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  • Anécdotas

    del tiempo de las apariciones
  • 1

“Ellos dicen una cosa y nosotros vemos otra”

ellos dicen

David Toribio tenía 25 años cuando en San Sebastián de Garabandal –su pueblo– comenzaron los rumores de que algo estaba pasando a cuatro “crías” del pueblo. Vivió cosas maravillosas muy cerca de las niñas, junto con los otros “mozos” –los hombres jóvenes del pueblo– que las protegían de la curiosidad y de los empujones de la gente. Pero sufrió también las burlas y los desprecios de los que consideraban los hechos de Garabandal como “un juego de niñas”: “Es que no estaba de moda Garabandal, no molaba a la gente. Si alguien creía de verdad, no se atrevía ni a decirlo, porque había una contra muy fuerte”.

Los “mozos” hablaban entre ellos sin acabar de comprender los porqués de la tormenta desatada alrededor de lo que estaba pasando en su pueblo. David recuerda que entre ellos decían: “Pero, ¿cómo es posible que digan esto los periódicos? Y, además, la gente que dice que sabe, ¿qué entiende?”. Hasta que un día, uno de los mozos preguntó: “¿Qué será más importante? ¿Lo que vemos nosotros con nuestros ojos o lo que dice o escribe esta gente?”.  Los demás le respondieron: “¡No, hombre! Es mucho más importante lo que vemos”. A lo que el primero respondió con toda la lógica del mundo: “Ah, pues entonces, ellos dicen una cosa y nosotros vemos otra”.

¿Y qué veían en el pueblo? ¿Qué veía David Toribio cuando las niñas entraban en éxtasis? Veían tantas cosas inexplicables… Algo le impresionó mucho a David un día que caminaba al lado de Conchita en trance… Ya había oído decir a otras personas que, cuando tocaban a las niñas en éxtasis, experimentaban una sensación rara. Ese día, David quería tocarla, rozar al menos con la punta de los dedos el brazo de la niña… Pero no se atrevía: “Es que solo con verlas, ya sabías que… Y yo la toqué así, muy suave por el brazo, y me dio como un… ¡Uf! ¡Impresionante! Sí. Increíble”.

Entre las muchas cosas que han quedado grabadas a fuego en la retina de David, está ese día en que  las cuatro niñas subieron en trance a los Pinos. Todo el pueblo subió con ellas. Cedo la palabra a David: “Estando mirando hacia el pino donde está ahora la Virgen, en un momento dado, dan para atrás, y dan para atrás, para atrás, para atrás, de espaldas… Y bajaron de espaldas al pueblo. Pero es que hay allí una roca, como de tres metros de alta, y bajaron de espaldas”. Los que conocen Garabandal entienden perfectamente la sorpresa de David. El pueblo de San Sebastián de Garabandal está como clavado en el rellano de un monte que los lugareños llaman “Jormazu”, en la Sierra de Peña Sagra. Y subiendo aún más arriba la loma de ese monte, a través de la Calleja, se llega a los Pinos. La orografía del lugar es tal, que los Pinos quedan en otro pequeño rellano, que se alza como un balcón sobre el corte del terreno, sobre una ladera muy empinada o, como dicen en Cantabria, “muy pindia”. A los lados de ese “balcón” serpentea un sendero de fuerte subida. Pero las niñas no usaron el sendero, sino que bajaron en línea recta, a pesar del fortísimo desnivel, en dirección al pueblo, de espaldas: “Imposible total –dice David–. Si tuvimos que ir, la gente, unos por acá y otros por allá, por ahí no podíamos bajar. ¡Imposible!”.

Los que estaban en los Pinos acompañando a las niñas, se precipitaron apresuradamente sendero abajo. Seguramente algunos esperaban ver a la niñas rodando monte abajo… Pero no. Lo imposible se hizo posible una vez más en Garabandal, aunque de nuevo seamos incapaces de encontrar una explicación razonable. David sigue hablando: “Claro, estas cosas –que ocurrieron más veces– la Virgen las hacía de forma que viéramos algo, pero no todo. ¿Cómo bajaron las niñas por allí? Eso nadie lo vio. Alguien las bajó. Alguien. Es que, si no, es imposible. Hay como tres metros de corte en picado”. David insiste: “En estos detalles, la Virgen no quería que lo viésemos todo. Vimos lo más importante o quizás algo, pero ¿cómo bajaron por allí? Fue la Virgen la que las bajó, o San Miguel, de eso no hay duda ninguna, porque, si no, es imposible. ¡Si nosotros, los mozos, tuvimos que ir unos por allá y los otros por el otro lado…!”.

Esto cuentan los testigos. Los que no estuvieron, por importantes que sean, si no escuchan a los testigos, ¿de qué hablan y de qué escriben?


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