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  • Anécdotas

    del tiempo de las apariciones
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“Yo vi la comunión entera”

josefina

Josefina Cuenca tenía ya 91 años cuando yo la conocí. La recuerdo sentada en su sillón, prácticamente ciega y casi inválida, pero muy bien cuidada y atendida por su hija menor. Al entrar en la habitación, su hija se acercó a su oído y le dijo con voz fuerte: “Mamá, han venido a verte para que les cuentes de las apariciones, si quieres”.

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Tres forasteros desconcertados

forasteros

David Toribio era uno de los mozos que protegían a las niñas cuando comenzaron las apariciones en San Sebastián de Garabandal. Hace unos días me hizo reflexionar sobre algo en lo que –reconozco– nunca había caído en la cuenta, y es en lo mucho que ayudaron los vecinos de Cosío a los innumerables peregrinos que cada día subían hasta Garabandal. David dice que algún día habría que hacerles un homenaje a todos esos hombres y mujeres que, sin llamar la atención, tanto facilitaron a los forasteros la “aventura” de llegar al pueblo de las apariciones.

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Sentí que había sido escuchada

escuchada

Celina Ruiz Cuenca no vivía ya en San Sebastián de Garabandal cuando comenzaron las apariciones. Hacía tres años que se había casado y se había trasladado a vivir a los Corrales de Buelna, un pueblo de Cantabria, distante actualmente poco más de una hora de Garabandal. Pero, en los años sesenta, ni las carreteras eran las de ahora, ni lo eran los medios de comunicación, por lo que no podía subir al pueblo con la facilidad con que se accede ahora. Con todo, procuraba pasar en casa de su madre todo le tiempo que podía, y aprovechaba los días de estancia allí para seguir lo más de cerca posible las apariciones.

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