedir a la Virgen la dejara el Niño Jesús; por lo visto, la Virgen le decía que «no, que lo vais a caer». Contestaba Jacinta a la visión que, «no, no lo caeré», y al parecer cede la Virgen en dejarle el Niño, y marcha extasiado por las calles de Garabandal con las dos palmas de la mano hacia arriba, bastante juntas, como si el Niño fuera muy pequeño. Recuerdo que lo paseaba con un cuidado como para no caerlo, como se lo había prometido a la Virgen. Al final del éxtasis dice Jacinta: «toma» y ¿ves cómo no lo he caído?» la demostración se ve al elevar Jacinta las manos en ademán de entregar el Niño a la Virgen.

Subiendo una tarde a Garabandal me salen al encuentro Jacinta y María Dolores y me explican que el P. de Llanes (Asturias) don Ramón, le entrega a Mari Loli una máquina de fotografiar y le dice que cuando esté extasiado haga una foto a la Virgen. Jacinta y Mari Loli me informaron que hicieron tres fotos a la Virgen y que la Virgen la iba guiando, y cuando María Dolores veía a la Virgen por un agujerito y bien, disparaba la primera foto; así ocurrió tres veces, o sea, tres fotos. El Padre de Llanes se llevó la máquina y la devolvió las tres fotos; allí no se veía a la Virgen, lo que significaba que la Virgen no salía en la foto. Al cabo de seis meses de ocurrir esto, el padre de Mari Loli le dice un día a su hija: «Loli, cuando estés con la Virgen le dices que te guíe con un lápiz y papel, para que la dibujes y sepamos cómo aparece». Al terminar el éxtasis Ceferino le dice a su hija qué es lo que la Virgen le ha dicho; y contesta Loli: «Me ha dicho que ya me lo dirá». Y un día queda extasiado Loli y hablando con la visión se le oye decir «a que estás en una de las fotos que te hice»; y se dirige a una caja de cartón de los zapatos, donde guardaba varias estampas y fotos; de las que coge tres, viene y se las muestra a la Virgen, y una de ellas la aparta, y después, cuando ha terminado se le pregunta «qué era lo de la foto que has apartado»; «es que dice que está en esta foto como es y como viste». Dicha postal, al parecer, unos la ven y otros no ven nada.

A las tres de la madrugada la propia hija del Indiano la llevó a su casa, y pude ver cómo aparecía la Virgen en la foto. Regresaba yo este día de revisar un puesto en Tudanca, y al llegar a Cossío me encuentro a la madre de Jacinta que se dirigía a Puente-Nansa y me dice: «Brigada, no sabe que la Virgen apareció en una de las fotos que un día le sacó Loli». Yo, sin pereza sin llegar a Puente-Nansa, me dirijo a Garabandal, y le pregunto a Ceferino si era cierto lo que me había dicho la madre de Jacinta; me entrega una postal y me dice: «Ahí la tiene usted» le doy algunas vueltas a la foto y... con mis propios ojos he podido ver la silueta de la Virgen en la foto. He visto que tenía unos ojos grandes como los de Ntra. Sra. La Inmaculada; la nariz, pequeña y perfecta; los labios muy pequeños y gruesos con el cabello echado hacia atrás y muy largo. Esta foto la guardaba Ceferino; no he vuelto a saber de ella.

Yo he rezado el santo Rosario con las videntes y con la Virgen, al igual que otras personas que también seguían a Conchita; en uno de los misterios se dirigía al Cementerio, por un camino lleno de agua y cieno como unos treinta centímetros. ¡Qué rosario más bien rezado por las videntes, y con cuánta devoción lo hacíamos los que las acompañábamos! Pero lo bueno queda aquí; al llegar al Cementerio Conchita introduce la mano con el Crucifijo por entre las rejas, y lo da a besar al parecer, a los muertos, señalando unos más alto que otros, y como si estuvieran colocados en varios coros de los peregrinos en San Sebastián. Cuando, al parecer, había terminado y después de andar unos cincuenta metros hacia el pueblo se vuelve Conchita al Cementerio, introduce la mano por entre las rejas como si al principio alguno no quisiera besar el crucifijo, o como si algún otro (difunto) se hubiera retrasado en besarlo.

Sobre la sorpresa que se llevo el indiano Etaquio. La historia fue como sigue: El Indiano tenía a su madre viejecita en Garabandal y vino a verla por una temporada, procedente de Méjico, en donde quedó al frente de su negocio su esposa e hija. Cuando ésta terminó el curso y se examinó, vinieron a reunirse con su esposo y padre. La mujer del indiano, al saber lo que ocurría en el pueblo de su marido, se le ocurrió traer una medalla que Etaquio se había dejado en Méjico. Un día, su mujer, sin decirle nada, entrega cuatro cadenas con sus respectivas medallas a Loli y le dice «cuando estés con la Virgen le das estas medallas y se las pones, a cada uno la suya». Loli queda extasiado arriba del Bar, yo subo y veo la escena; da a besar las medallas; coge una y se la coloca a la mujer del indiano; y ésta, al ver que, efectivamente es la suya se echó a llorar y vive una emoción muy grande. Loli coge otra, se la pone a la hija del indiano; coge otra y se la da a la mujer del indiano, esta medalla es la de su hijo que no está presente.

Y le queda la otra con la que se dispone a bajar por la escalera de madera, y extasiado y entre mucha gente que se encuentra en el bar, y entre todos, el indiano que está tomando unos vasitos, se dirige a él, y va a colocarle la medalla al cuello; el indiano no se echa para atrás y dice «pero esta chica se habrá equivocado por que yo no le he dado ninguna medalla». Mas la sorpresa fue grande cuando el indiano se mira la medalla y dice: «Por Dios, si esta medalla es la que yo me he dejado en Méjico». Y es que la mujer de éste quiso hacer esta prueba que para cuantos la hemos visto, es una de tantas y tantas maravillas que en Garabandal se han sucedido.

También quiero hacer constar que la mentada escalera la ha bajado varias veces Loli con la cabeza y pies horizontal, lentamente y extasiado. También un día que extasiado salió para el pueblo dando a besar la cruz a los enfermos e impedidos, al salir de uno de ellos, yo estaba a la puerta, y también me quitó las gafas para persignarme la mar de bien. Otro día me dijeron que en víspera de casarse una prima suya con otro del pueblo, avecindados en Cádiz, fue a pasar la cruz por toda la ropa de novios. A esta boda tenía que ir yo, mas por falta de tiempo no pude asistir; pero al siguiente día fui para felicitarles; tuve que pasar por un arroyo de agua hasta la cintura en compañía de otro chico de Cossío, claro está asido a una vara grande.

Otro indiano, sobrino de un tal Joseíto de Cossío, había dado varias medallas a besar por mediación de Loli, y recuerdo que entre tantas, cogió una, y delante de todos, dijo Loli en éxtasis: «Esta medalla está besada por el Papa Pío X o Pío Xl» (no recuerdo bien). El caso es que el indiano confirma que lo que dice Loli es verdad.

Una tarde el Padre Belga llega a Garabandal, y, estando en casa de Conchita, nos dice que en cierta ocasión se equivocó en afirmar ciertas apariciones, y que había pedido a la Virgen le ayudara a comprender y saber la veracidad de otras, y que por este motivo le trajo este día a Garabandal; y dijo que si él viera que es de orden sobrenatural marcharía a Garabandal y con él vendrían otros más. El caso es que Conchita queda extasiado y se dirige al Belga; creo que le desabrochó el cuello de la camisa, le saca una medalla y la da a besar a la Virgen. El Belga, a partir de entonces, desaparece; y a los dos o tres días aparece nuevamente en San Sebastián de Garabandal.

La primera vez que subió a Garabandal Mercedes Salisachs.

No recuerdo el día exacto, pero sí lo que ocurrió. Yo llegué a Garabandal por la tarde y me presenté en el bar de Ceferino el que salió a mi encuentro diciendo: «Ahí está el Brigada que ha presenciado muchas apariciones», y me presentó a Mercedes, diciéndome «esta señora es de Barcelona y quiere que se le explique algo de las apariciones». Tratándose de tal señora, respetuosamente la saludo y ella me preguntó si yo conocía todo lo de las apariciones; le contesté afirmativamente. Ella lo registró en cinta y lo mismo hizo con un pastor de vacas del pueblo, el cual le dijo: «Yo no sé que es lo que me pasa desde que he presenciado alguna aparición; antes blasfemaba mucho y ahora ya no lo hago». También registró otra pregunta que hizo a un Padre; le dijo: «Usted Padre... lo cree» y este padre -sólo lo sabe Mercedes y yo- contesto que sí lo creía. Luego acompañó a Mercedes a casa de Conchita, y después de algunas preguntas de Mercedes a Conchita, ésta, sin tardar muchos minutos, quedó extasiado. Yo tenía interés en que Mercedes, que venía de Barcelona, con muchas ganas de presenciar una aparición, encontrara facilidades; le ayudé a seguirla por la calle, y después de dar algunas vueltas extasiado por el pueblo, al regresar a casa de Conchita y junto a un poste de tendido eléctrico, se paró Conchita con la vista al cielo y a la visión, y yo le oí decir, también lo oyó Mercedes, que decía Conchita: «Ah, que el hijo de Mercedes está en el cielo». Mercedes hubiera caído al suelo como un árbol que cae cuando se le da el último corte, a no ser por nuestra intervención. Esta escena la tengo grabada en el alma, y será imborrable, como otras tantas y tantas vividas cerca de las videntes. Esto creo que podrá decirlo Mercedes, y cuantos se encontraban allí en tales momentos.

También he presenciado cómo Conchita recibía una carta del P. Pío, de Roma (d.e.p.) que le pido que desde el cielo me bendiga, me gobierne, y que yo sea más bueno, y rezarle mucho. Pues se decía antes de quedar extasiado que la indicada carta se la mostrara a la Virgen, para preguntarle si, efectivamente, era del P. Pío; después Conchita dijo que sí, que era del P. Pío.

Otro día mi amigo y compañero Brigada Crecencio (de la Guardia Civil de Santander) sobrino de don Valentín, me dio una medalla para cuando subiera a Garabandal y la entregara a una de las videntes; no recuerdo a quién se la di, aunque pienso que fue a Loli; y una vez ya estaba besada por la Virgen, fui a Santander y la di a su dueño. Y cuando ya había pasado un tiempo, un sobrino de don Valentín y primo del Brigada por parte de su mujer, tuvo que ingresar en la Casa de Salud de Valdecilla, con el vientre inflamado; según me contaron, sólo un milagro podía salvarlo. Al enfermo le pusieron dicha medalla, y empezó a orinar como un veneno. Se había salvado milagrosamente.

Como datos importantes. Hago constar que durante el año 1961 los médicos nombrados por la. Comisión del Obispado, sólo les he visto por Garabandal tres días. Uno fue cuando me dijo el Sr. Rocha de la Nansa que este día no subirían al Cuadro las videntes, porque las iba a hipnotizar o hinoptizar y las pararía en la Calleja, lo que resultó un gran fracaso para el Dr. Morales.

La otra fue el 18 de octubre de 1961, cuando se dio el primer mensaje, que se encontraron custodiados por la fuerza, para que no se les molestara, al parecer por su conducta, el mal acierto de su actuación.
Y la tercera, creo que estuvieron por la noche en Garabandal, cuando todo el vecindario dormía, y trataron de llevarse a las videntes para Santander, sin permiso de los padres y del pueblo.

Guardo en mi poder un verso escrito de puño y letra de Conchita que fue cantando por el pueblo y las cuatro videntes el 25 de marzo de 1962, fiesta de la «La Anunciación del Arcángel y Encarnación del Hijo de Dios».

Hoy día de la Virgen,
día de la Encarnación,
nos te felicitamos,
con todo el corazón.

Virgencita, Virgencita,
cuanto gusto nos has dado,
con tu risa tan bonita,
y tus ojos tan fijaos.

Hombres, mujeres y niñas,
ya sabéis nuestro mensaje,
la Virgen quiere se cumpla,
para bien de los hogares.

Aquí vienen tus hijitas,
acompañándote a ti,
para que les hagas un sitio,
para estar cerca de ti.

Seguir cristianos a la Virgen,
con humildad y fervor,
para que nos guarde un sitio,
en la celestial mansión.

También hago constar que he visto cómo potentes focos han sido colocados ante los ojos de las videntes, sin que estas sufrieran el menor daño. Se las ha pinchado (lo he visto), y si se han dado cuenta es porque la Virgen se lo decía; se les han hecho preguntas mofosas, de mal gusto. Estando yo junto a Mari Cruz, le oí decir todo enfadada, dirigiéndose a la Virgen «Hoy ha venido un Sr. Cura que no hace más que preguntar ¡Y qué preguntón es!»

Dos curas de la parte de Bilbao se mofaban de Conchita, mientras daba a besar el Crucifijo a los peregrinos; a ellos no se lo dio; arrepentidos, se fueron a casa de Jacinta a pedirle que rezara con ellos un rosario en reparación; y después, extasiado Mari Cruz, les dio el Crucifijo a besar; estos sacerdotes quedaron tranquilos y dieron las gracias.

Desde las primeras apariciones, viví en Garabandal todos los sucesos derivados de las mismas, de las apariciones de las cuatro videntes: Conchita, Mari Cruz, Jacinta y Mari Loli. Hoy cuando han transcurrido siete y más años, continúo recordándolo día por día. Este destino de Jefe de Línea de la Guardia Civil me dio la ocasión de lavar un poco mi alma que tanto lo necesitaba.

Son tantas las maravillas y lo religioso con que se desarrollaban las apariciones, que las recuerdo bastante, y por todo ello, hice cursillos de Cristiandad, y soy miembro de la Adoración Nocturna, porque cada día me creo haber hecho poco. No creo que el Diablo me arrebate la paz que hoy tengo y que antes me faltaba; vivo mucho más tranquilo, porque tengo presentes los dos mensajes dados por la Virgen al mundo. Y todos tenemos que pensar en lo que dicen.

Por todo lo narrado quiero manifestar a todos los cristianos de buena fe que lo más importante de todo ello es que tengan muy en cuenta de cumplir el mensaje del 18 de junio de 1965.   
El demonio está desatado, pero estamos en la era de María. Su Corazón Inmaculado triunfará, y nosotros con Ella, si estamos en ese Corazón.
   
Barcelona, 7 de marzo de 1969.  
 
Firma del que fue Brigada Jefe de la Sección de la Guardia Civil en Garabandal.  
Juan Álvarez Seco.


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turnerP. François Turner, O.P.

Después de haberse enterado por primera vez de los sucesos de Garabandal en 1966, el padre François Turner, O.P. de Blois, Francia, ha sido un estudioso de estas apariciones. Trabajando a la par con el Profesor Jacques Serre profesor en la Universidad de la Sorbona en París, ha hecho el estudio más completo sobre los eventos que ninguna otra persona fuera de España. Ha escrito numerosos artículos y bajo el sobrenombre literario de Robert François, ha dado autoría al libro, “Oh hijos escúchenme”, el cual ha sido impreso en Francés, Inglés y Alemán. Concluyó, junto con el profesor Jacques Serre, que Garabandal es una Obra portentosa de Dios, una innegable manifestación de su Omnipotencia. Adicionalmente ha elaborado una obra educativa de 24 criterios en defensa de la autenticidad de Garabandal.


El P. Turner nació en París de padres americanos residentes en Francia. Se bautizó y creció en la Iglesia Episcopaliana. A los catorce años perdió la fe y así estuvo cuatro años más hasta que un amigo católico y su familia invitaron a la familia de Robert a un sermón donde un Sacerdote católico explicaba los fundamentos de la doctrina católica en toda su extensión. Un sentido sermón que hizo decir a Robert Turner: “Si hay una Religión verdadera, ésta es la religión Católica”. Todas sus falsas impresiones y dudas que había tenido acerca de la Iglesia católica se desvanecieron

En 1966, mientras pasaba unos días en el Seminario de Tarragona, tuvo conocimiento por primera vez de los sucesos de Garabandal.  El P. Turner no creyó inmediatamente en las Apariciones Garabandal.

Tras un encuentro con el P. Materne Laffineur, pionero en la difusión de las Apariciones y Mensajes de Garabandal en Francia, leyó su libro "La Estrella en la montaña". Aún todo esto no le bastó. Tan portentosos sucesos requerían un mayor estudio. Cuanto más lo estudiaba más lo creía. Ante las dudas que se planteaban a algunos pensó en un rigurosísimo estudio que empezó con unos pocos criterios y se extendió hasta veinticuatro criterios inequívocos de la verdad de las Apariciones de Garabandal. Durante este tiempo pasó varias semanas en la Biblioteca de Poitiers estudiando a los "maestros del espíritu", aplicando todos los criterios a los hechos de Garabandal.  La conclusión fue que los hechos de Garabandal eran auténticos y de Origen Divino.

Colaboró con el P. Combe en la organización del primer Congreso Internacional sobre las Apariciones de Garabandal que tuvo lugar en Lourdes en 1978. Asistieron más de 200 delegados de 26 países de los cinco continentes.

 


Descargar pdfENTREVISTA AL P. FRANÇOIS TURNER, O.P.

Sus padres son Americanos. ¿Cómo vino a vivir a Francia?
P. Turner: Nací en Francia. Mi padre era un médico americano en París pero solo para pacientes americanos. El era un ciudadano estadounidense y mi abuelo vino de Boston. Mis padres, ambos, estaban en la Iglesia Episcopal de París en la Avenida Jorge V.

¿Cómo llegó a ser un sacerdote católico?
P.T: Fui criado en la Iglesia Episcopal por un tiempo y luego en una Iglesia Protestante en París. Luego, más tarde perdí mi Fe. Eso fue a la edad de 14 años.

Ud. También asistió a Harvard, ¿es eso correcto?
P.T.: Eso fue después de mi bachillerato en Francia. Fui a los Estados Unidos pensando en quedarme en América. Tenía las dos ciudadanías. Pero luego de dos años de estudio en Harvard, fui llamado al servicio militar en Francia y fui. Allí entonces, sin saberlo, perdí mi ciudadanía estadounidense. Serví en la milicia por dos años y luego otros seis meses. Después de eso la guerra (II guerra mundial) se desató. Estuve de militar durante la guerra.

¿Cuándo entró al sacerdocio?
P.T.: Después de estudiar el Latín, lengua que no conocía, entré al seminario diocesano de París y me quedé allí un año. Luego, me uní a los Dominicos y pasé un año en el monasterio Dominicano de París. Fui ordenado en 1947.

¿ Cómo se enteró sobre Garabandal?
P.T.: En 1966, una mujer española me solicitó que acompañara, como director espiritual, a un grupo de jóvenes de Tarragona, España. Acepté, fui ahí y pasé una noche en un seminario. En el comedor de la casa del profesor en el seminario, vi un folleto en español, sobre estas supuestas apariciones. No le presté mucha atención porque estaba bastante mal impreso. Sin embargo, pensé que podía ser algo serio, aunque no necesariamente. Luego de vuelta en Francia, en octubre de ese mismo año, un sacerdote de Blois me preguntó si yo había escuchado sobre las mismas. Respondí, sí, pero muy poco. Me pidió que tratara de conseguir más documentación ya que el estaba interesado. Y así, me puse en contacto con el padre Laffineur.

(El padre Materne Laffineur, un sacerdote belga que vivia en Francia, fue el pionero en la difusión de los Mensajes de Garabandal en este país).

¿Le proveyó el padre Laffineur de alguna documentación?
P.T.: Oh sí. Su libro, Estrella en la Montaña, que ya se imprimió. Lo obtuve, lo leí, y me interesé al respecto. Pero a esa instancia estaba solo interesado. No había resuelto nada porque sentí que debía ser primeramente estudiado. No creí que su libro fuera materia de estudio, sino que se trataba de un texto que relataba un cierto número de hechos pero sin ninguna investigación en profundidad. Sentí como que sería algo bastante bueno mantenerme en contacto con el padre Laffineur, en parte porque, después de todo, parecía ser algo serio, genuino, pero por supuesto no estaba seguro. De hecho, solamente llegué a considerar a Garabandal como genuino alrededor de 1978.

En ese entonces, había comenzado a elaborar mis criterios. [Veinticuatro criterios en defensa de la autenticidad de Garabandal]. Me llevó ocho años. Antes de escribir veinticuatro criterios, comencé con siete y luego quince. Estos criterios fueron tomados de una  parte, de los hechos de los eventos de Garabandal, y de otra, de estudios que hice en una biblioteca en Poitiers donde empleé varias semanas. Estudié a los buenos autores, a los antiguos autores, en tales temas como apariciones, revelaciones y experiencias místicas en general, y luego apliqué estos principios al caso de Garabandal. Llegué a la firme opinión de que era genuino.

Los aspectos negativos de Garabandal tales como el veredicto de la primera comisión y las dudas y negaciones de las videntes ¿representan un tropiezo o escollo en su estudio sobre los eventos?
P.T.: No, no en absoluto. De hecho, una cosa que me llamó la atención fue la debilidad de las objeciones hechas acerca de la autenticidad de Garabandal, indistintamente vinieran ellas de la primera comisión o de otra gente, usted sabe, ya que toda clase de gente ha presentado objeciones. Y recuerdo que un día Jacques Serre me contó, “No hay aspectos negativos sobre Garabandal.” Y pensé, bien, después de todo, tiene razón. Porque los aspectos negativos que fueron propuestos eran inconsistentes, especialmente aquellos presentados por la primera comisión.

Aquellos que presentan las dudas de las videntes como aspectos negativos, simplemente no parecen conocer que en los casos de Santa Teresa de Avila , Bernadette de Lourdes y los videntes de Pontmain, dudas del mismo tipo son bastante numerosas y son casi siempre la regla. Lo que me sorprendió en demasía fue que el trabajo de la primera comisión simplemente no estaba terminado. Don Valentín (que fue párroco de Garabandal) me comentó que alguien le había preguntado si la labor de la comisión estaba terminada. El respondió, “No está terminada, no ha comenzado.”

Alrededor de 1970, el entonces obispo de Santander, Monseñor José Cirarda, a través del Secretario de Estado Vaticano, se las arregló para hacer circular una carta a todos los obispos de la Iglesia, la cual sin condenar a Garabandal, hablaba sin embargo en términos absolutos de que el movimiento no debería ser difundido. Por lo menos en algunos lugares, esa actitud todavía persiste hasta hoy. ¿Cuál es la posición oficial de la Iglesia sobre Garabandal ahora?
P.T.: Para comenzar, el obispo Cirarda no es la autoridad  sobre las apariciones de Garabandal o los mensajes. En un tiempo lo fue, pero ahora ya no. Actualmente se encuentra un obispo cuyo nombre es Vilaplana quien sucedió al obispo del Val, y él es la autoridad.  Y el obispo Vilaplana no actúa de una manera o de otra. El considera el caso de Garabandal como una asignatura abierta.
Recientemente, recibió a mi amigo, Ramón Perez (autor de Garabandal – El Pueblo habla) y le dijo que se mostraba  abierto al tema de Garabandal  y que actuaría de acuerdo a lo que la Santa Sede le señale, sea lo que sea. Hay un dossier en Roma sobre Garabandal que fue hecho por una comisión cuádruple establecida por el obispo del Val, su trabajo duró desde 1985 hasta septiembre de 1991. Este conjunto de documentos en Roma está siendo estudiado. De esto prácticamente tengo certeza. No puedo decirle exactamente por qué estoy tan seguro ya que debo ser discreto.

¿No es más bien un tanto inusual que la Santa Sede estudie apariciones, como si se opusiera a que las mismas sean investigadas a nivel diocesano?
P.T.: Sí, no me parece muy común. Pero la Santa Sede está solamente verificando lo que se hizo en Santander. Quieren proceder en un nivel más elevado, como una corte de apelaciones, entiende?. ¿Por qué? Bien, aparentemente porque la difusión de estos mensajes ha alcanzado el mundo entero. No es un asunto local como Pontmain. Pontmain nunca pasó a ser más que un affair local, y podría dar otros ejemplos de apariciones que tuvieron lugar en Francia. Y fueron todos locales excepto en el caso de Lourdes.
Lourdes realmente llegó a ser internacional. Está siendo más internacional este año, 1992, de lo que nunca ha sido. Así, en tales circunstancias, cuando se torna ciertamente internacional, la Santa Sede siente que debería intervenir como una corte de apelaciones.  Todo esto se hace en completa discreción.

¿ Sabe algo Ud. sobre esta investigación más reciente? ¿sabe Ud. quienes son los investigadores?
P.T.: Lo único que sé es que estaba compuesta primero por un grupo de cuatro jóvenes sociólogos, dos mujeres y dos hombres y un quinto que se sumó más tarde. Los cuatro primeros eran gente laica, y el quinto era, creo, un sociólogo Dominico. La segunda parte de la investigación fue el aspecto psicológico. No sé quienes fueron los investigadores en esta etapa, ni cuántos. Y luego quedaba el lado teológico y el espiritual, tampoco sé quienes ni entre cuantos lo hicieron. El (el obispo del Val) mantuvo eso en secreto.

Ud. hace unos pocos años que conoce  al Obispo del Val. ¿Cuándo lo conoció por primera vez?
P.T.: Fue en 1976 y desde entonces me he encontrado con él prácticamente cada año, tanto en su oficina como en Lourdes, o en ambos lugares.

¿Qué percibió Ud. sobre la actitud de él hacia Garabandal al comienzo cuando recién lo conoció?
P.T.: Bien, para comenzar, el era extremadamente gentil, extremadamente discreto y estaba extremadamente al tanto de lo importante que era todo lo acontecido. La forma en que se comportaba era sumamente cortés; me hizo sentar en un sillón acolchonado, y cosas así. Estaba contento de que pudiéramos hablar en Español aunque él hablaba francés fluidamente. Poco a poco noté que parecía estar sumamente interesado. Era un buen pastor. Muy inteligente. Esto, por supuesto, no responde enteramente tu pregunta, pero es difícil responder semejante cosa.

Pero a lo largo de los años, ¿vio Ud. algún cambio en su actitud hacia Garabandal en algún punto?
P.T.: Bien, parecía estar más cordial. Me trataba cada vez con mayor amistad, abrazándome en frente de la gruta de Lourdes, por nombrar un caso. Pero si él hubiese estado cambiando su punto de vista hacia Garabandal, evitaría en todo sentido demostrarlo. Y si yo tuviera algo que decir al respecto, sin duda lo haría.

Personalmente ¿ piensa Ud. que él creía en Garabandal?
P.T.:  Lo que creo es que con su prudencia, prudencia normal desde luego, tenía que conducirse de la manera apropiada.

¿Permite la Iglesia a la gente promover el mensaje de Garabandal en la situación actual?
P.T.: Desde el anterior obispo de Santander, el obispo del Val (por los últimos 20 años) nunca ha actuado contra la promoción de Garabandal y ya que el actual obispo de Santander se muestra tan abierto, no creo que los promotores de Garabandal necesiten permiso alguno. Si en una diócesis, el obispo prohibiera difundir los mensajes, creo que se debería tomar en cuenta su punto de vista particular, para mantener la paz en la Iglesia. Pero si uno considera que la paz en la iglesia no está en juego, y que uno puede dar una conferencia privada o mostrar diapositivas en un salón privado o auditorio, bien, creo que podría hacerse, ¿por qué no? si no se está alterando la paz eclesial.
El padre Combe (el principal promotor en Francia), como tu sabes, era bastante firme en ese aspecto. Mientras el obispo no presente una prueba de que el hecho haya sido “condenado”, se puede perfectamente seguir adelante. Eso es lo que él hace, es su manera. Otra persona tendrá otra forma de proceder. En un país, la mayoría de la gente tendrá una manera de actuar mientras en otro, tendrán una distinta.

¿Qué hay acerca de la carta de 1970 del Cardenal Seper, la cual parecía una declaración en contra, muy elaborada? Para la gente que no está muy bien informada sobre Garabandal, especialmente en lo concerniente a los acontecimientos más recientes, y juzgan el caso de acuerdo únicamente a lo asentado en documentos antiguos de la iglesia, la carta del Cardenal Seper puede parecer una advertencia contra Garabandal. ¿Es esa carta un documento oficial?
P.T.: Lo dudo. Dudo que sea un documento importante. ¿Por qué? Para comenzar, el Cardenal Seper falleció años atrás. Segundo, su pronunciamiento no estaba basado en alguna investigación suya, personal, sino simplemente en el “dice que” de otro obispo. Y luego, hoy día, la situación es completamente diferente. Hay otro Cardenal ocupando su lugar. Y además en la Santa Sede la investigación continúa. Los documentos han sido enviados a la Santa Sede para lo que yo llamo el estadio final de las investigaciones. Después de estas investigaciones, no restará nada más que el actuar de la Santa Sede, como también el actuar del Obispo. Eso será todo.

¿Ha hecho el Cardenal Ratzinger alguna declaración referente a Garabandal?
P.T.: No puedo responder esa pregunta. Hay cosas que sí puedo responder pero esa no. Creo que no sería apropiado para  mi. Lo que puedo decir es esto: el acontecimiento de Garabandal es importante a sus ojos. El Sr. Hivbier ha visto mi libro [Oh Hijos, escúchenme] sobre el escritorio del Cardenal Ratzinger, así que ciertamente Ratzinger debió haberlo buscado. No le habría tomado más que unos pocos minutos echar un vistazo a la tabla de contenidos para tener una idea de lo que se trataba.

Gente con su tipo de mentalidad y su diáfana inteligencia entenderá muy rápido, en pocos minutos, si es digno de considerarlo o no. En algunos casos, apariciones falsas pueden ser reconocidas como tales por cualquier teólogo en dos minutos. En otros casos toma bastante tiempo.

Como dije en Columbus, Ohio, hay solo tres maneras todas juntas de encontrar la verdad. Primero porque es obvio. Segundo, a través de una demostración, un profesor de física o matemáticas hará una demostración. O tercero, porque uno es una autoridad en la materia, y la ha estudiado en extenso y la conoce muy bien. Ese es mi caso. No puedo evitar decirlo de esta manera.

Y no hay una cuarta manera de conocer la verdad, ni a través de los sentimientos, pensamientos ni nada por el estilo. Lo que simplemente agregaría es que en el caso de las apariciones y cosas similares, la gracia ayudará, porque hay un aspecto espiritual en esto. Si uno está en estado de gracia, si uno es espiritual consigo mismo, bien, Dios le ayudará a elucidar la falsedad o autenticidad de una aparición.


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andreuP. Jose Ramón María Andréu, S.J.

Parte III- TEMÁTICA DE LAS VISIONES


INFORME REPORTAJE POR PADRE RAMÓN MARÍA ANDRÉU, S.J.


CONVERSACIONES O DIÁLOGOS

Poseeemos largos fragmentos de algunos diálogos. En general, son de corte sencillo, con expresiones infantiles y que tienen el aspecto de un recorrer los acontecimientos del día o de los dias anteriores. A semejanza de lo que sucedió a Bernardita Soubirou, algunos de los que los oyen los toman a broma.
    
Es conveniente recordar que en los primeros y más extensos libros que escribieron sobre Lourdes, se dice que Bernardita  contaba a la aparición las incidencias del día  y que, hasta que supo quién era, respondía: “Sí, señorita”.

A lo largo de estos dialogos se ve el alma sumamente sencilla y transparente  de las niñas. A veces se les oyen expresiones como ésta: “Llévame a mí, aunque sea para ir y después bajar”.

Otras veces hay alusiones a sacrificos, pecados, los que no creen; con frecuencia piden curaciones y milagros para que la gente crea.

Lo normal es que sean de temas sencillos y que correspondan a vivencias del día.

CANTO DE SAN MIGUEL

Con frecuencia cantaban el canto de San Miguel:
San Miguel Arcangel
gran batallador
que en fiera pelea
a Luzbel venció.... etc

Quien como Dios
nadie como Dios.

Dicen las niñas que dice la Virgen que hagan en el Pinar una ermita a San Miguel. Esto se lo hemos oídos decir en estado de trance y  tambien en conversación normal.
El ángel es el primero que se apareció.

MEDALLAS  Y ROSARIOS

Lo corriente es ver a las niñas con rosarios, medallas y Cristos colgados al cuello. Son los que el público les da para que la Virgen los bese.

Desde un principio se notó la tendencia hacia los objetos religiosos bendecidos, así como rosarios, medallas y crucifijos.

Con motivo de dar a besar estos objetos a la Virgen, se han observado bastantes casos de hierognosis.

También se citan casos, la mayoría no se pueden comprobar, de favores y curaciones hechas, bien sea en el momento en que las niñas dan a besar determinados objetos religiosos, o que han obtenido al besar o rezar con rosarios anteriormente besados por la Virgen.

BESOS

Durante las visiones se ve a las niñas que besan algo. De sus gestos y por sus posteriores explicaciones, las niñas besan a la Virgen, al arcángel San Miguel y al Niño. También son besados por ellos. Al Niño lo toman a veces en sus brazos. El gesto de besar, ser besadas, tomar al Niño o las coronas, son completamente definidos.
No he visto, en todos los numerosos trances que he presenciado, una acción simultánea de besar dos niños o tres a la vez, sino sucesivamente.
Solo he visto hacerlo simultáneamente cuando el beso no era dado, sino lanzado de lejos o cuando el beso va dirigido a diferentes personas, v.gr. Virgen y Niño o Ángel.
Es frecuente que al terminar una visión las niñas o niña que termina, reciba un beso o dos en la cara y que ella de uno.

CORONAS

Es frecuente, sobre todo a partir de mediados del primer mes, que en sus trances las niñas reciban la corona de la Virgen y la del Niño. Se la deja y ellas se la ponen breves momentos. La de la Virgen les viene grande y la del Niño pequeña.

La descripción de la corona que dan las niñas y que concuerda con la manera de ponérsela, por los gestos que hacen es así: “Redonda pero abierta”. Al explicar como es, tiende a diadema, según se ha podido reconstruir. Todas las niñas la ven igual “redonda, brillante, con estrellucas y abierta”.

La corona del Niño es pequeña, lisa, redonda y abierta. También da la impresión de ser una especie de diadema. Las cuatro niñas la ven igual.

PIEDRAS

También ha sido frecuente como tema de las visiones de las niñas, el que corresponde a las piedras.
Se trata de piedras pequeñas, como del tamaño de un caramelo grande. Las recogen del suelo, en estado de trance, o las preparan de antemano. Se las dan a besar a la Virgen y después se las entregan a alguno como recuerdo, o como señal de perdón. Se ha visto, frecuentemente que la misma visión les ha pedido que busquen más piedras, pero ellas no las encontraban.
Es conveniente recordar aquí, entre las cosas que a primera vista parecen extrañas, cómo la Virgen mando a Bernardita Soubirou en Lourdes que tomase hierba y que se la llevase a la boca  y la masticase.
Tratandose de las piedras que las niñas de Garabandal daban a besar a la Virgen se han podido observar varios casos de Hierognosis que en su lugar se expondrán.




TEMAS DEL DÍA  

A semejanza de lo que ocurrió en Lourdes y Fátima, las niñas de Garabandal hablaban en sus visiones de las incidencias del día, especialmente de los temas que las impresionan más y sobre todo de los sacerdotes y religiosos que vienen.
Esta parte de los diálogos es lo que suele desilusionar más por el aspecto simple que a veces presenta. Téngase en cuenta lo que, a proposito de esto, dice un anónimo citado por Sauvé: “.... dicen cosas sublimes y cosas que no podemos comprender, por eso, son ora admiradas, ora menospreciadas y objeto de escándalo”.
En el caso de Bernardita Soubirou,  esta parte de los diálogos con la Virgen era la que provocaba risas y burlas en los que la escuchaban. De hecho parece significar una especie de manifestación de su alma y conciencia, con un lenguaje tan sencillo y elemental como el que emplean en sus conversaciones normales. Las frases y las palabras guardan todas las incorrecciones de su estilo pueblerino. A veces hacen un efecto ridículo y otras veces encantador.
Todos los temas van introducidos en forma de diálogo, del que solamente se capta la parte de las niñas, pero que se nota claramente que no son ellas, de ordinario, las que dirijen la conversación, sino que ellas son las dirijidas. A veces responden y otras veces preguntan.
De ordinario, todos los temas son o parecen conocidos de ellas anteriormente, salvo los casos en que , aludiendo a personas concretas, dicen que están fuera, o que se marcharon del pueblo, o que están durmiendo o diciendo la misa. La visión les corrije y les dice que no, y les manifiesta el sitio donde están de ordinario oyéndolas o cerca de las mismas niñas.

MILAGRO

Desde que D. Valentín (el párroco) les dijo a las niñas que pidieran a la Virgen un milagro, para poder tener una prueba y creer, a las niñas se las ha oído varias veces pedirlo a la Santísima Virgen.

Al principio la Virgen sonreía.Despues se ponía seria. De nuevo la Virgen sonreía, cuando le pedían una prueba o milagros para que la gente creyera.
Al decirle las niñas a la Virgen que muchos no creían, la Virgen sonreía y contestaba «Ya creerán»; ésto lo ha repetido la Virgen muchas veces.

Dicen que la Virgen les habla de que habría un milagro pero aún no saben más.

REZAR

Rara es la visión en que las niñas no recen el Rosario o la estación a Jesús Sacramentado. El rezo del rosario es con frecuencia cantando una decena o más.  Las niñas no cuentan nunca las Avemarías y jamás se equivocan. Ellas dicen que la Virgen les avisa para el «Gloria».
La Virgen al parecer reza con ellas la parte que le corresponde, a veces el Avemaría y a veces el Santamaría. Si alguna vez se traba alguna niña, dicen ellas que la Virgen mueve la cabeza  un poco, como corrigiendo pero lo hace sonriendo.
La fórmula que emplean normalmente es la que les enseñamos mi hermano Luis Mª y yo: «Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor está contigo, bendita eres entre las mujeres.... ». La estación al Santísimo la rezan con el «Viva Jesús Sacramentado».
También se santiguan muchas veces siempre que llegan a la Iglesia. A veces lo hacen mal y la visión les corrige hasta que lo hacen bien. En una ocasión les corrigió la manera de poner los dedos en forma de cruz para besarles al terminar de santiguarse. También se persignan. Es frecuente que lo hagan al momento de terminar la visión.
Este tema de rezar con la Virgen presenta analogías con Lourdes y Fátima, a la vez que parece poner de relieve la devoción al Rosario y al Santísimo Sacramento.

LOS VERSOS
En distintas ocasiones las niñas en estado de trance, han hecho versos. Generalmente corresponden a lo que en métrica se llaman colas. Van acompañados de música, es decir, que recitan los versos cantando. Hasta la fecha, han correspondido los versos a las rondas que hacían las niñas que estaban en trance a las casas de las que por no haber sido llamadas por la Virgen, estaban dormidas.
Algunos correspondían  a canciones como “Noche de paz”. Otros eran inéditos y solamente tenían sentido en el momento en que se decían. Recuerdo sólo tres de esas coplas aunque fueron más las que dijeron, pero no se pudieron escribir cuando se decían; además no todas se oían bien.
    
La noche en que comenzaba el día de la Asunción, quedó dormida en casa la menor de todas, Mari cruz. Las otras tres cantaron a a la vez, sin previo acuerdo, entre otras, las dos siguientes:

Levántate Mari Cruz
¿no hueles las azuzenas?
que te las trae la Virgen
para que seas buena.

Levántate Mari Cruz
que viene la Virgen buena
con un cestillo de flores
para la niña pequeña.

Otra noche, Lolita sola fue cantando a las otras tres. Solo pude captar la de Conchita:
Levantate niña Conchita
que la Virgen está aquí
con un ramito de flores
pa regalártelo a ti.

Nota: Observese la perfección en los acentos y cadencia
Vese a este respecto lo que se dice en Teología de la Perfección Crisstiana nº 6 y  en general en todo el capítulo. Reproduzco unas frases del libro:     
“Habilidad infusa para el ejercicio de las Artes, se dan multitud de ejemplos, asi v. Gr. Para la poesía, San Francisco de Asís, Tomás de Celano, Jacobo de Todi....” vamos a agrupar una serie de fenómenos místicos que sin ser propiamente visiones, locuciones ni revelaciones, se refieren también, de alguna manera, al conocimiento. Son ciertas aptitudes especiales que reciben las almas, de una manera sobrenatural o infusa en orden al ejercicio de las ciencias o de las artes...”
Esto puede suceder en estado de trance y fuera de este estado. Aquí sólo se ha dado en estado de trance.

GÉNERO DE LENGUAS

Un hecho que yo mismo presencié, ha dado lugar a que se diga que las niñas han hablado lenguas extranjeras en su estado de trance. La verdad no es esa exactamente, al menos, hasta el momento de escribir este capítulo.
Las niñas han dicho palabras de diversas lenguas. Las que yo he oído,  han sido las siguientes: “¡Ah, qué bien, enséñame francés...! ¿Qué dices?... Si, ouí, ouí... ¿Cómo es? ¿Comantalevu?... ¿tre bien e vu?... Merci.... qué o por qué como es? Ah, qua.... si como los patos qua, qua. ¿Como en latín?...Yo se latín Kirie elison, Christe eleison... ¿qué?, ¿que no es latín?  Ah, Christe audinos..... Domine labia mea aperies... sí, sí. Ahora no entiendo.... Ah, claro, si es alemán, ¿Gutennaj?... Tan Kesen..... y eso ¿qué es?... ¿Merci?.... es muy difícil, no entiendo... ¿Cómo? ... ¿Bigectesinen?

Aunque dijo alguna palabra más yo no las pude captar. En otra ocasión, otra de las niñas dijo: “Jaire  Maria Kejaritomene”. Este comienzo del Ave María en griego, así como algunas de las palabras anteriores, posiblemente todas, las habían oído o las podían haber oído entre el publico que acude a Garabandal.

Lo más interesante no es tanto lo que dijeran sino que se iban corrigiendo cuando lo decían mal, hasta llegar a una dicción y pronunciación bastante correcta.
La sensación era de que estaban oyendo las palabras una tras otra y que ellas las repetían.

NO TE VAIGAS

Es muy frecuente cuando están en estado de trance oír decir a las niñas esta frase: «No te vaigas ¿eh?». Así expresan su deseo de continuar en estado de trance, aunque a veces se les ha oído decir también: «Bueno, cuando usted quiera, pues se va». (Hablando con el P. Luis María Andreu, que según ellas está en el cielo).

Otras veces, en estado de trance, vuelven a la realidad por espacio de un minuto o de varios minutos y de nuevo entran en visión en una fracción de segundo.
Son interesantes las palabras de Santa Teresa, como expresión de este «no te vaigas» y de este entrar y salir brusco. «No osa bullirse ni suenearse, que de entre las manos le parece que se la ha de ir aquel bién, ni resolgar algunas veces no querría. No entiende la pobrecita alma que, pues ella por sí, no pudo nada para traer aquel bien, que, menos podrá detenerle más de lo que el Señor quisiere» (Vida, 15-1).

Es interesante leer todo el número (42, o 421) de Teología de la Perfección Cristiana del Padre Royo Marín 0.P:, del que aquí cito solamente algunas frases: «Nadie consigue ponerse en contemplar cuando le plazca».

Esto se ha observado muchas veces, en realidad siempre, en las niñas de Garabandal, que tienen que estar esperando, sin poder adelantar acontecimientos a pesar de sus grandes deseos fuera de dos ocasiones en que recibieron orden formal de hacerlo, una vez del señor párroco y  otra mía.

 «A veces se recibe de improviso (sin ninguna preparación previa) y otras veces no se recibe por mucho que el alma se prepare para ello».

He visto a las niñas, una vez recibida la tercera llamada, entrar en éxtasis, salir, volver a entrar, etc... sin aviso previo. O quedando en trance agarrando en sus manos los objetos que tenían, v. gr. una linterna, un vaso, el vestido o la mano de otra niña, dejando a medio terminar una palabra, etc.
Otras veces han estado esperando, recogidas, aisladas de todos, y la espera ha sido en vano. Se ve claramente que no está en ellas entrar o salir del estado de trance.
“Pero otras veces aparece y desparece bruscamente sin que el alma haya hecho absolutamente nada para provocarla o alejarle”.
«Nada hay más propicio para inspirar sentimientos de humildad. Porque el alma ve claramente que desempeña un papel muy secundario».
Es muy frecuente oírles respuestas llenas de humildad, cuando se les pregunta referente a esto: «No sé cuándo». «Donde Ella diga». Al preguntarlas: «¿Siempre vais a ver a la Virgen?», dicen: «No sabemos, o no sé». «¿La vais a ver mañana?». «No sé, o no sabemos».
Cuando afirman que la van a ver, es porque Ella se lo ha dicho, o han tenido llamada, o porque se ha despedido hasta mañana.

PEDAGOGÍA DE LA VIRGEN

Desde que comenzaron las visiones hasta la fecha del 25 de agosto, son varios los consejos y recomendaciones que las niñas han recibido. El orden en que se ponen no corresponde exactamente al cronológico, ya que no me es posible reconstruirlo y muchas de ellas se repiten con frecuencia.

1. Al principio, las niñas (cogíamos a correr) se escapaban del público que subía a verlas; dicen ellas que la Virgen les dijo que no huyesen, sino que, si las preguntaban algo que podían responder las cosas que ellas sabían, podían decirlo. Desde entonces ya no huyeron.
2- Otro consejo es «que seamos modosas». Ellas me lo interpretaban como que significaba que no debían ser vanidosas, vestirse con sencillez y ser humildes.
3- Dicen las niñas que la Virgen les repite mucho el consejo de que sean obedientes.
4- Les ha dado el consejo de hacer sacrificios. Ellas no sabían el significado de la palabra. Se lo preguntaban a los sacerdotes. Yo les tuve que dar la explicación.
5- Les infunde horror el pecado. A Conchita, estando extasiada, se le oyó decir: «Esos son pecados, quítamelo, no lo quiero ver» le dijo a la Virgen y lloró.
En otro éxtasis Mª Loli estuvo mucho rato, como veinticinco minutos sin decir nada, en actitud extática. Al final se vieron que le corrían las lágrimas por la cara al tiempo que exclamaba: «Misericordia, misericordia». Después comentaron que la Virgen les había dicho que lo que más ofende a Nuestro Señor es el pecado.
6- Piedad. Les invita a rezar mucho. Sobre todo el Rosario y la estación a Jesús Sacramentado. Cada día, además del Rosario que rezan con el pueblo, otros que rezan con la visión.
7- Con frecuencia se les oye preguntar en estado de trance, cosas como esta: “¿Cantar la canción “Esperanza” es pecado? Decir que no quiero comer, ¿es pecado? Etc... También preguntan: El que las mujeres fumen ¿es pecado?”
8- Al querer sacarse una señora una foto con una de las niñas, ésta se fue y dijo: “La Virgen no quiere que me retrate con las que llevan mucho escote”.
9- Llama la atención el trato sencillo y confiado que tienen las niñas con la Virgen.
10- Les enseña cantos religiosos.
11- Corrige cuando se santiguan mal, cuando la nueva fórmula del Señor mío Jesucristo.

EL  SECRETO
Una de las cosas que han excitado más la curiosidad del público es lo que se refire al “secreto”. Las niñas afirman las cosas siguientes:
1- Tienen un secreto que harán publico el día 18 de octubre de 1961. Es un secreto de la Virgen.
2- Hasta la fecha no se lo han dicho a nadie en su totalidad, aunque sí parcialmente, a lo que parece.
3- Tienen otro secreto, menor en extensión, que es el del árcangel San Miguel. Ese secreto lo dirán, si quieren, a partir del día 18 de octubre.
4- Tienen la obligación de decir el secreto de la Virgen pero el de San Miguel no tienen obligación de decirlo.
5- Parece que las niñas tienen otros tres secretos màs que deberán hacer publico uno cada año.
6- Parece ser que estos secretos, ellas no los conocen, pero que la Virgen se los irá manifestando oportunamente.
7- Se supone que el secreto será un mensaje aunque las niñas han hablado solo de secreto.

ASPECTOS EXTERNOS DE LOS DIÁLOGOS

Desde el día 2 de julio, día en que por primera vez habló  la visión, los diálogos han tenido lugar en las posturas siguientes: de rodillas, oscilando, andando, caídas al suelo, estando juntas las cuatro, solo tres, solo dos ó solo una.

Cuando varias niñas videntes están en trance juntas participan del mismo diálogo.  Responden simultáneamente con un “sí” o “no” o “por qué” o hacen una exclamación de alegría, miedo, etc... Se ve que corresponden a algo que oyen a la vez.
La voz representa varios tonos. Algunas veces casi no se les oye, otras se les oye con normalidad. La manera de hablar es de acuerdo con las palabras que ellas usan en su conversacion ordinaria, salvo raras excepciones. En casos de  oír alguna palabra que no concocen suelen pedir explicación a la visión. Ésta o les da la explicación o, como en la palabras “sacrificios”, les dice que lo pregunten a los sacerdotres.
Es muy frecuente oirles decir a la visión:
- “No te vaigas, ¿eh? No has estado más que un minutín”. Y luego, como expresión práctica del deseo de que no se vaya, cuentan incidencias del día, o de los días anteriores, como con afán de retener con sus infantiles narraciones a la visión. Pero nunca han mostrado enojo porque se haya acabado pronto.

En una ocasión dijo una de las niñas, en estado de trance, a otra: “Cuéntale chistes, tú que sabes, para que no se vaiga”.


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andreuP. José Ramón María Andreu, S.J.

Parte I

El Padre Ramón María Andreu Rodamilans S.J., con residencia en la Casa de Ejercicios Cristo Rey de Valladolid, dice que:

Con autorización especial de Su Excia. Revma. Mons. Doroteo Fernández, Administrador Apostólico de Santander, y con el beneplácito de mis Superiores R. P. Conrado Pérez Picón S. J., Vice-provincial de Castilla Occidental, y del R. P. Cipriano Arana S. J., Rector de las Escuelas Profesionales de Cristo Rey y mío: he visitado el lugar de San Sebastián de Garabandal, cerca de Cosío y del Ayuntamiento de Puentenansa, en la provincia de Santander, con motivo de los sucesos que allí tienen lugar y que se refieren a cuatro niñas que afirman ver y oír a la Virgen.

El conjunto de días que he estado en San Sebastián de Garabandal, en diversos viajes, suman 13 días, poco más o menos, y en ellos he obtenido los siguientes datos que pongo a disposición de las Autoridades Eclesiásticas con el fin de facilitar la labor que, con motivo de tales sucesos, habrán de realizar.


INFORME REPORTAJE POR PADRE RAMÓN MARÍA ANDREU, S.J.


PRESENTACIÓN

El Padre Ramón María Andreu Rodamilans S.J., con residencia en la Casa de Ejercicios Cristo Rey de Valladolid, dice que:

Con autorización especial de Su Excia. Revma. Mons. Doroteo Fernández, Administrador Apostólico de Santander, y con el beneplácito de mis Superiores R. P. Conrado Pérez Picón S. J., Vice-provincial de Castilla Occidental, y del R. P. Cipriano Arana S. J., Rector de las Escuelas Profesionales de Cristo Rey y mío: he visitado el lugar de San Sebastián de Garabandal, cerca de Cosío y del Ayuntamiento de Puentenansa, en la provincia de Santander, con motivo de los sucesos que allí tienen lugar y que se refieren a cuatro niñas que afirman ver y oír a la Virgen.

El conjunto de días que he estado en San Sebastián de Garabandal, en diversos viajes, suman 13 días, poco más o menos, y en ellos he obtenido los siguientes datos que pongo a disposición de las Autoridades Eclesiásticas con el fin de facilitar la labor que, con motivo de tales sucesos, habrán de realizar.

LAS NIÑAS

Los nombres propios de las niñas son: María Concepción, de 12 años; Jacinta, de 12 años; María Dolores, de 12 años; María Cruz, de 11 años.

No son hermanas ni primas entre sí, al menos en sentido propio. La edad psicológica que representaban durante el primer mes de las llamadas visiones sería de unos 8 ó 9 años correspondientes a niñas de ciudad y colegio.

La conducta de las niñas hasta la fecha en que comenzaron los acontecimientos era buena, según juicio del Sr. Cura, de la maestra y de los padres de las niñas. Su normalidad, como más adelante se dirá, era también correcta hasta que comenzaron sus trances y lo sigue siendo fuera de los mismos.


ELECCIÓN DE NIÑOS

Cito al P. Arintero, O.P.: «¿Por qué prefiere Dios a los pequeñuelos?... Porque los pequeñuelos, las mujeres, las almas vírgenes, tienen un corazón más puro o hacen generosamente violencia a sus pasiones. El Espíritu Santo puede hacer que en ellos brille la luz. Las palabras de la sexta bienaventuranza, "bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios", encuentra ya su aplicación en esta vida.

Los hombres y los grandes talentos no tienen pues razón alguna para acusar por eso a las mujeres, antes lo tienen muy grande para acusarse a sí mismos. No es privilegio de los pequeños y de las mujeres el ver mejor las cosas sobrenaturales, sino que es un castigo para los hombres y para los sabios a fin de que se humillen. Y si no lo hacen, aún les aguarda mayor confusión, conforme lo declaró el Salvador a Santa Catalina de Siena.

Santa Teresa rogaba a Nuestro Señor que, en vez de colmarla a ella de tantos favores, los dispensare a hombres sabios, a los sacerdotes, a los religiosos y a los teólogos. Y Él le contestó: "Estos, ni tienen tiempo, ni gana de trabar relación de confianza conmigo; y, pues siempre me desdeñan, tengo que dirigirme a sencillas mujeres si he de tener el consuelo de tratar de mis intereses con los hombres"». (Arintero, La evolución mística, pág.737). 



EL PUEBLO

En la historia de las apariciones de Lourdes se dice lo siguiente: «El pueblo creía sinceramente en las apariciones y señalaba con toda seguridad que la Señora era la Virgen María. Por eso habían limpiado la gruta, colocando floreros con flores, velas que ardían... ». 

Hay una analogía entre la intuición del pueblo de Lourdes y el de Garabandal. Los vecinos del pueblo de Garabandal no afirman ni niegan nada. No cuentan más que lo que ven, pero todos ellos, conocedores de la sinceridad y normalidad de las niñas, dicen que es verdad.

La avalancha de curiosos y el rodar de las noticias va creando –o al menos transformando– determinados hechos en fantásticos bulos. Tratando de actuar con seriedad, no se pueden tomar para un estudio más datos de los que proceden de testigos de primera línea. Tampoco se pueden eliminar datos o hechos auténticos.

Los datos que cito en este informe son constatados por mí directamente, salvo los casos en que explícitamente se cite la fuente de donde proceden.


AISLAMIENTO DEL PUEBLO

San Sebastian de Garabandal está situado a unos 7 Km monte arriba a partir de Cosío.

El aislamiento de San Sebastián de Garabandal da al pueblo y a sus habitantes una sensación de tranquilidad y paz que se ha roto con la afluencia de peregrinos y curiosos.

Al anochecer, una mujer del pueblo, María, la madre de Jacinta, recorre las callejas del mismo, según costumbre, tocando una campanilla para invitar a los vecinos a rogar por "las ánimas del purgatorio". El rosario se reza todos los días en la Iglesia.


PACIENCIA DE LOS PADRES

La paciencia de los padres de las niñas ha sufrido una gran prueba con estos acontecimientos. Siendo gente sencillísima y humilde, se han encontrado de repente con que sus hijas experimentan un fenómeno que constantemente les está exponiendo ante el público que acude, a la vez que les crea una situación que ellos no pueden dominar.

El público no siempre sabe ser correcto en sus palabras y en sus obras. Así que algunas veces han creado situaciones desagradables que han soportado con abnegación.

La falta de autoridad, de orden, hace que los padres y mozos del lugar tengan que defender a las niñas. Ellos quieren saber de qué se trata y se encuentran solos ante unos hechos que no alcanzan a entender. Solamente el que en tres meses de esta situación, con tantas carreras y tantas y tan diversas personas que acuden, no haya sucedido nada desagradable lo interpretan como una señal más de que hay una mano que vela por las niñas y que las cuida con cariño.


EL PÚBLICO Y LAS VISIONES

Se ha observado una relación entre el público que acude a Garabandal y las llamadas visiones. Es así. Se ha repetido el caso de que cuando el público ha sido más numeroso y dando aspecto de romería, incluso cuando ha habido borrachos y música o canciones profanas, la aparición no ha tenido lugar. El público quedó defraudado.

La primera vez que lo observé fue el día 15 de agosto, fiesta de la Asunción, por la tarde. Ese día toda la multitud esperó en vano. A la vista de los que se comportaban como de romería y al oír las canciones profanas y el estado de semiborrachera que algunos mostraban, me dijeron algunos hombres y mujeres sencillos del pueblo: «Me parece que hoy no habrá nada, porque ya sucedió otra vez y aquí nos alegramos que no haya nada cuando vienen en ese plan».

Otro día me llamó Amalia, hermana de Loli, de once años, para decirme en secreto que Jacinta estaba viendo a la Virgen en casa de Loli. Entré y la encontré en estado de trance. Entre otras cosas (que en su lugar haremos mención), dijo hablando con la visión:

«¿Por qué te vas tan luego?... Ah, claro, como el día de Nuestra Señora... están cantando».

Al terminar el éxtasis le pregunté. Y ella me respondió: «Dice que se va porque están cantando y de juerga».

Al salir de la casa, pregunté: «¿Hay alguno que esté cantando?». Y me respondieron: «Sí, allí hay un grupo que están en plan de romería». Ese día no hubo visión hasta que ese grupo, que había venido en un autobús, se marchó.

Esto ha sucedido otras veces más. Las que yo he podido constatar hasta hoy han sido cinco y los cinco días la incorrección e irreverencia del público fue manifiesta.


NORMALIDAD DE LAS NIÑAS

En la vida ordinaria, fuera de los trances, las cuatro niñas dan muestras visibles de normalidad. Ese ha sido el parecer de los médicos que las han visto, aun de los que se han mostrado más escrupulosos en analizarlas.

Para un observador normal, para sus padres, para el párroco y para todos lo que las conocieron de tiempo atrás, esas cuatro niñas han sido siempre normales. Las niñas, después de tres largos meses, se encuentran perfectamente normales: juegan, corren, dan grandes caminatas a los prados -unos cinco kilómetros de ida y otros tantos de vuelta-, siguen reaccionando como niñas.

El hecho de que una persona esté enferma no es obstáculo para que en ella puedan darse fenómenos místicos. Bemardita Soubirous padeció de asma hasta su muerte. Santa Gema Galgani fue muy enferma.

En el caso de Garabandal, se da normalidad en las niñas a mayor abundancia. Dice el P. Royo Marín en la Teología de la Perfección Cristiana, n2 566: «La historia de las almas admitidas en estos favores de la Divina Gracia atestigua claramente que Dios se acomoda a las más diversas complexiones y que ninguna de ellas puede representar un obstáculo insuperable a Aquel que con sola su voluntad pudo sacar todas las cosas de la nada».


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andreuP. Jose Ramón María Andréu, S.J.

Parte IV- PROGRESO ESPIRITUAL DE LAS NIÑAS


INFORME REPORTAJE POR PADRE RAMÓN MARÍA ANDRÉU, S.J.


GRATIS DATA Y GRATUM FACIENS

No es fácil calibrar el progreso espiritual de un alma, como no sea para un director espiritual con quien se tenga un trato constante. El progreso espiritual de las niñas, había que medirlo más por lo interno que por lo externo. Por eso se notará en el ejercicio de las virtudes.

Dice Santo Tomás: «La gracia es doble; una por la cual el hombre mismo se une con Dios y se llama gracia gratum faciens; otra por la cual el hombre coopera a que el otro se vuelva a Dios, y ésta se llama gracia gratis data, porque está sobre el poder de la naturaleza, y se concede al hombre por encima del mérito de la persona. Pero no se la da, para que quede él mismo justificado, sino más bien para que coopere a la justificación de otro, por eso se llama gratum faciens». Y de ésto dice el Apóstol (1 Cor. 12-27): «A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad, esto es, para utilidad de los demás». (I-Il, 111, I).

«Que la causa instrumental de que Dios se vale para producir tales hechos milagrosos -el hombre- no necesita estar unida sobrenaturalmente con él por la caridad, ni mucho menos ser un santo».

«Que estas gracias gratis datas, no santifican de suyo al que las recibe, el cual puede recibirlas en pecado mortal, y permanecer en él después de recibirlas (Teolo. de la P. Crist. ng 5 5 2).

Y al contrario, dice Suárez, «las gracias gratis datas, aunque se dan para utilidad de los demás, sin embargo, puede y debe el que las recibe, procurar con su uso la propia utilidad y provecho espiritual» (De gratia, prolog. 3 ch. n" 7)

En las primeras oraciones contemplativas, la transformación no es tan profunda que desaparezcan del alma toda clase de defectos, incluso voluntarios. Y así se equivocaría grandemente el director espiritual que juzgare ilusoria la contemplación de un alma sujeta todavía a ciertos defectos, que provienen muchas veces más del temperamento y del carácter que de la propia voluntad. La contemplación ayuda eficacísimamente a la santificación de un alma, pero no produce instantánea y necesariamente un santo (Teol. de la P. Crist. d 43 l).


PERDONAR

Especialmente a un sacerdote que la forzó a decir el secreto, haciéndoles poner un palote por cada letra, en un papel, junto al Altar Mayor, muchas veces decían en trance, que le perdonaban. También lo decían en estado normal, añadiendo que la Virgen les dijo que perdonasen. Lo mismo a los médicos u otras personas que las pinchaban, quemaban con cigarrillos o hecho pruebas más o menos dolorosas, o que intentaban sacarlas de Garabandal.


HUMILDAD

Desde que comenzaron los sucesos de Garabandal, se mantienen las niñas en humildad. Lo demuestran en la manera de vestir, en la manera de hablar, en el poco caso que hacen del público que viene a verlas, y en los trabajos humildes que hacían y siguen haciendo delante de todo el mundo, en la docilidad ante los sacerdotes aunque sean desconocidos.

En varias ocasiones les ha indicado la Virgen que, cuando vayan a verla, que no lleven pulseras ni pendientes. Conchita era la única que llevaba pendientes y en un trance delante de la Iglesia preguntó a la Virgen «¿Qué tengo yo de malo? ¡Ah, bueno!». Volviendo a la realidad corrió a su casa y se quitó los pendientes y una pulsera. Volvió corriendo y nada más llegar a la Iglesia quedó de nuevo en trance.

He observado varias veces que cuando las niñas sienten la tercera llamada, entregan o tiran algún anillo o pulsera que tienen en la mano, y que no son ellas sino de alguna señora que se lo ha dejado para que lo toquen las niñas.


VIDA DE PIEDAD

Desde que comenzaron los sucesos, las niñas comulgan todos los días. Oyen todas las Misas que se celebran y rezan varios rosarios cada día.

A veces llama la atención de los visitantes el que las niñas hablen en la Iglesia y sonrían. A mí  también me llamo la atención y en un diálogo con ellas se lo dije.Ellas me respondieron: “¿Y es malo hablar en la Iglesia?”. Al decirles que era falta de respeto me respondieron: “¿Y por qué hablan tambien los sacerdotes?” Yo les respondí que las cosas que hablaban los sacerdotes en la Iglesia eran cosas importantes. Hay que tener en cuenta que algunos días se han reunido más de una docena de sacerdotes. Ellas me dijeron: “Nosotras preguntamos cosas de la Misa y el Rosario y a veces nos hacen reír otros”. Pero no debéis hablar, les dije. Y me respondieron: “Pues  cuando estamos con  la Virgen también hablamos nosotras. Pero si Vd. nos dice que nos portemos mejor, ya lo haremos”.

El día 8 de agosto dijo Mª Cruz a la Virgen en una visión: «Ahora sí sé rezar mejor, antes sabía jugar mejor ». Al preguntar las niñas a la Virgen qué es lo que la  Virgen quiere de los españoles para enmendarse, les respondió: «Que confiesen y comulguen». Ellas lo practican. Esta pregunta les fue sugerida por un canónigo de Tarragona.

CARIDAD

Aparte del desprendimiento y  generosidad, que es en ellas manifiesto en el repartir sus cosas, caramelos etc..., incluso quedándose ellas sin ninguno. La manera de servir a los demás, agua y las cosas que les piden con tanta frecuencia. Atención en Lolita para con su abuelita, en Conchita y Mari cruz para con un ciego. El trato paciente con los curiosos, aunque les moleste. El deseo que todos crean y se salven.

“Al principio, dicen las niñas, cuando veíamos gente, echábamos a correr, pero la Virgen nos dijo que fuéramos modosas y contestásemos lo que pudiéramos. Lo que era secreto, no”.

SACRIFICIOS

Desde que han aprendido el significado de la palabra «sacrificio» lo han estado practicando. Para las niñas, sacrificio es, hacer lo que no me gusta y dejar de hacer lo que me gusta. Para ellas  representaba un sacrificio el ayudar a los demás, el obedecer, el desprenderse de regalos que les hacen, el no ponerse pulseras y demás chucherías que les regalen, etc.

Ellas no sabían lo que significaba la palabra “sacrificio” y tuvieron que preguntarlo.  


LIMPIEZA DEL ALMA

Con frecuencia me han preguntado sobre cosas concretas como cantares, respuestas que dan, palabras que dicen, etc... Preguntan si es pecado o no.
La conciencia no la tienen aún bien formada y así no diferencian lo que puede ser pecado mortal, venial o nada, pero se ve que tienen deseos de enterarse. Preguntan a la Virgen si son pecado tales o cuales cosas.
    



 EL PECADO

El horror al pecado va tomando en ellas el aspecto de reparar por los pecados de los hombres, pero los pecados de los hombres en ellas no tiene sentido correcto, sino solamente de algo que entristece a Dios y a la Virgen.

La manera de ser, reaccionar, etc... es de modo infantil, ya que aunque la edad de las niñas es de 12 años, su psicología corresponde a la que va entre los 8 y 9 años de niñas de ciudad. Garabandal no tiene carretera, por allí no pasan trenes ni automóviles y fuera de las multitudes que ahora acuden por las apariciones antes no llegaba nadie.

En uno de los diálogos que he presenciado, tal vez el más dramático que he oído, hablando con la Virgen, una de las niñas veía algo que le hacía decir con angustia: «¿Esa cinta qué es? Ah, la cinta de los pecadores... no la quiero ver … quítamela … qué miedo me da, muchos pecadores… ». Por la cara de una de las videntes corrían lágrimas abundantes y se le escuchó decir: «Misericordia, misericordia».

La Virgen dijo a las niñas que lo que más les entristecía a Dios y a Ella era el pecado mortal.

DESPRENDIMIENTO DE LA FAMA

Cuando llega el comienzo de la tarde, las niñas suelen ir al pueblo – a veces desde la mañana – o se encierran en sus casas, sin salir más que de forma esporádica y rápida. Dicen que la Virgen les dice que estén en casa. Prescinden del público, en general. No muestran  inquietud alguna, si, despues de venir mucha gente, no hay visión y el público tiene que irse desilusionado. La razón por la que les gusta  que venga gente es “para que crean”.

Vease este fragmento de la visión del día 8 de agosto:
“Iba a hacer la señal de la cruz, pero tengo la mano impedida (se la estaban sujetando fuertemente)... sí,como tú quieres... como tú mandes.... No tengo más.... No hemos dado ninguna prueba y la gente no cree. Si quieres, a la hora que sea, voy..... No lo sé, pero estoy muy a gusto, no quiero saberlo. Nunca lo pensé yo... Cuando tú quieras y como tú quieras... Lo mismo me da ir a todos los lados.... Ahora mismo a todos los lados.... (donde habían tenido apariciones).. Le oí decir a la gente que es una enfermedad nuestra.... que tenemos un mal... qué más nos da si estás contenta con nosotras, lo mismo nos da... Dicen que estamos solas...”

MODESTIA

La modestia de las videntes en su manera de vestir, de andar, de hablar, de mirar etc, es el cumplimiento del consejo varias veces repetido por la Virgen. No les gusta que las mujeres vengan con escotes grandes, que las mujeres fumen, etc...; de hecho, una de las niñas rehusó retratarse con una señora que estaba demasiado escotada.

VOCACIÓN

Las cuatro niñas dicen que van a ser Carmelitas. Esta idea como tal, es anterior a las visiones, pero han hablado de ello con la Virgen y ésta sonreía. En una visión dijo una de ellas: Cuando tenga 15 años, arreglaré los papeles y a los 16 ire al convento”.
Dicen que les gustaría ir juntas, pero que si la Virgen les dice algún día que vayan separadas o a otro sitio, que igual les da, mientras sea la Virgen quien se lo diga.

PACIENCIA

Se ve, al tratarlas, que la paciencia que tienen es muy grande. Prefieren estar alejadas de la multitud; pero desde que la Virgen les dijo que respondan cuando puedan, lo hacen con dulzura.

La gente, cuando las ve, las tocan, las besan, han llegado hasta a cortarlas trozos de pelo y ellas nunca se han enfadado. Cuando les hablan y están cansadas, en días de aglomeración, se limitan a callar y sonreír.
Yo les pregunté: “¿Y por qué no os enfadáis?” Y me respondieron: “La Virgen nos ha dicho que seamos modosas y que respondamos, si podemos”. Tampoco han mostrado enfado con los que por sus cantares, bailes o borracheras, han impedido las visiones, según se dice en otro lugar.

ENVIDIA
 
A pesar de ser la envidia un defecto tan femenino, no he observado en ellas el menor rastro, en lo que se refiere al número de visiones.

Las niñas videntes, cuando no ven a la Virgen, no tienen envidia de las que la ven, sino que se limitan a pedirles que le digan a la Virgen que se les aparezca pronto. Pero se nota una conformidad y una humildad encantadora en medio de su deseo.


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andreuP. Jose Ramón María Andréu, S.J.

Parte II- LAS VISIONES


INFORME REPORTAJE POR PADRE RAMÓN MARÍA ANDRÉU, S.J.


El número de visiones no se puede contar por días. Aunque en los quince primeros, no ha habido visión todos los días, después se han ido multiplicando hasta tener varias cada día.

Las horas han sido también muy variadas: A primera hora de la mañana, a media mañana, después de comer; lo normal durante un tiempo fue de siete a nueve de la tarde. Después fueron por la noche. Terminaron en algunas ocasiones a las cinco de la madrugada.Dice el P. Royo Marín: Frecuencia: En algunos santos ha sido grandísima. Para Santa Magdalena de Pacis, San Miguel de los Santos y San José de Cupertino, la vida no fue sino una serie continua de éxtasis... (Teol. de la Perfección Cristiana, nº 465).

DURACIÓN DE LAS VISIONES

Ha sido muy variada. A veces ha sido una cosa casi simultánea, como de dos a cinco minutos. Estas visiones breves han sido pocas y siempre han coincidido con algún aviso o noticia referente a las mismas visiones: «Hoy no vendré porque cantan mucho» (esto era cuando había mucha juerga en el pueblo), o también: «Vendré a veros hacia tal hora.»

De ordinario duran más de media hora y se pueden prolongar hasta las dos horas. A veces, recuerdo el caso en que Loli estuvo desde las nueve de la noche hasta las cinco de la madrugada. Se interrumpen las visiones cuando éstas son muy largas como la que aludimos de Loli: las dos pausas vinieron a durar entre las dos una hora y media.

Es interesante ver la enorme variedad que en la historia de los místicos se da a la duración de estos estados, desde un toque rápido, a 40 días sin interrupción en éxtasis.

Dice Santa Teresa: «Aunque a veces dura gran rato, otras de pronto se acaba, como cuando quiere comunicarle el Señor que no es cosa que se pueda procurar por ninguna vía humana. Mas aunque está algunas veces rato, quítase y toma...»


EL TIEMPO NO CORRE

Cuando las niñas están en estado de visión, la impresión para ellas es de que el tiempo no corre. Por eso es muy frecuente, que después de una hora o más de estar en visión, digan ellas: «No te vaigas ¿eh? ¿Por qué te vas tan luego? No has estado más que un poquitín... ¡Ay!... ¿tanto tiempo?... yo creía que solo un minutín», a pesar de las posturas que a veces a los visitantes nos parecían incomodas y ellas no lo notaban, como cuando estaban de rodillas sobre cantos puntiagudos y después de las marchas que duraban largo tiempo; y siempre la impresión para ellas es como si fuera un instante.

Al terminar, quedan alegres, con sensación de estar descansadas, y su aspecto corporal también lo indica así, ya que a pesar de las marchas y carreras, no dan sensación de cansadas, tampoco se acaloran, sino más bien tienen un aspecto tendiendo a pálido y dan sensación de frescor.


EL ÁNGEL

La primera persona que tuvieron la dicha de ver fue un Ángel. Cuando más adelante las reveló su identidad, resultó ser el Arcángel San Miguel. Los primeros días no les hablaba, luego se identificó y más tarde les anunció que el día 2 de julio verían a la Santísima Virgen.

Según el P. Royo Marín, es frecuente que las apariciones de la Santísima Virgen sean precedidas por un Ángel. En Fátima, el Ángel era el de la Paz, que los escritores identifican con San Miguel.

MIEDO

En muy pocas ocasiones han tenido sensación de miedo. Sólo al principio cuando veían la luz y no veían el camino. Ellas dicen que sabían donde coger a correr. Después han sentido gran paz y alegría.

Otra vez sintieron miedo por la gente, ya que veían cómo caían muchas estrellas en el suelo, hacia el Pinar y aunque ellas no veían a la gente sabían que estaba allí.

«Las visiones que vienen de Dios, suelen producir al principio gran temor, pero luego dejan el alma llena de amor, de humildad, de suavidad y de paz» (Padre Royo Marín, Teología de la Perfección Cristiana n2 591).


RITMO

Comienzan las visiones con el Ángel, como hemos dicho, el 18 de junio de 1961. A partir de esa fecha se van sucediendo de forma creciente. Desde el 18 de junio al 2 de julio, hay unos días en que las niñas no tienen Visión.

Los demás días ven al Ángel pero éste no habla. El día 2 de julio las niñas ven por primera vez a la Santísima Virgen, que previamente fue anunciada por el Ángel, y les habla a las niñas por primera vez.

Hasta finales de julio las niñas estaban quietas, en postura reverente y de rodillas. Hablaban, tomaban la corona y el Niño, y daban besos, mostraban rosarios, etc...

En la segunda quincena de julio comienzan las oscilaciones y balanceos. Hacia el día 2 ó 3 de agosto tienen lugar las primeras caídas.

El día 5 de agosto comienzan las marchas extáticas en varias formas que más adelante se dirá. Ante el alboroto de los curiosos o devotos, venidos al pueblo en gran número, sus padres determinan cerrar las puertas de sus casas y tener a las niñas dentro. La Virgen dice a las niñas que obedezcan y que la seguirán viendo. Así ha sucedido a veces, pero de nuevo las niñas han recorrido las calles cuando sus padres han abierto las puertas.


LAS CAÍDAS

A partir del día 3 de agosto, las caídas cuando están en éxtasis se han multiplicado bastante. A veces han sido las cuatro juntas. Otras veces no todas juntas, sólo dos o tres. Otras veces una sola. Las posturas en que quedan al caer, son generalmente escultóricas y de gran belleza. Nunca han caído en posturas indecorosas e incorrectas.
Pueden permanecer en el suelo un momento o pueden estar varios minutos. Cuando caen juntas, la caída y de ordinario – aunque no siempre – al levantarse, suele ser sincronizada. No se ve estudio ninguno y sin embargo, forman bellos grupos de conjunto.

«A Santa Catalina de Siena se le contraían las manos y los pies simultáneamente, siendo imposible arrancarle los objetos que tenía entre las manos.»


LAS MARCHAS EXTÁTICAS

Comienzan hacia el día 5 de Agosto y desde entonces han adoptado las formas siguientes: - Unas veces, han sido todas juntas, de frente y a ritmo normal.
- Otras veces, han comenzado las cuatro juntas y se han separado durante la marcha, yendo cada una por calles distintas, y luego se han encontrado en un punto determinado dando muestras de alegría al encontrarse.
- Con frecuencia, han sido de frente y a gran velocidad, de manera que ni los más rápidos podían seguirlas.
- A veces, no muchas, han sido a grandes saltos.
- Con alguna frecuencia han sido hacia atrás, a ritmo de baile o danza, con gran agilidad y a través de muchas callejas y piedras sin golpearse.
- A veces, ha sido de rodillas.
- Otras veces, han sido sentadas.
- A veces, siguiendo a personas determinadas a las que les han dicho algo o dado algo, o rezado algo, o simplemente se han reído. Esto, más adelante, se pondrá detalladamente.

Entre ellas, estando en trance, se ven perfectamente; a quien no pueden ver es al resto de las personas que las rodean mientras dura la visión.

Dice el P. Royo Marín: «Sin embargo, santos hubo que, durante sus éxtasis, hablaban del objeto de su visión contemplativa e incluso echaban a andar en marcha extática. Son famosos los casos de Santa Catalina de Siena y Santa Magdalena de Pacis» (Teol. de la Perf. Cristiana nº 467).


POSTURAS.
Las posturas en que las niñas quedan en sus trances, ya sean de rodillas, ya cuando van en marcha hacia adelante o hacia atrás, ya cuando caen, son siempre muy correctas.

El día 31 de Agosto, una de las niñas fue sentada varios metros de ida hacia la Iglesia y varios de regreso. El público que lo presenció quedó tan emocionado que muchos lloraron, y no tanto por el hecho de ir sentada por el suelo, sino, porque en todo el trayecto, los vestidos cubrían a la niña hasta la rodilla, sin que nadie los hubiera tocado ni arreglado. Se constató después que el vestido no se había manchado. Esto se ha repetido bastantes veces. Ese mismo día cuando Loli entró en trance, la Virgen aconsejó a Loli que se alargase un poco la falda del vestido. Se lo dijo sonriendo, dicen las otras videntes.

Dice el Padre Arintero en la «Evolución Mística», pág. 529: «En los éxtasis naturales, los movimientos convulsivos que suele haber, son desordenados e indecorosos y exponen a grandes riesgos; mientras que en las divinas se guarda una modestia y compostura admirables y no hay peligro de ningún daño, aunque la vidente caiga sobre fuego”

De hecho las únicas veces que las niñas se han caído haciéndose alguna herida, han sido cuando corrían fuera de trance. En tres meses, no se conoce que hayan tenido daño sensible en sus trances.

DOS CAMPOS

Dos son los campos que se pueden distinguir. El del espectador y el de las niñas en estado de visión. El espectador ve a las niñas y su manera de actuar en cuanto a los fenómenos externos, movimientos, risas palabras, etc., pero no ve la visión.

Las niñas ven la visión, la luz, oyen, etc., pero no ven al público, aunque saben que está allí, porque muchas veces se lo ha dicho la visión. Las niñas que están en visión se ven unas a otras, pero cuando una sale de la visión y las otras no, las que siguen en visión dejan de ver a la que ha salido. Cuando vuelve a entrar la vuelven a ver. Véase lo que pasó el día 29 de Julio:

Estando Jacinta en éxtasis en los Pinos, con mucho público alrededor, estaba yo pensando en qué solución se podría dar a aquel fenómeno.
(Este informe fue hecho al principio de las apariciones y después de ser escrito, siguieron las apariciones varios años hasta que públicamente llegó su final en el año 1966).
Pensaba en hipnosis, histeria, sugestión, impresionabilidad..., cuando de pronto, de las dos niñas que estaban en éxtasis, una de ellas, Loli, vuelve a la normalidad. Esta vuelta a la normalidad es instantánea. Al volver a la normalidad me miró y dijo: «Se fue». Y tuvo lugar este diálogo:

- P. Andréu: ¿Ya no ves a la Virgen?

- Loli: No, señor.

- P. A.: ¿Por qué?

- L.: Se fue.

- P. A.: Mira a ésta (Jacinta, que seguía extasiada. Loli miró y sonreía al ver a su amiga).

- P. A.: ¿Qué te dijo la Virgen? (Cuando iba a responder cayó de nuevo en visión.)

- L.: (En éxtasis) ¿Por qué te fuiste?

- L.: (A la Virgen) ¿Por qué te me retiraste? (Loli y Jacinta a la vez en éxtasis y hablando con la visión). ¿Entonces es por eso?

- L.: ¿Entonces es para que crean? (No recuerdo si dijo para que crean o para que crea)

Se ve bien claro que la Virgen María quiso dar una prueba de que era Ella la que estaba allí y que todo lo presente estaba muy lejos de ser histeria, sugestión, hipnosis, etc., sino éxtasis.  

ZONA INTERMEDIA

Desde los primeros días del mes de septiembre se ha observado lo siguiente: las niñas que están en visión establecen contacto con las otras videntes que no están en visión. Así, por ejemplo, si entra en trance Jacinta, puede ésta entrar en contacto con Mari Cruz, Loli y Conchita, que están junto a ella pero no ven a la visión y por lo tanto, están en estado normal.

El contacto lo establecen a través de preguntas, que pueden ser hechas unas veces en forma mental y otras en forma oral. Además de las preguntas y respuestas existe otro elemento: la flexibilidad corporal.

La niña que está en visión suele mostrarse rígida, como en parálisis, en algunos momentos, por ejemplo en caídas. Entonces es inútil tratar de mover o cambiar las posturas de las manos, brazos etc... El efecto es como si se tratase de una estatua. Entonces es cuando una de las demás niñas videntes, en estado normal, puede cambiar las posturas de la vidente que presenta una enorme rigidez para los demás a la vez que una gran flexibilidad para ellas.

ANESTESIA

La anestesia en lo que se refiere al dolor cuando están en éxtasis es completa. Aparte de las pruebas que se les ha hecho a las cuatro videntes, como pincharlas, quemarlas con cigarrillos, etc., yo las he visto dar unos grandes rodillazos sin acusar el menor gesto de dolor.

Lo más impresionante para mí en este sentido fue cuando vi a Loli darse un gran golpe en la cabeza (estando en éxtasis) en la arista de un peldaño de cemento. El ruido fue enorme. Los presentes ahogaron un grito de la impresión, pero la niña en éxtasis, sentada en el suelo, sonreía, mientras hablaba con la visión. (Al salir del éxtasis le preguntamos si había sentido dolor. Ella no recordaba ningún golpe. Dijo que tal vez sería una vez que sintió como un calambre por todo el cuerpo, pero no sintió ningún dolor. En el lugar del golpe tenía un pequeño chichón.)

«Cuando el éxtasis es total y perfecto, la insensibilidad es absoluta. Las incisiones más dolorosas, las sacudidas más bruscas, las mismas quemaduras, etc., son inútiles para hacer volver del éxtasis antes de que dejen de ver a la visión. Con frecuencia, (como pasaba en Garabandal) los ojos conservan su actividad, pero es para tenerlos fijos en la visión divina, con una vivacidad que parece agrandárselos considerablemente.
No perciben absolutamente nada de las cosas materiales, como puede comprobarse pasando bruscamente por delante de sus ojos abiertos una potente luz o un objeto cualquiera, sin que se produzca el más mínimo movimiento en sus pupilas o párpados». (P. Royo Marín, Teol. de la Perfección Crist. Nº 467)

REFLEJOS

Muchos reflejos desaparecen aunque otros quedan amortiguados. Así, los ojos parecen muertos, sin ver. Pero a medida que se multiplican las visiones, parecen adquirir un ligero reflejo en las pupilas.

Las niñas lloran a veces con unas lágrimas tranquilas que les caen por las mejillas. Estas lágrimas corresponden a los momentos que se encuentran extasiadas y parecen ser consecuencia de lo que ven o de lo que oyen, ya que las palabras que dicen son algo así como: «Perdón». «Misericordia». «No lo volveremos a hacer». «Ya se lo diremos».

En una ocasión volvieron a la normalidad con lágrimas. Dijeron  las niñas que la Virgen les había dicho que la gente se había portado con poco respeto en la Iglesia.

Otra vez sucedió lo mismo en la calle y las niñas dijeron que el P. Luis les había dicho que había poco orden y que se tiraban unos encima de otros; que dijeran al párroco y a su hermano que trataran de poner orden colocando los mozos del pueblo en círculos grandes. Que por falta de orden se retiraba tan pronto la visión”.

PARTICIPACIÓN DEL ESPECTADOR

Se ha observado lo siguiente: al principio, el espectador estaba ausente del campo de visión de las niñas. Éstas se sentían solas con la visión. Es verdad que, a veces, hablaban con la visión de algunos conocidos suyos o sacerdotes o familiares y también que daban a besar piedras a la Virgen, para dárselas después a ellos.

Más adelante se observó una participación mayor. Las niñas no solamente han hablado de los espectadores conocidos, sino que en ocasiones los han localizado y tocado.  Ellas, según su explicación, no ven a las personas que las rodean pero las sienten con el tacto. Para localizar a las personas que les han entregado objetos para que la Virgen los besase, después de esto haber sucedido, lo hacen de dos formas: suelen señalar en varias direcciones hasta que la visión les dice dónde está o es la visión quien las toma de la mano y las lleva al sitio donde está la persona que buscan.

Esto lo han hecho cuando han querido devolver medallas o rosarios. A veces los han metido por el cuello o en el bolsillo. Se les oye preguntar: ¿«Dónde está el bolsillo»? Ah, ya entiendo... ¿dentro?

En una ocasión, así me metió una de las niñas unas cuantas medallas en el bolsillo de la sotana después de soltarme un botón. Cuando meten los rosarios o cadenas por la cabeza, una vez que los besó la Virgen, suelen decirla: «Cójeme Tú las manos y llévalas, porque yo no la veo». Entonces, el movimiento es mucho más rápido y tan exacto que meten el rosario o la cadena sin tocar ni rozar para nada la cabeza.

Ha habido otros éxtasis con participación colectiva. La Virgen le dijo a una de las videntes que rezase el Rosario en la Iglesia al terminar la visión. Como la Iglesia estaba cerrada la niña lo fue a comenzar a la puerta; allí mismo entró en éxtasis. La Virgen le dijo que lo rezase fuerte para que el público allí congregado pudiese contestar. Así, en éxtasis, fue rezando el Rosario por las calles del pueblo, con voz fuerte, mientras el público respondía. No contaba y no se equivocó nunca en el número de Ave-Marías, porque, como en otras ocasiones, dicen las niñas: «La Virgen nos anuncia cuándo llega el Gloria».

INDEPENDENCIA

La manera de entrar y salir del estado de trance ha sido a veces acción conjunta y simultánea de todas las niñas. Otras veces ha sido alternada. Se han dado  varias figuras:
-    Las cuatro entran y salen a la vez.
-    Una entra antes que otra.
-    Permaneciendo varias en éxtasis, una vuelve a la realidad un rato y luego entra en trance de nuevo.
-    Mientras una entra, otra sale.
-    Como son cuatro las niñas han sido muchas las diversas combinaciones que se han dado.
-    Mientras aumenta el número de visiones en una, en otra disminuye pasando varios días sin que “la Virgen me llame”.
A pesar de actuar independientemente en muchas ocasiones, la concordancia en lo que ven es unánime.
 
ESPECTACULARIDAD

Desde este punto de vista, se puede tener en cuenta lo siguiente:
-    Las niñas, en su vida normal, no tienen ansia de espectacularidad. Al revés, les gusta huir de la gente que viene a verlas. Un día, viniendo del prado, al llegar a un alto desde donde se veía el pueblo, dijeron Loli y Jacinta: «¡Qué pena!, con lo bien que estábamos solas y ahora otra vez con gente». Dicen las niñas que la Virgen les dice que estén en sus casas, sin salir de ellas, nada más que para ir a otra casa, es decir, que no anden por las calles durante la tarde que es cuando viene la gente. Esto no se lo ha dicho la Virgen todos los días. Las niñas lo cumplen bien.
-    Por otra parte, a las niñas les gusta que venga gente para que crean, pero sin hacer caso de ella cuando han venido.
-    El hecho de que sus visiones sean la mayoría en la calle y por lo mismo, en público, no depende de ellas ya que son llevadas y traídas por la visión y una vez terminada, se retiran a sus casas. Lo normal es que la misma visión deje a cada una en su  casa y que la despierte en la puerta misma mientras las demás no despiertan hasta llegar a sus casas.
-    Aun en lo que se refire a la visión, obedecen las niñas en quedar en casa según la orden que reciban de sus padres o sacerdotes.
-    No se inquietan para nada, si después de venir mucha gente, no hay visión; no se preocupan de que los visitantes tengan que irse desilusionados.

CONCORDANCIA EN LAS EXPLICACIONES
    Son muchas las veces que se ha intentado poner en contradiccion a las niñas con preguntas capciosas para valorar las respuestas que dan: hay que tener en cuenta lo siguiente:
-    Al hablar las niñas en su estado normal, pueden hacerlo con todas las deficiencias propias de niñas de su edad, ambiente etc... Así, pueden tener fallos de memoria, falta de expresión, cansancio e incluso, cabría la mentira.
-    No siempre tienen todas las niñas las mismas visiones; por tanto, unas poseeen datos que otras no tienen.  

Respecto a las descripciones de lo que ven, las cuatro niñas están siempre de acuerdo. También están de acuerdo en lo que oyen cuando están escuchándolo las cuatro.

Hay algunas pequeñas oscilaciones en lo que se refiere al día en que sucedieron determinados hechos y se refieren a que digan que no se acuerdan exactamente de cómo ocurrió algo determinado; eso es normal.

 Respecto a un milagro o prueba, las niñas dicen que la Virgen les dijo que lo haría.

«Cuando la locución se hace inmediatamente a la inteligencia, no está sujeta a error; mas cuando se hace a la imaginación o a los sentidos pueden caber a veces ciertas ilusiones». (Lalbermant, Doctr. pág. 7.c. 4, a 5).

«No se debe rechazar, sin más, una revelación porque alguna de sus partes o algún detalle sea evidentemente falso. Puede ser que lo restante sea verdadero» (T. de la Perf. Cristiana n2 608)

En la historia de Fátima, se lee así: «A los niños les molestaban esta clase de preguntas». Se encontraban aún algo aturdidos por lo que habían visto; no era fácil retomar sus pensamientos a los asuntos cotidianos. A algunos les contestaban lacónicamente. A otros de ninguna forma. Por lo general, decían: «Es un secreto. No puedo hablar de ello». (Thomas Wash).

Al igual que los videntes de Fátima, los de Garabandal decían y reaccionaban de la misma manera.

Hablando una vez con las niñas les pregunté si se acordaban de lo que veían en las visiones y me respondieron así: “De lo que nos dice la Virgen yo si me acuerdo, de lo que digo yo, poco”. Ésta fue la respuesta de las cuatro niñas.
He observado, además de lo dicho, la seguridad de las niñas, su paz y alegría, así como su obediencia, aún en contra de la visión; si sus padres les decían lo contrario, lo más importante -según la Virgen les decía- era la obediencia.

Las videntes de Garabandal son niñas de un pueblo remoto donde parece que aún no ha llegado la civilización. No hay teléfono, no hay carretera de acceso, solo un camino de cabras, la luz eléctrica que llega es peor aún que la que puede proporcionar un candil. Algunas de ellas no habían visto jamás un ferrocarril y hablaban un castellano de lo más imperfecto que puede haber.

¿Cómo es posible que cuando estaban en éxtasis o hablaban algo relacionado con la aparición o por ejemplo en algún éxtasis hablaban en griego, latín, alemán, lo hicieran con una perfección nada común en ellas por lo anteriormente explicado? Sólo cabe la idea de que estaban iluminadas por algo sobrenatural, si no, no es posible que esto suceda.

DESCRIPCIONES POSITIVAS
Las descripciones abundan bastante en las niñas al tratar de describir las cosas que ven. Generalmente, lo difícil para ellas es decir lo que sienten… Es más fácil decir lo que ven. Pongo algunas de las descripciones que ellas dan de las cosas que ven.

- LA VIRGEN
Es más bien alta, lleva un corona de estrellucas brillantes, redonda pero  abierta (a modo de diadema). El vestido blanco con flores blancas, el manto azul azulina. No tiene velo. El pelo largo. A veces abre un poco el manto para enseñarles el vestido, cuando se lo piden las niñas. El pelo a veces se mueve un poco por la brisa. La edad de la Virgen es de 18 años. No se le ven los pies. El color del pelo, castaño, tendiendo a negro. También las cejas, los ojos negros. Muy hermosa y casi siempre sonríe.

- EL NIÑO
A veces trae al Niño y a veces no. Cuando trae al Niño, lo trae en brazos y a veces se lo deja a las niñas. El Niño es pequeño. No habla pero se ríe. No se le ven los pies. Tiene también una corona redonda, lisa pero abierta.

- EL ÁNGEL
Es San Miguel. Es el primero que se les apareció. Las alas son de color rosa. No se le ven los pies. No trae espada y tiene 9 años.

- LA LUZ
La luz acompaña a todas las visiones. Es como luz de sol pero es una luz diferente. De noche también ven la luz. Esta luz les impide ver las demás cosas excepto las personas de la visión y a las otras niñas que están también participando de la visión. Cuando una niña deja de ver la visión y vuelve a la normalidad, las que continúan en la visión dejan de verla.

- LOS OTROS ÁNGELES
Al menos en una ocasión las niñas vieron a la Virgen rodeada de otros ángeles pequeños; el número era de cinco. En esa ocasión les dijo la Virgen que Ella era Reina de los ángeles, que por eso le acompañaban los ángeles. Recuérdese una analogía con una visión de Santa Teresa, en que vió también ángeles pequeños.

 - LA VOZ
A veces sólo tienen locución. No ven a la persona pero sí la oyen. En estos casos ven también la luz como de sol, que es, al parecer, lo que las fija y abstrae de la realidad. La Virgen les dijo que oirían una voz y que la siguieran.
La voz que oyen con más frecuencia es la del Padre Luis Andréu. No le ven, pero le oyen y le sienten la mano cuando les ayuda a levantarse o se la toma para indicarles dónde está alguna persona determinada. La luz es como de sol pero difuminada y salen rayos hacia abajo. La voz sale de la zona de los rayos. Las marchas extáticas son porque ven que la luz y la voz o la virgen se va y ellas la siguen. No saben definir si van corriendo, andando, tumbadas; ni siquiera si se mueven o no. Es una sensación muy imprecisa.

DESCRIPCIONES NEGATIVAS
Para explicar alguno de los fenómenos que tienen lugar en las niñas de Garabandal, estas acuden a explicaciones negativas.
Así, cuando quieren decir cómo es la voz de la Virgen, se expresaron en una ocasión así: “No hay voz como Ella”.     
Al hablar de las llamadas dicen así: «Como si la Virgen nos dijese: ven o corre, corre, y lo sienten por dentro y sin palabras».
La sensación que tienen en las marchas extáticas es como descansando, o dormidas, pero recuerdan lo que dicen. Al final de una explicación de esas suelen añadir un «bueno, así, o no sé».
La impresión es que no aciertan, en esos casos, a describir algo real que ellas sienten. Y en estas descripciones negativas, así como en las positivas, están de acuerdo las cuatro niñas.
«Mas no se puede decir lo que se siente, cuando el Señor le da a entender secretos y grandezas suyas; el deleite está tan sobre cuantos acá se pueden entender, que bien con razón hace aborrecer los deleites de la vida, que son basura todos juntos ... » (Vida 27, 12)
«Los místicos no aciertan a expresar con claridad lo que les pasa». «No hay lenguaje para platicar estas cosas» diría Santa Teresa. La misma santa, al comenzar a describir la contemplación infusa en las Cuartas Moradas, escribe textualmente: «Comienzan a ser como sobrenaturales y es dificultosísimo de dar a entender, si su Majestad no lo hace». «Sólo a fuerza de metáforas, ejemplos, comparaciones, que no les contentan y otros rodeos y circunloquios aciertan a decir algo de lo que les pasa a los que nunca lo han experimentado. La razón es siempre la misma. La acción sobrenatural de los dones transciende el modo discursivo de la razón humana. Lo intuitivo se percibe, pero no se puede expresar con propiedad a base de discursos y razonamientos humanos» (T. de la P. C: n2 426)
A propósito de la frase de las niñas, queriendo explicar cómo se hablaba en sus marchas y éxtasis me dijeron: «Íbamos como en el aire, como tumbadas, no sé. Como en otro mundo. Era como de día y con sol». Leyendo después en Santa Teresa, encuentro esta frase de asombroso paralelismo con la de las niñas: «Parécele que todos juntos han estado en otra región, diferente de en ésta en que vivimos, donde se le muestra otra luz tan diferente de la de acá... (Moradas VI-cap.V)

“COMO SI SE DESHARíA”
La entrada en trance es instantánea en estas niñas, aunque generalmente va precedida de tres llamadas, pero el cambio de la vida real al trance dura la fracción de un segundo. Las niñas levantan la cabeza de golpe y quedan como clavadas en visión, que es la que las lleva de un lugar a otro.
La manera de terminar la visión es, generalmente, o santiguándose, o dando un beso. Pero la impresión, tal como ellas lo explican, es así: «La Virgen se va como si se desharía».

La manera de marcharse la Virgen en Fátima: « ... dieron cuenta por seis veces en 1917, de haber visto una Señora hecha toda luz, que, de pie sobre un pequeño árbol, les hablaba y desaparecía».

LAS NIÑAS TESTIGO
Al principio, durante el primer mes  y medio, a partir del 18 de junio, sucedió tres o cuatro veces un hecho que presenta caracteres de gran originalidad.
Al salir de un trance, decían las niñas: “La Virgen ha dicho que vengan Sari y Mari Carmen junto a nosotras. Los demás, que estén lejos, para que no oigan lo que decimos”.
Entonces iban las niñas “videntes” en trance a las dos “testigo” y entraban las “videntes” en trance ante las dos “testigo” en el Pinar. Las niñas testigo tenían 6 años. En una ocasión se quiso cambiarles por otra mayor, de unos 12 años y la Virgen dijo que no. Que vinieran las que había dicho Ella.
A las niñas “testigo” les podíamos preguntar lo que decían las niñas “videntes” y  repetían algunas  palabras que habían oído, pero sin poder alcanzar el sentido completo de la conversación. Esto correspondió a los días en que la Virgen manifestó el secreto a las niñas.

La interpretación parece ser el que D. Valentín pudiera tener un control remoto de lo que pasaba en el trance,  pero sin llegar a enterarse de lo que las niñas hablaban. Se sabía que la conversación era de cosas buenas, al parecer, pero sin captar más que generalidades, “Nos dijo una niña testigo: Dicen que no les diga cosas malas – Al preguntarle qué significaba “cosas malas”, dijeron: que no les haga llorar; cosas tristes.

Las pequeñas de 6 años, no entendían más y a veces se aburrían y venían a nosotros a decirnos: “están llorando”.


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andreuP. Jose Ramón María Andréu, S.J.

Parte V- COMPLEMENTOS


INFORME REPORTAJE POR PADRE RAMÓN MARÍA ANDRÉU, S.J.




A lo anteriormente dicho conviene añadir los breves datos siguientes. Estos datos sirven de complemento a lo expuesto en tardes precedentes a la vez que, con lo anterior, estos mismos se completan.

LOS SACERDOTES

Desde el principio manifestaron las videntes una especial predilección por los sacerdotes y religiosos. Con frecuencia, contaban los que llegaban, se fijaban en sus hábitos y se lo contaban a la Virgen.
Al preguntarles a las niñas: ¿Quien quieres más que venga?
Siempre responden igual: los sacerdotes.
Al referirse a la obediencia, siempre dicen que la Virgen les dice que obedezcan a sus padres y a los sacerdotes.

EL ENEMIGO

Con frecuencia, han querido persuadir a los padres de las niñas y a las niñas mismas, que las visiones eran cosas del enemigo. La preocupación de los padres ha sido en este sentido muy grande y los sufrimientos también.  

El día 29 de Agosto a las 00:30 poco más o menos empezó el trance. Loli tenía un frasco con agua bendita preparado con anterioridad y roció con ella a la aparición – era la Virgen –mientras decía: “Para el enemigo”. Despues decía Loli que cuando rociaba con agua bendita la Virgen sonreía.

Leyendo la historia de Lourdes encuentro esta frase: «Bernardita se levantó y comenzó a echar agua bendita a la visión. La Señora sonrió» (Redención, agosto, septiembre, pág. 354, párr. 49).

Es muy frecuente dentro de cada trance el que se santiguen y persignen con la máxima devoción, corrigiéndose incluso si algo  no lo han hecho bien. La acción de santiguarse se repite varias veces durante cada trance. Lo mismo el rezo del Rosario y la estación a Jesus Sacramentado.

OBEDIENCIA DE LAS NIÑAS

Como consecuencia de las visiones, las niñas han sacado un espíritu de obediencia, no solo en obra sino en palabra, diciendo que eso es lo que recomienda la visión, y practicándola. Dicen que la Virgen les dice que obedezcan a sus padres y a los sacerdotes.
Casos: entre los muchos que hay, he constatado personalmente los siguientes:
1- Mandó la madre de Mari Cruz, la menor de las cuatro, a su hija que se quedase en casa. Ésta se quedó mientras las otras iban al pinar a ver la visión. Al decirle a Mari Cruz que fuera con las otras niñas al pinar, respondió: “No, mi mamá no me deja”.
Le insistieron  diciendo que era mejor ver a la Virgen. Ella respondió: “La Virgen me ha dicho que obedezca”.

2- Recomendó el Sr. Obispo que durante los estados de trance, se cerrase la Iglesia para evitar las faltas de respeto que cometía el público, de buena voluntad, pero con afán de ver a las niñas. Esta medida agradó a los padres de las niñas y al pueblo, que no tienen afán de espectacularidad. El primer día que se cerró la Iglesia, las niñás en estado de trance, se dirigían a la Iglesia. Al verla cerrada, se volvían. Esta actuación duró durante varios trances. Se les oía preguntar a la Virgen por qué no abrían la Iglesia. De pronto dijeron: “Ah, entonces está bien”.
Al terminar uno de los trances dijeron:
- Nosotras queríamos que abriesen la Iglesia pero la Virgen ha dicho que lo que haga el sacerdote está bien.

3- Ante el nerviosismo y alboroto que causan los numerosos visitantes determinaron los padres de las niñas tener a sus hijas en casa a puerta cerrada, una vez que sentían la primera llamada y no dejarlas salir. Despues de un  trance, manifestaron las niñas que la Virgen les habia dicho que, si se lo mandaban sus padres que estaba bien y que la verían a ella dentro de sus casas. Así fue. En estado de trance, con la voz del p. Luis, dicen: “No te vaigas eh?.. Bueno, cuando Vd. Quiera pues se va”.  

En el diálogo del día 8 de agosto, en la última visión de la noche, hay un trozo interesante sobre la obediencia, que he citado al hablar del desprecio de la propia fama, y en el que varias veces repite la frase de “como quieras..., lo que tú quieras..., etc”.

La obediencia, aun en contra de la visión o contemplación misma, es una de las notas que más suelen citarse como señal. Véase lo que dice el P. Lallemant: “Lejos de apartar de la obedeciencia, la favorece y facilita su ejecución... Dios quiera que procedamos como los santos, los cuales, con su sumisión, merecieron ser más encumbrados de lo que hubieran sido si se apegaran a sus propias revelaciones. Solo es de temer que los superiores se dejen a veces llevar demasiado de la prudencia humana y, sin más discernimiento, condenen las luces e inspiraciones del Espíritu Santo, teniéndolas por sueños e ilusiones.. Aun en este caso, se debe obedecer. Pero Dios sabrá algún día corregir el error de estos hombres temerarios y enseñarles muy a costa suya, a no condenar estas gracias sin conocerlas y sin ser capaces de juzgarlas” (Doctr. Parr. 4, c. 1).

OBEDIENCIA  DE LA VISIÓN

A propósito de la llamada al éxtasis, se ha hecho la prueba contraria por aparecer menos peligrosa. En lugar de llamar a la realidad cuando están en estado de trance, se ha hecho lo contrario, poner una hora tope para la visión. Como es la autoridad eclesiástica quien debe hacerlo, distingo en esto, dos casos:
1- El Sr. Párroco D. Valentín fue a casa de Conchita y le dijo: “Mira, no es posible que estemos a estas horas todos esperando, asi que te voy a dar un cuarto de hora. Yo te daré tres avisos y el último será el de ir a la cama. Éste es el primer aviso”.
A los 10 nminutos volvió D. Valentín y le dijo: “Éste es el segundo aviso, si antes de cinco minutos no pasa nada, te vas a la cama porque ya es tarde”.
A los dos minutos de salir D. Valentín de casa de Conchita, ésta entró en trance.
2- Ese mismo día y sin que Loli y Jacinta supieran nada de lo ocurrido, hice yo la misma experiencia. Estaban las dos niñas esperando la visión. Habían tenido ya dos llamadas. Como era tarde les dije: “No podemos esperar más. Os doy cinco minutos de tiempo. Si en esos cinco minutos no pasa nada, a la cama”.
Cuando faltaba un minuto les dije: “Sólo queda un  minuto.  Contáis hasta 60 y si no pasa nada, a la cama”.
Ellas comenzaron a contar en voz alta como en la escuela, canturreando. Al llegar al número 17, sin terminarlo, se quedaron clavadas, con el clásico golpe de levantar la cabeza.

Entre otras, se ha hecho la prueba siguiente: Indicó D. Valentin a las niñas que preguntasen a la Virgen si se les aparecía en cuerpo y alma. Las niñas lo hicieron y la Virgen les repondió.... que no se les aparecía en cuerpo y alma sino de otra manera, pero que era Ella.

Eso se lo preguntó D. Valentín como prueba, ya que había leído que las apariciones no son en cuerpo y alma y las niñas no tenían capacidad de discernir entre una cosa y otra, ya que ellas solo decían que veían a la Virgen.
 
Se han hecho otras pruebas, así como decir a las niñas que pregunten a la Virgen a quién tienen que obedecer, si a Ella o a los sacerdotes. También se ha hecho la prueba de hacer preguntar a las niñas cosas inútiles como: “¿De dónde es este señor?” y la respuesta fue: “Dice la Virgen que no le pregunte tonterías”.

CONVERSIONES

Las personas que han acudido a Garabandal han experimentado reacciones diversas. Entre los efectos espirituales existen bastantes cambios de vida; incluso que yo sepa, dos conversiones al catolicismo. Estas conversiones son del protestantismo. Uno de ellos es persona de alguna edad. Ambas conversiones están ahora en período de instrucción y preparación, para el paso definitivo.
Después de treinta años que se escribió este informe, estas personas dan gracias a Dios hoy por haberles dado la gracia de su conversión en Garabandal.


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