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Sanada del asma en Garabandal

2019 6 19 Jeannette Sandoval Gutiérrez curada en GarabandalMi nombre es Jeannette Sandoval Gutiérrez, nacida en Bogotá (Colombia) y criada en Caracas (Venezuela). Resido, desde hace más de quince años, en España. Ya en Venezuela había escuchado sobre las apariciones de Nuestra Madre en Garabandal. Fueron más bien pinceladas de las mismas, ya que no sabía en aquel entonces la importancia de estas apariciones y de sus mensajes. Solo cuando, por circunstancias sociopolíticas, tomé la decisión de mudarme a España, comencé a conocer más detalladamente Garabandal.

Por la gracia de Dios, un sacerdote amigo, el P. Salvador, invitó a unas cuantas señoras, de las que frecuentábamos cada jueves su parroquia para la adoración, para ir de peregrinación a Garabandal. Y partimos desde Cataluña hasta Cantabria un mes de junio. Nos hospedamos en un hotelito que administra la hermana de una de las videntes. Entre oraciones, adoración al Santísimo y Misa transcurrió el primer día. Visita a Nuestra Madre, a la imagen que está en una de las copas de los árboles y rezar las estaciones del Vía Crucis eran el plan del segundo día.

En Garabandal hay un camino bien establecido para las Estaciones del Vía Crucis. No recuerdo por qué estación íbamos ya, pero nuestro querido P. Salvador decidió saltarse el camino marcado y tomar un atajo atravesando parte de una cuesta de montaña. Todas siguieron al Padre y yo no iba a ser menos. Solo que no tomé en cuenta algo importante para mí: el asma que venía sufriendo desde hacía años y que se había incrementado desde mi venida a España. Cuando tenía esos cuadros asmáticos se mantenía hasta tres o cuatro días un sonido de «violín desafinado» cada vez que respiraba, la tos era incesante. Solo caminar de prisa ya suponía para mí falta de aire. Pero el ambiente era tan agradable y, además, tenía la emoción de rezar, de visitar a Nuestra Madre, de hacer el Vía Crucis, que me vi motivada a participar en esta caminata campo a través sin recordar para nada que a un asmático le están vetados ciertos tipos de actividad.

Y en efecto, mis pulmones me lo recordaron justo al llegar a la planicie para continuar con las estaciones. Para ese momento ya me faltaba el aire, tosía sin parar y me sentía ahogada. Tuve que permanecer casi agachada para poder recuperar un poco mi ritmo respiratorio. El pequeño grupo que encabezaba el Padre de detuvo al ver que yo no podía avanzar y se quedó conmigo. Fue en ese momento cuando comencé a angustiarme. Ellos estaban allí esperando a que yo me recuperara, pero yo no llevaba nada de esos artilugios que se usan para estos casos y que te ayudan a calmar el asma. Así que recuerdo que con mucho fervor le pedí a Nuestra Madre de Garabandal: «Madre, por favor, ayúdame a continuar el camino. Me da vergüenza retener a las amigas y al sacerdote más tiempo por mi culpa. Ayúdame a calmarme y a poder respirar para continuar el Vía Crucis».

Poco a poco fui recuperándome y, aunque seguía tosiendo, pude incorporarme y continuar el camino con el grupo. En un momento del día pensé: «¡Pobre de mi compañera de habitación! No la dejaré dormir por culpa de la tos y por los distintos ruidos que salen de mi pecho como silbidos». En fin, pensé que, si yo no dormía, ella tampoco lo conseguiría.

Llegó la hora de dormir. Al día siguiente nos levantamos muy temprano y nos preparamos para ir a desayunar. Yo me desperté muy contenta de encontrarme en Garabandal y de tener nuevos planes para visitar a Nuestra Madre. Bajé al comedor junto con mi compañera de habitación y nos dispusimos, junto al grupo, a desayunar.

Recuerdo perfectamente que la conversación en torno a la mesa era amena, alegre, con risas y comentarios sobre lo vivido el día anterior. Entonces ocurrió que, mientras contemplaba al grupo, me extraje de ellos. Es como mejor lo puedo explicar. Oía sus voces, pero como en un segundo plano. De pronto, llegó a mi mente una voz que me preguntó sobre mi asma. Recordé en ese instante que había transcurrido la noche durmiendo tranquilamente. Comencé hacer pruebas de respirar profundamente para comprobar si los típicos silbidos salían de mi pecho, pero no había ruidos. Y, en ese momento, se me dio la compresión de que yo había sido sanada del asma. ¡¡¡Nuestra bendita Madre había ido más allá de mi petición!!!

Eso ocurrió hace exactamente cinco años y, desde entonces, puedo correr, hacer deporte y cualquier otra actividad que requiera esfuerzo, sin la limitación que me procuraba el asma, pues ya no padezco de esta dolencia.

¡¡¡Bendita sea la Santísima Madre de Dios por haberme otorgado este regalo en Garabandal!!

Jeannette Sandoval Gutiérrez

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